|
Resulta una labor casi
imposible de llevar a cabo el sustraerse a la campaña mundial
que han emprendido dirigentes culturales, políticos, sociales y
de mercadotecnia a través de los medios de comunicación masiva
con motivo del arribo del año 2000, al cual se relaciona más con
el inicio de un nuevo siglo que con la terminación de un
milenio. Este acontecimiento trascendental en la historia de la
humanidad, habrá de permitir a más de 6 mil millones de personas
que pueblan los cinco continentes, constituirse en actores o
testigos de la multiplicidad y diversidad de festejos que se
organizan por doquier para conmemorar el paso con vida y gran
júbilo a un tiempo nuevo, formando parte así del transcurrir de
dos milenios.
En igual forma, es ocasión
propicia para repasar, rescatar y preservar nombres,
circunstancias, hechos, ideas y dichos de personajes y grupos,
que han impulsado el progreso y la concordia, la paz, la
justicia y la felicidad de los hombres; para reflexionar
acerca de los pasos cuya realización evite la repetición de
errores y horrores que han traído consigo hambre, destrucción,
muerte y denigración de la naturaleza, la libertad, el
patrimonio y los ideales; también, es oportunidad para
innovar, diseñar y construir formas, sistemas, estilos o modos
de producción y de reparto de sus frutos de manera más
equitativa; para incidir en la organización social, que
garantice a todos el acceso a los bienes de la cultura y la
efectiva participación política en las funciones y la
organización de los distintos aparatos de Estado; para el
logro de una verdadera impartición de justicia en todas las
esferas del quehacer de los individuos y de una revaloración
de la vida y obra de cada persona, que la sitúe como centro,
motivo, esencia, fin y justificación ante las grandes
decisiones de los grupos financieros de carácter
multinacional. En fin, de asegurar a la población mundial el
respeto irrestricto a sus derechos humanos, reconocidos por
todas las convenciones y organizaciones internacionales, en el
afán porque su vida se desarrolle en paz, armonía, libertad,
progreso y equidad.
En semejante tarea
histórica, los especialistas en disciplinas sociales,
artísticas, filosóficas y humanísticas, tienen una gama de
participación muy amplia ante la realidad de economías más
globalizadas y de la operación de muy avanzados sistemas
satelitales de información, comunicación y cómputo, que
permiten la ubicación e intercambio y procesamiento de textos,
mensajes, imágenes, comunicaciones, compendios, informes,
etc., de manera instantánea entre personas e instituciones
situados en cualquier lugar del planeta. El esfuerzo por
efectuar se ha de orientar por la necesidad de elevar y
generalizar la calidad de los servicios públicos y de las
condiciones de vida de todos los individuos, con el propósito
de mejorar sus posibilidades para el disfrute de los bienes
que el progreso científico y tecnológico genera y para ampliar
su capacidad de participación y decisión en los distintos
procesos que tiendan a enaltecer su vida.
Así, el avasallamiento de
reales y cada vez más complejos y evolucionados sistemas de
computación, información, automatización, mecanización y
estandarización en diversas actividades de las sociedades
contemporáneas, ha creado condiciones específicas para
establecer en un futuro no lejano, un estilo de vida propio,
que se vislumbra como globalizador, de manera real, total o
marginal, de toda actividad humana; y es que por ahora, tales
sistemas han puesto de manifiesto en su aplicación una gran
eficiencia y eficacia en los campos de la medicina, las
finanzas, la administración, el comercio, la banca, la
industria, los transportes, la guerra, las telecomunicaciones,
etc., sin embargo, sus logros han beneficiado mayormente a una
minoría que detenta su posesión y control, logrando en lapsos
cortos convertir en buena medida a los humanos en insumos para
las estadísticas o en números para su identificación,
ubicación y análisis, desposeyéndolos de sus potencialidades,
intereses, valores, sensibilidad y demás atributos.
Pero también el proceso de
la globalización amenaza a la soberanía de los Estados,
mediante la implantación de decisiones que emanan de los
centros internacionales de poder financiero, bancario,
bursátil y comercial, así como de los países que han
desarrollado altas tecnologías cuya gradual posibilidad de
aplicación en naciones subdesarrolladas, asegura a éstas su
rezago al limitar u obstruir las condiciones adecuadas para la
expresión, superación, creatividad, crecimiento y desarrollo
de sus poblaciones, ante la imposición de modelos de vida
estereotipados y extranjerizantes que contribuyen más al
fortalecimiento de sus relaciones de dependencia que a la
liberación de sus potencialidades para el logro de su propio
progreso, independencia y bienestar; es la creación y
expansión de una cultura que día a día aglutina a más hombres
en el mundo de la pobreza, el silencio, la resignación, el
hambre y la muerte, en contraste con la existencia de grupos
reducidos de pudientes que atropellan con impunidad los
derechos de los desvalidos, con base además en sus posiciones
de control político, administrativo, económico e ideológico,
pero que al pertenecer a grupos afines que en muchos casos
actúan sin ética ni ley, aseguran su permanencia y comodidad a
costa de su propia dignididad.
En tal contexto, los
sistemas educativos desempeñan una función de excepcional
relevancia, que se identifica a plenitud con los intereses de
los grupos hegemónicos, pues su contribución ha sido evidente
en la conformación de las desigualdades sociales, debido a su
falta de capacidad para atender cualitativa y
cuantitativamente a la creciente demanda por su acceso y
movilidad escolares, propiciando con ello el incremento del
número de rechazados y desertores de sus estructuras. En
teoría, las escuelas crean las condiciones de igualdad para
los educandos, al margen de su procedencia, para su libre
tránsito en los diversos niveles educativos; en la práctica,
existe una selección y discriminación que coadyuvan
eficazmente a configurar la realidad social.
Bajo esta perspectiva, es
preciso revalorar el quehacer educativo en aras de favorecer
la auténtica formación e información de los escolares, y el
consiguiente progreso económico, social y cultural de las
poblaciones que viven especialmente en los países en vías de
desarrollo de América Latina, África y Asia. Para este efecto,
se pueden considerar los siguientes postulados:
1º. Necesidad de que los
máximos organismos políticos de representación popular
aprueben las partidas presupuestarias, en función al PIB,
recomendadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU),
que permitan garantizar a todos el derecho a la educación.
2º. Establecimiento de los
mecanismos jurídicos y administrativos conducentes para la
verificación, control y seguimiento de la correcta aplicación
de los recursos en educación.
3º. Institucionalización
de campañas educativas para abatir totalmente el analfabetismo
e integración de los alfabetizados en los procesos de
participación social, económica, política y cultural de sus
respectivas comunidades.
4º. Profesionalización de
los servicios educativos en todos sus niveles y modalidades,
tanto en lo referente a salarios y formación académica y
didáctica de los docentes, como en la calidad de la educación
que se ofrece a los escolares.
5º. Empleo de los medios
modernos de comunicación y de computación en materia
educativa, y asignación de los recursos necesarios y
suficientes a los distintos planteles de educación, tanto para
fines de aprendizaje escolar como de capacitación y
actualización a docentes.
6º. Asignación de las
responsabilidades inherentes a la administración, operación y
superación de los servicios educativos al personal profesional
idóneo, preparado, especializado y con experiencia en asuntos
de educación, a fin de optimizar el uso de los recursos y
garantizar los mejores resultados a la sociedad.
7º. Expedición o
adecuación y aplicación de la normatividad educativa, de
conformidad con la legislación vigente y con la realidad de
operación de los servicios educativos.
8º. Participación de las
comunidades en las actividades tendientes al fortalecimiento
del quehacer de las escuelas y que éstas atiendan y reflejen
los intereses y necesidades objetivas de aquéllas.
9º. Promoción en los
centros escolares bajo la administración del Estado, de una
educación para la vida, humanística, cívica, física, sexual,
moral, ecológica, universalista, nacionalista, creativa,
reflexiva, artística, democrática, laica, gratuita, fiscal,
patriótica, científica y tecnológica.
10º. Constitución de los
centros escolares en espacios que garanticen la convivencia,
seguridad, reflexión, tolerancia, creación, respeto, unidad,
integración, participación y superación de los educandos a fin
de favorecer en ellos, con la aplicación de las metodologías
de enseñanza adecuadas, la posibilidad de adquisición de los
aprendizajes significativos que demuestren sus capacidades
para ser, aprender, hacer y convivir, ya sea para su propio
beneficio como para el de los núcleos sociales de los que son
parte.
Ni duda cabe, la educación
es una tarea de todos: gobiernos, instituciones especializadas
públicas y privadas; organizaciones sociales, políticas y
sindicales; entidades culturales, asociaciones de padres de
familia y de la sociedad en general; cada persona puede
ofrecer lo mejor de sí, en el marco de sus posibilidades y de
la reglamentación correspondiente, para contribuir a mejorar y
extender las tareas educativas, con la seguridad de que con
ello participa en la preservación y acrecentamiento de los
valores que habrán de sustentar la construcción para nuestros
herederos de un mundo mejor en el amanecer de un nuevo
milenio. Contribuyamos sin reserva a que el derecho a la
educación no sea únicamente letra escrita, sino fundamento y
motivo del derecho educativo que asegure en realidad a todos,
las condiciones de igualdad para acceder a los diferentes
niveles de educación bajo la égida de los estados modernos.
TEODORO ALEMÁN NAVA
Catedrático de materias pedagógicas en el Conservatorio
Nacional de Música. Ha ocupado diversos cargos
académico-administrativos en la Secretaría de Educación
Pública. Economista y pasante de Derecho (UNAM), licenciado y
maestro en Educación (ENM/UPN).
|