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1.
PROBLEMÁTICA
La
realidad que prevalece en el ámbito de la educación
básica en nuestro país, por lo que respecta
a la enseñanza musical escolar, se caracteriza por
múltiples limitaciones, entre las cuales sobresalen,
entre otras, las siguientes: el insuficiente número
de maestros especializados, el escaso desarrollo de la actividad
musical en las aulas, la falta de opciones para la capacitación
y actualización docentes, la desvinculación
que se presenta entre el quehacer de las instituciones superiores
de música y las necesidades reales de los niveles educativos
en que pudieran desempeñarse profesionalmente sus egresados,
la carencia de una auténtica planeación institucional,
la ausencia de estímulos para una profesionalización
generalizada en la enseñanza musical, la inexistencia
de una reglamentación específica cuya aplicación
reconozca, motive y promueva a categorías superiores
y a mayores ingresos al personal docente, la improvisación
magisterial que con frecuencia se observa no sólo en
la enseñanza musical sino también en la supervisión
de esta enseñanza y la escasez de recursos instrumentales
y educativos en las instituciones escolares.
2.
OBJETIVO
Estos
hechos, aunados a la desatención que priva por la educación
artística en el nivel básico del Sistema Educativo
Nacional y a la implantación de planes y programas
de estudio, que además de poco motivantes resultan
ya obsoletos en las instituciones en que se forman los profesionales
de la enseñanza musical escolar, así como al
desinterés que por incidir en este rubro evidencian
los directivos de estas instituciones, justifican la conveniencia
de promover la reestructuración del sistema de enseñanza
musical escolar, en el afán por favorecer mayores posibilidades
para el desarrollo armónico e integral de los educandos
que cursan sus estudios en los planteles de educación
de tipo básico, en donde como en otro tiempo, la música
debe ocupar un lugar de primacía.
3.
ANTECEDENTES
Por
otra parte, el valor pedagógico o formativo de la música
no se encuentra a discusión, sino más bien,
el hecho y la política educativas que predominan y
que limitan la formación de nuestros escolares. Se
conoce que desde los tiempos de la Grecia Clásica o
de la antigua cultura hebrea, pasando por las distintas etapas
sucesivas de la historia universal, la música ha estado
presente en todos los avatares de la vida, así de la
sociedad como de los individuos. En América, por ejemplo,
no existe cultura prehispánica conocida, que no haya
dado a la música un lugar de relevancia; más
aún, existieron en algunas de ellas establecimientos
dedicados al cultivo de tal arte. Entre los aztecas, el cuicacalco,
ilustra tal verdad.
En
el devenir histórico de nuestro país, la música
ha sido objeto de un cuidado muy especial. En los inicios
del periodo novohispánico, Fray Pedro de Gante funda
en Texcoco en 1526 el Colegio de San José de los Naturales,
e introduce en él la enseñanza musical. Este
hecho se considera el primero en las tierras colonizadas por
los españoles en América. Así mismo,
durante las tres centurias de la Colonia, la ejercitación
de tal manifestación artística adquirió
una relevancia excepcional, no sólo en el ámbito
de la educación, sino que se manifestó prácticamente
en todo el quehacer social y a lo largo de la vida de todas
las personas, observándose un enriquecimiento musical
sin precedente, explicable por los procesos de transculturación
gestados desde el Viejo Continente y aún debidos a
la población de origen africano traída a nuestras
tierras americanas. Consumada la lucha por la independencia
política del país en 1821, como corolario de
la heroica lucha iniciada en 1810 por el cura de Dolores,
don Miguel Hidalgo y Costilla, el estudio y la difusión
de la música adquieren una dimensión muy importante,
pues destaca el surgimiento y desarrollo de distintas sociedades
filarmónicas a lo largo de ese siglo decimonónico,
hasta dar lugar a la fundación del Conservatorio de
Música de la Sociedad Filarmónica Mexicana con
el apoyo del entonces presidente de México, don Benito
Juárez, y en cuyas estructuras académicas y
pedagógicas pronto habría de integrarse la formación
profesional del personal especializado en la enseñanza
musical.
Con
la creación de la Secretaría de Educación
Pública por decreto del 28 de septiembre de 1921, que
firma el entonces presidente de México, general Álvaro
Obregón, el Conservatorio Nacional de Música
se constituye en dependencia adscrita a esa secretaría,
y con ello se da también un fuerte impulso a la enseñanza
musical escolar, toda vez que se establece una sección
específica para organizar y desarrollar administrativa,
técnica y pedagógicamente, las actividades conducentes
a la impartición de la educación musical en
los planteles del nivel básico del territorio nacional.
Así, la música escolar alcanza hasta el ciclo
lectivo 1992-1993 un lugar importante en las estructuras de
los planes y programas de estudio de la educación básica
y normal, en donde se le reconoce expresamente como asignatura
obligatoria para efectos de su estudio, acreditación
y certificación. Sin embargo, con la implantación
de los planes de estudio vigentes para la educación
básica, su función ha sido relegada, y en la
práctica, su contenido de estudio, disminuido y diluido
en el desarrollo de la nueva materia impartida en las escuelas
primarias y secundarias, propiciando entre quienes integran
el gremio de la docencia musical, la necesidad de orientar
su quehacer artístico y pedagógico de acuerdo
con los fines señalados para la nueva asignatura que
se incluye en los planes de estudio de 1993 y para la cual
en educación secundaria no contempla el correspondiente
plan de estudios.
Esta
situación poco favorece a la revaloración y
profesionalización de la educación artística
en el contexto del sistema nacional, y limita gravemente las
opciones a los escolares para la adquisición de una
formación armónica e integral, con las consecuencias
previsibles para su ulterior participación en los diversos
procesos sociales, económicos, políticos y culturales
que tengan lugar en su entorno.
4.
FUNDAMENTACIÓN
Tal
problemática se constituye en punto de partida para
que, al amparo del Artículo Tercero de nuestra Constitución
General y de los fines que para la educación establece
la propia Ley General de Educación, se diseñen
e instrumenten las acciones requeridas para revalorar en nuestro
país a la educación musical escolar. No es con
declaraciones discursivas, protagónicas, oportunistas
o sensacionalistas como habrá de enfrentarse dicha
realidad, sino con acciones bien definidas, apegadas a la
normatividad correspondiente, y en el marco de un institucional
proceso de planeación que involucre a los actores principales
de semejante tarea: autoridades, directivos, supervisores,
maestros, especialistas e interesados en ella, quienes al
margen de cualquier motivación o pretensión
extraacadémica, coordinen sus esfuerzos para desarrollar
las estrategias de trabajo conducentes a la revaloración
de la enseñanza musical y así, coadyuvar al
cumplimiento cabal de lo establecido en los apartados correspondientes
del artículo Tercero Constitucional, y con ello ofrecer
mejores expectativas para la formación de los individuos,
ofreciéndoles una preparación más sólida,
humanista, alegre, sensible y armónica.
De
igual forma, el decreto de contenido educativo musical emitido
por el general Lázaro Cárdenas, presidente de
México durante el primer periodo sexenal (1934-1940),
constituye una fuente histórica de gran valía
que enriquece al actual marco jurídico en materia educativa,
y cuya aplicación sin duda coadyuva a preservar, enriquecer,
profesionalizar y extender la enseñanza de la música
en todos los planteles escolares de educación básica
en nuestro país, además de representar este
documento un gran elogio tanto a su autor como a quienes cumplen
con ahínco lo que en él se estipula, el cual
más adelante se transcribe.
5.
PROSPECTIVA
Por
su indiscutible valor formativo, su trayectoria histórica
en los anales de la educación, el aprecio por ella
que muestra la niñez y juventud escolares y por su
respaldo jurídico para su impartición en la
educación básica y normal, la música
escolar debe fortalecerse, en el afán porque contribuya
con mayor intensidad a la conformación de una sociedad
más humana, libre, tolerante y feliz. Anhelo que los
conservatorianos, fieles a su vocación, pasión
y compromiso con la música escolar, sabrán honrar,
participando en las actividades que mejor favorezcan su unidad,
identificación, superación y lucha por la defensa
y engrandecimiento de su loable labor al servicio de la población
mexicana.
Algunas
de las actividades prioritarias por emprender, encuentran
una fuerte relación con la urgente necesidad por profesionalizar
auténticamente la docencia musical escolar, entre las
que destacan: el impulso a la formación de los profesionistas
en esta rama de la educación; la organización
e impartición permanentes de cursos de capacitación,
actualización y superación del personal docente,
a cargo de especialistas de reconocido prestigio académico;
la canalización de los recursos necesarios para la
formación de grupos corales e instrumentales integrados
por alumnos de las distintas modalidades de educación
básica en los diferentes municipios o delegaciones
políticas; la elaboración o adquisición
y distribución de recursos bibliográficos y
didácticos para el estudio de la música; la
introducción de materias pedagógicas en la formación
de los profesionales de la música; el establecimiento
de planteles escolares en los niveles básicos de educación
para alumnos con aptitudes musicales; la reestructuración
de los planes de estudio a que haya lugar a fin de incluir
en ellos la enseñanza musical; la creación del
Instituto de Pedagogía Musical, Escuela Normal de Educación
Artística, o institución similar, que atienda
los reclamos de formación profesional y de actualización
académica y didáctica de los docentes de la
música; la elaboración a la brevedad, en el
marco legal establecido, de los correspondientes programas
de estudio para la música escolar en los niveles de
educación del tipo básico; el fortalecimiento
a las tareas de difusión y extensión musicales
entre la población escolar, tanto en sus planteles
de estudio como en las salas de estudio del país; la
creación de un sistema de estímulos que homologue
las oportunidades de superación profesional a los docentes
de esta disciplina artística con quienes, con las respectivas
especializaciones, desarrollan su labor educativa en los niveles
referidos, así como en los niveles medio superior y
superior. En estas acciones, y bajo la coordinación
de las autoridades y órganos competentes, los conservatorianos
estamos prestos a participar con la certeza de que al hablar
un lenguaje común, habremos de continuar nuestro quehacer
profesional en congruencia con las disposiciones emitidas
por las instituciones de educación, arte y cultura
de México, en el marco jurídico correspondiente.
TEODORO ALEMÁN NAVA
Catedrático de materias pedagógicas en el Conservatorio
Nacional de Música. Ha ocupado diversos cargos
académico-administrativos en la Secretaría de Educación
Pública. Economista y pasante de Derecho (UNAM), licenciado y
maestro en Educación (ENM/UPN).
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