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Reflexiones
académicas
Entrevista
con
Luis
Luna Guarneros |
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Director
del Coro del Teatro de Bellas Artes de Mëxico |
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¿Cómo
nace tu vocación a la música?
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Fue
una cosa instintiva, al principio sólo me sentaba
a escuchar discos y según cuenta mi papá,
llegaba a casa de mi bisabuela en la Santa María
la Ribera, y allí había comprado una gran
consola cuando empezaban los primeros sonidos estéreos,
siendo mi interés oír sus discos. Ese era
mi gusto, sentarme a escuchar música., fue una respuesta
instintiva, y ya siendo más grande, empecé
a exigir el estudiar música, piano, órgano.
Así, de principio entré a la Academia Yamaha
como mi primer contacto. En alguna ocasión en el
IMSS dieron un curso para principiantes, cuando yo tenía
como 10 años, pero me quedé con las ganas
y fue sólo hasta entrar a la Academia cuando inicié
mi contacto musical. Posteriormente quise estudiar más
en serio la música y entré a una Escuela de
Iniciación Artística del INBA y más
tarde al CNM. Recuerdo bien que cuando tenía 6 años
me llevaron a clases de piano con una monjita, pero ella
tenía un método tradicional, falto de pedagogía
que me restó interés por la música.
No me motivó, en cambio, en Yamaha se me motivó
a tocar instrumentos, percusiones, piano, etc., de modo
que desde un primer momento estuve haciendo música.
Al niño no le importa la cuestión intelectual
en un primer momento, lo esencial es hacer música
como principal motivador. Así, primero los discos
y luego tales clases, constituyeron mi primer contacto con
la enseñanza musical. Poco a poco me fui interesando
en estudiar más.
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¿Cómo
se da tu ingreso al CNM?
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Esa
fue una experiencia muy ilustrativa. Uno considera que,
siendo la principal casa de estudios musicales en el país,
allí podría uno entrar a estudiar. No obstante,
hacia 1974, solicité entrar pero el examen fue muy
difícil. No tanto la audición pero sí
en cuanto a la teoría musical, el solfeo, el conocimiento
de intervalos y acordes, sobre los cuales en aquel entonces
tenía un conocimiento superficial. La opción
que me ofrecieron fue acudir a una Escuela de Iniciación
Artística, considerando que allí adquiriría
las bases para poder después entrar al CNM. No obstante,
recuerdo también que cuando en 1979 se cambió
su Plan de Estudios, tal concepción sufrió
modificaciones, al grado que se autorizó que niños
y jóvenes sin conocimientos musicales previos, pudieran
entrar desde el inicio a esta escuela. Paradójicamente,
cuando después de estudiar en la EIA volví
a presentar examen para entrar al CNM, no me preguntaron
teoría de acordes, de intervalos, etc. Cursé
así cuatro años de iniciación artística
y en 1978 pude entrar finalmente al Conservatorio.
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¿En
qué Escuela de Iniciación Artística estudiaste?
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Estudié
así en la EIA No. 3, ubicada en la calle de Matagalpa
en la colonia Lindavista, una escuela adorada, de muchos
recuerdos y experiencias inolvidables, en donde aprendí
a tocar clarinete, marimba y el hecho de tocar en la orquesta
de jóvenes era lo más apasionante. Entonces
su director era el maestro Fernando Cataño.
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Al
momento de entrar al CNM, ¿a qué carrera te
inscribes?
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A
la carrera de Dirección de Orquesta -según el
entonces vigente plan de estudios de 1962-, no obstante que
mi interés era la dirección coral, especialidad
que se habría de incluir en el Plan de 1979. En esos
momentos uno no tiene idea de cuánto tiene la persona
que meterse en la materia para poder destacar. Uno sólo
dice "quiero dirigir, me gusta la música...",
pero en realidad se desconoce todo lo que conlleva la realización
de una carrera así. Es sólo con el tiempo cuando
uno va tomando la real dimensión y la conciencia de
sus exigencias reales.
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En
el transcurso de tus estudios conservatorianos, ¿a
cuáles maestros recuerdas especialmente?
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Recuerdo
por ejemplo a la maestra Alberta Castelazzi, una maestra con
gran sistematización de su clase. Ella me enseñaba
conjuntos corales y solfeo, y en ésta última
disponía particularmente la realización de una
secuencia permanente, clase con clase, que versaba sobre la
lectura rítmica, lectura melódica, dictado de
intervalos, de acordes, dictado rítmico-melódico,
etc., es decir, sistemática, eminentemente sistemática,
lo que me parece una gran virtud que debe tener todo músico.
Luego, recuerdo definitivamente al maestro Eduardo Díaz
Muñoz, conocido por todos nosotros, especialmente por
que tiene una concepción sobre el trabajo, sobre lo
que es un taller de dirección de orquesta en el cual
cada clase uno aprende al enfrentarse a los diversos problemas,
lo que es el aprendizaje personal, cómo abordar una
obra, desde qué puntos de vista., no sólo el
contacto visual, sino también el de recrearla, hacerla,
ya sea dirigiéndola o interpretándola, lo que
era una práctica muy valiosa. Realizábamos también
análisis armónico en un grupo de diez personas,
hacíamos luego técnica de dirección,
concretamente movimientos corporales y luego nos involucrábamos
también en la organización del programa de orquesta.
De allí se desprendió una enseñanza determinante
que serviría para cuando conformamos una Camerata en
el Conservatorio, por medio de la cual se disponía
la distribución de las diferentes secciones, percusiones,
cuerdas, alientos metal, alientos madera, todos los alientos,
etc., es decir, las "talachas", de modo que cada
uno de los compañeros preparábamos una parte
de la orquesta para el concierto que posteriormente el maestro
Díaz Muñoz habría de dirigir. En aquel
entonces, estuvo tan bien organizado ese trabajo, que en algún
momento el maestro por sus compromisos múltiples, no
obstante que tuvo que ausentarse por algún periodo
corto, dejó tan bien trazado el programa de trabajo
que cada uno sabía qué hacer, a qué horas
y cómo. No había más, lo que explica
el que hayamos aprendido mucho de aquel taller, y aparte toda
su personalidad, tan dinámica, sincera, honesta, que
para mí fue una figura clave de ese tiempo. Fue muy
lamentable que hubiera tenido una muy breve duración
dicho taller bajo su conducción en el CNM, pues la
magnitud, seriedad, capacidad de trabajo y proyección
con él alcanzados entre 1984 y 1985, difícilmente
fueron superados después. No obstante, en nosotros
quedó la semilla de continuar con dicha obra, de modo
que no nos dijimos "a ver si se hace una orquesta, haber
si se funda un coro, un taller", pues el principal problema
fue que a su salida no había un maestro que pudiera
sustiuirle.
Pasaron los meses y no había taller,
de modo que acordamos proponer la creación de un
grupo instrumental, una Camerata en la que se hiciera música
y se practicara. Nació al inicio de la gestión
del maestro Leopoldo Téllez como director en el CNM,
el cual cuando vio que el grupo se había superado,
que estaba integrado, y que junto con el Coro marchaba,
nos dio su apoyo. Ella fue una gran escuela, pues nos permitió
conocer a fondo el manejo de una orquesta, su administración,
el manejo de prensa, de contactos, etc. Fue un tiempo muy
fructífiero para todos los que participamos en ella.
Otro maestro que me impactó fue el maestro Cristián
Caballero, una figura un tanto controvertida, muy reflexivo,
crítico. Alguna vez hicimos con el Conservatorio
un concierto en la propia Academia Yamaha, para entonces
tenía unos 16 años y me encantaba hacer dúos
de órgano a partir de versiones reducidas de obras
célebres como la Danza de las Horas. En algún
concierto, el maestro asistió y nos dijo, "a
ver si ya se ponen a hacer algo más en serio en vez
de estar tocando piececitas para marcas de órgano
conocidas". Él era más sobre la línea,
no le gustaba ese tipo de arreglos, sin embargo, cuando
nos conocimos un poco más, él mismo me tenía
muchas consideraciones como el invitarme a su casa para
escuchar obras, o el ofrecerme materiales que me podían
interesar. Sobre todo a partir de que vio actuando a la
Camerata, y constató que el interés era generar
proyectos serios; constantemente me aconsejó, me
hizo recomendaciones y sugerencias. En una ocasión
dirigí el Gloria de Vivaldi, me felicitó y
a continuación me hizo sus comentarios. Fue una lástima
que muriera al poco tiempo. De estar él presente
indudablemente seguiría siendo una figura clave.
Igualmente relevante para mi formación
fue también el maestro Alberto Alva. En la época
en que debía cursar el segundo año de conjuntos
corales, surgió en mí la necesidad de entrar
a su coro, yo creo que motivado especialmente por haber
presenciado su presentación de Tata Vasco. Aún
cuando iba en segundo año de solfeo, él me
permitió entrar, y a partir de entonces nunca dejé
el Coro del Conservatorio durante los cuatro o cinco años
que todavía estuvo a su cargo. En algunas ocasiones
me llegó a pedir frente a los demás compañeros
que interpretara pasajes de las obras que estudiábamos,
como llegó a ocurrir con trozos de la fuga de la
Misa Solemnis de Beethoven. Y bueno, ni hablar, a cantar,
pero eso sí, nunca me llegó a "pescar",
no me dejé. Desde entonces me tuvo muy buena consideración,
pero claro, no me perdía sus ensayos ni presentaciones.
Fue prácticamente el primer maestro de coro con el
que trabajé directamente, aunque con él todavía
no sabía todo lo que implicaba el manejo de un grupo
musical de dicha magnitud. Con el tiempo fue mi maestro
de dirección y cómo no estar con él
agradecido, tengo con él una deuda grande.
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Una
vez que concluiste tus estudios en México ¿porqué
decides irte a estudiar a Austria?
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Porque
desde de que tuve la oportunidad de estar en Viena me dije,
éste es el lugar. Había ya estado durante
un año estudiando en Milán en el Conservatorio
"Giuseppe Verdi", pero en la capital austríaca
las facilidades académicas y económicas para
los estudiantes, la oferta musical y actividades culturales
en general era más rica en ésta. En Milán
tuve un año muy interesante, pero la actividad y
el nivel de competitividad en Viena era mayor. Había
la Ópera, la Filarmónica, la Sinfónica,
así como más de 50,000 grupos, coros y ensambles
de gente que se dedica exclusivamente a la música.
Con decir que mientras a La Scala de Milán sólo
pode entrar contadas veces ante el precio elevado de sus
boletos, como cuando asistí a un concierto dirigido
por Leonard Bernstein y tuve que pagar más de 50
dólares para poder estar en la parte alta del teatro,
en Viena se pagaban 20 chelines -unos 2 dólares-
en el mismo lugar o bien 5 dólares en la parte baja,
no obstante tener que estar de pie durante la función,
lo que indudablemente era más accesible para el bolsillo
de un estudiante, situación similar a la que se daba
con las presentaciones de la Orquesta Filarmónica
de Viena. Todo ello fue lo que me indujo a desear estudiar
en esta ciudad.
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¿En
qué institución estudiaste en Viena?
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Lo
hice en el Conservatorio de Viena. Hacia julio de 1990,
no obstante saber que los cursos son caros, que el idioma
era distinto, decidí tomar durante un mes un curso
de dirección orquestal. Fue una experiencia muy dura,
pues entre que tomas el curso, entre que medio comes, medio
te hospedas aquí y medio allá, yo me dí
cuenta del nivel de la clase y eso me convenció.
Esto era lo que buscaba y que en Milán no había
encontrado. Era lo que necesitaba. En un mes estudiamos
cerca de diez obras, primero estudiando a dos pianos -a
partir de la partitura orquestal o de una reducción-
aspectos como la cuestión técnica de las manos
y de la dinámica, obras que posteriormente cada uno
debe dirigir, de modo que el maestro pregunta a cada alumno
"¿porqué haces esto? o ¿por qué
haces lo otro?", y entonces tú mismo tienes
que hacer la música y luego dirigir, y luego de dos
semanas, viene la semana con la orquesta. A mí me
quedó claro. Si esto era el curso de verano, la escuela
debía estar aún mejor. Inmediatamente me decidí
a trasladarme a Viena.
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¿Por
lo que hace a Milán, cuál consideras que fue
su principal aportación a tu formación?
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Principalmente
fue el contacto estrecho que tuve con la composición,
y no obstante el hecho de no dedicarme a ella, reconozco que
implica una disciplina y una vocación muy grandes.
Estar en contacto y someterse a tal disciplina fueron dos
experiencias muy valiosas para mi formación. En cuanto
a mis estudios de piano y lectura de partituras, puedo afirmar
que aprendí una cosa. Sólo estudiando permanentemente
puedes aspirar a destacar. Me sirvió también
el contacto que tuve con los jóvenes compositores que
estudiaban en Milán, de los cuales el grupo de mexicanos
era ciertamente grande; así mismo, aproximarme a un
tipo de repertorio con el cual no estaba tan acostumbrado,
conocer compositores de distintos países, sus obras
y su modo de trabajo, constituyeron para mí una experiencia
muy edificante.
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¿Cuáles
son algunas de las orquestas que ha formado? |
Han
sido varias, de las que recuerdo y que han trascendido en
el transcurso de los años se encuentran una Orquesta
de Cámara en el CNM, con más de 12 años,
la Camerata Instrumental del CNM, la Orquesta de la Sociedad
de Conciertos del CNM con la cual tuve el privilegio de
inaugurar el Teatro "Blas Galindo" del Centro
Nacional de las Artes, la Camerata Instrumental de México,
con la que ya tenemos cerca de 75 presentaciones frente
a presidentes, primeros ministros, príncipes, reyes,
duquesas de muchos países del mundo. Y desde 1977
la Camerata de Naucalpan, con la que hemos dado cerca de
100 conciertos y con la que hemos presentado obras del repertorio
tradicional, clásico o de concierto, barroco, clásico,
romántico, nacionalista, e inclusive contemporáneo,
pero que también hemos alternado con manifestaciones
importantes como tango, música española, zarzuela,
hemos hecho conciertos con tenores, comedia musical, muchas
cosas interesantes, no sólo lo común para
una orquesta de ese género.
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¿Cuáles
fueron tus principales maestros en los conservatorios europeos? |
Entre
los maestros que tuve en Europa destaco al que hasta hace
poco fue el director del Gaetner Theater en Munich, un hombre
con gran experiencia, con un formidable conocimiento de
obras, con lo que se llama "mano para la ópera",
que tocaba, cantaba y dirigía las obras de modo impresionante,
el maestro Reinhard Schwarz. Mi segundo maestro fue Georg
Mark, ninguno de ellos con gran cartel pero que conocen
perfectamente la materia y que te brindan consejos muy claros
y precisos y con los que aprendes. Desde un primer momento
ellos le indican a uno: "Si ustedes creen que para
ser director sólo hay que pararse en el podio y pensar
que se tienen mil y un derechos y al mismo tiempo no saber
la música, olvídenlo. Y si ustedes creen que
la orquesta toca mal porque los instrumentistas tocan mal,
sepan que más de la mitad de los que están
allí sentados, saben más de lo que ustedes
conocen. Ellos tienen la experiencia, pero el director siempre
llega a regañar sin darse cuenta de que son sus propios
gestos los que están mal indicados. La mayor cantidad
de problemas en una orquesta derivan de que el director
no sabe lo que está haciendo, así que aquí
no queremos ni estrellas ni genios, ustedes deben saber
qué es lo que están haciendo y el por qué,
cómo lo van a hacer. Esa es la escuela que yo aprendí.
De esta manera, partimos de una base totalmente distinta".
Esa fue la mejor enseñanza que aprendí de
ellos. Aparte del trabajo escolar tocábamnos el piano,
otro dirigía, intercambiábamos las partes,
hacíamos mucha ópera. Particularmente el maestro
Schwarz es muy bueno para la técnica del recitativo,
conoce mucho la ópera. Ciertamente cuando la sintaxis
de la dirección no es buena el cantante se pierde
y la orquesta se pregunta sobre lo que quiere el director.
A veces no es necesario decir nada, simplemente hay que
mostrar, mostrar era algo en lo que ellos insistían
con especial énfasis.
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¿A
quiénes recuerdas de tus compañeros de generación?
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Primeramente
recuerdo a mi colega José Areán, que actualmente
se encuentra trabajando en el Instituto Nacional de Bellas
Artes. A él lo conocí en Europa cuando fui
a presentar mi examen de admisión a la Hochschule
für Musik de Viena y allá me lo encontré.
Le pregunté por qué no se inscribía
también en el Conservatorio de dicha ciudad y fue
así como nos convertimos en colegas. Al término
de sus estudios regresó a México y ahora nuevamente
coincidimos en el trabajo. Otro colega es Alexander Joel,
hermano del cantante Billy Joel, que por gusto decidió
estudiar música, un joven muy ávido de conocer,
de saber, muy entregado e intenso. Actualmente está
dirigiendo un teatro al sur de Austria, pero además
de que puede tener un gran cartel por su vínculo
fraternal, realmente es un tipo que ha trabajado mucho.
Es un buen músico, sabe lo que hace, es apasionado.
He conocido a otros compañeros muy interesantes,
tanto en Europa como en México, como sería
recientemente a David Arontes que acaba de heredar el Coral
Mexicano del INBA. Gabriela Díaz Alatriste, que ha
destacado como directora de orquesta. Fue alumna de dirección
orquestal del maestro Jorge Delezé y de Eduardo Mata,
una compañera que siempre fue seria y profesional
en su trabajo. Entre los cantantes recuerdo a Gabriela Herrera,
Mónica Guillén, Eva Santana y de la clase
de canto con la maestra Rosa Rodríguez, a Zully Amir
López Ríos. Recuerdo a un amigo, mitad taiwanés
y mitad canadiense, Andrew Lee, un apasionado de su trabajo,
una enciclopedia viviente que recuerda todas las obras;
muy radical en sus apreciaciones y cuya personalidad me
impactó siempre, ya que puede hablarte por horas
y cantar de principio a fin toda una sinfonía, cualidades
muy raras de encontrar en una persona. También Johannes
Hiemetsberger, que actualmente dirige el coral Sinne Nomine;
un muchacho proveniente de la Alta Austria, muy sencillo,
y que desde el momento de habernos conocido me invitó
a participar como solista en algunos de sus conciertos con
el coro y a dar clases dentro de algunos de sus proyectos.
Un compañero que jamás adopta pose alguna,
muy abierto, que conoce perfectamente lo que hace. Durante
1999 y 2000 tiene a su cargo los conciertos de la juventud
austríaca; gran profesional, muy respetable, muy
amigo. Finalmente a Johannes Prinz, director de la Singverein
desde hace un lustro, una de las agrupaciones corales más
antiguas de la ciudad, amateur, fundada en el siglo XIX,
muy apreciada y promovida por Herbert von Karajan. A la
muerte de este director, el coro entró en una profunda
decadencia, tanto en lo vocal como en lo anímico.
Fue precisamente Prinz, un hombre muy trabajador, emprendedor,
objetivo, entusiasta, analítico, experimentado, con
quien dicho coro se ha levantado de manera impresionante
y con los que he tenido la feliz fortuna de participar en
muchos conciertos. La Singverein ha sido para mí
junto con Prinz otra escuela, no sólo en lo musical
sino también en lo administrativo. Desde que llegué
me invitó a cantar en una misa criolla y todavía
nos preguntamos, hasta por e-mail cómo hacer tal
o cual aspecto, una verdadera colaboración colegial.
Ver y trabajar con directores como Abbado, Mutti, Levine,
Karoseyev y su lenguaje de manos, ha sido también
fundamental para mi formación.
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¿Qué
obras especialmente te han impactado?
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Sin
lugar a dudas la Tercera Sinfonía de Mahler. La escuché
en vivo por primera vez con Claudio Abbado, y al llegar al
tercer movimiento me conmovió a tal grado su intensidad
que me llevó prácticamente al llanto. No daba
crédito de lo que me ocurría.
Otra experiencia transformante fue al cantar
con tres coros el Gurrelieder de Arnold Schöenberg,
igualmente bajo la conducción de Abbado y la Filarmónica
de Viena. El sonido que salía de esta conjunción
artística me hizo reflexionar que jamás había
vivido una experiencia similar, más hermosa. Por
lo que respecta a México, como estudiante, fueron
también impactantes las participaciones que tuve
en obras como la Misa Solemnis de Beethoven en la Sala Nezahualcóyotl,
Carmina Burana, Aída, además de otras que
tuve bajo la conducción del Padre Xavier González
en la Escuela "Darío Miranda", en donde
estuve ocho años mientras paralelamente estudiaba
en el CNM. Prácticamente al Padre González,
de igual manera una enciclopedia viviente, le debo el impulso
para haberme ido a Europa. Con él hacíamos
conciertos polifónicos y asistíamos a cantar
con el Coro de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad
de México, aunque de manera principal participábamos
en la realización de una obra social más directa
con la comunidad.
Por otra parte, debo decir que en Europa
es casi una obligación para los latinoamericanos
el avocarnos a promover nuestra música. Es un error
pensar que allá podamos sobrevivir haciendo música
europea, a menos que se sea muy pero muy bueno en la materia.
Johannes Prinz, por ejemplo, fundó el Coro Unísono
en 1987, el cual hace cinco años heredé. En
su calidad de coro amateur les propuso tomar el repertorio
latinoamericano a efecto de proporcionar una alternativa
artística; interesada la mayoría de sus integrantes
en la cultura latinoamericana, hoy en día continúan
presentándose con ese mismo tipo de repertorio. Es
un grupo muy comprometido e involucrado con su menester
que están por grabar su primer CD con esta música.
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¿Cómo
se da tu nombramiento como Director del Coro del Teatro de
Bellas Artes?
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Personas
que me conocían desde hace muchos años, al momento
de que el maestro Alfredo Domínguez decidió
no seguir al frente de esta agrupación, un excelente
amigo y gran maestro, vinieron las propuestas del coro, entre
las cuales se incluyó mi nombre, lo que motivó
así fundamentalmente mi nombramiento. Actualmente el
Coro está compuesto por alrededor de setenta miembros
y existe una atmósfera de respeto mutuo.
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¿Qué
obras se han presentado hasta el momento bajo tu conducción
y qué proyectos se tienen?
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La
obra con la que iniciamos fue The Visitors de Carlos Chávez;
una obra ciertamente difícil pero que a los veinte
días la teníamos montada para presentarla
en el Festival Cervantino de 1999 y luego en el Palacio
de Bellas Artes. Posteriormente se presentó el Coro
con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes con la
Cantata de Navidad de Gustav Holst y el estreno de la obra
Mantrams para el Tercer Milenio de Ricardo Risco, una obra
que por su contenido es un tanto sincrética, habla
de la paz mundial, y que está basada en bloques melódicos
que se repiten, además de sobresalir por la interesante
combinación de idiomas que hizo, hindú, hebreo,
sánscrito, inglés, italiano, inglés,
español, maya, etc. En cuanto a los proyectos, a
corto plazo espero poder contribuir al mejoramiento del
Coro como ente profesional y humano; es una agrupación
de la que puede aprovecharse todavía más su
inmenso potencial. Para este año hay interesantes
propuestas como el actuar con la Orquesta Sinfónica
Nacional en la Octava Sinfonía de Mahler, además
de participar en Fausto, La Flauta Mágica, Elíxir
de Amor, Wozzeck, Ottelo, Il Trovatore. Así mismo,
entre ellas tal vez se pueda presentar un programa no precisamente
operístico con obras de Bruckner, Schubert -como
sus misas-, algún gran oratorio de Mendelssohn como
Elías, a fin de ampliar su repertorio. No obstante,
la ópera es para mí un estímulo muy
grande, por ello espero aportar lo más que pueda
para contribuir a garantizar la mejoría permanente
de esta agrupación.
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¿En
lo personal, cuáles son tus metas a futuro? |
Desempeñarme
fundamentalmente en la cuestión de la Dirección
Coral, a efecto de montar obras que me parezcan representativas
de la literatura coral. En nuestro país debe ampliarse
la difusión de este tipo de repertorio, y es justamente
a nosotros a los que corresponde participar en ello. Personalmente
podría llegar a pensar en fundar un coro amateur,
semiprofesional, como los que funcionan en Europa, a fin
de presentar obras que no se conozcan aquí y así
abrir una puerta más a la actividad coral, llevando
a cabo tanto presentaciones en la capital como en la provincia,
aspecto que me interesa mucho. Si hubiera la oportunidad
de actuar como tenor en obras poco conocidas en México,
lo haría con mucho gusto, y de igual forma me gustaría
participar en la docencia en alguna institución educativa.
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¿Qué
consejo darías a los estudiantes de música? |
Que
el camino es muy largo por recorrer en lo artístico
y lo educativo, sobre todo por la realidad y desarrollo cultural
de nuestro país. Sólo objetivos serios y bien
planteados permiten un crecimiento personal. Es muy fácil
salirse por la tangente, en cambio ser un buen músico
requiere de un esfuerzo muy grande, es un compromiso con uno
mismo, y si no se está dispuesto justamente a defender
esa bandera, seguiremos igual. Ojalá fuéramos
el primer conservatorio de América, pero todavía
no lo somos, ojalá. Al nivel de cualquier conservatorio
de Estados Unidos o Europa; nuestro potencial es muy grande
por nuestra propia realidad histórica, social. El mexicano
posee mucha sensibilidad, un temperamento muy particular,
pero nos falta la disciplina. Todo lo dejamos al temperamento,
la emoción, al feeling, pero se debe trabajar más,
trabajar sin perder las capacidades pero desde la parte de
formar una disciplina. El músico en nuestro medio debe
cumplir con su misión social. No somos músicos
aristócratas que pueden dedicarse a la buena vida.
El trabajo de los músicos debe tener una implicación
social, debe cumplir una función social que es educar
a nuestra gente, ofrecer una posibilidad más en toda
esta gran maraña de opciones culturales y otras no
tan culturales, tiene una obligación, algo muy importante
que aportar. Lo contrario no puede ser. Las nuevas generaciones
resienten lastres cada vez mayores; la competencia anglosajona
es enorme, sobre todo ahora con internet y telecable. El cine
y la televisión son la tendencia. ¿Dónde
quedará el músico si no tiene respeto, sinceridad,
honestidad, conciencia? Eso es para mí lo grave. Si
soy músico conservatoriano, ¿qué puedo
o qué voy a aportar dentro de esta maraña? Así
que es una consigna muy fuerte, muy seria. Un conservatorio
no puede ser patio de recreo. El alumno debe creer en lo que
hace, ir a lo que se va, a estudiar. Un maestro que fue también
determinante para mí, Alejandro Geverovich, argentino,
me dijo en Viena, "eres muy musical, pero no sabes lo
que estás haciendo", y empezó a hablarme
de una serie de aspectos técnicos de los que nunca
había oído hablar. Hoy en día en la propia
Corea del Sur, la juventud es responsable y trabajadora. Es
decir, nos hace falta mucho por trabajar, pero además
nos hace falta mucha experiencia humana. Yo valoré
más a mi madre cuando tuve que lavar y planchar mis
propias camisas; cuando te das cuenta quién es tu familia,
quién es tu gente, es entonces cuando llegas a la conclusión
de que no has sabido agradecer todo lo que hasta entonces
habías tenido. Finalmente, debemos contribuir a conservar
la conciencia conservatoriana, ha habido mucha gente y debemos
cultivar nuestra conciencia histórica, algo que es
característico de los pueblos más adelantados.
Un pueblo sin historia es difícil, no hay conciencia
de grupo, no hay conciencia de lo que pasó ni del futuro.
Conocer al Conservatorio, a los que han destacado y aportado,
qué gente ha hecho, gente de primera línea,
algo que nos daría mayor cohesión. |
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