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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
   

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


Conservatorianos conmemora el CCLV aniversario de su fallecimiento

 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

Sugiere un sitio

 

 

Universo de El Búho

 Marzo de 2008

 

 

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

   

 

 Inicio        

 

  Reflexiones académicas

 

Entrevista con

Luis Luna Guarneros

Director del Coro del Teatro de Bellas Artes de Mëxico

¿Cómo nace tu vocación a la música?

Fue una cosa instintiva, al principio sólo me sentaba a escuchar discos y según cuenta mi papá, llegaba a casa de mi bisabuela en la Santa María la Ribera, y allí había comprado una gran consola cuando empezaban los primeros sonidos estéreos, siendo mi interés oír sus discos. Ese era mi gusto, sentarme a escuchar música., fue una respuesta instintiva, y ya siendo más grande, empecé a exigir el estudiar música, piano, órgano. Así, de principio entré a la Academia Yamaha como mi primer contacto. En alguna ocasión en el IMSS dieron un curso para principiantes, cuando yo tenía como 10 años, pero me quedé con las ganas y fue sólo hasta entrar a la Academia cuando inicié mi contacto musical. Posteriormente quise estudiar más en serio la música y entré a una Escuela de Iniciación Artística del INBA y más tarde al CNM. Recuerdo bien que cuando tenía 6 años me llevaron a clases de piano con una monjita, pero ella tenía un método tradicional, falto de pedagogía que me restó interés por la música. No me motivó, en cambio, en Yamaha se me motivó a tocar instrumentos, percusiones, piano, etc., de modo que desde un primer momento estuve haciendo música. Al niño no le importa la cuestión intelectual en un primer momento, lo esencial es hacer música como principal motivador. Así, primero los discos y luego tales clases, constituyeron mi primer contacto con la enseñanza musical. Poco a poco me fui interesando en estudiar más.

 

¿Cómo se da tu ingreso al CNM?

 

Esa fue una experiencia muy ilustrativa. Uno considera que, siendo la principal casa de estudios musicales en el país, allí podría uno entrar a estudiar. No obstante, hacia 1974, solicité entrar pero el examen fue muy difícil. No tanto la audición pero sí en cuanto a la teoría musical, el solfeo, el conocimiento de intervalos y acordes, sobre los cuales en aquel entonces tenía un conocimiento superficial. La opción que me ofrecieron fue acudir a una Escuela de Iniciación Artística, considerando que allí adquiriría las bases para poder después entrar al CNM. No obstante, recuerdo también que cuando en 1979 se cambió su Plan de Estudios, tal concepción sufrió modificaciones, al grado que se autorizó que niños y jóvenes sin conocimientos musicales previos, pudieran entrar desde el inicio a esta escuela. Paradójicamente, cuando después de estudiar en la EIA volví a presentar examen para entrar al CNM, no me preguntaron teoría de acordes, de intervalos, etc. Cursé así cuatro años de iniciación artística y en 1978 pude entrar finalmente al Conservatorio.

 

¿En qué Escuela de Iniciación Artística estudiaste?

Estudié así en la EIA No. 3, ubicada en la calle de Matagalpa en la colonia Lindavista, una escuela adorada, de muchos recuerdos y experiencias inolvidables, en donde aprendí a tocar clarinete, marimba y el hecho de tocar en la orquesta de jóvenes era lo más apasionante. Entonces su director era el maestro Fernando Cataño.

 

Al momento de entrar al CNM, ¿a qué carrera te inscribes?

 

A la carrera de Dirección de Orquesta -según el entonces vigente plan de estudios de 1962-, no obstante que mi interés era la dirección coral, especialidad que se habría de incluir en el Plan de 1979. En esos momentos uno no tiene idea de cuánto tiene la persona que meterse en la materia para poder destacar. Uno sólo dice "quiero dirigir, me gusta la música...", pero en realidad se desconoce todo lo que conlleva la realización de una carrera así. Es sólo con el tiempo cuando uno va tomando la real dimensión y la conciencia de sus exigencias reales.

En el transcurso de tus estudios conservatorianos, ¿a cuáles maestros recuerdas especialmente?

Recuerdo por ejemplo a la maestra Alberta Castelazzi, una maestra con gran sistematización de su clase. Ella me enseñaba conjuntos corales y solfeo, y en ésta última disponía particularmente la realización de una secuencia permanente, clase con clase, que versaba sobre la lectura rítmica, lectura melódica, dictado de intervalos, de acordes, dictado rítmico-melódico, etc., es decir, sistemática, eminentemente sistemática, lo que me parece una gran virtud que debe tener todo músico. Luego, recuerdo definitivamente al maestro Eduardo Díaz Muñoz, conocido por todos nosotros, especialmente por que tiene una concepción sobre el trabajo, sobre lo que es un taller de dirección de orquesta en el cual cada clase uno aprende al enfrentarse a los diversos problemas, lo que es el aprendizaje personal, cómo abordar una obra, desde qué puntos de vista., no sólo el contacto visual, sino también el de recrearla, hacerla, ya sea dirigiéndola o interpretándola, lo que era una práctica muy valiosa. Realizábamos también análisis armónico en un grupo de diez personas, hacíamos luego técnica de dirección, concretamente movimientos corporales y luego nos involucrábamos también en la organización del programa de orquesta. De allí se desprendió una enseñanza determinante que serviría para cuando conformamos una Camerata en el Conservatorio, por medio de la cual se disponía la distribución de las diferentes secciones, percusiones, cuerdas, alientos metal, alientos madera, todos los alientos, etc., es decir, las "talachas", de modo que cada uno de los compañeros preparábamos una parte de la orquesta para el concierto que posteriormente el maestro Díaz Muñoz habría de dirigir. En aquel entonces, estuvo tan bien organizado ese trabajo, que en algún momento el maestro por sus compromisos múltiples, no obstante que tuvo que ausentarse por algún periodo corto, dejó tan bien trazado el programa de trabajo que cada uno sabía qué hacer, a qué horas y cómo. No había más, lo que explica el que hayamos aprendido mucho de aquel taller, y aparte toda su personalidad, tan dinámica, sincera, honesta, que para mí fue una figura clave de ese tiempo. Fue muy lamentable que hubiera tenido una muy breve duración dicho taller bajo su conducción en el CNM, pues la magnitud, seriedad, capacidad de trabajo y proyección con él alcanzados entre 1984 y 1985, difícilmente fueron superados después. No obstante, en nosotros quedó la semilla de continuar con dicha obra, de modo que no nos dijimos "a ver si se hace una orquesta, haber si se funda un coro, un taller", pues el principal problema fue que a su salida no había un maestro que pudiera sustiuirle.

Pasaron los meses y no había taller, de modo que acordamos proponer la creación de un grupo instrumental, una Camerata en la que se hiciera música y se practicara. Nació al inicio de la gestión del maestro Leopoldo Téllez como director en el CNM, el cual cuando vio que el grupo se había superado, que estaba integrado, y que junto con el Coro marchaba, nos dio su apoyo. Ella fue una gran escuela, pues nos permitió conocer a fondo el manejo de una orquesta, su administración, el manejo de prensa, de contactos, etc. Fue un tiempo muy fructífiero para todos los que participamos en ella. Otro maestro que me impactó fue el maestro Cristián Caballero, una figura un tanto controvertida, muy reflexivo, crítico. Alguna vez hicimos con el Conservatorio un concierto en la propia Academia Yamaha, para entonces tenía unos 16 años y me encantaba hacer dúos de órgano a partir de versiones reducidas de obras célebres como la Danza de las Horas. En algún concierto, el maestro asistió y nos dijo, "a ver si ya se ponen a hacer algo más en serio en vez de estar tocando piececitas para marcas de órgano conocidas". Él era más sobre la línea, no le gustaba ese tipo de arreglos, sin embargo, cuando nos conocimos un poco más, él mismo me tenía muchas consideraciones como el invitarme a su casa para escuchar obras, o el ofrecerme materiales que me podían interesar. Sobre todo a partir de que vio actuando a la Camerata, y constató que el interés era generar proyectos serios; constantemente me aconsejó, me hizo recomendaciones y sugerencias. En una ocasión dirigí el Gloria de Vivaldi, me felicitó y a continuación me hizo sus comentarios. Fue una lástima que muriera al poco tiempo. De estar él presente indudablemente seguiría siendo una figura clave.

Igualmente relevante para mi formación fue también el maestro Alberto Alva. En la época en que debía cursar el segundo año de conjuntos corales, surgió en mí la necesidad de entrar a su coro, yo creo que motivado especialmente por haber presenciado su presentación de Tata Vasco. Aún cuando iba en segundo año de solfeo, él me permitió entrar, y a partir de entonces nunca dejé el Coro del Conservatorio durante los cuatro o cinco años que todavía estuvo a su cargo. En algunas ocasiones me llegó a pedir frente a los demás compañeros que interpretara pasajes de las obras que estudiábamos, como llegó a ocurrir con trozos de la fuga de la Misa Solemnis de Beethoven. Y bueno, ni hablar, a cantar, pero eso sí, nunca me llegó a "pescar", no me dejé. Desde entonces me tuvo muy buena consideración, pero claro, no me perdía sus ensayos ni presentaciones. Fue prácticamente el primer maestro de coro con el que trabajé directamente, aunque con él todavía no sabía todo lo que implicaba el manejo de un grupo musical de dicha magnitud. Con el tiempo fue mi maestro de dirección y cómo no estar con él agradecido, tengo con él una deuda grande.

Una vez que concluiste tus estudios en México ¿porqué decides irte a estudiar a Austria?

Porque desde de que tuve la oportunidad de estar en Viena me dije, éste es el lugar. Había ya estado durante un año estudiando en Milán en el Conservatorio "Giuseppe Verdi", pero en la capital austríaca las facilidades académicas y económicas para los estudiantes, la oferta musical y actividades culturales en general era más rica en ésta. En Milán tuve un año muy interesante, pero la actividad y el nivel de competitividad en Viena era mayor. Había la Ópera, la Filarmónica, la Sinfónica, así como más de 50,000 grupos, coros y ensambles de gente que se dedica exclusivamente a la música. Con decir que mientras a La Scala de Milán sólo pode entrar contadas veces ante el precio elevado de sus boletos, como cuando asistí a un concierto dirigido por Leonard Bernstein y tuve que pagar más de 50 dólares para poder estar en la parte alta del teatro, en Viena se pagaban 20 chelines -unos 2 dólares- en el mismo lugar o bien 5 dólares en la parte baja, no obstante tener que estar de pie durante la función, lo que indudablemente era más accesible para el bolsillo de un estudiante, situación similar a la que se daba con las presentaciones de la Orquesta Filarmónica de Viena. Todo ello fue lo que me indujo a desear estudiar en esta ciudad.

 

¿En qué institución estudiaste en Viena?

Lo hice en el Conservatorio de Viena. Hacia julio de 1990, no obstante saber que los cursos son caros, que el idioma era distinto, decidí tomar durante un mes un curso de dirección orquestal. Fue una experiencia muy dura, pues entre que tomas el curso, entre que medio comes, medio te hospedas aquí y medio allá, yo me dí cuenta del nivel de la clase y eso me convenció. Esto era lo que buscaba y que en Milán no había encontrado. Era lo que necesitaba. En un mes estudiamos cerca de diez obras, primero estudiando a dos pianos -a partir de la partitura orquestal o de una reducción- aspectos como la cuestión técnica de las manos y de la dinámica, obras que posteriormente cada uno debe dirigir, de modo que el maestro pregunta a cada alumno "¿porqué haces esto? o ¿por qué haces lo otro?", y entonces tú mismo tienes que hacer la música y luego dirigir, y luego de dos semanas, viene la semana con la orquesta. A mí me quedó claro. Si esto era el curso de verano, la escuela debía estar aún mejor. Inmediatamente me decidí a trasladarme a Viena.

 

¿Por lo que hace a Milán, cuál consideras que fue su principal aportación a tu formación?

Principalmente fue el contacto estrecho que tuve con la composición, y no obstante el hecho de no dedicarme a ella, reconozco que implica una disciplina y una vocación muy grandes. Estar en contacto y someterse a tal disciplina fueron dos experiencias muy valiosas para mi formación. En cuanto a mis estudios de piano y lectura de partituras, puedo afirmar que aprendí una cosa. Sólo estudiando permanentemente puedes aspirar a destacar. Me sirvió también el contacto que tuve con los jóvenes compositores que estudiaban en Milán, de los cuales el grupo de mexicanos era ciertamente grande; así mismo, aproximarme a un tipo de repertorio con el cual no estaba tan acostumbrado, conocer compositores de distintos países, sus obras y su modo de trabajo, constituyeron para mí una experiencia muy edificante.

¿Cuáles son algunas de las orquestas que ha formado?

Han sido varias, de las que recuerdo y que han trascendido en el transcurso de los años se encuentran una Orquesta de Cámara en el CNM, con más de 12 años, la Camerata Instrumental del CNM, la Orquesta de la Sociedad de Conciertos del CNM con la cual tuve el privilegio de inaugurar el Teatro "Blas Galindo" del Centro Nacional de las Artes, la Camerata Instrumental de México, con la que ya tenemos cerca de 75 presentaciones frente a presidentes, primeros ministros, príncipes, reyes, duquesas de muchos países del mundo. Y desde 1977 la Camerata de Naucalpan, con la que hemos dado cerca de 100 conciertos y con la que hemos presentado obras del repertorio tradicional, clásico o de concierto, barroco, clásico, romántico, nacionalista, e inclusive contemporáneo, pero que también hemos alternado con manifestaciones importantes como tango, música española, zarzuela, hemos hecho conciertos con tenores, comedia musical, muchas cosas interesantes, no sólo lo común para una orquesta de ese género.

 

¿Cuáles fueron tus principales maestros en los conservatorios europeos?

Entre los maestros que tuve en Europa destaco al que hasta hace poco fue el director del Gaetner Theater en Munich, un hombre con gran experiencia, con un formidable conocimiento de obras, con lo que se llama "mano para la ópera", que tocaba, cantaba y dirigía las obras de modo impresionante, el maestro Reinhard Schwarz. Mi segundo maestro fue Georg Mark, ninguno de ellos con gran cartel pero que conocen perfectamente la materia y que te brindan consejos muy claros y precisos y con los que aprendes. Desde un primer momento ellos le indican a uno: "Si ustedes creen que para ser director sólo hay que pararse en el podio y pensar que se tienen mil y un derechos y al mismo tiempo no saber la música, olvídenlo. Y si ustedes creen que la orquesta toca mal porque los instrumentistas tocan mal, sepan que más de la mitad de los que están allí sentados, saben más de lo que ustedes conocen. Ellos tienen la experiencia, pero el director siempre llega a regañar sin darse cuenta de que son sus propios gestos los que están mal indicados. La mayor cantidad de problemas en una orquesta derivan de que el director no sabe lo que está haciendo, así que aquí no queremos ni estrellas ni genios, ustedes deben saber qué es lo que están haciendo y el por qué, cómo lo van a hacer. Esa es la escuela que yo aprendí. De esta manera, partimos de una base totalmente distinta". Esa fue la mejor enseñanza que aprendí de ellos. Aparte del trabajo escolar tocábamnos el piano, otro dirigía, intercambiábamos las partes, hacíamos mucha ópera. Particularmente el maestro Schwarz es muy bueno para la técnica del recitativo, conoce mucho la ópera. Ciertamente cuando la sintaxis de la dirección no es buena el cantante se pierde y la orquesta se pregunta sobre lo que quiere el director. A veces no es necesario decir nada, simplemente hay que mostrar, mostrar era algo en lo que ellos insistían con especial énfasis.

 

¿A quiénes recuerdas de tus compañeros de generación?

Primeramente recuerdo a mi colega José Areán, que actualmente se encuentra trabajando en el Instituto Nacional de Bellas Artes. A él lo conocí en Europa cuando fui a presentar mi examen de admisión a la Hochschule für Musik de Viena y allá me lo encontré. Le pregunté por qué no se inscribía también en el Conservatorio de dicha ciudad y fue así como nos convertimos en colegas. Al término de sus estudios regresó a México y ahora nuevamente coincidimos en el trabajo. Otro colega es Alexander Joel, hermano del cantante Billy Joel, que por gusto decidió estudiar música, un joven muy ávido de conocer, de saber, muy entregado e intenso. Actualmente está dirigiendo un teatro al sur de Austria, pero además de que puede tener un gran cartel por su vínculo fraternal, realmente es un tipo que ha trabajado mucho. Es un buen músico, sabe lo que hace, es apasionado. He conocido a otros compañeros muy interesantes, tanto en Europa como en México, como sería recientemente a David Arontes que acaba de heredar el Coral Mexicano del INBA. Gabriela Díaz Alatriste, que ha destacado como directora de orquesta. Fue alumna de dirección orquestal del maestro Jorge Delezé y de Eduardo Mata, una compañera que siempre fue seria y profesional en su trabajo. Entre los cantantes recuerdo a Gabriela Herrera, Mónica Guillén, Eva Santana y de la clase de canto con la maestra Rosa Rodríguez, a Zully Amir López Ríos. Recuerdo a un amigo, mitad taiwanés y mitad canadiense, Andrew Lee, un apasionado de su trabajo, una enciclopedia viviente que recuerda todas las obras; muy radical en sus apreciaciones y cuya personalidad me impactó siempre, ya que puede hablarte por horas y cantar de principio a fin toda una sinfonía, cualidades muy raras de encontrar en una persona. También Johannes Hiemetsberger, que actualmente dirige el coral Sinne Nomine; un muchacho proveniente de la Alta Austria, muy sencillo, y que desde el momento de habernos conocido me invitó a participar como solista en algunos de sus conciertos con el coro y a dar clases dentro de algunos de sus proyectos. Un compañero que jamás adopta pose alguna, muy abierto, que conoce perfectamente lo que hace. Durante 1999 y 2000 tiene a su cargo los conciertos de la juventud austríaca; gran profesional, muy respetable, muy amigo. Finalmente a Johannes Prinz, director de la Singverein desde hace un lustro, una de las agrupaciones corales más antiguas de la ciudad, amateur, fundada en el siglo XIX, muy apreciada y promovida por Herbert von Karajan. A la muerte de este director, el coro entró en una profunda decadencia, tanto en lo vocal como en lo anímico. Fue precisamente Prinz, un hombre muy trabajador, emprendedor, objetivo, entusiasta, analítico, experimentado, con quien dicho coro se ha levantado de manera impresionante y con los que he tenido la feliz fortuna de participar en muchos conciertos. La Singverein ha sido para mí junto con Prinz otra escuela, no sólo en lo musical sino también en lo administrativo. Desde que llegué me invitó a cantar en una misa criolla y todavía nos preguntamos, hasta por e-mail cómo hacer tal o cual aspecto, una verdadera colaboración colegial. Ver y trabajar con directores como Abbado, Mutti, Levine, Karoseyev y su lenguaje de manos, ha sido también fundamental para mi formación.

 

¿Qué obras especialmente te han impactado?

Sin lugar a dudas la Tercera Sinfonía de Mahler. La escuché en vivo por primera vez con Claudio Abbado, y al llegar al tercer movimiento me conmovió a tal grado su intensidad que me llevó prácticamente al llanto. No daba crédito de lo que me ocurría.

Otra experiencia transformante fue al cantar con tres coros el Gurrelieder de Arnold Schöenberg, igualmente bajo la conducción de Abbado y la Filarmónica de Viena. El sonido que salía de esta conjunción artística me hizo reflexionar que jamás había vivido una experiencia similar, más hermosa. Por lo que respecta a México, como estudiante, fueron también impactantes las participaciones que tuve en obras como la Misa Solemnis de Beethoven en la Sala Nezahualcóyotl, Carmina Burana, Aída, además de otras que tuve bajo la conducción del Padre Xavier González en la Escuela "Darío Miranda", en donde estuve ocho años mientras paralelamente estudiaba en el CNM. Prácticamente al Padre González, de igual manera una enciclopedia viviente, le debo el impulso para haberme ido a Europa. Con él hacíamos conciertos polifónicos y asistíamos a cantar con el Coro de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, aunque de manera principal participábamos en la realización de una obra social más directa con la comunidad.

Por otra parte, debo decir que en Europa es casi una obligación para los latinoamericanos el avocarnos a promover nuestra música. Es un error pensar que allá podamos sobrevivir haciendo música europea, a menos que se sea muy pero muy bueno en la materia. Johannes Prinz, por ejemplo, fundó el Coro Unísono en 1987, el cual hace cinco años heredé. En su calidad de coro amateur les propuso tomar el repertorio latinoamericano a efecto de proporcionar una alternativa artística; interesada la mayoría de sus integrantes en la cultura latinoamericana, hoy en día continúan presentándose con ese mismo tipo de repertorio. Es un grupo muy comprometido e involucrado con su menester que están por grabar su primer CD con esta música.

 

¿Cómo se da tu nombramiento como Director del Coro del Teatro de Bellas Artes?

Personas que me conocían desde hace muchos años, al momento de que el maestro Alfredo Domínguez decidió no seguir al frente de esta agrupación, un excelente amigo y gran maestro, vinieron las propuestas del coro, entre las cuales se incluyó mi nombre, lo que motivó así fundamentalmente mi nombramiento. Actualmente el Coro está compuesto por alrededor de setenta miembros y existe una atmósfera de respeto mutuo.

¿Qué obras se han presentado hasta el momento bajo tu conducción y qué proyectos se tienen?

La obra con la que iniciamos fue The Visitors de Carlos Chávez; una obra ciertamente difícil pero que a los veinte días la teníamos montada para presentarla en el Festival Cervantino de 1999 y luego en el Palacio de Bellas Artes. Posteriormente se presentó el Coro con la Orquesta de Cámara de Bellas Artes con la Cantata de Navidad de Gustav Holst y el estreno de la obra Mantrams para el Tercer Milenio de Ricardo Risco, una obra que por su contenido es un tanto sincrética, habla de la paz mundial, y que está basada en bloques melódicos que se repiten, además de sobresalir por la interesante combinación de idiomas que hizo, hindú, hebreo, sánscrito, inglés, italiano, inglés, español, maya, etc. En cuanto a los proyectos, a corto plazo espero poder contribuir al mejoramiento del Coro como ente profesional y humano; es una agrupación de la que puede aprovecharse todavía más su inmenso potencial. Para este año hay interesantes propuestas como el actuar con la Orquesta Sinfónica Nacional en la Octava Sinfonía de Mahler, además de participar en Fausto, La Flauta Mágica, Elíxir de Amor, Wozzeck, Ottelo, Il Trovatore. Así mismo, entre ellas tal vez se pueda presentar un programa no precisamente operístico con obras de Bruckner, Schubert -como sus misas-, algún gran oratorio de Mendelssohn como Elías, a fin de ampliar su repertorio. No obstante, la ópera es para mí un estímulo muy grande, por ello espero aportar lo más que pueda para contribuir a garantizar la mejoría permanente de esta agrupación.

 

¿En lo personal, cuáles son tus metas a futuro?

Desempeñarme fundamentalmente en la cuestión de la Dirección Coral, a efecto de montar obras que me parezcan representativas de la literatura coral. En nuestro país debe ampliarse la difusión de este tipo de repertorio, y es justamente a nosotros a los que corresponde participar en ello. Personalmente podría llegar a pensar en fundar un coro amateur, semiprofesional, como los que funcionan en Europa, a fin de presentar obras que no se conozcan aquí y así abrir una puerta más a la actividad coral, llevando a cabo tanto presentaciones en la capital como en la provincia, aspecto que me interesa mucho. Si hubiera la oportunidad de actuar como tenor en obras poco conocidas en México, lo haría con mucho gusto, y de igual forma me gustaría participar en la docencia en alguna institución educativa.

 

¿Qué consejo darías a los estudiantes de música?
Que el camino es muy largo por recorrer en lo artístico y lo educativo, sobre todo por la realidad y desarrollo cultural de nuestro país. Sólo objetivos serios y bien planteados permiten un crecimiento personal. Es muy fácil salirse por la tangente, en cambio ser un buen músico requiere de un esfuerzo muy grande, es un compromiso con uno mismo, y si no se está dispuesto justamente a defender esa bandera, seguiremos igual. Ojalá fuéramos el primer conservatorio de América, pero todavía no lo somos, ojalá. Al nivel de cualquier conservatorio de Estados Unidos o Europa; nuestro potencial es muy grande por nuestra propia realidad histórica, social. El mexicano posee mucha sensibilidad, un temperamento muy particular, pero nos falta la disciplina. Todo lo dejamos al temperamento, la emoción, al feeling, pero se debe trabajar más, trabajar sin perder las capacidades pero desde la parte de formar una disciplina. El músico en nuestro medio debe cumplir con su misión social. No somos músicos aristócratas que pueden dedicarse a la buena vida. El trabajo de los músicos debe tener una implicación social, debe cumplir una función social que es educar a nuestra gente, ofrecer una posibilidad más en toda esta gran maraña de opciones culturales y otras no tan culturales, tiene una obligación, algo muy importante que aportar. Lo contrario no puede ser. Las nuevas generaciones resienten lastres cada vez mayores; la competencia anglosajona es enorme, sobre todo ahora con internet y telecable. El cine y la televisión son la tendencia. ¿Dónde quedará el músico si no tiene respeto, sinceridad, honestidad, conciencia? Eso es para mí lo grave. Si soy músico conservatoriano, ¿qué puedo o qué voy a aportar dentro de esta maraña? Así que es una consigna muy fuerte, muy seria. Un conservatorio no puede ser patio de recreo. El alumno debe creer en lo que hace, ir a lo que se va, a estudiar. Un maestro que fue también determinante para mí, Alejandro Geverovich, argentino, me dijo en Viena, "eres muy musical, pero no sabes lo que estás haciendo", y empezó a hablarme de una serie de aspectos técnicos de los que nunca había oído hablar. Hoy en día en la propia Corea del Sur, la juventud es responsable y trabajadora. Es decir, nos hace falta mucho por trabajar, pero además nos hace falta mucha experiencia humana. Yo valoré más a mi madre cuando tuve que lavar y planchar mis propias camisas; cuando te das cuenta quién es tu familia, quién es tu gente, es entonces cuando llegas a la conclusión de que no has sabido agradecer todo lo que hasta entonces habías tenido. Finalmente, debemos contribuir a conservar la conciencia conservatoriana, ha habido mucha gente y debemos cultivar nuestra conciencia histórica, algo que es característico de los pueblos más adelantados. Un pueblo sin historia es difícil, no hay conciencia de grupo, no hay conciencia de lo que pasó ni del futuro. Conocer al Conservatorio, a los que han destacado y aportado, qué gente ha hecho, gente de primera línea, algo que nos daría mayor cohesión.
 

 

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