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Reflexiones
académicas
Entrevista
con
Ramón
Romo Lizárraga |
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Director
del Conservatorio Nacional de Música de México
(1994-1998) |
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Maestro
Romo, ¿cómo nace en usted la vocación
de ser músico? |
Primeramente,
mi padre fue un hombre muy sencillo, fue mecánico,
manejó los primeros carros que hubo a principios de
siglo en este país Era como ser aviador de la NASA,
tenía una gran admiración por los artistas,
los músicos especialmente. Principalmente porque mi
abuelo, que también se llamaba Ramón Romo, fue
subdirector de la Banda de Charros de Pachuca, una agrupación
muy importante en el país que desfilaba tocando, marchando.
Entonces mi papá me llamó como su padre, tal
vez pensando de predistinar así a su hijo. Mi abuelo
me ayudó también cuando yo era muy niño
y recuerdo que me enseñó hacia los 6 años
con el método de solfeo de Hilarión Eslava.
Fue así como entré a la música, en el
ambiente de mi propia familia, en el cual mi papá tocaba
la mandolina. |
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¿Cómo
ingresa Usted al Conservatorio Nacional de Música?
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Bueno,
ello fue el colofón o la cristalización de un
sueño, cuando yo tenía 12 años, pues
lo primero que recuerdo de su edificio fueron los enormes
cristales, como de una gran vitrina, enorme, con puertas gigantescas,
como de banco. Antes ya había estudiado un curso infantil
de tres años en la escuela del Instituto Nacional de
Bellas Artes (INBA) que se encontraba en Cuba 92, en el Centro,
y que también ocupaba un edificio antiguo maravilloso.
El examen que presenté me resultó muy fácil
pues yo ya tocaba el violín, sabía solfeo, había
cantado con varios coros. No obstante, entrar al conservatorio,
justo en el año de su Centenario, en 1966, fue como
entrar a una torre de cristal impresionante, en el cual daban
clase los mismos maestros de la Orquesta Sinfónica
Nacional. |
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¿Quiénes
fueron sus principales maestros?
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Bueno,
yo creo que lo fueron los pilares de la música, Mozart,
Bach, Beethoven. Sin embargo, de los que físicamente
me enseñaron, no quisiera discriminar a nadie, pues
a todos les agradezco sus enseñanzas. En la Superior
de Música, por ejemplo, estudié con Rafael Fraga,
la maestra Montoya, Roberto Téllez Oropeza, Candelario
Escobedo en coros, y en el Conservatorio tuve maestros como
Jorge Serafini, Hermilo Novelo, Vladimir Vulffman, Abel Eissenberg,
Francisco Savín, Heber Hernández, Mario Lavista,
Alberta Castelazzi. |
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¿Qué
lo llevó a escoger como instrumento la viola?
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Uno
de mis anhelos de joven era estudiar Filosofía, y de
hecho estaba muy metido en esas cuestiones, y aunque había
terminado mis estudios como Ejecutante de Violín, tuve
la oportunidad de entrar a la Orquesta Sinfónica del
Estado de México sin saber una nota de viola. El propio
Conservatorio me prestó una viola y me puse a estudiar
muchísimo ese instrumento, pues mi intención
no era estar en el último atril. Estudié entonces
con un gran maestro húngaro, concertino de la Orquesta
Filarmónica de Berlín, Janos Negesy, luego con
Gilberto García, y así pude llegar a ser viola
coprincipal en esa orquesta, en la Orquesta de la Ópera
de Bellas Artes, y luego viola principal en la Orquesta Sinfónica
Nacional (OSN), en la Orquesta de Cámara de la Escuela
Nacional Preparatoria, de alguien a quien considero fue también
indirectamente mi maestro, Uberto Zanolli, con quien platicaba
antes y después de los ensayos sobre composición,
filosofía, arquitectura de la música, estrategias,
ensayos. Su actividad me gustaba mucho, y actualmente yo mismo
realizo esa labor, como es dirigir orquestas de cámara,
arreglar obras; para mí era intrigante en cada ensayo
ver qué cosas nuevas nos traería, pues él
desconocía que entre la orquesta había alguien
que trataba de entender el manejo de lo que hacía.
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¿Por
qué Usted sale del país a estudiar?
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Eso
es algo de lo más importante que ha pasado en mi vida.
He de decir que primero tuve triunfos y después quise
entenderlos. Luego de estudiar mucho en mi país y de
conseguir ocupar los primeros atriles en las principales orquestas
de la capital, fue para mí muy importante y significativo
aquilatar las posiciones que había conseguido. Así,
cuando por primera vez salí a estudiar al extranjero,
en ese entonces a Canadá, había sido ya primera
viola de la OSN. Conté entonces con el apoyo económico
que me otorgó el Banff Center, una de las escuelas
de posgraduados más importantes del mundo, a efecto
de estudiar por dos años los cursos de otoño-invierno.
Allá estudié con maestros de la talla de Donald
McInness, así como del cellista Janos Starker, en fin,
gente de primer orden a nivel mundial. Posteriormente yo no
me conformé, pues aunque tenía todo lo que se
puede aspirar como violista, para mí era muy importante
seguir estudiando. Entonces tuve el contacto de Jerry Horner,
solista del cuarteto Fine Arts, cuya residencia está
en le Universidad de Wisconsin, en el campo de Milwakee, quien
me ofreció que le ayudara como asistente a cambio de
clases. De ese modo fui maestro en la Universidad de Wisconsin
y al mismo tiempo primera viola de la Orquesta de esa Universidad
así como de otras orquestas del estado, lo cual fue
maravilloso; pues tuve intenso contacto con artistas de gran
altura a nivel internacional. Igualmente, fui a estudiar a
la Universidad de Siena y a la Academia Chiggiana. Yo me siento
sin embargo un egresado del CNM que tuvo la necesidad de conocer
más a fondo de lo que se trataba la música.
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¿En
qué orquestas europeas llegó a participar?
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Bueno,
en Europa principalmente actué pero haciendo música
de cámara y como solista, pues actuar en orquestas
significaba mucho tiempo. Por ello no me integré a
ninguna orquesta, mis raíces además estaban
en la OSN de México. Quiero decir que el propio INBA
me brindó un gran apoyo para realizar mis estudios.
Yo nunca quise desprenderme de mi vínculo con México. |
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¿De
sus compañeros, cuáles alcanzaron un nivel artístico
importante? |
Hubo
muchos, yo pertenecí a una generación en la
cual todavía alcancé a ver como hacían
su carrera Eduardo Mata, Plácido Domingo, Gilda Cruz
Romo, pero después, en mi época plena, ví
cómo Mario Lavista se fue a Francia, también
Fernando Lavista, Manuel Ramos que ahora trabaja como violinista
en la Orquesta de San Luis Missouri, Rosario Andrade que cantó
en el Metropolitan de Nueva York. En fin, creo que ha habido
bastante gente que ha trascendido las fronteras y que ha hecho
una gran carrera internacional y que fueron mis compañeros.
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¿Hacia
cuando surge en usted la necesidad de ser director, de componer,
de arreglar?
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Para
mí ello fue siempre muy claro. Había que estudiar,
pero la seguridad sólo la brinda el trabajo, la carrera
y el talento. Así, no obstante que estudié dirección
con el maestro Savín, y que estuve presente en las
clases del maestro Marzan y Defossé, aún sin
ser alumno de estos últimos, de haber estudiado composición
con el maestro Mario Lavista, quien llegó a acompañar
alguna de mis propias obras realizadas en clase, yo necesitaba
adquirir una seguridad, una estabilidad de vida, por lo que
debía dedicarme a algo con un mercado inmediato. Así,
aunque estudié con seriedad dirección y composición,
decidí reservarlas para ejercerlas hasta que tuviera
una solvencia mayor como profesor, como ejecutante, como músico,
lo que medió buenos resultados. Cuando dirijo una orquesta,
tengo atrás más de 20 o 25 años de ser
ejecutante; en cuanto a la composición, a ella todavía
no le he invertido mi energía, pues ello inicia desde
hacer la partitura, las "particellas", y encontrar
quién las toque. Afortunadamente ahora, con la orquesta
que tengo y con el mercado que me he abierto como arreglista,
casi todo lo que escribo o se toca o me lo compran. Hay arreglos
míos que actualmente se tocan en España, casi
todo lo que he hecho se ha tocado, lo que considero es un
gran privilegio no sólo como músico sino de
vida. Alguien que como músico escribe y su obra se
interpreta, eso es un privilegio.
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¿Cuáles
son algunas de las orquestas que ha formado? |
Han
sido varias, de las que recuerdo y que han trascendido en
el transcurso de los años se encuentran una Orquesta
de Cámara en el CNM, con más de 12 años,
la Camerata Instrumental del CNM, la Orquesta de la Sociedad
de Conciertos del CNM con la cual tuve el privilegio de inaugurar
el Teatro "Blas Galindo" del Centro Nacional de
las Artes, la Camerata Instrumental de México, con
la que ya tenemos cerca de 75 presentaciones frente a presidentes,
primeros ministros, príncipes, reyes, duquesas de muchos
países del mundo. Y desde 1977 la Camerata de Naucalpan,
con la que hemos dado cerca de 100 conciertos y con la que
hemos presentado obras del repertorio tradicional, clásico
o de concierto, barroco, clásico, romántico,
nacionalista, e inclusive contemporáneo, pero que también
hemos alternado con manifestaciones importantes como tango,
música española, zarzuela, hemos hecho conciertos
con tenores, comedia musical, muchas cosas interesantes, no
sólo lo común para una orquesta de ese género. |
¿De
las presentaciones ante primeros mandatarios del mundo, qué
experiencias ha tenido?
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Son
muchas, para mí cada una de las presentaciones es todo
un reto, pues hay que individualizarlas, no pueden ser las
mismas, han sido 75, deben conservar su personalidad y tienen
el reto de que gusten. Recuerdo por ejemplo al presidente
Sanguinetti bailando un tango uruguayo con su esposa, así
como al presidente Yan Tse Min, mandatario del más
grande conglomerado del mundo, China, cantando una de las
canciones que tocamos y levantando a toda la delegación
diplomática en pleno Palacio Nacional. Es decir, ha
habido cosas maravillosas, siendo algo muy impactante que
la gente más importante es la que tiene una gran sensibilidad,
un gran sentido humano que yo he tenido la enorme oportunidad
de entender y de ver. Por ejemplo, en una de las reuniones,
tuve la oportunidad de saludar a uno de los personajes a los
que más admiro de la humanidad, y que es Gabriel García
Márquez. Cuando yo le comenté que había
leído casi toda su obra y que lo admiraba muchísimo,
él me dijo que era al revés, que él hubiera
querido ser músico. Le recordé entonces que
En el amor en los tiempos del cólera, uno de sus principales
personajes, era el violinista que se encuentra en el barco
y realiza su sueño de amor, a lo que él me contestó,
"¿Y se acuerda del programa de cuarteto que armé
para la novela?", "Por supuesto -le dije-, Mozart,
Schubert". En otra ocasión, le fui a pedir un
autógrafo, para lo que le dí una partitura,
en la cual me escribió, "con toda mi envidia,
GGM", lo cual desde luego no le acepté, pues si
hay alguien envidioso de GGM, ése soy yo. En cuanto
a la Camerata de Naucalpan, existe un mecánico que
desde los primeros conciertos de este grupo no ha faltado
a uno de ellos. Va a todos los conciertos y siempre viene
y me comenta lo que experimenta con la música, es una
de las opiniones más calificadas que yo tengo y que
me motivan enormemente para el siguiente programa; gente sencilla
que tiene un común denominador, la sensibilidad. |
¿Considera
importante el apoyo que pueda brindarle actualmente la tecnología,
concretamente la informática a la música? |
Por
supuesto, gran parte de lo que ha sido exitoso a lo largo
de mi carrera deriva de la capacidad de poder escribir arreglos
usando la tecnología. Aunque yo estudié armonía,
composición, contrapunto, etc., debo reconocer que
lo más complejo era la realización de la partitura
orquestal y las "particellas", y en el caso de que
pudiera contar con un copista, aún así debía
checar su trabajo y arreglar lo que no funcionara. Actualmente
manejo diversos programas para escribir partituras musicales,
así como secuenciadores, sistemas MIDI, de modo que
me he metido mucho a ello, tratando de darle una aplicación
de técnicas y métodos clásicos, como
es usando instrumentos análogos, de modo que realizo
muchas partituras que puedo editar, oír, cambiar, siendo
una de las principales ventajas que el propio programa me
imprima las "particelas" en un tiempo relativamente
corto. La tecnología ayuda en muchos campos, claro
que habrá cuestiones que nunca podrán ser sustituidas,
como la sensibilidad y los sentimientos, pero las herramientas
son diferentes. No se usa sólo el lápiz, bolígrafo,
tinta, plumilla, sino que se usa el mouse, secuenciador, gráfico,
de lo que sí he echado mano. |
Maestro
Romo, ¿cuál fue para usted su principal misión
como Director del CNM?
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En
primer lugar, he de decir que haber llegado a la Dirección
de dicho plantel constituyó para mí un enorme
privilegio. Si bien había ingresado en 1966 como alumno,
hace cerca de 15 años que empecé con una plaza
de 12 horas para dar clases de Orquesta de Cámara,
Conjuntos de Cámara y Viola. Siempre me había
interesado la educación, al grado que mi primer nombramiento
oficial en México fue como maestro de música
para educación secundaria en la Sección de Música
Escolar del INBA. Siempre he creído que el maestro
debe tener una gran capacidad de síntesis, de abstracción,
concreción y teoría. Un músico completo
no es aquél que es muy práctico o muy teórico,
sino el que tiene la capacidad de las dos cosas. Así,
cuando alternaba mi puesto como primera viola, quise ser maestro
del conservatorio y, sin que nadie me invitara, me presenté
a la convocatoria que publicó en el periódico
el Instituto. Fue relativamente fácil ganar la plaza
pues yo estaba completamente activo y tocando los conciertos
más difíciles que para viola se han escrito
y que sólo Gilberto García y un servidor, lo
hemos hecho, como sería el caso de las obras de Armando
Lavalle, Paul Hindemith y Bela Bartok. Es como ser un deportista
que debe practicar todo el tiempo, ser muy competitivo y la
competencia más dura es precisamente la que se sostiene
consigo mismo, debiéndose superar al día siguiente.
Así, duré muchos años como profesor en
el CNM y nunca pensé que llegaría a ocupar su
titularidad. Sin embargo, creo que cuando una persona se involucra
con todo el corazón con su actividad, no se pueden
eludir las responsabilidades inherentes a ella, por lo que
creí era rica la experiencia que tenía para
ponerla al servicio de la comunidad y presenté mi candidatura,
mi plan de trabajo y acudí a su presentación
pública con los demás aspirantes. De mi gestión
considero que muchas de las cosas que hubiera esperado realizar
no pudieron materializarse por diversos factores que coincidieron
en su momento. No obstante, a lo largo de los casi cinco años
que estuve al frente del Conservatorio, subrayo el hecho de
haber podido concretizar una propuesta de plan de estudios
que duró dos años en elaborarse. A este respecto,
honestamente quiero señalar que fue el resultado de
mucho trabajo y muchos maestros que ayudaron como el maestro
Teodoro Alemán, la maestra Betty Zanolli, el maestro
David Domínguez, así como elementos de diversas
organizaciones gremiales como el maestro Job Martínez,
el maestro francisco Zúñiga. Participaron muchos
maestros, había muchas tendencias que era difícil
concertar, sin embargo se presentó un documento que
lo firmamos todos los integrantes del Consejo Técnico
de la institución. Ello fue una de las principales
aportaciones de mi gestión que, sin embargo, no lo
considero como un éxito personal sino como un éxito
de varias personalidades verdaderas. El maestro Alemán,
por ejemplo, a diferencia de otros, ha colaborado a que los
alumnos presenten tesis, lo que no es una actividad habitual
de los estudiantes de música, lo que es algo que no
deriva de una inclinación personal, sino que el trabajo
allí está. El día que quieran pueden
pedir cualquiera de las casi veinte tesis que ha dirigido;
gente como esa, gente que interviene en un proyecto, no puede
ser minimizada, por eso constituyó una de las cuestiones
más importantes. La otra fue el tratar de integrar
al Conservatorio en un proyecto de avanzada, a finales del
milenio, en el que se quería integrar a las artes,
en diferentes instalaciones, y que tuvo muchos problemas.
No obstante allí estuvimos, con toda la gente, haciendo
diversos proyectos multi e interdisciplinarios, en el Centro
Nacional de las Artes, así como otros con las Escuelas
de Danza, de Teatro, haciendo ballet y muchas otras actividades,
conciertos, intercambios, apoyos del PADID, con el que cuenta
de manera relevante el CNA. Así mismo, me dio mucho
gusto en contribuir, aunque no en la medida en que hubiera
deseado, en el reordenamiento de la biblioteca del CNM, que
está tan necesitada de apoyo. Allí estuvimos,
como cuando se cambió su piso y se reordenaron sus
anaqueles, cuyo espacio no había sido pintado en los
últimos cuarenta años, nada se había
movido. Se apoyó también al taller de Laudería
y se instrumentó mediante donaciones y apoyos oficiales
el resurgimiento del taller de Electroacústica, al
grado que los mismos maestros, no sólo han sido beneficiados
sino hasta ellos mismos han aportado nuevos recursos y nuevas
tecnologías para el estudio y la enseñanza de
la música. Yo me siento muy satisfecho pero no totalmente,
faltaron muchas cosas que me hubiera gustado ver. No obstante,
indudablemente fue una gran experiencia y allí está,
sigue en desarrollo. |
En
términos generales, ¿cuál cree que pueda
ser el futuro o los retos a enfrentar para la educación
musical?
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Hay
actualmente un gran problema en este campo, un desarrollo
un tanto pobre hacia la educación a nivel internacional.
Por muchas escuelas reconocidas que haya en el mundo, tiene
esta cuestión que ver mucho con el hecho de que mientras
los resultados para aquél que es concertista, que es
ejecutante son inmediatos, pues se le paga en ese momento,
por lo que corresponde a la educación, sus resultados
se manifiestan con una gran lentitud, luego de varios años.
Considero que el Conservatorio tiene un gran problema, tiene
excelentes maestros pero también otros que no están
totalmente involucrados con el quehacer docente. A nivel del
mundo hay escuelas que forman muy bien y rápidamente
a ejecutantes como Blumington en Indiana, Julliard en Nueva
York, Peabody en Baltimore, Curtis en Philadelphia, pero el
CNM no está atrás en algunos rubros, pues unos
son muy fuertes y otros francamente débiles. |
¿Qué
sugerencias podría dar a los integrantes de la comunidad
para elevar el nivel de su enseñanza? |
Tal
vez sea decepcionante mi respuesta, pues aunque yo he trabajado
porque en conjunto e institucionalmente todo avance, me parece
que el ritmo es lento. La respuesta que tengo más directa
en este momento es que hay un solo camino, el camino de trabajar
más, lo más que se pueda. Creo que ninguna institución
en el mundo, sea el CNM o Juilliard en Nueva York es suficiente.
Todo mundo debe recibir lo que nos ofrece, pero la música
requiere un esfuerzo adicional. Un esfuerzo adicional al que
le quiero hacer un especial énfasis, pues si alguien
está estudiando composición, debe oír
mucha música, conocer muchas obras, además de
las que le recomienden en clase. Si alguien estudia pedagogía
musical, tiene que estudiar todo lo que le enseñan
en el Conservatorio pero investigar por todos lados las nuevas
tendencias y autores de educación. Y si alguien busca
ser ejecutante, debe entender que ya hay muchos procedimientos
codificados de interpretación y que deben ser investigados
por todos lados. Es decir, creo que para la formación
es muy importante la escuela, pero también todos los
mecanismos que uno se pueda procurar. Recuerdo a quienes han
tenido alumnos, disertaciones, obras conservatorianas, y espero
que todos los conservatorianos sepamos aquilatar el esfuerzo
de nosotros mismos, pues el tener ese respeto por nosotros
mismos también engrandece hacia dentro y hacia fuera. |
En
ese sentido ¿qué se podría realizar en
el contexto del sistema educativo del país?
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Hay
un estigma sobre las instituciones, primero, pero dicho estigma
a veces corresponde más al desconocimiento de ellas
mismas, hay muchos rubros de las mismas instituciones que
a veces no son plenamente usados. Por ejemplo, la Secretaría
de Educación Pública pone a disposición
de los alumnos muchas becas que no son empleadas anualmente,
será falta de difusión, falta de interés,
lo mismo ocurre en las instituciones a nivel grande y pequeño.
En agricultura hay un rubro para actividades culturales, pero
a veces tales actividades no son cubiertas por completo. Creo
que la sugerencia que haría es tratar de entender todos
los mecanismos institucionales porque también ofrecen
muchas alternativas no suficientemente utilizadas. |
Con
respecto al CNM y a su actividad académica, se podría
afirmar que después del periodo directivo del maestro
Armando Montiel Olvera que dio por resultado el plan de estudios
de 1979, el trabajo más intenso académicamente
hablando, de mayor profundidad y extensión realizado
en los últimos veinte años, fue el que se promovió
durante su gestión administrativa, pero ¿cuál
fue el impacto de éste ante las autoridades del INBA? |
Por
lo que a mí me corresponde, siempre han tenido una
gran, pero gran disposición para que se den los cambios.
Ellos no pueden pensar en ocupar puestos sin que todo lo que
les compete no avance. Creo que tuvieron un gran apoyo hacia
todo lo que se gestaba en el Conservatorio, y creo también
que una reestructuración como aquélla, por su
propia envergadura, requería de un gran trabajo por
todos lados. Debido a otra serie de circunstancias, como el
de la integración del CNM al Centro Nacional de las
Artes (CNA), que coincidieron en un momento, contribuyeron
a dispersar un tanto la concentración de esfuerzos.
Eran demasiadas cosas al mismo tiempo. Las autoridades brindaron
un gran apoyo, y actualmente ello es un acicate el trabajo
realizado. Se apruebe o no se apruebe, por muchos años
será un gran punto de partida para la reflexión
de transformación del Conservatorio. En este momento
considero que el objetivo está cumplido, y el tiempo
lo demostrará cuando se vea que muchos de los aspectos
allí contenidos, tienen una verdadera razón
de ser. Cada quien debe asumir sus responsabilidades, nosotros
contribuimos a elaborar esta propuesta, e indudablemente la
historia le irá dando a los demás sus respectivas
responsabilidades de transformación. |
Maestro
Romo, siendo usted un destacado músico mexicano y un
muy reconocido conservatoriano, ¿qué actividades
desarrolla ahora y cuáles son sus expectativas profesionales?
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Me
encuentro en una etapa feliz de mi actividad profesional.
Tengo la gran suerte de contar con dos orquestas muy importantes,
además de la orquesta de Cámara del Conservatorio.
Una que cubre eventos de enorme trascendencia internacional,
con la que hemos tenido, repito, la oportunidad de presentarnos
ante los más importantes mandatarios que nos han visitado.
Otra, cuya importancia radica principalmente en el tipo de
labor social que realiza y con la cual puedo practicar el
escribir obras y arreglos musicales. Es una etapa muy feliz
y plena de mi vida como músico, un parámetro
que considero sería también deseable para cualquier
otro músico, como lo fue en la historia cuando Haydn
podía escuchar al otro día con la orquesta lo
que el día anterior había escrito. Es pues para
mí una etapa de desarrollo importante en la cual puedo
dar también importancia a la música vernácula
de distintos países, al contribuir a enriquecer el
repertorio musical que se ofrece al público. Estoy
pues trabajando muchísimo, tal y como cuando estuve
al frente de una institución educativa, pues para mí
las cosas no tienen medias tintas, las cosas son muy intensas
y trabajo en ellas con toda el alma y el corazón. |
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