|
Uno puede
escuchar la sinfonía, el concierto, la ópera, un cuarteto
perfectos merced a la tecnología. El disco o la cinta de calidad
llegan a nuestro poder sin defecto: ninguna nota desafinada,
ningún error. Las deficiencias han sido suprimidas en el laboratorio.
Ya en casa, un aparato sofisticado nos permite graduar los
sonidos a placer: subir el volumen, mejorar los agudos, suavizar
los graves, eliminar cualquier intromisión. En otras palabras,
tenemos acceso a una función perfecta o mejorada, según nuestras
aficiones. Sin embargo, se trata de un hecho frío y carente
de sentido, pues no existe sustituto de la sala de conciertos.
Allí, la emoción de oír y ver a la orquesta, al director,
al solista, de sentir las pasiones que transmite cada ejecutante,
nos permite comprender que estamos en el mejor sitio del mundo
para escuchar música.
RENÉ AVILÉS
FABILA
Escritor.
Profesor de tiempo
completo en
la Universidad Autónoma Metropolitana
y
catedrático
de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAMEditorialista
de diversos periódicos y revistas de circulación nacional.
Premio Nacional de Periodismo del Gobierno de la República
(1991). Miembro del Sistema Nacional de Creadores. Autor de
una vasta producción literaria, entre cuyas obras destacan
Hacia el fin del mundo, El gran solitario de Palacio, Tantadel
y
Réquiem por un suicida.
ravilesf@prodigy.net.mx
.
|