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El
hombre se encuentra situado entre lo inmensamente grande y
lo inmensamente pequeño. Vive en un mundo inestable
formado por átomos que siguen una rayectoria lineal
a través del tiempo. La agrupación de multitud
de átomos, como en el caso del ser humano, forma una
barra en su recorrido temporal que se va ensanchando a medida
que el hombre crece y que se dispersa en forma de múltiples
líneas al final de la vida, cuando los átomos
que forman al individuo se separan y siguen su camino de manera
independiente a través del tiempo. Los átomos
en su recorrido por el tiempo, sólo se juntan y se
separan, pero son indestructibles y tal vez inmortales.
En
ésta forma, los hombres y todo lo que constituye su
mundo están sujetos a leyes naturales inexorables,
que no son otras que las leyes de la naturaleza. Por eso,
a pesar de que parece haber una gran diferencia entre el hombre
y las otras formas de vida, los procesos fundamentales que
se efectúan dentro de sus células son casi iguales,
tanto en las criaturas más simples como en el hombre,
la más complicada.
En
este mundo de fuerzas, en gran parte desconocidas, el hombre
sabe que ha evolucionado y que sigue evolucionando, y la idea
de evolución y de comunión de las fuerzas que
lo determinan deberían de señalarle una tendencia
hacia una perspectiva mayor que orientara las fuerzas de su
mundo al logro de la felicidad y la igualdad entre todos los
sectores humanos, que de hecho viven un instante entre dos
eternidades. Pero el medio social, hecho por el hombre, cambia
con mayor rapidez que la necesaria para tomar como base una
dirección consciente basada en los conocimientos que
el hombre tiene de la naturaleza y de sus valores.
Sin
embargo, se nota una clara tendencia a tomar en cuenta el
doble aspecto de la persona humana y de la humanidad como
un todo, y existe una preocupación cada vez mayor por
el futuro de la humanidad ante la presencia del poder que
detectan los que ignoran lo que hemos señalado y que
utilizan como falso escudo la libertad de destruir al género
humano. No debe existir la libertad de destruir ni de imponer
sistemas que no lleven a la humanidad al logro de lo único
que las leyes naturales le señalan:
Libertad
es vivir con salud por el mayor tiempo posible.
Libertad
de recibir la educación que permita tener la verdadera
visión de lo que el hombre conoce del universo.
Libertad
para obtener, por medio del trabajo, los bienes indispensables
para vivir y no solo para sobrevivir.
Libertad
para impedir la explotación del hombre por el hombre.
Libertad
para restablecer la armonía entre todos los seres vivos.
Libertad
para soñar con un mundo unificado y feliz.
TRIFÓN
DE LA SIERRA
Especialista en diversas ramas de la medicina. Ha sido catedrático
y funcionario de la Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional Autónoma de México así como
en diversas instituciones del sector salud. Asesor del Secretario
de Salud. Autor de una variada obra científica y articulista
en diversas publicaciones de circulación nacional.
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