| |
Reflexiones
académicas
Entrevista
con
Raúl
García Velázquez |
|
Director
del Coro y de la Orquesta del Ejército Nacional Mexicano |
¿Qué
significa para ti ser Conservatoriano?
|
Es
un orgullo que tengo en lo más profundo de mi alma,
que se fortaleció a partir de los 15 años de
edad, cuando pisé por vez primera la escuela. Recuerdo
que, cuando traté de entrar a ella, las inscripciones
ya estaban cerradas pero con el apoyo del maestro Cristián
Caballero -a quien conocí en una escuela religiosa
cuya directora era la maestra María del Carmen González-
que abogó por mí ante el entonces director,
Armando Montiel, se me dio la oportunidad de asistir como
oyente, pudiéndome inscribir después formalmente.
Por fortuna, se dieron las circunstancias, no los defraudé,
y aproveché lo más que pude. Así, en
la escuela entré a todas las clases que me fue posible.
Desde entonces, el Conservatorio ha sido parte de mi vida.
He sido alumno y muy tempranamente fui también asistente
de algunos profesores, como el maestro Humberto Hernández
Medrano, proveniente de una gran escuela, al que en algunas
ocasiones junto con otro compañero, a los 17 años
de edad, llegué a asistir, constituyendo esto para
mí una gran oportunidad, sobre todo por contar con
el respaldo de este gran maestro. Pasó el tiempo y
allí realicé toda mi carrera, viviendo en ella
tanto los mejores como los más tristes momentos. En
ocasiones, por la distancia llegaba a permanecer en la escuela
desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Como
pianista pude acompañar a alumnos de maestros como
Enrique Jaso, con quien aprendí mucho sobre la voz
humana y el repertorio; asimismo, Rosa Rimoch, Rosa Rodríguez
e Irma González fueron mis maestras, ésta me
impulsó mucho y con ella pude tener un taller de ópera
por casi tres años, con el que montamos óperas
completas, abrimos el foro del auditorio y armamos una orquesta,
experiencias todas ellas que han nutrido mi formación
musical. Inicialmente no tenía una idea clara de lo
que quería estudiar aunque el piano me encantaba. Por
esos tiempos, me gustaba todo, en el Conservatorio también
tomé clases de órgano con Víctor Urbán
|
|
¿Cómo
describirías tu infancia?
|
Tuve
una infancia muy metida en la música y en la cual conté
con el apoyo total de mi familia. Tuve poco tiempo para jugar
a la pelota o irme a los juegos. Fue una infancia ciertamente
madura pero absolutamente normal. Fui un niño serio
pero feliz. Mi primera infancia tuvo momentos muy bellos de
juego con mis compañeros, a los que tenía la
costumbre de "liderear" desde entonces.
|
|
¿Cómo
surge tu vocación por la música?
|
En
mi familia no había músicos, pero un día,
cuando tenía 12 años de edad, escuché
la Danza Sueca en la escuela secundaria. Mi maestro de música
nos comentó que era música clásica, y
fue tanto lo que me impactó que les pedí a mis
padres que me llevaran a un concierto, lo que me hizo ver
que mi camino era estudiar música. Afortunadamente
he podido tocar, ser partícipe de la música
y hacerla desde la batuta.
|
|
¿Qué
grupos instrumentales has formado?
|
Tuve
la experiencia de tocar primero el piano, acordeón
y órgano, pero hacia 1986 me surgió la inquietud
de retomar el violín que desde niño había
empezado a aprender. Tomé clases con el maestro Ramón
Romo por algunos meses y entré a la Orquesta del CREA
con la viola por dos años, pudiendo luego iniciarme
con dicha orquesta en la dirección instrumental. La
experiencia de haber tocado en orquesta me hizo tomar conciencia
de la importancia para un director de saberse integrado a
un grupo. De lo que, en un momento dado, no queremos que el
señor que está allá arriba nos pueda
hacer o decir. Por ejemplo, del maestro José Sandoval
aprendí muchas cosas, de lo que me gusta y desagrada,
respecto de la labor que realiza un director en la orquesta.
|
|
¿En
algún momento te surgió la necesidad de estudiar
canto?
|
Yo
prácticamente no canto, pero el hecho de haber podido
asistir a clases con distintos maestros de canto y escuchar
sus diferentes puntos de vista, hizo nacer en mí la
inquietud de conocer más sobre la voz humana, trabajar
día a día para contribuir a solucionar ciertos
problemas técnicos que pueden surgir, lo que me ha
hecho conocer más la técnica del canto. Las
circunstancias me han aproximado a los cantantes, y considero
que por tanto me he inclinado hacia la especialización
de la dirección de ópera, la que en México
está un tanto descuidada como tal. La ópera
se ve como un aspecto vedado, no se estudia a fondo y en realidad
parte de la tarea del director es llegar a conocer la problemática
del cantante, de la escena. Tan sólo realizar un montaje
completo significa conocer más sobre los problemas
del vestuario, escenografía, etc., sobre todo cuando
hacen falta apoyos, lo que implica la necesidad de la participación
conjunta de los que estamos en ella involucrados, haciendo
del sueño una realidad.
|
|
¿Qué
óperas has montado?
|
Las
primeras fueron con el maestro Jaso, El Empresario de Mozart
y La cantata del café, escenificada. Con la maestra
González, ya con mi propio taller, La Traviata de Verdi,
La Flauta Mágica de Mozart, El Barbero de Sevilla,
Don Pasquale y Elixir de Amor. Igualmente, la experiencia
de montar a cada personaje su parte, así como a los
coros y la orquesta, te implica conocer a fondo todos los
detalles, hasta el grado de tomar un martillo y apoyar en
la construcción de la escena.
|
|
¿Cómo
podrías definir tus experiencias como director de orquesta
y de coro?
|
Hacia
1984 fui invitado como profesor de armonía y contrapunto
en el Instituto Cardenal Darío Miranda. A su vez había
ya tenido referencias sobre las clases del maestro Javier
González, y fue allí donde estudié en
la clase de dirección orquestal y coral del padre González,
como una especie de posgrado. Allí aprendí con
él a considerar que orquesta y coro deberían
ser manejados a partir de un mismo principio. Siento que está
muy marcada la diferencia entre un director de orquesta y
uno de coro, pero como yo me inicié desde muy joven
en ambas, en realidad considero que tienen mucha similitud
una con la otra, hay ciertas diferencias en las terminologías,
pero mínimas, en esencia son la misma cuestión.
Actualmente, y desde 1995 en que tengo la fortuna de ser el
director del Coro y de la Orquesta del Ejército, para
mí esto se ha hecho más una realidad, pues en
algún momento ensayo con unos, en otro con los demás,
y en realidad a estas alturas no distingo la diferencia por
ser tan similares ambas experiencias.
|
|
¿Cómo
es que tienes la oportunidad de participar en la dirección
de estos organismos musicales?
|
En
aquel entonces el titular del coro estaba bastante enfermo
y se corrió la voz de que se requería a un director.
Presenté mis documentos y permanecí un mes a
prueba, la cual resultó exitosa. Primero tomé
el Coro y posteriormente la Orquesta, que paulatinamente se
fue fomando. Al inicio, con unas cuantas cuerdas a las que
luego se sumaron músicos de otras bandas de las que
literalmente me los robé para conformar primero la
Camerata, que hoy en día es una pequeña sinfónica,
no obstante conservar su mismo nombre y tener 54 elementos.
Esta agrupación nos acompaña en obras corales
como la 9ª Sinfonía de Beethoven, Misa de Requiem
y Carmina Burana, entre otras. |
¿Con
cuántos elementos recibiste al Coro del Ejército?
|
Aproximadamente
con 84 miembros, pero al momento de integrar otros elementos
a la Orquesta, tuve que tomar algunas de las plazas, de modo
que hoy en día el Coro tiene 72 integrantes y la Orquesta
54.
|
¿Qué
repertorio aborda dicho Coro?
|
Fundamentalmente
el apropiado para materializar el objetivo de creación
de este grupo coral, es decir, realzar eventos militares,
como desfiles, recepciones, y en otras ocasiones, amenizar
eventos diversos para mandatarios del extranjero, secretarios
de estado y sobre todo actuaciones ante el alto mando, representado
por el señor Presidente de la República.
|
¿Qué
ha significado para ti ser director de estos organismos?
|
Ha
sido y es un gran privilegio, para mí y para todos
sus integrantes, el dedicarnos no sólo a lo que nos
gusta, la música, sino también a realzar este
aspecto colaborando en el desarrollo de nuestro país
dentro de un ambiente patriótico, leal y de disciplina,
como lo es el Ejército Mexicano. En nuestro quehacer,
se ha desarrollado cierta correspondencia entre las necesidades
de la institución y las artísticas de la misma.
|
¿Quiénes
han sido los maestros claves en tu formación?
|
Primeramente,
no sólo como maestro sino como amigo y prácticamente
como un padre, el maestro Cristián Caballero. Yo tenía
10 años cuando lo conocí. Él me dijo
que tenía talento y que me impulsaría, así
que prácticamente de la mano me llevó al Conservatorio.
En todo ese tiempo fue mi consejero y mi guía. Hubiera
querido tener más tiempo con él para iniciarme
en la música. Otro maestro fue Eduardo Díaz
Muñoz, que llegó en 1983 de Francia para tomar
la Filarmónica de la UNAM y la Orquesta de Alumnos
del Conservatorio. Se hizo un concurso para participar en
su taller de dirección y fuimos escogidos cuatro estudiantes.
Debíamos participar en el montaje de las obras a través
de distribuirnos el trabajo por secciones, de modo que cuando
él llegara de sus giras, pudiera realizar el trabajo
pulido, artístico, de excelencia con el conjunto estudiantil.
Fue para nosotros una gran experiencia e impulso para nuestros
inicios en la dirección. Podría agregar a otros
más, como a los maestros Jorge Delezé y Alberto
Alva y, aunque no fue del Conservatorio, al padre González,
con quien también tomé clases de musicología
y cuya visión humanística ha sido determinante
para mi formación.
|
¿A
qué compañeros de tu generación recuerdas
de manera especial?
|
Indudablemente
a los primeros integrantes de la Camerata del Conservatorio,
como Ignacio Olivarec, Luis Luna Guarneros y Miguel Angel
Bermúdez, con quienes junto con otros compañeros
en los aspectos administrativos y con el apoyo del maestro
Leopoldo Téllez, entonces director de la escuela, pudimos
realizar esta iniciativa. Esta Camerata, Orquesta y Coro,
tuvo integrantes muy destacados que hoy en día realizan
una carrera musical importante en el extranjero como Aarón
Medrano, Mónica Guillén, Héctor Sandoval,
Luis Ledesma, René Velásquez, por mencionar
sólo a algunos. El maestro Olivarec radica en Alemania,
el maestro Luna radica hoy en día con nosotros. A todos
ellos los recuerdo con mucho cariño. |
¿Qué
orquestas has dirigido? |
En
1986 pude dirigir la orquesta de Tamaulipas y en 1993, en
un concurso nacional para directores de orquesta, por cierto
muy reñido entre 14 directores nacionales con un alto
nivel, obtuvimos Gabriela Díaz Alatriste y un servidor
los puntajes más altos. Ganamos ambos el segundo lugar
pues el primero se declaró desierto y nos hicimos acreedores
a dirigir la Orquesta Sinfónica del IPN y la de Nuevo
León. Posteriormente y gracias a este mismo concurso,
pude dirigir las orquestas de Querétaro y Jalisco -contando
desde entonces con el gran apoyo del maestro José Guadalupe
Flores-, además de la de Aguascalientes. En 1996 participé
en el Festival Internacional de Oaxaca y, en 1998 la SDN me
becó para participar en un taller de dirección
en la República Checa. Finalmente, pude hacer una gira
con el Coral Armonía del maestro David Arontes por
Francia y algunas ciudades de Holanda.
|
¿Qué
otros coros has dirigido.?
|
El
de San Luis Potosí, y el Coro y la Camerata del Conservatorio.
|
¿En
qué otros lugares del extranjero has actuado? |
En
junio de 1998 acudí a la República checa y grabé
profesionalmente algunos discos. Con el Coral Armonía
asistí también a varios festivales, en donde
presentamos diversos conciertos en varias ciudades de Francia
y Holanda. Finalmente, en el verano de 1999 participamos en
el Día de las Fuerzas Armadas Españolas en Madrid
con el Coro y la Camerata del Ejército, en donde alternamos
con la Banda Real Española en un concierto de música
mexicana.
|
¿Has
grabado discos con el Coro del Ejército?
|
A
la fecha el Coro del Ejército lleva realizadas varias
grabaciones; conmigo como titular hemos grabado dos discos:
uno de himnos militares, encabezados por el Himno Nacional
Mexicano, y otro con canciones del folklore mexicano. |
¿Cuál
crees que pueda ser en la sociedad contemporánea la
misión del músico?
|
Debe
ser ante todo un personaje humanístico, pues ante la
actual carencia de valores morales, el músico es una
esperanza para poder realizar los valores tan perdidos en
nuestra época. Nos corresponde ser misioneros y buscar
a través de nuestro arte la paz y el amor entre nuestros
semejantes. Eso es fundamental, independientemente de cualquier
virtuosismo o calidad técnica, lo vital es atravesar
fronteras y niveles político-sociales para llegar hasta
donde está el hombre, el ser humano.
|
¿Has
incursionado en el aspecto docente?
|
Sí,
además de haber sido asistente de armonía y
contrapunto en el CNM y titular en el Instituto Cardenal Darío
Miranda, mi labor didáctica se ha encaminado al aspecto
vocal. Tuve la oportunidad de dar algunos cursos de historia
de la música pero mi vocación es entrenar o
compartir la búsqueda de la excelencia vocal.
|
¿Cómo
consideras que podría ser el desarrollo de la educación
musical conservatoriana en el futuro?
|
Siento
que se le ha dado poca importancia a la enseñanza musical.
Es un aspecto sumamente sacrificado. Los maestros son verdaderos
misioneros del arte. Hace falta analizar el plan de estudios,
el desarrollo mismo del profesor, sus circunstancias y especialización,
para que los alumnos que sigan en este arte puedan tener un
mayor sustento. A nivel nacional el aspecto didáctico
ha sido descuidado. Espero que siga adelante este renovado
interés por la enseñanza en nuestro país.
|
¿Qué
son para ti un coro y una orquesta?
|
Son
un conglomerado humano cuyo objetivo es hacer música,
no importando cuál sea su especialidad. Todos nos debemos
integrar y hacerlo dentro de un orden, bajo cierta secuencia
en cuanto a la importancia. A veces la máxima responsabilidad
recae en el director, pero indudablemente cada integrante
es fundamental por lo que pueda expresar y dado que sin cada
uno de ellos no podría existir el conjunto artístico.
|
¿Ante
la particular crisis por la que atraviesa el sistema educativo
y siendo tú un triunfador, qué recomendaciones
darías a los alumnos del CNM?
|
Ante
todo que busquen siempre ser músicos, lo que no es
sólo tocar o dirigir sino prepararse en muchos aspectos,
tener una cultura, estar informados e impregnados de los movimientos
sociales y políticos que nos rodean. Saber más
allá de la música misma. El mismo Schumann decía
que "el músico que es sólo músico,
es un mal músico". El músico que sólo
hace música no disfruta de la vida y por tanto no puede
transmitir un lenguaje profundo al momento de hacer música.
|
En
el nivel básico del Sistema Educativo Nacional, la
música ha sido excluida del plan de estudios, ¿qué
podría hacerse para que continuara siendo parte de
la formación integral de todos los alumnos?
|
Recomendaría
en primer lugar que los músicos en formación
y los que están ya en el camino, vean atrás,
que piensen que el público infantil es fundamental
en cuanto a su educación y sensibilización,
pues muchas veces es a ellos hacia quienes va dirigido nuestro
esfuerzo. Este abandono y descuido debería de plantearse
a todos los niveles, desde nosotros mismos, y que las autoridades
revisen estos aspectos, a efecto de remontar la situación.
Si nuestros niños tuvieran mejor educación desde
preescolar, tendríamos un nivel educativo más
alto.
|
¿Podrías
imaginar un mundo sin música?
|
No,
si ella se quitara del mundo, no sé cómo sería
la vida.
|
|
 |
conservatorianos@hotmail.com |
|