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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
   

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


Conservatorianos conmemora el CCLV aniversario de su fallecimiento

 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 Marzo de 2008

 

 

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* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

   

 

 Inicio        

 

  Reflexiones académicas

 

Entrevista con

 

Raúl García Velázquez

Director del Coro y de la Orquesta del Ejército Nacional Mexicano

¿Qué significa para ti ser Conservatoriano?

Es un orgullo que tengo en lo más profundo de mi alma, que se fortaleció a partir de los 15 años de edad, cuando pisé por vez primera la escuela. Recuerdo que, cuando traté de entrar a ella, las inscripciones ya estaban cerradas pero con el apoyo del maestro Cristián Caballero -a quien conocí en una escuela religiosa cuya directora era la maestra María del Carmen González- que abogó por mí ante el entonces director, Armando Montiel, se me dio la oportunidad de asistir como oyente, pudiéndome inscribir después formalmente. Por fortuna, se dieron las circunstancias, no los defraudé, y aproveché lo más que pude. Así, en la escuela entré a todas las clases que me fue posible. Desde entonces, el Conservatorio ha sido parte de mi vida. He sido alumno y muy tempranamente fui también asistente de algunos profesores, como el maestro Humberto Hernández Medrano, proveniente de una gran escuela, al que en algunas ocasiones junto con otro compañero, a los 17 años de edad, llegué a asistir, constituyendo esto para mí una gran oportunidad, sobre todo por contar con el respaldo de este gran maestro. Pasó el tiempo y allí realicé toda mi carrera, viviendo en ella tanto los mejores como los más tristes momentos. En ocasiones, por la distancia llegaba a permanecer en la escuela desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Como pianista pude acompañar a alumnos de maestros como Enrique Jaso, con quien aprendí mucho sobre la voz humana y el repertorio; asimismo, Rosa Rimoch, Rosa Rodríguez e Irma González fueron mis maestras, ésta me impulsó mucho y con ella pude tener un taller de ópera por casi tres años, con el que montamos óperas completas, abrimos el foro del auditorio y armamos una orquesta, experiencias todas ellas que han nutrido mi formación musical. Inicialmente no tenía una idea clara de lo que quería estudiar aunque el piano me encantaba. Por esos tiempos, me gustaba todo, en el Conservatorio también tomé clases de órgano con Víctor Urbán

¿Cómo describirías tu infancia?

Tuve una infancia muy metida en la música y en la cual conté con el apoyo total de mi familia. Tuve poco tiempo para jugar a la pelota o irme a los juegos. Fue una infancia ciertamente madura pero absolutamente normal. Fui un niño serio pero feliz. Mi primera infancia tuvo momentos muy bellos de juego con mis compañeros, a los que tenía la costumbre de "liderear" desde entonces.

¿Cómo surge tu vocación por la música?

En mi familia no había músicos, pero un día, cuando tenía 12 años de edad, escuché la Danza Sueca en la escuela secundaria. Mi maestro de música nos comentó que era música clásica, y fue tanto lo que me impactó que les pedí a mis padres que me llevaran a un concierto, lo que me hizo ver que mi camino era estudiar música. Afortunadamente he podido tocar, ser partícipe de la música y hacerla desde la batuta.

 

¿Qué grupos instrumentales has formado?

 

Tuve la experiencia de tocar primero el piano, acordeón y órgano, pero hacia 1986 me surgió la inquietud de retomar el violín que desde niño había empezado a aprender. Tomé clases con el maestro Ramón Romo por algunos meses y entré a la Orquesta del CREA con la viola por dos años, pudiendo luego iniciarme con dicha orquesta en la dirección instrumental. La experiencia de haber tocado en orquesta me hizo tomar conciencia de la importancia para un director de saberse integrado a un grupo. De lo que, en un momento dado, no queremos que el señor que está allá arriba nos pueda hacer o decir. Por ejemplo, del maestro José Sandoval aprendí muchas cosas, de lo que me gusta y desagrada, respecto de la labor que realiza un director en la orquesta.

¿En algún momento te surgió la necesidad de estudiar canto?

Yo prácticamente no canto, pero el hecho de haber podido asistir a clases con distintos maestros de canto y escuchar sus diferentes puntos de vista, hizo nacer en mí la inquietud de conocer más sobre la voz humana, trabajar día a día para contribuir a solucionar ciertos problemas técnicos que pueden surgir, lo que me ha hecho conocer más la técnica del canto. Las circunstancias me han aproximado a los cantantes, y considero que por tanto me he inclinado hacia la especialización de la dirección de ópera, la que en México está un tanto descuidada como tal. La ópera se ve como un aspecto vedado, no se estudia a fondo y en realidad parte de la tarea del director es llegar a conocer la problemática del cantante, de la escena. Tan sólo realizar un montaje completo significa conocer más sobre los problemas del vestuario, escenografía, etc., sobre todo cuando hacen falta apoyos, lo que implica la necesidad de la participación conjunta de los que estamos en ella involucrados, haciendo del sueño una realidad.

 

 

¿Qué óperas has montado?

Las primeras fueron con el maestro Jaso, El Empresario de Mozart y La cantata del café, escenificada. Con la maestra González, ya con mi propio taller, La Traviata de Verdi, La Flauta Mágica de Mozart, El Barbero de Sevilla, Don Pasquale y Elixir de Amor. Igualmente, la experiencia de montar a cada personaje su parte, así como a los coros y la orquesta, te implica conocer a fondo todos los detalles, hasta el grado de tomar un martillo y apoyar en la construcción de la escena.

 

 

¿Cómo podrías definir tus experiencias como director de orquesta y de coro?

Hacia 1984 fui invitado como profesor de armonía y contrapunto en el Instituto Cardenal Darío Miranda. A su vez había ya tenido referencias sobre las clases del maestro Javier González, y fue allí donde estudié en la clase de dirección orquestal y coral del padre González, como una especie de posgrado. Allí aprendí con él a considerar que orquesta y coro deberían ser manejados a partir de un mismo principio. Siento que está muy marcada la diferencia entre un director de orquesta y uno de coro, pero como yo me inicié desde muy joven en ambas, en realidad considero que tienen mucha similitud una con la otra, hay ciertas diferencias en las terminologías, pero mínimas, en esencia son la misma cuestión. Actualmente, y desde 1995 en que tengo la fortuna de ser el director del Coro y de la Orquesta del Ejército, para mí esto se ha hecho más una realidad, pues en algún momento ensayo con unos, en otro con los demás, y en realidad a estas alturas no distingo la diferencia por ser tan similares ambas experiencias.

 

 

¿Cómo es que tienes la oportunidad de participar en la dirección de estos organismos musicales?

En aquel entonces el titular del coro estaba bastante enfermo y se corrió la voz de que se requería a un director. Presenté mis documentos y permanecí un mes a prueba, la cual resultó exitosa. Primero tomé el Coro y posteriormente la Orquesta, que paulatinamente se fue fomando. Al inicio, con unas cuantas cuerdas a las que luego se sumaron músicos de otras bandas de las que literalmente me los robé para conformar primero la Camerata, que hoy en día es una pequeña sinfónica, no obstante conservar su mismo nombre y tener 54 elementos. Esta agrupación nos acompaña en obras corales como la 9ª Sinfonía de Beethoven, Misa de Requiem y Carmina Burana, entre otras.

 

 

¿Con cuántos elementos recibiste al Coro del Ejército?

Aproximadamente con 84 miembros, pero al momento de integrar otros elementos a la Orquesta, tuve que tomar algunas de las plazas, de modo que hoy en día el Coro tiene 72 integrantes y la Orquesta 54.

¿Qué repertorio aborda dicho Coro?

Fundamentalmente el apropiado para materializar el objetivo de creación de este grupo coral, es decir, realzar eventos militares, como desfiles, recepciones, y en otras ocasiones, amenizar eventos diversos para mandatarios del extranjero, secretarios de estado y sobre todo actuaciones ante el alto mando, representado por el señor Presidente de la República.

¿Qué ha significado para ti ser director de estos organismos?

Ha sido y es un gran privilegio, para mí y para todos sus integrantes, el dedicarnos no sólo a lo que nos gusta, la música, sino también a realzar este aspecto colaborando en el desarrollo de nuestro país dentro de un ambiente patriótico, leal y de disciplina, como lo es el Ejército Mexicano. En nuestro quehacer, se ha desarrollado cierta correspondencia entre las necesidades de la institución y las artísticas de la misma.

 

 

¿Quiénes han sido los maestros claves en tu formación?

Primeramente, no sólo como maestro sino como amigo y prácticamente como un padre, el maestro Cristián Caballero. Yo tenía 10 años cuando lo conocí. Él me dijo que tenía talento y que me impulsaría, así que prácticamente de la mano me llevó al Conservatorio. En todo ese tiempo fue mi consejero y mi guía. Hubiera querido tener más tiempo con él para iniciarme en la música. Otro maestro fue Eduardo Díaz Muñoz, que llegó en 1983 de Francia para tomar la Filarmónica de la UNAM y la Orquesta de Alumnos del Conservatorio. Se hizo un concurso para participar en su taller de dirección y fuimos escogidos cuatro estudiantes. Debíamos participar en el montaje de las obras a través de distribuirnos el trabajo por secciones, de modo que cuando él llegara de sus giras, pudiera realizar el trabajo pulido, artístico, de excelencia con el conjunto estudiantil. Fue para nosotros una gran experiencia e impulso para nuestros inicios en la dirección. Podría agregar a otros más, como a los maestros Jorge Delezé y Alberto Alva y, aunque no fue del Conservatorio, al padre González, con quien también tomé clases de musicología y cuya visión humanística ha sido determinante para mi formación.

 

¿A qué compañeros de tu generación recuerdas de manera especial?

Indudablemente a los primeros integrantes de la Camerata del Conservatorio, como Ignacio Olivarec, Luis Luna Guarneros y Miguel Angel Bermúdez, con quienes junto con otros compañeros en los aspectos administrativos y con el apoyo del maestro Leopoldo Téllez, entonces director de la escuela, pudimos realizar esta iniciativa. Esta Camerata, Orquesta y Coro, tuvo integrantes muy destacados que hoy en día realizan una carrera musical importante en el extranjero como Aarón Medrano, Mónica Guillén, Héctor Sandoval, Luis Ledesma, René Velásquez, por mencionar sólo a algunos. El maestro Olivarec radica en Alemania, el maestro Luna radica hoy en día con nosotros. A todos ellos los recuerdo con mucho cariño.

 

 

¿Qué orquestas has dirigido?

En 1986 pude dirigir la orquesta de Tamaulipas y en 1993, en un concurso nacional para directores de orquesta, por cierto muy reñido entre 14 directores nacionales con un alto nivel, obtuvimos Gabriela Díaz Alatriste y un servidor los puntajes más altos. Ganamos ambos el segundo lugar pues el primero se declaró desierto y nos hicimos acreedores a dirigir la Orquesta Sinfónica del IPN y la de Nuevo León. Posteriormente y gracias a este mismo concurso, pude dirigir las orquestas de Querétaro y Jalisco -contando desde entonces con el gran apoyo del maestro José Guadalupe Flores-, además de la de Aguascalientes. En 1996 participé en el Festival Internacional de Oaxaca y, en 1998 la SDN me becó para participar en un taller de dirección en la República Checa. Finalmente, pude hacer una gira con el Coral Armonía del maestro David Arontes por Francia y algunas ciudades de Holanda.

 

¿Qué otros coros has dirigido.?

El de San Luis Potosí, y el Coro y la Camerata del Conservatorio.

¿En qué otros lugares del extranjero has actuado?

En junio de 1998 acudí a la República checa y grabé profesionalmente algunos discos. Con el Coral Armonía asistí también a varios festivales, en donde presentamos diversos conciertos en varias ciudades de Francia y Holanda. Finalmente, en el verano de 1999 participamos en el Día de las Fuerzas Armadas Españolas en Madrid con el Coro y la Camerata del Ejército, en donde alternamos con la Banda Real Española en un concierto de música mexicana.

¿Has grabado discos con el Coro del Ejército?

A la fecha el Coro del Ejército lleva realizadas varias grabaciones; conmigo como titular hemos grabado dos discos: uno de himnos militares, encabezados por el Himno Nacional Mexicano, y otro con canciones del folklore mexicano.

 

 

¿Cuál crees que pueda ser en la sociedad contemporánea la misión del músico?

Debe ser ante todo un personaje humanístico, pues ante la actual carencia de valores morales, el músico es una esperanza para poder realizar los valores tan perdidos en nuestra época. Nos corresponde ser misioneros y buscar a través de nuestro arte la paz y el amor entre nuestros semejantes. Eso es fundamental, independientemente de cualquier virtuosismo o calidad técnica, lo vital es atravesar fronteras y niveles político-sociales para llegar hasta donde está el hombre, el ser humano.

¿Has incursionado en el aspecto docente?

Sí, además de haber sido asistente de armonía y contrapunto en el CNM y titular en el Instituto Cardenal Darío Miranda, mi labor didáctica se ha encaminado al aspecto vocal. Tuve la oportunidad de dar algunos cursos de historia de la música pero mi vocación es entrenar o compartir la búsqueda de la excelencia vocal.

¿Cómo consideras que podría ser el desarrollo de la educación musical conservatoriana en el futuro?

Siento que se le ha dado poca importancia a la enseñanza musical. Es un aspecto sumamente sacrificado. Los maestros son verdaderos misioneros del arte. Hace falta analizar el plan de estudios, el desarrollo mismo del profesor, sus circunstancias y especialización, para que los alumnos que sigan en este arte puedan tener un mayor sustento. A nivel nacional el aspecto didáctico ha sido descuidado. Espero que siga adelante este renovado interés por la enseñanza en nuestro país.

¿Qué son para ti un coro y una orquesta?

Son un conglomerado humano cuyo objetivo es hacer música, no importando cuál sea su especialidad. Todos nos debemos integrar y hacerlo dentro de un orden, bajo cierta secuencia en cuanto a la importancia. A veces la máxima responsabilidad recae en el director, pero indudablemente cada integrante es fundamental por lo que pueda expresar y dado que sin cada uno de ellos no podría existir el conjunto artístico.

¿Ante la particular crisis por la que atraviesa el sistema educativo y siendo tú un triunfador, qué recomendaciones darías a los alumnos del CNM?

Ante todo que busquen siempre ser músicos, lo que no es sólo tocar o dirigir sino prepararse en muchos aspectos, tener una cultura, estar informados e impregnados de los movimientos sociales y políticos que nos rodean. Saber más allá de la música misma. El mismo Schumann decía que "el músico que es sólo músico, es un mal músico". El músico que sólo hace música no disfruta de la vida y por tanto no puede transmitir un lenguaje profundo al momento de hacer música.

En el nivel básico del Sistema Educativo Nacional, la música ha sido excluida del plan de estudios, ¿qué podría hacerse para que continuara siendo parte de la formación integral de todos los alumnos?

Recomendaría en primer lugar que los músicos en formación y los que están ya en el camino, vean atrás, que piensen que el público infantil es fundamental en cuanto a su educación y sensibilización, pues muchas veces es a ellos hacia quienes va dirigido nuestro esfuerzo. Este abandono y descuido debería de plantearse a todos los niveles, desde nosotros mismos, y que las autoridades revisen estos aspectos, a efecto de remontar la situación. Si nuestros niños tuvieran mejor educación desde preescolar, tendríamos un nivel educativo más alto.

¿Podrías imaginar un mundo sin música?

No, si ella se quitara del mundo, no sé cómo sería la vida.

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