INTRODUCCIÓN
Desde el día 12 de diciembre de 1990, fecha en que
fue inaugurado en acto académico solemne presidido
por el entonces Ministro de Educación y Ciencia D.
Javier Solana Madariaga, el Real Conservatorio Superior de
Música de Madrid tiene su sede en un remodelado pabellón
del siglo XVIII, frente al Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía y a doscientos metros de la Estación de
Atocha.
El
pabellón que alberga el Conservatorio, rehabilitado
por los arquitectos Manuel e Ignacio de las Casas y Jaime
Lorenzo, era anteriormente el Hospital Clínico de San
Carlos. A principios de siglo, el edificio ya había
sido reformado por el arquitecto D. Cesáreo Iradier
para servir de Clínico, pero en su origen se proyectó
para formar parte del Gran Hospital de Atocha (Francisco Sabatini,
1722-1795), edificio complejo e inacabado en torno a un sistema
de patios construido según los cánones del clasicismo
dieciochesco. Sólo se llegó a construir lo que
fue Hospital y hoy es Centro de Arte, y uno de los pabellones,
hoy Conservatorio. El pabellón estaba unido al Hospital
General y fue separado definitivamente en 1929 para dar paso
a la calle de Santa Isabel.
En
1987, por acuerdo entre los Ministerios de Cultura y Educación
y Ciencia, se encomienda a los citados arquitectos la reforma
del pabellón para albergar al Real Conservatorio Superior
de Música de Madrid, y la Escuela de Arte Dramático
y Danza. El Ministerio de Educación fue cambiando de
planes durante la elaboración del proyecto hasta que,
por fin, el edificio quedó destinado exclusivamente
a Conservatorio Superior de Música, con capacidad para
1,400 alumnos y 90 profesores. El edificio consta de 5 aulas
grandes, 35 aulas medianas, 27 cabinas de estudios, dos auditorios
y varios espacios para otros servicios (dirección,
administración, biblioteca, aula magna, aulas teóricas
y servicios diversos). La rehabilitación ha recuperado
la disposición original del edificio, adaptándose
perfectamente a las necesidades de un Centro de enseñanza
superior de música. El diseño interior ha logrado
la conjunción de lo funcional con lo estético,
donde lo viejo y lo nuevo conviven en perfecta armonía.
LA
FUNDACIÓN
Encontramos
la primera noticia sobre el Conservatorio en la Gaceta de
Madrid del 23 de junio de 1830, pero su fundación oficial
lo fue por Real Decreto del 15 de julio de 1830 (Gaceta del
16 de septiembre) con el nombre de Real Conservatorio de Música
y Declamación de María Cristina. La reina era
gran aficionada a la música -cantaba y tocaba el arpa-
y la fundación del Conservatorio que lleva su nombre
se consideró entonces como obra personal suya en la
cumbre de su popularidad. Las clases comenzaron el día
1° de enero de 1831, pero la inauguración fue hecha
con gran pompa el 2 de abril del mismo año. Formando
parte de los actos solemnes de inauguración el 6 de
marzo de 1832 se representó el melodrama lírico
español Los enredos de un curioso de Félix Castrillo
con música de Ramón Carnicer, Pedro Albéniz,
Baltasar Saldoni y Francisco Piermarini. La obra se conserva
manuscrita en la Biblioteca del Centro y será editada
próximamente con estudio y revisión del profesor
Jacinto Torres. Su primer director fue el cantante de ópera
italiana Francesco Piermarini. Historiadores de la época
criticaron duramente su nombramiento, señalando a españoles
como Carnicer y Rodríguez Ledesma como personas de
competencia sobrada para desempeñar el cargo. La reina
pretendía que la organización del Centro fuera
a imagen y semejanza de los conservatorios italianos. Para
conseguir sus propósitos buscó director en aquel
país, aunque algunos han apuntado que el nombramiento
fue caprichoso por ser Piermarini hombre apuesto. En el Centro
había alumnos internos y externos, gratuitos y de paga.
El
Conservatorio estaba ubicado en la Plaza de los Mostenses,
en un edificio que, con la reordenación urbanística
de Madrid, después fue el número 25 de la calle
de Isabel la Católica. La parte posterior daba a un
callejón hoy del Maestro Guerrero que todavía
es conocido popularmente por Travesía del Conservatorio.
Tenía el primitivo una real dependencia de la Corte,
y su organización interna se imitó, como he
dicho, de los conservatorios italianos de la época.
Se nombraron profesores profesionales de la casa y una especie
de socios protectores no profesionales, los "adictos
de honor", que no tenían asiento en la Junta y
entre los que estaba lo más granado de la corte, la
aristocracia y la política, muchos de ellos por puro
compromiso. El P. Federico Sopeña ofrece como curiosidad
una larga lista de estos "adictos de honor" que
parece "una guía de salón de la época".
Como "adictos facultativos" se incorporaron profesionales
de prestigio que asistían a las juntas con voto consultivo
pero no deliberativo y formaban parte de la orquesta en los
conciertos públicos del Centro. También fueron
nombrados "maestros honorarios" entre otros el ídolo
Rossini, el napolitano Mercadante y el maestro de capilla
de Salamanca Doyagüe, con autorización expresa
para vestir el uniforme. El primer Reglamento, publicado el
16 de septiembre de 1830, fue redactado por Piermarini. Centrado
todo en torno a la ópera se instaura la Declamación
como parte inseparable del Conservatorio hasta 1951. Se regula
el Gobierno del Centro, presentación mensual de cuentas,
inspección, clases, matrícula, plazas y creación
de una orquesta. En un artículo del Reglamento, incumplido,
se sientan las bases para la creación de un Archivo
Nacional de Música, algo así como un depósito
legal al que irían a parar dos ejemplares de todas
las obras musicales que se publicasen en España. Colaborador
de Piermarini fue el brigadier José Joaquín
Virués y Spínola, inspirador del Reglamento
y autor del famoso tratado didáctico de armonía,
contrapunto y composición La Geneuphonía, adoptado
en el Centro. De ambos es el discurso de inauguración,
escrito en lenguaje retórico de la época. Todavía
se conserva en la Biblioteca la primera lista de profesores
que Piermarini presentó a los reyes para su aprobación
en la que reflejan méritos y sueldos, y figuran personajes
tan prestigiosos como Pedro Albéniz, Baltasar Saldoni
y Ramón Carnicer.
Como
consecuencia de los enormes gastos ocasionados por la primera
guerra carlista, el 12 de septiembre de 1835, las Cortes suprimieron
la partida presupuestaria, dejando en manos del Gobierno la
resolución del enorme problema creado. La asignación
económica quedó reducida a 24,000 duros lo que
llevó a una gran crisis de la que encontramos noticias
en la prensa de la época. El 25 de agosto de 1838 Piermarini
fue sustituido por el Conde de Vigo, con el título
de Viceprotector. Al poco tiempo se suprimieron las plazas
de internos. Se sucedieron en la dirección D. José
Aranalde y D. Juan Martínez Almagro, nombrado este
último en 1848. La situación económica
del Conservatorio fue tan difícil en esta época
que estuvo a punto de desaparecer víctima de los gastos
que el país tuvo que soportar como consecuencia de
la guerra civil. En más de una ocasión, y con
el fin de convencer a los políticos de la utilidad
social del Centro, se hicieron peticiones en las que se explicaba,
entre otras cosas, cómo los alumnos se ganaban honradamente
la vida ejerciendo la profesión. En medio de la crisis,
los profesores procuraron, mediante sucesivos recursos, acabar
con la situación creada.
LA
INAUGURACIÓN DEL TEATRO REAL
Hubo
modificación del Reglamento, reorganización,
y, por fin, el 2 de diciembre de 1852 se inauguró la
nueva sede en el edificio del Teatro Real con entrada por
la calle de Felipe V. El internado fue definitivamente suprimido
y creadas pensiones para alumnos destacados. El Conservatorio
del Teatro Real, que fue inaugurado solemnemente por los reyes,
tenía dos salones de actos: uno grande que daba a la
fachada de la Plaza de la Ópera en el que se daban
los conciertos sinfónicos de Madrid con la orquesta
formada por la Sociedad Artístico Musical de Socorros
Mutuos, que fue el embrión de la sociedad de conciertos;
en el salón más pequeño actuó
la Sociedad de Cuartetos, fundada por Guelbenzu y Jesús
de Monasterio en 1863. En 1877 un incendio destruyó
el salón grande, perdiéndose un piano Pleyel,
un órgano y otras cosas de valor. En la etapa de las
famosas reformas de la enseñanza previstas en la célebre
Ley Moyano de 9 de septiembre de 1857, dos reglamentos, firmados
por Nocedal y Salaverría, se dictaron el 5 de mayo
y el 14 de diciembre de 1857. El segundo de estos Reglamentos
que fue el definitivo, estableció la división
de las enseñanzas musicales en estudios superiores
y estudios de aplicación. Desde 1848 habían
sido viceprotectores del Conservatorio el Marqués de
Tabuéniga y D. Joaquín Mª Ferrer; y directores
D. Ventura de la Vega, D. Abelardo López de Ayala y
D. Julián Romea. Ninguno de los Regentes del Centro
desde el Conde de Vigo hasta Emilio Arrieta era del claustro
de profesores, si exceptuamos, hasta cierto punto, a Ventura
de la Vega. Poco antes de la Revolución Gloriosa, el
Ministro de Fomento D. Severo Catalina cambió la organización
reglamentaria mediante Decreto desastroso de 17 de junio de
1868. Sigue la época de duras restricciones económicas
con rebaja de los sueldos y reducción de plazas docentes.
Se crea el cargo de Comisario Regio con la misión expresa
de reorganizar el Conservatorio. Por Decreto de 15 de diciembre
de 1868 y Reglamento del 22 del mismo mes y año se
creó la Escuela Nacional de Música y Declamación,
denominación que se mantuvo hasta 1900. En el mismo
año de 1868 fue nombrado director D. Emilio Arrieta,
hombre de extraordinaria flexibilidad política que
permaneció en el cargo hasta 1894 con la aureola de
quien había viajado por Europa. Por sendas disposiciones
de 22 de noviembre de 1883 y 3 de febrero de 1888 se reguló
la enseñanza libre. Sucedieron en el cargo de Director
a Arrieta, D. Jesús de Monasterio, prestigioso profesor
de violín que dimitió por sentirse marginado
por el Ministerio en la aplicación de las reformas,
y el organista, académico y musicólogo, D. Ildefonso
Jimeno de Lerma. Importante en la etapa de Monasterio fue
la incorporación de Felipe Pedrell al claustro.
En
1901 fue nombrado comisario regio D. Tomás Bretón,
quien consiguió reformar el local del Conservatorio
dotándole de mejoras y ampliaciones. Bretón
logró aprobar un nuevo Reglamento, luchó para
que hubiera una mayor exigencia en los exámenes y que
se pusiera fin al vicio heredado de la excesiva benevolencia
en la concesión de premios. Fue en esta época
cuando Pablo Sarasate donó su violín Stradivarius
y 100,000 francos para dotar un premio anual de violín
que lleva su nombre. Tras la dimisión de Bretón
el día 25 de noviembre de 1911 harto de luchar en todos
los frentes, le sucedió en el cargo interinamente el
Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública
Sr. Montero Villegas hasta que fue nombrado en el cargo D.
Enrique Fernández Arbós, el director de más
breve mandato de todos, pues solo permaneció en el
cargo del 1 al 24 de enero de 1912. El mismo día accedió
al cargo de director el crítico y musicólogo
D. Cecilio de Roda y López, quien permaneció
durante el breve paréntesis de dos años, el
tiempo suficiente para instalar la calefacción en el
Centro, lo que entonces tenía su importancia. A instancias
de media España vuelve triunfante Tomás Bretón
en 1913 coincidiendo con un gran aumento del número
de alumnos y logrando aprobar un nuevo Reglamento el 25 de
agosto de 1917. Bretón volvió en olor de multitudes.
El claustro de profesores aprobó su vuelta por unanimidad,
pero lo más llamativo fue la actitud de sus paisanos
salmantinos que montaron una campaña en su favor que
se hizo casi nacional. Una comisión de la Sociedad
de Dependientes de Comercio de Salamanca se entrevistó
con el Conde de Romanones, entonces Presidente del Consejo
de Ministros, solicitándole su nombramiento, a lo que
Romanones accedió manifestando que Bretón era
su mejor amigo y no tenía ningún inconveniente.
AÑOS
DE PEREGRINAJE
Bajo
el mandato del violinista D. Antonio Fernández Bordas,
que había sido nombrado director en 1921, el Conservatorio
fue desalojado del Teatro Real por Real Orden del Ministerio
de Instrucción Pública del 14 de noviembre de
1925 que declaraba el edificio en ruinas y ordenaba la suspensión
urgente de las clases, dando así comienzo una prolongada
peregrinación del Centro por diferentes edificios y
locales de Madrid hasta que en el año 1966 vuelve al
Teatro Real. Al teatro María Guerrero, entonces llamado
de la Princesa, fue trasladada la Biblioteca y algunas de
las clases. Las oficinas fueron a un piso de la calle Pontejos,
y algunas entidades particulares y públicas como la
Casa Aeolian, la Unión Musical Española, Casa
Campos, Casa Fuentes, Escuela Superior de Pintura, Teatro
Cómico y Colegio Nacional de Sordomudos cedieron desinteresadamente
sus instalaciones al Conservatorio. La salida precipitada
del Teatro Real llevó a una situación de abandono
durante varios años por parte de las autoridades académicas
que se dejó notar seriamente en la buena marcha de
la enseñanza.
En
1932, durante la II República, el Conservatorio se
instaló en el edificio de la Congregación de
los Luises en la calle Zorrilla 2, propiedad de los Jesuitas.
Bordas fue hombre prodigioso en la acomodación a diferentes
situaciones políticas: fue Director con el régimen
constitucional, con la Dictadura de Primo de Rivera, con la
Monarquía agonizante, con casi toda la República
y con los primeros meses del franquismo hasta su jubilación.
Su mandato se caracterizó por la resistencia a cualquier
innovación y por el aislamiento del Conservatorio de
la vida musical del país. De importancia para el Centro
bajo su mandato fueron los nombramientos de Oscar Esplá
como profesor de folklore en la composición y de Martínez
Torner como profesor de prácticas de folklore. Al poco
tiempo de comenzar la Guerra Civil, fue destituido Fernández
Bordas y nombrado director Oscar Esplá. Bordas recuperó
el cargo en 1939, año en que el Conservatorio se trasladó
a unos locales del Teatro Alcázar, totalmente insuficientes.
Llega a la dirección en 1940 el P. Nemesio Otaño,
hombre que con gran tesón y sacando partido a sus influencias
consiguió un nuevo local más digno, el palacio
de la familia Bauer en la calle de San Bernardo 44, que, después
de reformas y adecentamiento, fue inaugurado en 1943 como
nueva sede del Conservatorio.
Coincide
el estreno de la nueva sede del palacio Bauer con la puesta
en marcha de la reforma de 1942. La reforma, que nació
con varios vicios de origen, no fue secundada con las dotaciones
presupuestarias necesarias. En 1952 el P. Federico Sopeña
fue nombrado Delegado del Gobierno a la edad de 34 años.
El mismo Sopeña da cuenta de las realizaciones más
destacadas de su mandato: apertura a la juventud, contactos
con la vecina Universidad Central, gran actividad de conciertos,
inauguración de la fonoteca y creación de la
revista Música, dirigida desde el Conservatorio en
colaboración con el Instituto Español de Musicología
y editada por la Sección de Publicaciones del Ministerio
de Educacion Nacional. En 1956 Jesús Guridi y en 1962
José Cubiles llegaron a la dirección del Centro
en edad cercana a la jubilación. En la etapa de Guridi
fue iniciado el primer proyecto para la reforma de la enseñanza
y se dieron los primeros pasos para la vuelta al Teatro Real.
Destacable en el mandato de José Cubiles fue la mejora
en la retribución del profesorado. El 11 de junio de
1964 accede a la dirección el compositor y catedrático
más joven del Centro D. Cristóbal Halffter,
bajo cuyo mandato se procedió a la adquisición
de partituras de música contemporánea y de varios
pianos de cola marca Steinway. El nombramiento de Halffter
fue acogido con recelo por unos y con entusiasmo desbordado
por otros.
Siendo
director D. Francisco Calés Otero, el 18 de octubre
de 1966 el Conservatorio vuelve a su antigua sede del Teatro
Real, ahora en un edificio renovado y dotado de grandes medios
materiales comparables a los de los mejores Conservatorios
europeos. Coincide el traslado al Real con la reforma de las
enseñanzas contempladas en el ya famoso decreto de
10 de septiembre de 1966, que aún sigue vigente. Calés
permaneció en el cargo hasta 1970, sucediéndole
D. José Moreno Bascuñana, que fue director desde
1970 hasta 1979 e impulsó la creación de la
orquesta del Conservatorio.
La
primera etapa como Director del organista D. Miguel del Barco
Gallego transcurrió entre 1979 y 1983. Realizaciones
importantes de su primer mandato fueron las siguientes: estabilidad
del profesorado, normalización de la Secretaría
del Centro, actos conmemorativos del 150º aniversario,
celebración del II Congreso Nacional de Musicología
en 1983, adquisiciones importantes de fondos para la biblioteca
y la fonoteca, actualización de actas y documentos
de los archivos históricos, democratización
de estructuras, etc. Desde 1983 a 1988 se sucedieron en el
cargo los sres. D. Pedro Lerma León (1983), Dª
Encarnación López de Arenosa (1985) y D. Carlos
Esbrí (1987).
UN
CONSERVATORIO PARA EL SIGLO XXI
En
la actualidad es de nuevo director D. Miguel del Barco, hombre
emprendedor y especialmente dotado para negociar con la administración
en defensa de la profesión de músico y de los
legítimos intereses del Centro. Recientemente ha sido
elegido para un nuevo mandato de cuatro años que le
llevarán a ser el primer director del centro en el
siglo XXI. Entre sus últimas realizaciones destaca
su papel activo en la importante reforma general de las enseñanzas
musicales contemplada en la Ley de Ordenación General
del Sistema Educativo (LOGSE), ley que recoge aspiraciones
largamente esperadas como son la separación de grados,
la creación del Cuerpo Superior y la actualización
de titulaciones, que son equivalentes ya a todos los efectos
al título de licenciado universitario. También
han sido importantísimas sus gestiones para la concesión
de la actual y definitiva sede de Atocha. Gracias a su eficaz
gestión, reconocida por la mayoría de los miembros
del claustro de profesores, por primera vez el Conservatorio
Superior cuenta con un edificio propio de magníficas
instalaciones comparables a los mejores Conservatorios del
mundo. Esta vez sí, nos atrevemos a decir que la sede
será definitiva y terminará para siempre el
prolongado maleficio de la inestabilidad. Un acontecimiento
internacional de primer orden se celebró en el Conservatorio
en la ya mítica y manida efeméride del 92: el
XV Congreso Internacional de la Sociedad Internacional de
Musicología, que acogió en sus aulas a más
de 800 musicólogos de todo el mundo que se llevaron
una excelente impresión de la categoría e instalaciones
del centro.
Hoy
en día, el Conservatorio de Madrid posee unas de las
mejores infraestructuras del mundo y está completamente
preparado para entrar en el siglo XXI.
EMILIO
REY GARCÍA
Nació
en Mave, Palencia, España. Cursó estudios de
musicología y pedagogía musical en el Real Conservatorio
Superior de Música de Madrid, bajo la dirección
y magisterio de los profesores Ismael Fernández de
la Cuesta, Antonio Gallego y Dionisio Preciado. En la actualidad
es Catedrático Numerario de Musicología y Folklore
Musical del Real Conservatorio de Madrid. Es además
Vicesecretario del mismo Centro y Director de la Revista Música.
Ha sido tesorero y director de publicaciones de la Sociedad
Española de Musicología. Como etnomusicólogo
ha públicado varios artículos sobre folklore
musical español en revistas especializadas e intervenido
en Congresos nacionales e internacionales con ponencias o
comunicaciones de carácter científico
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