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En
estos tiempos de tecnologías avanzadas, casi todos
podemos disfrutar del arte de mayor popularidad: la Música.
Y nos consideramos afortunados al poder escuchar en una sala
de conciertos, en el hogar, en el automóvil o en cualquier
sitio, la obra de nuestra predilección, sea en aparatos
ultramodernos de alta fidelidad o en reproductores portátiles.
Y pensamos: qué triste era el mundo cuando la música
sólo podía disfrutarla un estrato reducido de
la sociedad, como la nobleza, o en actos religiosos dentro
de los templos.
En la Edad media predominaban
los cantos sagrados sujetos a leyes de ritmo muy severas.
Además, las letanías y los tedeums no podían
ser entonados en las calles, en el mercado o en las hosterías.
En el siglo XI, el monje benedictino Guido, de Arezzo (patria
de Petrarca), dio el sistema de notación musical aún
en uso. En esa centuria también fue construido el primer
instrumento con teclado y cuerdas que poco a poco fue perfeccionado
y que podemos reconocer como el antepasado del moderno piano.
Llegó el Renacimiento
y la música se volvió la mejor amiga del hombre,
ya sea para que se sintiera feliz o para paliar sus desdichas.
Los músicos y trovadores emigraron de pueblo en pueblo,
tocando y cantando en las calles por unas monedas. Esos músicos
errabundos hicieron su refugio en Viena, donde fue fundada
la primera cofradía de filarmónicos.
De Austria pasó a
Italia el clavicordio (clavijas y cuerdas), donde lo transformaron
en la "spinetta", denominada así en homenaje
a su inventor, el veneciano Giovanni Spinneti. Entre los años
1709-1720, Bartolomeo Cristofori hizo un "clavier"
que permitía tocar "piano" (suave) y "forte"
(fuerte), conocido generalmente ahora como piano.
A mediados del siglo XVIII
surgió el más grande genio musical de esa época,
un sencillo organista de la iglesia de santo Tomás
de Leipzig: Johann Sebastián Bach. Creó composiciones
para todos los instrumentos conocidos en su época,
desde canciones cómicas y danzas populares, hasta cantatas,
motetes, misas, monumentales oratorios e himnos majestuosos
y sacros. Se considera que él puso los cimientos de
la música moderna. Le sucedió Mozart con sus
composiciones musicales de delicada belleza. Vendría
después el más trágico de estos artistas:
Ludwig van Beethoven, que legó la orquesta moderna.
Al arribo de la revolución industrial, la música
como las demás artes plástica, la poesía
y la literatura fueron relegadas por el pragmatismo y la ignorancia.
Ahora el pueblo parece empezar a comprender que Bach, Mozart,
Beethoven, Wagner, Miguel de Cervantes, William Shakespeare,
Leonardo da Vinci, Miguel Angel, entre otros grandes del arte,
son los verdaderos guiadores de la raza humana. Y que un mundo
sin arte y felicidad, es como un hogar triste y esmorecido.
JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA Y CARRANCÁ
Doctor
en Derecho. Catedrático de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Presidente del Tribunal
Superior de Justicia del Distrito Federal. Conferencista y
ponente en múltiples congresos nacionales e internacionales.
Editorialista en diversos periódicos de circulación
nacional. Es autor de una numerosa obra escrita, jurídica,
pedagógica y cultural.
jlgac@hotmail.com
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