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Piano
llorón de Genoveva, doliente piano
que
en tus teclas resumes de la vida el arcano;
piano
llorón, tus teclas son blancas y son negras,
como
mis días negros, como mis blancas horas;
piano
de Genoveva que en la alta noche lloras,
que
hace muchos inviernos crueles que no te alegras:
tu
música es historia de poéticos males,
habla
de encantamientos y de princesas reales,
de
los pequeños novios que por robar los nidos
una
tarde nublada se quedaron perdidos
en
el bosque; y nos cuenta de la niña agraciada
que
recibió regalos de sus once madrinas,
que
no invitó a la otra a sus bodas divinas
y
que sufrió por ello los enojos del hada.
Me
pareces, ¡oh piano!, por tu voz lastimera,
una
caja de lágrimas, y tu oscura madera
me
evoca la visita del primer ataúd
que
recibí en mi casa en plena juventud.
Piano
de Genoveva, te amo por indiscreto;
de
tu alma a todo el mundo revelas el secreto;
cuentas,
uno por uno, todos sus desengaños.
Piano
llorón, la hermosa más hermosa del valle
se
nos ha vuelto triste porque tiene treinta años
y
no hay por todo el pueblo quien ronde por su calle.
Genoveva,
regálame tu amor crepuscular:
esos
dulces treinta años yo los puedo adorar.
¡Ruégale
tú que al menos, pobre piano llorón,
con
sus plantas minúsculas me pise el corazón!
27
de diciembre de 1908
Pluma
y Lápiz, Guadalajara, Jalisco, México,
8
de enero de 1912
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