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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

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Universo de El Búho

 

Junio de 2007

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

         

 

  Anales de la educación musical

 

Discurso de Carlos Chávez en la inauguración de la sede actual del Conservatorio Nacional de Música

(18 de marzo de 1949)

Carlos Chávez

 

SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA;

SEÑOR SECRETARIO DE EDUCACIÓN;

SEÑORAS Y SEÑORES:

El Conservatorio es una institución ilustre y de abolengo; ha hecho una obra notable por el arte musical de México y tiene ascendencia de ya muchas generaciones de antepasados. Las tertulias musicales en la casa de Tomás León, allá por 1864 ó 65, de distinguidos músicos mexicanos y hombres de ciencia y de letras -Melesio Morales, Julio Ituarte, Aniceto Ortega, el Dr. José Ignacio Durán, entonces Director de la Escuela Nacional de Medicina, el Dr. Eduardo Liceaga, D. Antonio García Cubas y algunos otros más- fueron la cuna de un Club Filarmónico, que, poco después, se volvió la “Sociedad Filarmónica” que había de fundar el Conservatorio antecesor a éste.

Entusiasta y valeroso esfuerzo fue el de estos hombres que sin desvíos mantuvieron su idea y su obra.

Dos o tres años después, no siendo aún oficial, pues su nacionalización no se decretó sino hasta enero de 1877, “el Conservatorio adquirió vastas proporciones -dice García Cubas- que, aumentando las necesidades, hicieron indispensable su traslación a otro edificio de conveniente amplitud, lo que pudo llevarse a efecto por la decidida protección que el Gobierno del Sr. Juárez impartió al nuevo establecimiento, concediéndole para sus útiles trabajos el edificio de la extinguida Universidad”.

Esta resolución, según documento oficial, citado por el propio escritor en “El Libro de mis Recuerdos”, está fechada el 25 de octubre de 1867.

El magnífico y venerable edificio que había sido de la primera universidad mexicana, alojó al Conservatorio, resultado de esa disposición del Presidente Benito Juárez, desde entonces, hasta los años de 1910 u once, en que la ciega y criminal onda demoledora de joyas arquitectónicas en perfecto estado de conservación -no totalmente pasada aún- convirtió en cascajo uno de los más bellos edificios de México y de América.

De allí pasó a la casona fea e inadecuada del Puente de Alvarado 43, y, dos o tres años después, a las preciosas casas números 14 y 16 de la calle de la Moneda, de donde fue, a principios de 1947, a ocupar, provisionalmente, un pabellón del edificio de la Escuela Normal Superior en la Rivera de San Cosme, de donde ahora sale, para instalarse en este gran edificio de la Avenida Masarik construido especialmente, para alojarlo, por el anterior y el presente Gobierno de la República.

La iniciativa resuelta y entusiasta del Lic. Ernesto Enríquez, Oficial Mayor de la Secretaría de Educación Pública durante los últimos años de la Administración del señor General Manuel Ávila Camacho, resolvió al Gobierno a emprender la construcción.

Al expirar el término del pasado Gobierno, el edificio apenas estaba a medio construir. Gracias al especial empeño del señor Lic. Alemán, Presidente de la República, manifestado abiertamente, y declarado aun en sus informes presidenciales al Congreso de la Unión, se da término a esta obra que, hoy el mismo señor Presidente inaugura.

En su labor educativa, cuenta el señor Presidente con un colaborador de excepcionales virtudes, y a él, el Lic. Gual Vidal, se debe la feliz ejecución de los propósitos presidenciales.

Como la iniciación de la obra se decidió con cierta precipitación, al reanudarse los trabajos, a principios de 1947, hubo que hacer algunas modificaciones, no ya sólo al proyecto, sino a la obra misma.

Es notoria y plausible la intención de cierta monumentalidad en la concepción de este edificio.

Es preciso que se comprenda y se establezca bien que la funcionalidad de una obra arquitectónica no debe basarse tan sólo en consideraciones prácticas, utilitarias, sino también en las que se refieran al buen ánimo, la felicidad, el contento del morador, que provienen del hecho de moverse entre formas arquitectónicas de proporción, de espaciosidad, de equilibrio, de belleza.

Sin embargo, no hay que confundir esto con lo que se ha llamado bien arquitectura decorativista, ni equivocar la necesaria sensación de espaciosidad, con una mera adición aritmética de metros cúbicos y más metros cúbicos de vestíbulos y pasillos.

En fin, no quiero terminar sin referirme a dos materias de interés.

El Conservatorio ha sido el centro más importante de desarrollo musical de México, a pesar de su naturaleza inevitablemente precursora y de sus muchas deficiencias, lagunas y pobrezas. De él han salido, o a él han ido a dar, todos los artistas que más han hecho por el florecimiento musical de México.

Su actual Director, el gran músico Blas Galindo, es buena muestra de que el Conservatorio puede formar un músico.

Por último, quiero hablar de lo que me parece ver detrás del costoso esfuerzo hecho por nuestro Gobierno para dotar a México de un buen edificio para su Conservatorio.

Está, me parece, el deseo latente de organizar la actividad artística del país.

Tal organización, que requiere dinero, esfuerzo inteligente, y devoción, es necesaria para lograr un gran florecimiento artístico, general, que México puede producir.

Semejantes florecimientos, en las grandes culturas europeas, no han sido de generación espontánea. Han sido fruto del impulso infalible, duradero, costoso en esfuerzo y dinero, del Estado.

Las dos riquezas de un país -la económica y la cultural- deben ser propias. Tan malo es vivir de dinero prestado como vivir de cultura prestada.

Y la miseria de cultura es más grave aún que la miseria de dinero: la miseria total es preferible a la insolente opulencia inculta.

Juzgando a la ligera, puede parecer desproporcionado el gasto de un edificio bien acondicionado para un Conservatorio.

Pero, sólo un poco de reflexión, hará ver que no porque sean enormes las necesidades de la educación elemental, van a descuidarse las de la cultura superior, lo mismo que no se descuidan, digamos, las necesidades de Defensa Nacional, por atender las muy ingentes de Agricultura.

Las necesidades del Estado son múltiples. La cuestión está en resolverlas en proporción debida. Y hasta ahora, el criterio ha sido, más bien, de extraordinaria reserva y timidez para impulsar la alta cultura.

Es equivocado creer que el dinero que se gasta en Defensa Nacional se le quita a Agricultura. Igualmente erróneo sería pensar que lo que se gasta en esta escuela de música se le quita a las escuelas primarias. Se trata de dos cosas distintas, con igual derecho a la atención del Estado.

Malo sería gastar mucho en arte y nada en educación elemental. Pero la cosa no es así. Lo cierto es que, de 1865 a esta fecha, el Estado no ha gastado ni un centavo en alojar sus dos o tres escuelas de arte, mientras que, en el mismo periodo de tiempo, bien puede haber gastado muchos cientos, o miles, de millones de pesos, en edificar decenas de miles de escuelas primarias, regadas en toda la extensión del país.

Lo que hasta ahora se ha dado a nuestras escuelas de arte es apenas nada. No ha habido un sistema, ni siquiera incipiente, de escuelas, teatros, museos, talleres, academias, que desarrollen y estimulen la creación de nuestro arte y nuestros artistas con un sentido general.

Hay, sin embargo, individuos fuertes, dueños de excepcional voluntad artística. Su obra es el único logro auténtico y tangible de México. Queremos tener industria, queremos tener agricultura, queremos tener muchas cosas que no tenemos y debemos tener, pero gracias a esos pocos artistas, heroicos y aislados, México tiene, tiene ya, un gran arte. Arte, es lo único que tiene México, lo único que le da carácter y fisonomía propios, para sí mismo, y ante el mundo.

Ya es tiempo de empezar la tarea organizadora de una cultura superior, generalizada y penetrante. Ojalá que este nuevo edificio sea como marca de una nueva etapa.

Carlos Chávez

Director del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura

 

conservatorianos@hotmail.com