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  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
   

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


Conservatorianos conmemora el CCLV aniversario de su fallecimiento

 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

Sugiere un sitio

 

 

Universo de El Búho

 Marzo de 2008

 

 

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

   

 

 Inicio        

 

  Reflexiones académicas

 

Entrevista con

Enrique Jaso Mendoza

Ilustre maestro del

Conservatorio Nacional de Música de México

¿Qué significa para usted ser conservatoriano?

 

Para mí quiere decir muchas cosas, pues no todo el mundo tiene el privilegio, la maravilla de haber entrado a una institución -se puede decir- la máxima institución de la República Mexicana, aunque yo realmente amo al Conservatorio sobre todas las cosas, soy egresado de la Escuela Nacional de Música (ENM), que fue donde comencé a estudiar canto con el maestro David Silva. Y por el maestro Silva, que era una persona que ayudaba mucho a sus alumnos, vine a estudiar también aquí en el Conservatorio simultáneamente. Aquí me tocó precisamente cuando era director el famoso compositor y director de orquesta Blas Galindo. Recuerdo que el maestro Silva me dijo: "Quiero que te dediques más a cantar porque has tenido la voz equivocada". He de señalar que antes de haber estudiado con el maestro Silva, me tuvieron cuatro años formándome como bajo, pero fue por recomendación de Pina Álvarez Llerena -ahora directora del Coro del Colegio Alemán y en ese entonces miembro de la Sociedad de Alumnos de la ENM- que era su alumna, que entré a su clase de canto. Por eso yo siempre le he tenido un profundo agradecimiento, por haberme abierto las puertas de esa clase. Antes había tenido una muy grande decepción con mis estudios, pues después de cuatro años de estudiar, mi anterior maestra me despidió diciéndome: "Mira, no se puede hacer nada por ti. Tú eres una persona poco musical, no eres inteligente, no tienes una buena voz porque no he podido sacarte más voz de la que ahora tienes. Así, que podrás hacer algo mejor vendiendo tal vez cacahuates, pepitas, todo, pero el canto no se hizo para ti. Déjale el lugar y la oportunidad a otros que sí podrán hacer algo en este arte." Para colmo, en ese entonces cursaba el 4º año de Solfeo con el maestro Juan D. Tercero y ese mismo día reprobé la materia, por lo que se sumaron ambas decepciones, lo que fue para mí un caos. Yo no sabía cómo regresar a mi casa y decirle a mis padres que además de no servir para el canto, había también reprobado solfeo.

He de decirles que todos los días, yo acostumbraba sentarme fuera de donde daba clases la maestra en la Escuela, que en ese entonces estaba en la calle de Marsella en la colonia Juárez, y me ponía a llorar, pues me daba mucha tristeza, porque a mí me gustaba mucho el canto y prácticamente me lo habían quitado, y más tristeza me dio porque de niño había yo tenido mucho éxito. Había tenido una voz muy bonita, fuera de serie, por la que había recibido elogios, nada menos que de María Ivoguin, quien decía que en ninguna de las sopranos coloratura que había escuchado había encontrado una voz tan perfecta como la mía, que hiciera escalas, trinos, con una perfección que sólo después de muchísimos años de estudio se podía lograr esa técnica. Entonces, uno primero triunfa y después te dicen que no sirves, que no tienes musicalidad, que no tienes nada, es como irse a la tumba. Sin embargo yo tuve afortunadamente una madre que supo guiarme, que supo aconsejarme, que cuando yo estuve más decepcionado fue la primera que me consolaba y que me decía muchas cosas para mi bien. Ella siempre me ayudó de un modo, al igual que de otro mi papá. Siempre me dieron todo lo que podían. Pues como les decía, en 1946 entré a estudiar en la Academia del maestro Silva que estaba en la calle de Ramón Guzmán y en la que por cierto por casi treinta años tuvo una acompañante impresionante, Lulú Silva. Al principio, el maestro me decía: "Muy bien, te he admitido por recomendación de Pina, pero a mí eso no me basta. Yo te voy a tener a prueba un mes y sólo entonces te diré si te acepto como alumno. Pero, ¿qué cantas?" "Pues mire maestro -le dije-, yo canto principalmente obras de Bach" "Bueno, adelante, canta". Lulú era tan buena, que todas las arias de ópera se las sabía de memoria. Al grado que todas las audiciones del maestro Silva tenían lugar en el Anfiteatro "Simón Bolívar", y aún cuando se llegara a ir la luz, ella seguía como si tuviera la luz completa, acompañando al cantante sin parar. Era una acompañante genial.

Luego de escucharme por primera vez, el maestro me dijo: "Mira, tú tienes de bajo lo que yo tengo del Arzobispo de México, monseñor Luis María Martínez, lo que tiene el Presidente de México, el licenciado Miguel Alemán, todos somos hombres. Pero para mí esa voz que tienes no es una voz, es un ruido, es una cosa que ni un sapo podría tener ese ruido tan horrible que tienes, pero vamos a ver, vamos a trabajar... a ver Pina, tú que opinas ¿hay que darle la oportunidad?", "Pues yo creo que sí maestro, dele la oportunidad, yo por eso se lo traje, porque sólo usted es quien lo podrá sacar adelante. Para mí usted es el mejor". El maestro me dijo entonces: "Mira, vas a venir aquí por las tardes a la Escuela Nacional de Música. Yo vengo tales días". Pero como ya en ese entonces el maestro se enfermaba frecuentemente, dejaba a su alumna Margarita Ortiz a cargo de vocalizar a los demás, pero en una de esas que llega el maestro a dar clases y que le pone una regañada a la pobre. "No Margarita, no es así, no seas tonta, pero más tonto soy yo por habértelos dejado. Mira cómo están cantando todos. Me echaste a perder todo mi trabajo con ellos". Un día, el maestro me dijo "Bueno, hemos logrado mucho. Yo creo que tu voz ha mejorado pero no eres bajo definitivamente. Puede ser que a lo mejor eres barítono. Vamos a explorar si esa es tu voz. ¿cuántos años tienes ahorita?" "Tengo veinte años, maestro". "Tu voz no está definida, porque te voy a decir una palabra. ¿Con quién estudiaste antes?" "Con la maestra María Bonilla". "Tenía que ser. Las mujeres no nacieron para enseñar el canto. Cantan como unos ángeles, pero son las más brutas de la tierra para enseñar el canto. Una mujer tiene el oído tan fino, además de tantas cosas, pero no puede cantar la voz ni de un hombre ni de otra mujer. Todas cantan con unas "is" horrendas, la "e" peor, y son con las que vocalizan. Fíjate, vamos a pasar por las clases de las maestras. Escucha 'iiiiii....'"

 

 

¿Indiscutiblemente su gran maestro fue David Silva?


Sí, fue él quien me sacó adelante, pero no sólo, me sacó de la muerte. Porque para mí fue la muerte cuando se me dijo que yo no podría, al grado que me enfermé gravemente de hepatitis. Entonces David Silva me dio vida, me dio muchas cosas, por ejemplo, he de decirles que conforme continué mis estudios con él, un día me dijo: "No hijo, yo creo que tampoco barítono. No tienes el agudo muy fácil, porque a ti te desarrollaron la voz para abajo, en vez de habértela desarrollado hacia arriba. Completamente te descolocaron la voz y te la pusieron en otro lugar. Hay que sacarla de ese lugar y ponerla en el debido. Todo es cuestión de paciencia. El maestro de canto tiene que ser como un relojero, que tiene unos engranitos pequeños y que tiene que arreglarlos, poniéndolos en su lugar, por lo que yo ahora soy ese relojero que te pondrá en su lugar los engranitos que te hacen falta. Vamos a trabajar. Tú conoces que yo tengo el genio muy fuerte, pero ya me conocerás que tengo otras cosas. Tengo también mis cualidades, sobre todo las cualidades de ser maestro. Porque yo sí soy maestro. Esa bola de "ignorantes" no pueden hacer nada. Se hacen tontos solos y lo peor es que hacen más tontos a los demás. Así es que yo te voy a ayudar". Pero un día le dije: "Ay, maestro, fíjese que lo manda saludar mi mamá". "¿Y quién es tu mamá, Enrique?" "Es Mercedes Mendoza". "¿Eres hijo de Mercedes Mendoza?" "Sí, maestro". "Mira, a partir de la próxima semana te voy a dar clases en la Escuela Nacional de Música, vas a ir a mi casa en Ramón Guzmán y vas a entrar al Conservatorio Nacional de Música". Bueno, a tal grado llegaba la generosidad del maestro Silva, que me compraba mi abono del tranvía cada semana para ir a tomar clases con él, al grado que cuando llegaba a la clase, el maestro me lo tenía listo, pues decía que así no le diría que había faltado por no tener dinero para ir a la clase. Además, vino a hablar con el maestro Blas Galindo, que era el Director del Conservatorio, para que me admitiera. Él le dijo que ya no era época de inscripciones, y él le contestó: "Ah no, Blas, me lo tienes que admitir" "Pero es que no se puede". Entonces que le habla el maestro al Secretario de Educación Pública y le dijo: "Mira, tengo a un alumno que quiero que entre al Conservatorio... No, no me digas que no se puede, sí se puede. Ahorita mismo te pido que des la orden para que lo admitan". Me acuerdo de la secretaria Esperancita, a la que el maestro Silva le dijo: "Mira Esperancita, por favor, pase Usted con el Director para que admita al alumno. Traes tantos retratos, acta de nacimiento, etc." Fue así como entré al Conservatorio. Tenía por tanto tres clases, en la ENM, en el CNM y en su clase particular, en donde el maestro me daba la clase en el lugar de algún alumno que llegara a faltar o bien mientras los alumnos repasaban su repertorio con Lulú. El maestro Silva me ayudó mucho, no sólo en la música sino también moralmente. Mi voz se fue poniendo bien y después era extraordinario cuando ya empezaba a cantar y a tener cierto prestigio, que al salir de los conciertos en Bellas Artes por ejemplo, me llegaba a encontrar con la maestra Bonilla y ella me decía: "¿Verdad que yo fui tu maestra?" "Yo nunca le dije nada", pero mi mamá no se contuvo. En alguna ocasión, en que actuaba también Belén Amparán en Sansón y Dalila, a la salida estaban varias cantantes, y entre ellas la Bonilla, y mi mamá se despidió de todas, menos de ella. Ya en la calle, le dije a mi mamá, "¿Por qué no saludaste a la maestra Bonilla? ¡Estaba esperando que la saludaras!". "¿Eso hice?, a ver, ven, vamos adentro". "Perdonen que las interrumpa, pero es que mi hijo me está diciendo que soy una grosera, que no distinguí frente a todos a la señorita Bonilla. Pues bien, yo soy del norte, y la gente del norte es muy diferente a los que son de Puebla o de otra parte. Por ejemplo, hasta su dichito tienen, que dice: Mono, perico y poblano, no lo tientes con la mano, tiéntalo con un palito, porque es animal maldito. Y yo no la saludé ciertamente, porque mi beso sería un beso hipócrita, porque yo sé hablar claramente, sin disfraz para hablar con la gente."

 

 

¿Cómo describiría la clase de su maestro?

En primer lugar el maestro Silva tuvo una experiencia maravillosa. Él estudió aquí en el Conservatorio con el maestro Marín, y aparte de lo que aprendió con él, era una persona muy observadora, con muchas cualidades, no sólo vocales, sino también cualidades intelectuales. Era un hombre bastante bien preparado, un hombre con una personalidad fuera de serie. Su propio hijo David, que fue bastante guapo, era feo en comparación con el maestro Silva cuando fue joven. Fue el único barítono mexicano, el único cantante que cantó con Enrico Caruso cuando éste vino a México, en el Elíxir de Amor. El maestro Silva fue además, como provinciano, como michoacano, un hombre muy generoso. Su corazón era más grande que su propio cuerpo. No era bajo, era alto, pero su corazón era mayor que él. Su hijo Francisco tenía una fábrica de zapatos y le decía, "Mira, a este muchacho mañana le das dos pares de zapatos". Siempre fue una persona que en sus manos el dinero le estorbaba para darlo a lo demás. Una persona desinteresada que lo dio todo y que desgraciadamente nadie se lo reconoció. Sus mismos alumnos no le hemos hecho honor a su recuerdo. Por ejemplo, a Angel R. Esquivel, se le reconocen muchas cosas, fue un gran cantante y actor, una figura buena en el escenario, muy preparado musicalmente, pero cuando empezó a dar clases como sustituto del maestro Silva, lo hizo cuando recién se despedía de la carrera, carente de la experiencia enorme, de muchos años, que en cambio tenía como maestro David Silva. Tuvo que ver también eso, la experiencia. Si ustedes me preguntara que si enseño canto como lo hacía hace cuarenta años, les diría que hoy estoy arrepentido de cómo en aquél entonces lo hacía, porque ha llegado el momento en que uno debe renovarse y ver qué es lo que realmente afecta a un artista. Hay alumnos a los que hay que gritarles y otros a los que hay que hablarles con cariño. Yo también tuve la fortuna de que mi mamá me mandó estudiar Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Me decía, "Mira, se acabaron los tiempos en que sólo bastaba cantar. Conforme más pase el tiempo, la persona deberá saber más. No necesariamente que te recibas, pero sí que tengas nociones de psicología para tener más herramientas sobre cómo poder enseñar mejor. Cuando seas maestro vas a saber qué medida de calzado le vas a poner a cada quién. Pero eso sí te digo, vas a estudiar Psicología, pero también vas a saber respetar a cada uno. Cada uno de los alumnos tiene su propia personalidad, sus propias facultades vocales y también sus defectos, porque no existe la voz perfecta, porque perfecto solamente es Dios. Entonces todo el mundo está lleno de defectos, tú tienes que tomar de cada alumno las cualidades y no quitar las imperfecciones. Te voy a contar cómo cantó Claudia Muzio o Rosa Raisa para la que escribió Turandot Puccini. Ellas tenían ciertos defectos vocales pero eran tan grandes artistas que nadie podía advertir sus defectos. Era tan maravillosa su afluencia en el canto que no te daba tiempo a criticarlas. Todo iba tan lleno de encanto y temperamento que se les perdonaba todo. Mira, hay un dicho italiano hecho para los cantantes que dice: El cantante no debe ser desafinado, cantar las notas altas y estar alto medio tono es incorrecto, pero el calar es de los artistas, pues es tan grande el temperamento y su fogosidad que no siempre llegan al tono justo. Es mejor que un tonto que esté cantando alto, escuchar a otro que por su pasión cale. Por eso, tú tienes que ver que tus alumnos sepan cantar. Si alguno tiene un defecto, que le tiemble la voz. No te preocupes, trata que cante sin que le tiemble, pero si vez que no se logra nada, déjalo. Si otro al cantar ves que la lengua le hace como de culebra, ni modo mi hijito, trata que no la mueva, pues la técnica dice que el cantar no puede ser así, pero de no lograrlo, igualmente déjalo."

En el canto siempre cada quien tiene fallas. Yo por ejemplo tuve mis fallas y siempre las reconocí y hasta hice vocalizaciones para corregir ese defecto. Mi mamá por ejemplo me decía que tenía el defecto en el cambio entre registros, del grave al agudo y pasando la desigualdad todo era fácil. Hizo sus propios ejercicios, de arpegios de dos octavas, de tres octavas, y finalmente le salía maravilloso, pero al momento de estar en el escenario se olvidaba de todo lo que había estado estudiando, y le salía su propia voz natural, por lo que no le servían de nada sus investigaciones, lo que indica que cuando hay una entrega del artista, no está pensando en ese momento si una nota debe ponerla aquí y la otra allá, que salga simplemente y que sea una cosa bonita y que el público capte la emoción. Por ejemplo, Rosa Raisa nunca llegó completamente a un agudo al final, y Claudia Muzio tampoco llegaba plenamente a los agudos, pero cantaban con una emoción tan grande que cautivaban al público. De qué se quiere así tener el mejor sonido del mundo si ese sonido no causa un efecto en el que escucha. "Los peritos lo detectarán, pero el público sólo dirá si le gustó o no". Por eso agregaba, "yo quiero que seas como Miguel Ángel. Él nunca tuvo un modelo. Una vez tuvo la oportunidad de ver el torso del Belvedere y lo tomó como un ejemplo para lo que buscaba. El veía las obras representadas ya en la piedra.. Tomaba el bloque y empezaba a cincelar: así hizo el Moisés, el David, la Piedad, pero por ejemplo quedaron inconclusos los Prisioneros, quienes se están queriendo quitar la parte superior de sus ropas, pues él ya no llegó a descubrir la cabeza. Así, ante un alumno, no tomes en cuenta muchas de sus imperfecciones, te tienes que convertir como en un mago, respetuoso de cada uno de ellos. Naturalmente se podrán imaginar que he seguido los consejos tanto del maestro Silva como de mi madre. A ella le gustaba mucho ir a conciertos, a escuchar a la Orquesta Sinfónica Nacional y yo siempre la acompañaba. En alguna ocasión tocaba Jean Pierre Rampal en la Catedral de Puebla, y de regreso en el autobús me preguntó, "¿Qué tipo de flauta había usado? "Transversa mamá". "No, me dijo, el primer flautista del mundo va en contra de la técnica. Tocaba la flauta transversa como si fuera flauta dulce. Así debes tú de ser respetuoso". Es decir, que pese a que hay reglas que son intocables, él también busca su propia comodidad, por lo que los alumnos tienen que saber las cosas con tal soltura, sin ningún amaneramiento. Todo ello me ha servido a lo largo de los años. Ella siempre, desde que murió el maestro Silva, todos los días, hasta su propia muerte, frente a un retrato del maestro le puso su veladora. "Nunca olvides la gratitud para con las personas. Yo nunca he olvidado la gratitud e alguien que me descubrió, alguien que me dio su nombre, alguien que me hizo que fuera educada. Que siendo muy pobre, limosnera, una sirvienta, me hizo cantante. Yo a esa persona eternamente le estaré agradecida." Ella estudió con Pierson, y él le dijo. "Yo le voy a enseñar a Usted a cantar, a conducirse, a vestirse". Le cambió de todo a todo, le puso maestro de italiano, la hizo persona decente. Fue para con ella más que un padre.

 

Evidentemente en el transcurso de su vida tuvo todo el apoyo de sus padres para esta profesión.

Por supuesto, mi padre era también músico, era pianista y organista, pues hizo como mi madre su carrera también aquí en el Conservatorio, pero principalmente lo tuve de mi madre, y debería agregar, cuando niño, de Clemens Kraus, protector a su vez de mi mamá. Él era director de la ópera en Viena. En ese entonces tuve la oportunidad de entrar con los Niños Cantores de Viena. Ese fue mi primer contacto con la música gracias al maestro Kraus, pues sólo se admiten a niños austríacos o húngaros. Yo no tenía derecho por ser extranjero, pero él me dio todo su apoyo para que yo entrara. Allí estuve por varios años. Viví como interno con los demás niños, aprendí su repertorio y llegué a interpretar varios papeles como solista. Uno de los que más éxito me dio fue en una ópera de Schubert, La Guerra doméstica, que hizo precisamente dicho compositor cuando era niño cantor.

 

 

¿De alguna forma particular le marcó a usted la formación vienesa que recibió en la infancia?

Considero que sí porque pese a todas las vicisitudes que posteriormente viví, sobre todo en cuanto a tener una disciplina para el estudio. Cuando el maestro Silva, empezó a dejar de darme clases por estar cada vez más enfermo y tener que irse de la Ciudad de México, luego de haber estudiado con él por seis años, entré con el maestro Ángel R. Esquivel, y los casi cuatro años que pasé con él en realidad fueron muy duros, me requirieron de todo mi tesón. Mi madre fue entonces también mi apoyo para sobrellevar esos momentos difíciles.

 

 

¿Por qué se inclina Usted más hacia el magisterio que al concertismo?

Yo tuve una gran admiración por el maestro Silva, yo siempre me sentí como un apóstol del maestro Silva, lo que constituyó para mí un aliciente de vida, y que mi propia madre siempre me impulsó a seguir. En alguna ocasión en que me llegaron críticas en torno al maestro, ella misma me dijo "una tamalera no puede tolerar a otra tamalera". El maestro Silva recibía a todos, aún sin contar con grandes cualidades, y llegaba a convertir a sus alumnos en cantantes impresionantes. Tenía unos conocimientos musicales maravillosos. Él nos dejó una ambición muy grande como para seguir en su mismo camino, al grado que desde que entré con el maestro Esquivel, comencé a dar clases y hasta la fecha. He tenido muchos alumnos. Unos llegaron y otros no, pero son muchos los que sí llegaron y que hoy en día cantan en EU y en Europa. Muchos, como Rolando Villazón, Ana Caridad Acosta, Estrella Ramírez, Teresa González, Acosta, Miguel Hernández Bautista. Tengo bastantes alumnos, unos ya murieron, otros aún viven.

 

 

¿Qué género vocal le gusta más?

La opera, porque fue en lo que yo nací. Uno vive determinado por el ambiente en que nace. El niño desde el vientre de la madre es como una esponja que absorbe todo lo que la madre vive de tristeza, de dolor o de alegría. Así, a mi me tocó la belleza de vivir el canto desde esos momentos. Dicen que uno no puede percibir esas percepciones, pero yo creo que sí se puede, uno vive esas experiencias desde que se encuentra con su madre. Son experiencias que me acompañarán mientras viva, de haber amado la música, de haber vivido en un ambiente musical.

 

 

¿Con qué obra debutó como cantante Enrique Jaso?

Esa obra fue una cosa ilógica. El maestro Roemer dirigía una orquesta Sinfónica cuando empezaba canal 4, en la calle de Córdoba, aunque los ensayos y funciones eran en el Teatro de la Lotería Nacional. Iba a cantar una persona el Requiem de Verdi, pero cuando llegó la función, ya no pudo más. El maestro estaba muy angustiado a tan sólo un cuarto de hora antes de la presentación decidió que participara yo. A partir de entonces las puertas se me abrieron porque el maestro Tercero empezó a fijarse en mí. Tanto él como Jesús Estrada, que era investigador de la UNAM, me empezaron a llamar. Entre las enseñanzas de mi madre, recuerdo que ella siempre me dijo que un fracaso, por ejemplo, no era más que una lección que la vida daba, no algo trágico.

 

 

¿Cuál es el compositor al que más admira?

 

Tengo tres compositores, no obstante que a Bellini, Donizetti, Rossini no los tenga yo en primer plano. Sí los tengo pero a mí un ejemplo para cantar es Mozart, porque tiene la cualidad de que supo perfectamente comprender la técnica del bel canto, y todo lo que escribió fue con un pleno conocimiento del arte del canto. Además, tuvo la maravilla de haber sido en su tiempo una persona doctísima en el italiano, pues lo dominó como si fuera él mismo italiano. Hizo más obras en italiano que en alemán. Otro que me subyuga es Verdi, y luego de él, Puccini. Pero a mí me parece que Verdi es el compositor más extraordinario, que le habla al corazón. Le pueden criticar porque su forma de instrumentar y armonizar es más bien rutinaria, pero dentro de aquél gran "guitarrón" que para muchos alemanes dicen que es Verdi, hay toda una tragedia, hay todo lo más hermoso que puede suceder en el drama, además de haberse adelantado muchísimo en su época al análisis de la cuestión psicológica. Todos sus personajes son como si Verdi los hubiera desbaratado, los hubiera luego armado para nuevamente hacer. Una psicología por ejemplo particularmente interesante es la de Rigoletto. Un hombre que nace deforme y por tanto es despreciado, al grado de sólo poderse colocar en su sociedad como el bufón del palacio. Un hombre lleno de maldad, que se burla de todas las personas, pero que tiene una hija. Que naturalmente trata de quedar bien con su patrón, y cuando en el primer Acto un hombre llega a reclamar el honor de su hija ante el rey, al verse parodiado es maldecido en su propia hija. En ese momento, la parte psicológica de Rigoletto empieza a trabajar y todo lo que le sucederá será a partir de lo que él mismo ha llamado con su mente. La maldición fluye a tal grado que todo lo que le sucede es prácticamente llamado por él mismo. Recuerda por ejemplo que acaba de sacar a su hija del Convento y empieza a nacer en su corazón una gran angustia. Nadie cree que esa mujer tan bella sea hija de Rigoletto. Por su parte, Sparafucile le ofrece sus servicios en caso de que algún día lo requiriese. En un monólogo Rigoletto se da cuenta de lo parecido que son, pues él mismo es tan dañino como ese hombre, pues es tan dañino el que mata físicamente como el que ataca con la lengua. Empieza a recordar toda su vida y reniega de la naturaleza por haberlo hecho deforme, negándole la felicidad y heredándole sólo el llanto., al rebelarse contra sí mismo, pierde la noción de lo que sucederá. Acepta que sólo cuando entra a su casa se convierte en otro hombre al encuentro de su hija. Él pregunta qué han hecho y ella no comenta que ha conocido en la iglesia a un hombre con el cual el roce de sus dedos al momento de ofrecerle éste el agua, ha hecho que se enamore de él. Ese hombre no es sino el propio rey, que en la vida real fue Francisco I, Tribolé en la ópera. Así pues, hizo de cada personaje una obra psicológica, como lo mismo ocurre con Otelo, con Yago. Nadie comprende a Verdi cuando se conocen los estilos musicales. Por ejemplo, en su estilo el trino es muy similar al de Mozart, lento. Su inteligencia fue maravillosa, pues no obstante no haber estudiado en un Conservatorio, tuvo una inspiración que muy pocos compositores han logrado. No obstante al igual que Bellini fue creador de maravillosas melodías, yo considero que más se identificó con Mozart. Puccini es en cambio otra época, todos son románticos. No es la era del bel canto, aunque como buen italiano es rey de la melodía y la tragedia, pero en una forma más calmada, menos agresiva que la de Verdi, cuya música es agresiva y te hace agarrarte de la butaca. Basta oír por ejemplo el preludio de la Traviata y empiezas a llorar, no obstante de que aún no ha empezado la ópera. En algún momento a Rossini le preguntaron qué se necesitaba para ser cantante, él dijo que tener voz. Y cuando se lo preguntaron a Verdi, éste dijo, "en primer lugar tener talento, tener corazón y una poco de voz", cuando a Verdi precisamente nunca se le podría cantar con un poco de voz.

 

 

¿Qué operas elige para montar en sus talleres de ópera tanto en el Conservatorio Nacional de Música como en la Escuela Nacional de Música de la UNAM?

Las óperas que he puesto es porque quiero que mis alumnos no sean orejeros. Que no canten por lo que escuchen, sino por lo que han aprendido. Ese ha sido mi sistema, además un maestro siempre debe estar investigando, redescubriendo algo que ya se descubrió pero de lo que no se ha publicado mucho. Por eso les pongo mucho Mozart, Rossini o Donizetti. Son óperas que les pueden servir mucho a los alumnos. Siempre he pensado que el alumno no debe entrar a la tragedia desde el principio, debe hacerlo una vez que ha abordado la comedia, ciertas cosas que le habrán de formar y que también, a través del tiempo, el alumno sabrá qué género podrá abordar, en cuál se habrá de definir, si en el papel cómico o en el serio. No todos deben ir para hacer grandes dramas, pueden también hacer brillantes papeles cómicos.

Para mí la pantomima, que es maravillosa, debe ser abordada por los alumnos durante su formación, y sólo con el tiempo se podrá definir cuál es la especialidad del alumno. La obra belcantista de Rossini sirve mucho porque es técnica, igual que la de Mozart. Es como si a un alumno que se inicia en el piano, nunca se le pusiera Bach o Mozart. Por más que estudiara nunca sería un buen pianista. En su momento tendrá que poner Chopin o Liszt, pero a su momento, pues sobre todo las de éste último son demasiado bravas y escabrosas par alas manos. Por ello se requiere de toda una formación previa. A todo alumno o a toda la gente le gustaría cantar de inmediato obras e Puccini o Verdi, pero sólo lo podrá hacer cuando sepa cantar. Primero hay que explorar lo que tiene, desarrollar la técnica y formarlo en la comicidad. Sólo después abordar la tragedia. Se tienen que aprender obras de distintos géneros, y sólo cuando estén verdaderamente formados los alumnos incursionar en óperas difíciles de interpretación o vocalmente, cuando el compositor exige por ejemplo grandes extensiones. Sólo cuando el cantante esté en plenitud de sus facultades puede abordar obras tan difíciles como Payasos o Cavallería Rusticana. La última vez que cantó Giuseppe Di Stefano en L'Arena di Verona, cantó precisamente Payasos y toda la gente lloraba y gritaba cuando cantó "No, pagliaccio non son...", pero no obstante que dicha obra no fue de su repertorio usual, él la interpretó como pocos, con su gran histrionismo. Para mí él ha sido el más grande de todos, que siempre quiso ser auténtico, y al que los directores de escena no podían decirle cómo actuar porque él inmediatamente se rebelaba. Tenía una presencia única, que como nadie interpretaba Werther, La Bohemia, Fausto, al grado que tan sólo con salir a y saludar hacía suyo al escenario. Eso no se ve todos los días. Para mí Di Stefano fue mi Caruso, máxime que yo nunca escuché a Caruso. Él es el Caruso del siglo XX. En México el público lo quería mucho, lo adoraba, aún la última vez que vino, qué personalidad. Es gente que ya viene ungida. La misma maestra Alberta Castelazzi, que fue compañera en el Conservatorio de Milán de Di Stefano y de Cesare Siepi, nos lo comenta. Tenía además un briíllo extraordinario en los ojos que impactaba e hiptonizaba. Algo fuera de serie. Para algunos su técnica podría haber sido defectuosa, pero cuando lo descubrió Tulio Serafín y lo llevó a estudiar con Luigi Montesatto, el que estrenó Il Tabarro en el Metropolitan, le dijo: "Quiero que le pongas repertorio, pero nunca te metas con la voz". "Pero es que esa impostación va a durar poco tiempo". "Que dure poco tiempo, con letras de oro quedará escrito su nombre en la historia. No te metas en corregirle la voz". Allí tienes una prueba de lo que decía mi madre en cuanto a que l arte del canto debía ser lo más natural. En el caso de las mujeres yo siempre he admirado a Renata Tebaldi, para mí su voz fue uno de los más maravillosos instrumentos.

Maestro, ¿qué palabras podría dirigir a los alumnos?

Miren, lo mejor que podría yo desear a cada uno de ellos sería que imitemos las virtudes de nuestros grandes. Ese ha sido mi ejemplo, esa ha sido la forma en que yo he tenido éxito. El éxito ha llegado por haber aprendido de mis maestros, tanto los de solfeo, como los de armonía, contrapunto, análisis, ellos me enseñaron un camino, me introdujeron en él, y gracias a sus sabios consejos y al hecho de haberlos podido imitar, salí adelante. El alumno debe imitar como yo mismo imité a David Silva. Para mí el maestro Silva fue una persona que no solamente daba la enseñanza de la técnica del bel canto, sino sobre todo la enseñanza moral la caridad. Siempre que nosotros tengamos enfrente a una persona y la podamos ayudar, todos seríamos reos d culpa si no lo hiciéramos. Podrán llegar alumnos llenos de cualidades o alumnos sin la menor de ellas, pero cada maestro tiene que sembrar en todos y cada uno ese amor que siente por la música y dar más de tu tiempo a esas gentes que no tienen todo para lograrlo pero que tienen las ganas para hacerlo, y quizás esas ganas y ese empeño puedan suplir la falta, la carencia de capacidad para lograrlo. Eso es lo principal, y es por lo que tenemos que luchar. Tener más que nada caridad. Tener más que nada NO amor al dinero, por que ello nos limita. El artista, es muy triste que el verdadero artista no sea millonario. El verdadero artista muere pobre, muere casi olvidado, como acaba de suceder aquí en México con Ramón Vinay, que vino a morir aquí, el país que tanto quiso, que se internó en un asilo de ancianos y allí murió, y ya luego se lo llevaron a Chile, su patria en donde lo recibieron con honores. El que fuera el primer Otello del mundo, que cantó hasta Wagner, vean, la ingratitud. Pero la satisfacción de haber dejado algo, de haber sembrado como David Silva nos enseñó a sembrar cariño, comprensión hacia los demás. Así nosotros debemos de imitar las virtudes de esos grandes hombres. Debemos de imitar toda la maravilla que fueron esos hombres. Cómo es posible que un artista tan grande como lo fue Giuseppe Di Stefano, lo sostenga el gobierno italiano porque es pobre, no tiene dinero. Y los Domingos, los Pavarottis, los Carreras, todos ellos millonarios, y él, que fue superior a todos ellos, en la pobreza. Ven..., pero fue feliz, dio lo que pudo y dejó una marca que nadie podrá borrar. Porque hay marcas que no se borran, sobre todo el amor, el cariño que brindó, eso es lo principal que tiene que movernos. Eres feliz, no tienes nada, pero tienes mucho. Para mí lo espiritual es más grande que lo material. Lo demás es una cosa que no, como dice el dicho, el dinero no es la felicidad, son otras cosas las que constituyen la verdadera felicidad. Yo creo que por ejemplo, el momento de ser feliz en una pareja, es cuando cada uno respeta las ideas del otro. Saber haber escogido en la vida., yo también tuve mi felicidad, mis padres se supieron escoger, se supieron perdonar muchas cosas. Ambos se equilibraron, pues ninguno somos una "perita en dulce", aún con todo el arte que podamos hacer.

 

 

Maestro Enrique Jaso, hombre de una cultura excepcional, ¿qué recomendaría para que en México se otorgaran mayores recursos a la educación artística y a la ópera?

En primer lugar, confiar en nosotros mismos. México, y que lo digan aún los extranjeros que han vivido aquí, si tú no confías en lo que produces, si no tienes fe en lo que produce tu país, no crees en ti mismo. Quienes ocupan el INBA, deben ser gente que ame lo que está produciéndose en México, que no sean enemigos de la ópera, pues parece que fueran sus enemigos, apoyando producciones horribles. Antes venían Di Stefano, Del Monaco, la Simionato, pero también alternaban mexicanos con ellos, como era el caso de Irma González, Rosa Rimoch, Gilda Cruz, Oralia Domínguez, Belén Amparán, y tantos casos de mexicanos que han sido triunfadores en el extranjero y que en México no se les da cabida. El mismo Araiza nunca tuvo apoyo aquí. Todo artista llega a su momento climático, pero no hay apoyos para promover a los artistas nacionales.

Hay un gran desconocimiento sobre el arte por parte de quienes producen los espectáculos. Il Trovatore que recientemente se presentó es un claro ejemplo en el cual, habiendo cantantes mexicanas como Estrella Ramírez, se trabajo de fuera a una gran cantante pero que no reunía las características vocales que requiere un papel como el de Azucena. Ello, independientemente del concepto del montaje que se realizó de la ópera, completamente alejado y distorsionado con relación a la concepción verdiana original. A estrella por ejemplo, son 12 años que no le llaman de Bellas Artes y por eso yo siempre la hago cantar. Hasta eso saqué del maestro Silva, quien cuando a uno le fallaba un agudo, él decía, "¡repítelo, porque tú lo tienes!". No deben permitirse mafias impreparadas, pagadas en dólares, que relegan a los egresados del CNM, de la ENM, de la ESM, y que sólo apoyan a quien se integra a ellas. Hay que acabar con esas mafias, no acabar con el arte y poner gente que verdaderamente sepa manejar el asunto. Personas especializadas y formadas verdaderamente en sus respectivos campos. Yo nunca admiré a Fanny Anitúa, pero hasta ella un día sacó de Bellas Artes a Carlos Chávez y a Jesús Bal y Gay, diciéndoles que no eran personas que amaran la ópera ni la música, llegando a repartir entre las personas panfletos en su contra. Cuando menos tuvo valor, valor de defender lo suyo. De qué sirve estudiar en instituciones como las que referí, si no habrá luego fuentes de trabajo, si no se tendrá nunca la oportunidad de actuar ni de ir integrando un curriculum para luego poder salir al extranjero. En Europa por ejemplo, cuando algún artista sale de su patria es porque ya tiene una trayectoria en ella y después va a demostrar al mundo lo que es su patria. Caruso por ejemplo, primero se hizo en Italia y después fue a demostrar al mundo quién era él, y se convirtió en el rey. Tita Rufo, a quien adoraba mi mamá, que llegó a ser el mejor barítono en su tiempo, luego de haber sufrido tanto, sin amigos, lleno de tristeza, luego de haber ganado más que el propio Caruso, que se quitaba la ropa para que su mujer se la lavara y luego se la volvía a poner, murió en la miseria más espantosa, más grande, olvidado por todos. Es lo que les digo, los grandes artistas mueren pobres, vivieron su momento pero nunca pensaron en el brillo del dinero. Pensaron en un arte, vivieron para el arte. Mi mamá me decía, "Si no me hubiera yo casado con tu padre hijo, estaría en el Zócalo pidiendo caridad con un botecito". Eso sí hay que aconsejar a las autoridades, que si hay que cambiar gobierno, un papel primordial debe tenerlo la cultura, porque es lo que hace que trascienda un pueblo. El trabajo es maravilloso, la producción, pero sobre todo la producción artística es maravillosa porque el arte no tiene límites. El arte tiene que tener un lugar, un trono dentro de la sociedad. Yo me imagino al arte como un rey lleno de brillantes, de las piedras más preciosas, con su cetro, reinando a la humanidad.

 

 

Gracias maestro por lo que nos ha permitido compartir.

Hay que separarse uno de este mundo dejando huella de algo de lo que pudo uno hacer para que otros mejoren tu huella, siempre hay que mejorar lo que uno aprendió. Yo soy feliz, pues digo la verdad, lo que me parece y lo que no me parece. Nunca hay que tener hipocresía para decir la verdad, que no peca pero incomoda. No sólo hay que acariciar, también hay que dar jalones de orejas.

 

 

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