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Reflexiones
académicas
Entrevista
con
Enrique
Jaso Mendoza |
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Ilustre
maestro del
Conservatorio
Nacional de Música de México
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¿Qué
significa para usted ser conservatoriano?
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Para
mí quiere decir muchas cosas, pues no todo el mundo
tiene el privilegio, la maravilla de haber entrado a una institución
-se puede decir- la máxima institución de la
República Mexicana, aunque yo realmente amo al Conservatorio
sobre todas las cosas, soy egresado de la Escuela Nacional
de Música (ENM), que fue donde comencé a estudiar
canto con el maestro David Silva. Y por el maestro Silva,
que era una persona que ayudaba mucho a sus alumnos, vine
a estudiar también aquí en el Conservatorio
simultáneamente. Aquí me tocó precisamente
cuando era director el famoso compositor y director de orquesta
Blas Galindo. Recuerdo que el maestro Silva me dijo: "Quiero
que te dediques más a cantar porque has tenido la voz
equivocada". He de señalar que antes de haber
estudiado con el maestro Silva, me tuvieron cuatro años
formándome como bajo, pero fue por recomendación
de Pina Álvarez Llerena -ahora directora del Coro del
Colegio Alemán y en ese entonces miembro de la Sociedad
de Alumnos de la ENM- que era su alumna, que entré
a su clase de canto. Por eso yo siempre le he tenido un profundo
agradecimiento, por haberme abierto las puertas de esa clase.
Antes había tenido una muy grande decepción
con mis estudios, pues después de cuatro años
de estudiar, mi anterior maestra me despidió diciéndome:
"Mira, no se puede hacer nada por ti. Tú eres
una persona poco musical, no eres inteligente, no tienes una
buena voz porque no he podido sacarte más voz de la
que ahora tienes. Así, que podrás hacer algo
mejor vendiendo tal vez cacahuates, pepitas, todo, pero el
canto no se hizo para ti. Déjale el lugar y la oportunidad
a otros que sí podrán hacer algo en este arte."
Para colmo, en ese entonces cursaba el 4º año
de Solfeo con el maestro Juan D. Tercero y ese mismo día
reprobé la materia, por lo que se sumaron ambas decepciones,
lo que fue para mí un caos. Yo no sabía cómo
regresar a mi casa y decirle a mis padres que además
de no servir para el canto, había también reprobado
solfeo.
He de decirles que todos los días, yo acostumbraba
sentarme fuera de donde daba clases la maestra en la Escuela,
que en ese entonces estaba en la calle de Marsella en la colonia
Juárez, y me ponía a llorar, pues me daba mucha
tristeza, porque a mí me gustaba mucho el canto y prácticamente
me lo habían quitado, y más tristeza me dio
porque de niño había yo tenido mucho éxito.
Había tenido una voz muy bonita, fuera de serie, por
la que había recibido elogios, nada menos que de María
Ivoguin, quien decía que en ninguna de las sopranos
coloratura que había escuchado había encontrado
una voz tan perfecta como la mía, que hiciera escalas,
trinos, con una perfección que sólo después
de muchísimos años de estudio se podía
lograr esa técnica. Entonces, uno primero triunfa y
después te dicen que no sirves, que no tienes musicalidad,
que no tienes nada, es como irse a la tumba. Sin embargo yo
tuve afortunadamente una madre que supo guiarme, que supo
aconsejarme, que cuando yo estuve más decepcionado
fue la primera que me consolaba y que me decía muchas
cosas para mi bien. Ella siempre me ayudó de un modo,
al igual que de otro mi papá. Siempre me dieron todo
lo que podían. Pues como les decía, en 1946
entré a estudiar en la Academia del maestro Silva que
estaba en la calle de Ramón Guzmán y en la que
por cierto por casi treinta años tuvo una acompañante
impresionante, Lulú Silva. Al principio, el maestro
me decía: "Muy bien, te he admitido por recomendación
de Pina, pero a mí eso no me basta. Yo te voy a tener
a prueba un mes y sólo entonces te diré si te
acepto como alumno. Pero, ¿qué cantas?"
"Pues mire maestro -le dije-, yo canto principalmente
obras de Bach" "Bueno, adelante, canta". Lulú
era tan buena, que todas las arias de ópera se las
sabía de memoria. Al grado que todas las audiciones
del maestro Silva tenían lugar en el Anfiteatro "Simón
Bolívar", y aún cuando se llegara a ir
la luz, ella seguía como si tuviera la luz completa,
acompañando al cantante sin parar. Era una acompañante
genial.
Luego de escucharme por primera vez, el maestro me dijo: "Mira,
tú tienes de bajo lo que yo tengo del Arzobispo de
México, monseñor Luis María Martínez,
lo que tiene el Presidente de México, el licenciado
Miguel Alemán, todos somos hombres. Pero para mí
esa voz que tienes no es una voz, es un ruido, es una cosa
que ni un sapo podría tener ese ruido tan horrible
que tienes, pero vamos a ver, vamos a trabajar... a ver Pina,
tú que opinas ¿hay que darle la oportunidad?",
"Pues yo creo que sí maestro, dele la oportunidad,
yo por eso se lo traje, porque sólo usted es quien
lo podrá sacar adelante. Para mí usted es el
mejor". El maestro me dijo entonces: "Mira, vas
a venir aquí por las tardes a la Escuela Nacional de
Música. Yo vengo tales días". Pero como
ya en ese entonces el maestro se enfermaba frecuentemente,
dejaba a su alumna Margarita Ortiz a cargo de vocalizar a
los demás, pero en una de esas que llega el maestro
a dar clases y que le pone una regañada a la pobre.
"No Margarita, no es así, no seas tonta, pero
más tonto soy yo por habértelos dejado. Mira
cómo están cantando todos. Me echaste a perder
todo mi trabajo con ellos". Un día, el maestro
me dijo "Bueno, hemos logrado mucho. Yo creo que tu voz
ha mejorado pero no eres bajo definitivamente. Puede ser que
a lo mejor eres barítono. Vamos a explorar si esa es
tu voz. ¿cuántos años tienes ahorita?"
"Tengo veinte años, maestro". "Tu voz
no está definida, porque te voy a decir una palabra.
¿Con quién estudiaste antes?" "Con
la maestra María Bonilla". "Tenía
que ser. Las mujeres no nacieron para enseñar el canto.
Cantan como unos ángeles, pero son las más brutas
de la tierra para enseñar el canto. Una mujer tiene
el oído tan fino, además de tantas cosas, pero
no puede cantar la voz ni de un hombre ni de otra mujer. Todas
cantan con unas "is" horrendas, la "e"
peor, y son con las que vocalizan. Fíjate, vamos a
pasar por las clases de las maestras. Escucha 'iiiiii....'"
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¿Indiscutiblemente
su gran maestro fue David Silva?
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Sí,
fue él quien me sacó adelante, pero no sólo,
me sacó de la muerte. Porque para mí fue la
muerte cuando se me dijo que yo no podría, al grado
que me enfermé gravemente de hepatitis. Entonces David
Silva me dio vida, me dio muchas cosas, por ejemplo, he de
decirles que conforme continué mis estudios con él,
un día me dijo: "No hijo, yo creo que tampoco
barítono. No tienes el agudo muy fácil, porque
a ti te desarrollaron la voz para abajo, en vez de habértela
desarrollado hacia arriba. Completamente te descolocaron la
voz y te la pusieron en otro lugar. Hay que sacarla de ese
lugar y ponerla en el debido. Todo es cuestión de paciencia.
El maestro de canto tiene que ser como un relojero, que tiene
unos engranitos pequeños y que tiene que arreglarlos,
poniéndolos en su lugar, por lo que yo ahora soy ese
relojero que te pondrá en su lugar los engranitos que
te hacen falta. Vamos a trabajar. Tú conoces que yo
tengo el genio muy fuerte, pero ya me conocerás que
tengo otras cosas. Tengo también mis cualidades, sobre
todo las cualidades de ser maestro. Porque yo sí soy
maestro. Esa bola de "ignorantes" no pueden hacer
nada. Se hacen tontos solos y lo peor es que hacen más
tontos a los demás. Así es que yo te voy a ayudar".
Pero un día le dije: "Ay, maestro, fíjese
que lo manda saludar mi mamá". "¿Y
quién es tu mamá, Enrique?" "Es Mercedes
Mendoza". "¿Eres hijo de Mercedes Mendoza?"
"Sí, maestro". "Mira, a partir de la
próxima semana te voy a dar clases en la Escuela Nacional
de Música, vas a ir a mi casa en Ramón Guzmán
y vas a entrar al Conservatorio Nacional de Música".
Bueno, a tal grado llegaba la generosidad del maestro Silva,
que me compraba mi abono del tranvía cada semana para
ir a tomar clases con él, al grado que cuando llegaba
a la clase, el maestro me lo tenía listo, pues decía
que así no le diría que había faltado
por no tener dinero para ir a la clase. Además, vino
a hablar con el maestro Blas Galindo, que era el Director
del Conservatorio, para que me admitiera. Él le dijo
que ya no era época de inscripciones, y él le
contestó: "Ah no, Blas, me lo tienes que admitir"
"Pero es que no se puede". Entonces que le habla
el maestro al Secretario de Educación Pública
y le dijo: "Mira, tengo a un alumno que quiero que entre
al Conservatorio... No, no me digas que no se puede, sí
se puede. Ahorita mismo te pido que des la orden para que
lo admitan". Me acuerdo de la secretaria Esperancita,
a la que el maestro Silva le dijo: "Mira Esperancita,
por favor, pase Usted con el Director para que admita al alumno.
Traes tantos retratos, acta de nacimiento, etc." Fue
así como entré al Conservatorio. Tenía
por tanto tres clases, en la ENM, en el CNM y en su clase
particular, en donde el maestro me daba la clase en el lugar
de algún alumno que llegara a faltar o bien mientras
los alumnos repasaban su repertorio con Lulú. El maestro
Silva me ayudó mucho, no sólo en la música
sino también moralmente. Mi voz se fue poniendo bien
y después era extraordinario cuando ya empezaba a cantar
y a tener cierto prestigio, que al salir de los conciertos
en Bellas Artes por ejemplo, me llegaba a encontrar con la
maestra Bonilla y ella me decía: "¿Verdad
que yo fui tu maestra?" "Yo nunca le dije nada",
pero mi mamá no se contuvo. En alguna ocasión,
en que actuaba también Belén Amparán
en Sansón y Dalila, a la salida estaban varias cantantes,
y entre ellas la Bonilla, y mi mamá se despidió
de todas, menos de ella. Ya en la calle, le dije a mi mamá,
"¿Por qué no saludaste a la maestra Bonilla?
¡Estaba esperando que la saludaras!". "¿Eso
hice?, a ver, ven, vamos adentro". "Perdonen que
las interrumpa, pero es que mi hijo me está diciendo
que soy una grosera, que no distinguí frente a todos
a la señorita Bonilla. Pues bien, yo soy del norte,
y la gente del norte es muy diferente a los que son de Puebla
o de otra parte. Por ejemplo, hasta su dichito tienen, que
dice: Mono, perico y poblano, no lo tientes con la mano, tiéntalo
con un palito, porque es animal maldito. Y yo no la saludé
ciertamente, porque mi beso sería un beso hipócrita,
porque yo sé hablar claramente, sin disfraz para hablar
con la gente." |
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¿Cómo
describiría la clase de su maestro? |
En
primer lugar el maestro Silva tuvo una experiencia maravillosa.
Él estudió aquí en el Conservatorio con
el maestro Marín, y aparte de lo que aprendió
con él, era una persona muy observadora, con muchas
cualidades, no sólo vocales, sino también cualidades
intelectuales. Era un hombre bastante bien preparado, un hombre
con una personalidad fuera de serie. Su propio hijo David,
que fue bastante guapo, era feo en comparación con
el maestro Silva cuando fue joven. Fue el único barítono
mexicano, el único cantante que cantó con Enrico
Caruso cuando éste vino a México, en el Elíxir
de Amor. El maestro Silva fue además, como provinciano,
como michoacano, un hombre muy generoso. Su corazón
era más grande que su propio cuerpo. No era bajo, era
alto, pero su corazón era mayor que él. Su hijo
Francisco tenía una fábrica de zapatos y le
decía, "Mira, a este muchacho mañana le
das dos pares de zapatos". Siempre fue una persona que
en sus manos el dinero le estorbaba para darlo a lo demás.
Una persona desinteresada que lo dio todo y que desgraciadamente
nadie se lo reconoció. Sus mismos alumnos no le hemos
hecho honor a su recuerdo. Por ejemplo, a Angel R. Esquivel,
se le reconocen muchas cosas, fue un gran cantante y actor,
una figura buena en el escenario, muy preparado musicalmente,
pero cuando empezó a dar clases como sustituto del
maestro Silva, lo hizo cuando recién se despedía
de la carrera, carente de la experiencia enorme, de muchos
años, que en cambio tenía como maestro David
Silva. Tuvo que ver también eso, la experiencia. Si
ustedes me preguntara que si enseño canto como lo hacía
hace cuarenta años, les diría que hoy estoy
arrepentido de cómo en aquél entonces lo hacía,
porque ha llegado el momento en que uno debe renovarse y ver
qué es lo que realmente afecta a un artista. Hay alumnos
a los que hay que gritarles y otros a los que hay que hablarles
con cariño. Yo también tuve la fortuna de que
mi mamá me mandó estudiar Psicología
en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Me
decía, "Mira, se acabaron los tiempos en que sólo
bastaba cantar. Conforme más pase el tiempo, la persona
deberá saber más. No necesariamente que te recibas,
pero sí que tengas nociones de psicología para
tener más herramientas sobre cómo poder enseñar
mejor. Cuando seas maestro vas a saber qué medida de
calzado le vas a poner a cada quién. Pero eso sí
te digo, vas a estudiar Psicología, pero también
vas a saber respetar a cada uno. Cada uno de los alumnos tiene
su propia personalidad, sus propias facultades vocales y también
sus defectos, porque no existe la voz perfecta, porque perfecto
solamente es Dios. Entonces todo el mundo está lleno
de defectos, tú tienes que tomar de cada alumno las
cualidades y no quitar las imperfecciones. Te voy a contar
cómo cantó Claudia Muzio o Rosa Raisa para la
que escribió Turandot Puccini. Ellas tenían
ciertos defectos vocales pero eran tan grandes artistas que
nadie podía advertir sus defectos. Era tan maravillosa
su afluencia en el canto que no te daba tiempo a criticarlas.
Todo iba tan lleno de encanto y temperamento que se les perdonaba
todo. Mira, hay un dicho italiano hecho para los cantantes
que dice: El cantante no debe ser desafinado, cantar las notas
altas y estar alto medio tono es incorrecto, pero el calar
es de los artistas, pues es tan grande el temperamento y su
fogosidad que no siempre llegan al tono justo. Es mejor que
un tonto que esté cantando alto, escuchar a otro que
por su pasión cale. Por eso, tú tienes que ver
que tus alumnos sepan cantar. Si alguno tiene un defecto,
que le tiemble la voz. No te preocupes, trata que cante sin
que le tiemble, pero si vez que no se logra nada, déjalo.
Si otro al cantar ves que la lengua le hace como de culebra,
ni modo mi hijito, trata que no la mueva, pues la técnica
dice que el cantar no puede ser así, pero de no lograrlo,
igualmente déjalo."
En el canto siempre cada quien tiene fallas. Yo por ejemplo
tuve mis fallas y siempre las reconocí y hasta hice
vocalizaciones para corregir ese defecto. Mi mamá por
ejemplo me decía que tenía el defecto en el
cambio entre registros, del grave al agudo y pasando la desigualdad
todo era fácil. Hizo sus propios ejercicios, de arpegios
de dos octavas, de tres octavas, y finalmente le salía
maravilloso, pero al momento de estar en el escenario se olvidaba
de todo lo que había estado estudiando, y le salía
su propia voz natural, por lo que no le servían de
nada sus investigaciones, lo que indica que cuando hay una
entrega del artista, no está pensando en ese momento
si una nota debe ponerla aquí y la otra allá,
que salga simplemente y que sea una cosa bonita y que el público
capte la emoción. Por ejemplo, Rosa Raisa nunca llegó
completamente a un agudo al final, y Claudia Muzio tampoco
llegaba plenamente a los agudos, pero cantaban con una emoción
tan grande que cautivaban al público. De qué
se quiere así tener el mejor sonido del mundo si ese
sonido no causa un efecto en el que escucha. "Los peritos
lo detectarán, pero el público sólo dirá
si le gustó o no". Por eso agregaba, "yo
quiero que seas como Miguel Ángel. Él nunca
tuvo un modelo. Una vez tuvo la oportunidad de ver el torso
del Belvedere y lo tomó como un ejemplo para lo que
buscaba. El veía las obras representadas ya en la piedra..
Tomaba el bloque y empezaba a cincelar: así hizo el
Moisés, el David, la Piedad, pero por ejemplo quedaron
inconclusos los Prisioneros, quienes se están queriendo
quitar la parte superior de sus ropas, pues él ya no
llegó a descubrir la cabeza. Así, ante un alumno,
no tomes en cuenta muchas de sus imperfecciones, te tienes
que convertir como en un mago, respetuoso de cada uno de ellos.
Naturalmente se podrán imaginar que he seguido los
consejos tanto del maestro Silva como de mi madre. A ella
le gustaba mucho ir a conciertos, a escuchar a la Orquesta
Sinfónica Nacional y yo siempre la acompañaba.
En alguna ocasión tocaba Jean Pierre Rampal en la Catedral
de Puebla, y de regreso en el autobús me preguntó,
"¿Qué tipo de flauta había usado?
"Transversa mamá". "No, me dijo, el
primer flautista del mundo va en contra de la técnica.
Tocaba la flauta transversa como si fuera flauta dulce. Así
debes tú de ser respetuoso". Es decir, que pese
a que hay reglas que son intocables, él también
busca su propia comodidad, por lo que los alumnos tienen que
saber las cosas con tal soltura, sin ningún amaneramiento.
Todo ello me ha servido a lo largo de los años. Ella
siempre, desde que murió el maestro Silva, todos los
días, hasta su propia muerte, frente a un retrato del
maestro le puso su veladora. "Nunca olvides la gratitud
para con las personas. Yo nunca he olvidado la gratitud e
alguien que me descubrió, alguien que me dio su nombre,
alguien que me hizo que fuera educada. Que siendo muy pobre,
limosnera, una sirvienta, me hizo cantante. Yo a esa persona
eternamente le estaré agradecida." Ella estudió
con Pierson, y él le dijo. "Yo le voy a enseñar
a Usted a cantar, a conducirse, a vestirse". Le cambió
de todo a todo, le puso maestro de italiano, la hizo persona
decente. Fue para con ella más que un padre.
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Evidentemente
en el transcurso de su vida tuvo todo el apoyo de sus padres
para esta profesión.
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Por
supuesto, mi padre era también músico, era pianista
y organista, pues hizo como mi madre su carrera también
aquí en el Conservatorio, pero principalmente lo tuve
de mi madre, y debería agregar, cuando niño,
de Clemens Kraus, protector a su vez de mi mamá. Él
era director de la ópera en Viena. En ese entonces
tuve la oportunidad de entrar con los Niños Cantores
de Viena. Ese fue mi primer contacto con la música
gracias al maestro Kraus, pues sólo se admiten a niños
austríacos o húngaros. Yo no tenía derecho
por ser extranjero, pero él me dio todo su apoyo para
que yo entrara. Allí estuve por varios años.
Viví como interno con los demás niños,
aprendí su repertorio y llegué a interpretar
varios papeles como solista. Uno de los que más éxito
me dio fue en una ópera de Schubert, La Guerra doméstica,
que hizo precisamente dicho compositor cuando era niño
cantor. |
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¿De
alguna forma particular le marcó a usted la formación
vienesa que recibió en la infancia?
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Considero
que sí porque pese a todas las vicisitudes que posteriormente
viví, sobre todo en cuanto a tener una disciplina para
el estudio. Cuando el maestro Silva, empezó a dejar
de darme clases por estar cada vez más enfermo y tener
que irse de la Ciudad de México, luego de haber estudiado
con él por seis años, entré con el maestro
Ángel R. Esquivel, y los casi cuatro años que
pasé con él en realidad fueron muy duros, me
requirieron de todo mi tesón. Mi madre fue entonces
también mi apoyo para sobrellevar esos momentos difíciles. |
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¿Por
qué se inclina Usted más hacia el magisterio
que al concertismo?
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Yo
tuve una gran admiración por el maestro Silva, yo siempre
me sentí como un apóstol del maestro Silva,
lo que constituyó para mí un aliciente de vida,
y que mi propia madre siempre me impulsó a seguir.
En alguna ocasión en que me llegaron críticas
en torno al maestro, ella misma me dijo "una tamalera
no puede tolerar a otra tamalera". El maestro Silva recibía
a todos, aún sin contar con grandes cualidades, y llegaba
a convertir a sus alumnos en cantantes impresionantes. Tenía
unos conocimientos musicales maravillosos. Él nos dejó
una ambición muy grande como para seguir en su mismo
camino, al grado que desde que entré con el maestro
Esquivel, comencé a dar clases y hasta la fecha. He
tenido muchos alumnos. Unos llegaron y otros no, pero son
muchos los que sí llegaron y que hoy en día
cantan en EU y en Europa. Muchos, como Rolando Villazón,
Ana Caridad Acosta, Estrella Ramírez, Teresa González,
Acosta, Miguel Hernández Bautista. Tengo bastantes
alumnos, unos ya murieron, otros aún viven. |
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¿Qué
género vocal le gusta más?
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La
opera, porque fue en lo que yo nací. Uno vive determinado
por el ambiente en que nace. El niño desde el vientre
de la madre es como una esponja que absorbe todo lo que la
madre vive de tristeza, de dolor o de alegría. Así,
a mi me tocó la belleza de vivir el canto desde esos
momentos. Dicen que uno no puede percibir esas percepciones,
pero yo creo que sí se puede, uno vive esas experiencias
desde que se encuentra con su madre. Son experiencias que
me acompañarán mientras viva, de haber amado
la música, de haber vivido en un ambiente musical. |
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¿Con
qué obra debutó como cantante Enrique Jaso?
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Esa
obra fue una cosa ilógica. El maestro Roemer dirigía
una orquesta Sinfónica cuando empezaba canal 4, en
la calle de Córdoba, aunque los ensayos y funciones
eran en el Teatro de la Lotería Nacional. Iba a cantar
una persona el Requiem de Verdi, pero cuando llegó
la función, ya no pudo más. El maestro estaba
muy angustiado a tan sólo un cuarto de hora antes de
la presentación decidió que participara yo.
A partir de entonces las puertas se me abrieron porque el
maestro Tercero empezó a fijarse en mí. Tanto
él como Jesús Estrada, que era investigador
de la UNAM, me empezaron a llamar. Entre las enseñanzas
de mi madre, recuerdo que ella siempre me dijo que un fracaso,
por ejemplo, no era más que una lección que
la vida daba, no algo trágico. |
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¿Cuál
es el compositor al que más admira?
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Tengo
tres compositores, no obstante que a Bellini, Donizetti, Rossini
no los tenga yo en primer plano. Sí los tengo pero
a mí un ejemplo para cantar es Mozart, porque tiene
la cualidad de que supo perfectamente comprender la técnica
del bel canto, y todo lo que escribió fue con un pleno
conocimiento del arte del canto. Además, tuvo la maravilla
de haber sido en su tiempo una persona doctísima en
el italiano, pues lo dominó como si fuera él
mismo italiano. Hizo más obras en italiano que en alemán.
Otro que me subyuga es Verdi, y luego de él, Puccini.
Pero a mí me parece que Verdi es el compositor más
extraordinario, que le habla al corazón. Le pueden
criticar porque su forma de instrumentar y armonizar es más
bien rutinaria, pero dentro de aquél gran "guitarrón"
que para muchos alemanes dicen que es Verdi, hay toda una
tragedia, hay todo lo más hermoso que puede suceder
en el drama, además de haberse adelantado muchísimo
en su época al análisis de la cuestión
psicológica. Todos sus personajes son como si Verdi
los hubiera desbaratado, los hubiera luego armado para nuevamente
hacer. Una psicología por ejemplo particularmente interesante
es la de Rigoletto. Un hombre que nace deforme y por tanto
es despreciado, al grado de sólo poderse colocar en
su sociedad como el bufón del palacio. Un hombre lleno
de maldad, que se burla de todas las personas, pero que tiene
una hija. Que naturalmente trata de quedar bien con su patrón,
y cuando en el primer Acto un hombre llega a reclamar el honor
de su hija ante el rey, al verse parodiado es maldecido en
su propia hija. En ese momento, la parte psicológica
de Rigoletto empieza a trabajar y todo lo que le sucederá
será a partir de lo que él mismo ha llamado
con su mente. La maldición fluye a tal grado que todo
lo que le sucede es prácticamente llamado por él
mismo. Recuerda por ejemplo que acaba de sacar a su hija del
Convento y empieza a nacer en su corazón una gran angustia.
Nadie cree que esa mujer tan bella sea hija de Rigoletto.
Por su parte, Sparafucile le ofrece sus servicios en caso
de que algún día lo requiriese. En un monólogo
Rigoletto se da cuenta de lo parecido que son, pues él
mismo es tan dañino como ese hombre, pues es tan dañino
el que mata físicamente como el que ataca con la lengua.
Empieza a recordar toda su vida y reniega de la naturaleza
por haberlo hecho deforme, negándole la felicidad y
heredándole sólo el llanto., al rebelarse contra
sí mismo, pierde la noción de lo que sucederá.
Acepta que sólo cuando entra a su casa se convierte
en otro hombre al encuentro de su hija. Él pregunta
qué han hecho y ella no comenta que ha conocido en
la iglesia a un hombre con el cual el roce de sus dedos al
momento de ofrecerle éste el agua, ha hecho que se
enamore de él. Ese hombre no es sino el propio rey,
que en la vida real fue Francisco I, Tribolé en la
ópera. Así pues, hizo de cada personaje una
obra psicológica, como lo mismo ocurre con Otelo, con
Yago. Nadie comprende a Verdi cuando se conocen los estilos
musicales. Por ejemplo, en su estilo el trino es muy similar
al de Mozart, lento. Su inteligencia fue maravillosa, pues
no obstante no haber estudiado en un Conservatorio, tuvo una
inspiración que muy pocos compositores han logrado.
No obstante al igual que Bellini fue creador de maravillosas
melodías, yo considero que más se identificó
con Mozart. Puccini es en cambio otra época, todos
son románticos. No es la era del bel canto, aunque
como buen italiano es rey de la melodía y la tragedia,
pero en una forma más calmada, menos agresiva que la
de Verdi, cuya música es agresiva y te hace agarrarte
de la butaca. Basta oír por ejemplo el preludio de
la Traviata y empiezas a llorar, no obstante de que aún
no ha empezado la ópera. En algún momento a
Rossini le preguntaron qué se necesitaba para ser cantante,
él dijo que tener voz. Y cuando se lo preguntaron a
Verdi, éste dijo, "en primer lugar tener talento,
tener corazón y una poco de voz", cuando a Verdi
precisamente nunca se le podría cantar con un poco
de voz. |
¿Qué
operas elige para montar en sus talleres de ópera tanto
en el Conservatorio Nacional de Música como en la Escuela
Nacional de Música de la UNAM? |
Las
óperas que he puesto es porque quiero que mis alumnos
no sean orejeros. Que no canten por lo que escuchen, sino
por lo que han aprendido. Ese ha sido mi sistema, además
un maestro siempre debe estar investigando, redescubriendo
algo que ya se descubrió pero de lo que no se ha publicado
mucho. Por eso les pongo mucho Mozart, Rossini o Donizetti.
Son óperas que les pueden servir mucho a los alumnos.
Siempre he pensado que el alumno no debe entrar a la tragedia
desde el principio, debe hacerlo una vez que ha abordado la
comedia, ciertas cosas que le habrán de formar y que
también, a través del tiempo, el alumno sabrá
qué género podrá abordar, en cuál
se habrá de definir, si en el papel cómico o
en el serio. No todos deben ir para hacer grandes dramas,
pueden también hacer brillantes papeles cómicos.
Para
mí la pantomima, que es maravillosa, debe ser abordada
por los alumnos durante su formación, y sólo
con el tiempo se podrá definir cuál es la especialidad
del alumno. La obra belcantista de Rossini sirve mucho porque
es técnica, igual que la de Mozart. Es como si a un
alumno que se inicia en el piano, nunca se le pusiera Bach
o Mozart. Por más que estudiara nunca sería
un buen pianista. En su momento tendrá que poner Chopin
o Liszt, pero a su momento, pues sobre todo las de éste
último son demasiado bravas y escabrosas par alas manos.
Por ello se requiere de toda una formación previa.
A todo alumno o a toda la gente le gustaría cantar
de inmediato obras e Puccini o Verdi, pero sólo lo
podrá hacer cuando sepa cantar. Primero hay que explorar
lo que tiene, desarrollar la técnica y formarlo en
la comicidad. Sólo después abordar la tragedia.
Se tienen que aprender obras de distintos géneros,
y sólo cuando estén verdaderamente formados
los alumnos incursionar en óperas difíciles
de interpretación o vocalmente, cuando el compositor
exige por ejemplo grandes extensiones. Sólo cuando
el cantante esté en plenitud de sus facultades puede
abordar obras tan difíciles como Payasos o Cavallería
Rusticana. La última vez que cantó Giuseppe
Di Stefano en L'Arena di Verona, cantó precisamente
Payasos y toda la gente lloraba y gritaba cuando cantó
"No, pagliaccio non son...", pero no obstante que
dicha obra no fue de su repertorio usual, él la interpretó
como pocos, con su gran histrionismo. Para mí él
ha sido el más grande de todos, que siempre quiso ser
auténtico, y al que los directores de escena no podían
decirle cómo actuar porque él inmediatamente
se rebelaba. Tenía una presencia única, que
como nadie interpretaba Werther, La Bohemia, Fausto, al grado
que tan sólo con salir a y saludar hacía suyo
al escenario. Eso no se ve todos los días. Para mí
Di Stefano fue mi Caruso, máxime que yo nunca escuché
a Caruso. Él es el Caruso del siglo XX. En México
el público lo quería mucho, lo adoraba, aún
la última vez que vino, qué personalidad. Es
gente que ya viene ungida. La misma maestra Alberta Castelazzi,
que fue compañera en el Conservatorio de Milán
de Di Stefano y de Cesare Siepi, nos lo comenta. Tenía
además un briíllo extraordinario en los ojos
que impactaba e hiptonizaba. Algo fuera de serie. Para algunos
su técnica podría haber sido defectuosa, pero
cuando lo descubrió Tulio Serafín y lo llevó
a estudiar con Luigi Montesatto, el que estrenó Il
Tabarro en el Metropolitan, le dijo: "Quiero que le pongas
repertorio, pero nunca te metas con la voz". "Pero
es que esa impostación va a durar poco tiempo".
"Que dure poco tiempo, con letras de oro quedará
escrito su nombre en la historia. No te metas en corregirle
la voz". Allí tienes una prueba de lo que decía
mi madre en cuanto a que l arte del canto debía ser
lo más natural. En el caso de las mujeres yo siempre
he admirado a Renata Tebaldi, para mí su voz fue uno
de los más maravillosos instrumentos. |
Maestro,
¿qué palabras podría dirigir a los alumnos?
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Miren,
lo mejor que podría yo desear a cada uno de ellos sería
que imitemos las virtudes de nuestros grandes. Ese ha sido
mi ejemplo, esa ha sido la forma en que yo he tenido éxito.
El éxito ha llegado por haber aprendido de mis maestros,
tanto los de solfeo, como los de armonía, contrapunto,
análisis, ellos me enseñaron un camino, me introdujeron
en él, y gracias a sus sabios consejos y al hecho de
haberlos podido imitar, salí adelante. El alumno debe
imitar como yo mismo imité a David Silva. Para mí
el maestro Silva fue una persona que no solamente daba la
enseñanza de la técnica del bel canto, sino
sobre todo la enseñanza moral la caridad. Siempre que
nosotros tengamos enfrente a una persona y la podamos ayudar,
todos seríamos reos d culpa si no lo hiciéramos.
Podrán llegar alumnos llenos de cualidades o alumnos
sin la menor de ellas, pero cada maestro tiene que sembrar
en todos y cada uno ese amor que siente por la música
y dar más de tu tiempo a esas gentes que no tienen
todo para lograrlo pero que tienen las ganas para hacerlo,
y quizás esas ganas y ese empeño puedan suplir
la falta, la carencia de capacidad para lograrlo. Eso es lo
principal, y es por lo que tenemos que luchar. Tener más
que nada caridad. Tener más que nada NO amor al dinero,
por que ello nos limita. El artista, es muy triste que el
verdadero artista no sea millonario. El verdadero artista
muere pobre, muere casi olvidado, como acaba de suceder aquí
en México con Ramón Vinay, que vino a morir
aquí, el país que tanto quiso, que se internó
en un asilo de ancianos y allí murió, y ya luego
se lo llevaron a Chile, su patria en donde lo recibieron con
honores. El que fuera el primer Otello del mundo, que cantó
hasta Wagner, vean, la ingratitud. Pero la satisfacción
de haber dejado algo, de haber sembrado como David Silva nos
enseñó a sembrar cariño, comprensión
hacia los demás. Así nosotros debemos de imitar
las virtudes de esos grandes hombres. Debemos de imitar toda
la maravilla que fueron esos hombres. Cómo es posible
que un artista tan grande como lo fue Giuseppe Di Stefano,
lo sostenga el gobierno italiano porque es pobre, no tiene
dinero. Y los Domingos, los Pavarottis, los Carreras, todos
ellos millonarios, y él, que fue superior a todos ellos,
en la pobreza. Ven..., pero fue feliz, dio lo que pudo y dejó
una marca que nadie podrá borrar. Porque hay marcas
que no se borran, sobre todo el amor, el cariño que
brindó, eso es lo principal que tiene que movernos.
Eres feliz, no tienes nada, pero tienes mucho. Para mí
lo espiritual es más grande que lo material. Lo demás
es una cosa que no, como dice el dicho, el dinero no es la
felicidad, son otras cosas las que constituyen la verdadera
felicidad. Yo creo que por ejemplo, el momento de ser feliz
en una pareja, es cuando cada uno respeta las ideas del otro.
Saber haber escogido en la vida., yo también tuve mi
felicidad, mis padres se supieron escoger, se supieron perdonar
muchas cosas. Ambos se equilibraron, pues ninguno somos una
"perita en dulce", aún con todo el arte que
podamos hacer. |
Maestro
Enrique Jaso, hombre de una cultura excepcional, ¿qué
recomendaría para que en México se otorgaran
mayores recursos a la educación artística y
a la ópera?
|
En
primer lugar, confiar en nosotros mismos. México, y
que lo digan aún los extranjeros que han vivido aquí,
si tú no confías en lo que produces, si no tienes
fe en lo que produce tu país, no crees en ti mismo.
Quienes ocupan el INBA, deben ser gente que ame lo que está
produciéndose en México, que no sean enemigos
de la ópera, pues parece que fueran sus enemigos, apoyando
producciones horribles. Antes venían Di Stefano, Del
Monaco, la Simionato, pero también alternaban mexicanos
con ellos, como era el caso de Irma González, Rosa
Rimoch, Gilda Cruz, Oralia Domínguez, Belén
Amparán, y tantos casos de mexicanos que han sido triunfadores
en el extranjero y que en México no se les da cabida.
El mismo Araiza nunca tuvo apoyo aquí. Todo artista
llega a su momento climático, pero no hay apoyos para
promover a los artistas nacionales.
Hay
un gran desconocimiento sobre el arte por parte de quienes
producen los espectáculos. Il Trovatore que recientemente
se presentó es un claro ejemplo en el cual, habiendo
cantantes mexicanas como Estrella Ramírez, se trabajo
de fuera a una gran cantante pero que no reunía las
características vocales que requiere un papel como
el de Azucena. Ello, independientemente del concepto del montaje
que se realizó de la ópera, completamente alejado
y distorsionado con relación a la concepción
verdiana original. A estrella por ejemplo, son 12 años
que no le llaman de Bellas Artes y por eso yo siempre la hago
cantar. Hasta eso saqué del maestro Silva, quien cuando
a uno le fallaba un agudo, él decía, "¡repítelo,
porque tú lo tienes!". No deben permitirse mafias
impreparadas, pagadas en dólares, que relegan a los
egresados del CNM, de la ENM, de la ESM, y que sólo
apoyan a quien se integra a ellas. Hay que acabar con esas
mafias, no acabar con el arte y poner gente que verdaderamente
sepa manejar el asunto. Personas especializadas y formadas
verdaderamente en sus respectivos campos. Yo nunca admiré
a Fanny Anitúa, pero hasta ella un día sacó
de Bellas Artes a Carlos Chávez y a Jesús Bal
y Gay, diciéndoles que no eran personas que amaran
la ópera ni la música, llegando a repartir entre
las personas panfletos en su contra. Cuando menos tuvo valor,
valor de defender lo suyo. De qué sirve estudiar en
instituciones como las que referí, si no habrá
luego fuentes de trabajo, si no se tendrá nunca la
oportunidad de actuar ni de ir integrando un curriculum para
luego poder salir al extranjero. En Europa por ejemplo, cuando
algún artista sale de su patria es porque ya tiene
una trayectoria en ella y después va a demostrar al
mundo lo que es su patria. Caruso por ejemplo, primero se
hizo en Italia y después fue a demostrar al mundo quién
era él, y se convirtió en el rey. Tita Rufo,
a quien adoraba mi mamá, que llegó a ser el
mejor barítono en su tiempo, luego de haber sufrido
tanto, sin amigos, lleno de tristeza, luego de haber ganado
más que el propio Caruso, que se quitaba la ropa para
que su mujer se la lavara y luego se la volvía a poner,
murió en la miseria más espantosa, más
grande, olvidado por todos. Es lo que les digo, los grandes
artistas mueren pobres, vivieron su momento pero nunca pensaron
en el brillo del dinero. Pensaron en un arte, vivieron para
el arte. Mi mamá me decía, "Si no me hubiera
yo casado con tu padre hijo, estaría en el Zócalo
pidiendo caridad con un botecito". Eso sí hay
que aconsejar a las autoridades, que si hay que cambiar gobierno,
un papel primordial debe tenerlo la cultura, porque es lo
que hace que trascienda un pueblo. El trabajo es maravilloso,
la producción, pero sobre todo la producción
artística es maravillosa porque el arte no tiene límites.
El arte tiene que tener un lugar, un trono dentro de la sociedad.
Yo me imagino al arte como un rey lleno de brillantes, de
las piedras más preciosas, con su cetro, reinando a
la humanidad.
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Gracias
maestro por lo que nos ha permitido compartir.
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Hay
que separarse uno de este mundo dejando huella de algo de
lo que pudo uno hacer para que otros mejoren tu huella, siempre
hay que mejorar lo que uno aprendió. Yo soy feliz,
pues digo la verdad, lo que me parece y lo que no me parece.
Nunca hay que tener hipocresía para decir la verdad,
que no peca pero incomoda. No sólo hay que acariciar,
también hay que dar jalones de orejas. |
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conservatorianos@hotmail.com |
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