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El
ARTE de la música tiene en los diversos canales de
comunicación, electrónicos principalmente, los
medios ideales para una amplia y profusa difusión entre
los jóvenes en mayor número, quienes en su ambición
incipiente piden algo distinto, nuevo, para satisfacer sus
inquietudes o ideales diferentes a los de las generaciones
que les antecedieron. Así, vemos y escuchamos que surgen
variantes en las diversas manifestaciones artísticas,
desde la expresión plástica, hasta en la música,
a la manera de modas pasajeras, que escasa huella dejan al
paso del tiempo. Pero casi todos coinciden en que la obra
de Juan Sebastián Bach trascendió todo tiempo
y espacio, fruto de un espíritu genial y fecundo
La
Pasión según San Mateo, la Misa en Si menor,
el Oratorio de Navidad, la Pasión según San
Juan, cantatas, fugas, sonatas, conciertos, tocatas, entre
numerosas composiciones que escribió en el transcurso
de sus 65 años de existencia, es indiscutible que poseen
una fuerza de atracción universal. Aunque para los
alemanes tendrán una importancia particular, porque
por ejemplo los oratorios célebres son reconocidos
como el resumen de todo lo que aprendieron desde su infancia,
en los grandes corales tradicionales, que son su herencia
particular.
Precisamente,
el gran maestro alemán nacido en Eisenach, el 21 de
marzo de 1685, es ahora recordado, sobre todo en el mundo
occidental, en el 250 aniversario de su desaparición
física, el 28 de julio de 1750, en Leipzig. Su fructífero
talento en el arte musical agiganta su mérito en ese
cuarto de milenio, ya que pareció quedar en el olvido,
y aunque al público moderno los gigantescos movimientos
corales le conmueven menos que la dramática música
de la Pasión, hay partes tan esplendorosas que se catalogan
entre lo más grandioso que se ha concebido.
Y
aunque la modesta y sencilla vida de Juan Sebastián
Bach hizo pasar inadvertida a sus contemporáneos su
grandeza de genio, desde muchacho ya se le consideraba un
virtuoso, como organista, en el clavecín, el violín
o el violoncello. A los 15 años obtuvo una plaza de
soprano en el coro de la escolanía de San Miguel de
Lüneburg, estuvo en Arnstad, Mülhausen y Turingia
-donde escribió sus primeras cantatas-, entre otras
ciudades. En Weimar se le nombró maestro de conciertos,
y jóvenes estudiantes de música sacra acudían
a doctorarse con el "famoso Bach".
En
todos los cargos oficiales que desempeñó, Bach
gozó de gran fama y buenos sueldos. Hasta su permanencia
definitiva como "cantor" de la iglesia de Santo
Tomás, de Leipzig, el cual desempeñó
durante los 27 años siguientes en medio de grandes
disgustos y conflictos con dignatarios y autoridades; aunque
también acumuló honores y triunfos hasta el
final de su vida, a los 65 años de edad, el 28 de julio
de 1750. Sólo que la mayoría de su obra quedó
ignorada durante más de cien años, hasta que
el célebre Félix Mendelssohn Bartholdy, diera
a conocer el oratorio La Pasión según San Mateo,
una de las más hermosas composiciones musicales de
todos los tiempos.
Vale
detenerse en esta obra monumental. Para interpretar La Pasión
según San Mateo se requiere de dos orquestas, un órgano,
dos coros de cuatro secciones cada uno, un coro de niños
cantores y un grupo de solistas; su duración es de
cuatro horas. La grandiosa entrada de los coros anuncia el
tema: las orquestas y los coros entrelazan su contrapunto
hasta fundirse en una sonora intensidad. Bach emplea cadencias
impregnadas de tristeza, gritos de ira, trozos de exultación
ascendente, todo en su propio lenguaje musical.
Al
igual que otros muchos músicos de la época barroca
que permanecían olvidados, hasta finales del siglo
XIX y principios del XX, cuando empezaron a ser difundidos
gracias a la radio, el fonógrafo y los discos de pasta
y posteriormente de acetato, en discos compactos y el DVD,
lo más avanzado -hasta el momento- en reproducción
de música. Gracias a ello se han vuelto reconocidos
nombres como el de Antonio Vivaldi, Domenico Scarlatti, Henry
Purcell, Jorge Federico Haendel, entre otros autores del arte
barroco musical. Pero el mayor mérito de Bach es su
influencia en las generaciones siguientes, desde su época
hasta nuestros días, se asegura que incluso en la música
de jazz.
Los
virtuosos actuales, al estudiar la ejecución de la
obra de Juan Sebastián Bach coinciden que su música
refleja su pensamiento, su calidad humana, su carácter,
y concluyen que sólo pensaba en servir a Dios a través
de su obra, sin importarle la posteridad, su ambición
no trascendía los límites de Leipzig y de su
iglesia de Santo Tomás. Por lo que una vez ejecutadas
sus creaciones, las guardaba en carpetas que ahí permanecieron
por centurias. De ahí se colige que su talento primigenio
sólo tenía al Creador como impulso esencial
de su vida y su obra, como las almas ajenas a mezquindades
o pragmatismos, porque priva en cuanto realizan su alabanza
a Dios y a sus símbolos.
JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA Y CARRANCÁ
Doctor
en Derecho. Catedrático de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Presidente del Tribunal
Superior de Justicia del Distrito Federal. Conferencista y
ponente en múltiples congresos nacionales e internacionales.
Editorialista en diversos periódicos de circulación
nacional. Es autor de una numerosa obra escrita, jurídica,
pedagógica y cultural.
jlgac@hotmail.com
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