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EL
SIGLO XIX: CAMINO HACIA LA MAYORÍA DE EDAD
En
el mismo tiempo en que Beethoven estaba componiendo su magnífica
sonata Claro de Luna, Buenos Aires seguía transformándose
y adquiriendo una nueva fisonomía. La actividad artística
-en especial, la musical- crecía sólidamente
debido al cada vez mayor número de música y
músicos que llegaban desde Europa con las últimas
técnicas y distintas novedades de lo que allí
ocurría. Pero también la admirable labor de
los músicos criollos, aborígenes, negros y mulatos
ayudaba a sostener y a alentar un quehacer que se iba dimensionando
y expandiendo con sostenido impulso.
Entre
los primeros grandes acontecimientos del siglo XIX sobresale
la construcción del Coliseo Provisional, un teatro
que la ciudad necesitaba debido al incremento de la actividad
cultural, que se instaló en una casa refaccionada frente
a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, en la
esquina de las calles Reconquista y Cangallo (hoy, Teniente
General Juan Domingo Perón).
Este
hecho lo menciono porque el Coliseo tenía una orquesta
cuyo director era el maestro español Blas Parera, nacido
en Barcelona en 1765 y fallecido en la misma ciudad hacia
1830. Nuestro recordado Maestro Blas -así lo llamaban
cariñosamente quienes lo conocían- fue el autor
de la música del Himno Nacional Argentino y en Buenos
Aires cumplió una labor tan intensa como relevante,
desempeñándose como organista de la Catedral
y de las Iglesias de la Merced y San Ignacio. Además,
a su tarea de director de orquesta unió la de compositor
y la de respetado maestro de clave, violoncello y canto.
La
enseñanza musical continuaba en manos de instituciones
religiosas y de músicos que impartían sus clases
de manera particular y personalizada en las residencias porteñas,
cosa que también ocurría en el interior del
territorio argentino, en especial en las ciudades más
importantes.
Pero
a principios del siglo XIX ocurre otro de los acontecimientos
de real trascendencia: el flautista y clarinetista Víctor
de la Prada -que se había perfeccionado en Francia-
funda en Buenos Aires la Academia de Música Instrumental
después de cumplir actuaciones en la Catedral de Córdoba
hacia mediados de 1806.
La
sala del Protomedicato -el tribunal donde se examinaba a los
futuros médicos- sirvió de sede de la Academia
y allí se formaron -entre otros- los músicos
negros mendocinos que, enviados en 1810 a Buenos Aires, integraron
seis años después la banda del octavo batallón
del Ejército de los Andes.
Como
se observa, la Academia se constituía entonces en la
primera escuela de formación de instrumentistas al
margen del ámbito específicamente religioso.
Cabe
sólo agregar otros nombres de músicos y docentes
que dejaron su huella en esta ciudad: el norteamericano David
de Forest -quien residió en la casa de Bernardino Rivadavia-,
Manuel Espinosa -quien fue director de la Orquesta de la Catedral
e integró la Orquesta del Coliseo Provisional hasta
el gobierno de Juan Manuel de Rosas- y el italiano Cayetano
Lino Loforte -director de orquesta que también actuó
en la Catedral, en el Coliseo Provisional y al frente de bandas
militares-.
1810:
UN AÑO DECISIVO
Después
de la Revolución de Mayo de 1810 se produjo una actividad
musical de gran significación que iría en aumento.
El
11 de noviembre de ese año se presentó en Buenos
Aires -en el Coliseo Provisional- el famoso cantante italiano
Pietro Angelelli, quien venía de actuar en el Teatro
Alla Scala, de Milán, y en otros centros europeos importantes
como Venecia, Madrid y Lisboa. Su éxito fue clamoroso
y se quedó en Buenos Aires hasta junio de 1811 cumpliendo
distintos compromisos; pero lo importante, en función
de lo que aquí se está desarrollando, es que
Angelelli dio clases de solfeo, piano y canto sumándose,
así, al grupo de maestros que impartía sus enseñanzas
a la sociedad porteña.
Entre
acontecimientos históricos de distinta índole
que aquí no vamos a mencionar, la actividad musical
siguió avanzando lenta pero sin interrupciones. Llegamos
de este modo a una de las grandes figuras musicales del siglo
XIX: el compositor porteño Juan Pedro Esnaola (1808-1878),
sobrino de quien fuera presbítero de Buenos Aires,
el ya mencionado José Antonio Picasarri (ver "La
educación musical en Argentina", Segunda parte);
justamente fue éste quien enseñó a Esnaola
las primeras nociones musicales que el joven acrecentaría
en Europa al tener que viajar junto a su tío, en 1818,
por cuestiones políticas. Superadas las trabas puestas
anteriormente por Juan Martín de Pueyrredón,
Esnaola y su tío Picassarri retornaron en 1822 a Buenos
Aires gracias a la Ley de Amnistía promulgada por el
gobierno de Martín Rodríguez y su ministro Bernardino
Rivadavia. A partir de este momento, ambos comenzaron a desarrollar
una tarea cuyos magníficos resultados se hicieron notar
rápidamente.
Entre
1847 y 1849, Esnaola hizo una primera versión del Himno
Nacional Argentino -cuya música original se había
extraviado- sobre la base de lo que había escuchado
en su juventud. Esta versión está hoy depositada
en el Museo Histórico Nacional, en Buenos Aires, y
formaba parte del álbum de música de su discípula
Manuelita Rosas y Ezcurra, hija de Juan Manuel de Rosas y
de su esposa Encarnación Ezcurra.
Más
adelante, 1859, Esnaola haría una segunda versión
del Himno por pedido de Francisco Faramiñán,
director de bandas militares.
Con
uno de estos datos ubicamos a Esnaola como maestro de música.
Y es en este preciso momento que este músico se transforma
en un precursor de la enseñanza musical institucionalizada
al fundar poco después de su arribo la Escuela de Música
y Canto con Picasarri como director. Sin embargo, el gran
logro en el campo de la pedagogía musical se producirá
en 1874 al crearse -por decreto oficial- la Escuela de Música
y Declamación de la Provincia de Buenos Aires en la
que se pone a su frente, como presidente de la Comisión
rectora del establecimiento, al maestro Esnaola. La Escuela
se instala al año siguiente en la ciudad de Buenos
Aires, en una casa ubicada en la esquina de las calles Esmeralda
y Cuyo (en la actualidad, Sarmiento), y con 506 alumnos y
65 profesores, inicia su actividad impartiendo Composición,
Historia de la Música, Solfeo, Lectura Musical, Canto,
Declamación, Piano, Órgano, Violín, Viola,
Violoncello, Contrabajo, Arpa e Instrumentos de Viento (madera
y metal).
LA
SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
A
partir de 1860 comienzan a llegar a Buenos Aires otros músicos
extranjeros de renombre que van consolidando la cultura de
la Argentina. Se puede mencionar a los italianos Clementino
del Ponte y Gaetano Gaito, este último padre del compositor
argentino Constantino Gaito. Ambos -el primero, pianista,
y el segundo, violinista- formaron a los primeros grandes
músicos argentinos, algunos de los cuales luego se
perfeccionaron en Europa para retornar más tarde al
país y aplicar aquí la experiencia adquirida.
La
enseñanza musical comenzó a divulgarse institucionalmente
a través de dos frentes: el estatal y el privado. En
1880, el compositor Juan Gutiérrez funda el Conservatorio
de Música de Buenos Aires y esta serie de creaciones
impactará también en el interior del país
donde en Córdoba, en 1883, ya funciona un Instituto
de Estudios Musicales.
Buenos
Aires ve nacer en 1893 un nuevo Conservatorio de Música
de Buenos Aires; su fundador es el compositor Alberto Williams,
en ese momento un enjundioso joven de 31 años de edad
llegado de Europa donde, en el Conservatorio Nacional de París,
había estudiado -entre otros- con César Franck.
El
hoy llamado Conservatorio Williams fue la primera gran institución
de enseñanza musical de la Argentina; su cuerpo de
profesores reunía a lo más selecto de la música
porteña de entonces, entre ellos Clementino del Ponte,
Julián Aguirre, Pietro Melani y el propio Williams.
Los alumnos que allí se formaron llegarían a
ser años después reconocidos músicos:
Celestino Piaggio, Celia Torrá, Pascual de Rogatis
y Ernesto Drangosh.
Hacia
fines del siglo existen también en Buenos Aires otros
Conservatorios, de origen privado, entre los que puede mencionarse
una Escuela de Música, creada por Ricardo Pérez
Camino, y el Conservatorio Santa Cecilia fundado en 1894 por
Luis Forino.
Al
estar arribando al comienzo del siglo XX, las mejores condiciones
se estaban dando para la enseñanza musical argentina.
Este será el tema de nuestro próximo encuentro.
JULIO
CÉSAR GARCÍA CANEPA
Originario
de Buenos Aires, Argentina. Pianista, compositor y director
de orquesta. Regente interino del Conservatorio Nacional Superior
de Música "Carlos López Buchardo"
de Argentina. Catedrático del Conservatorio Nacional,
del Conservatorio Superior de Música "Manuel de
Falla" y del Instituto Superior de Música "Santa
Ana" de las materias de Acústica y Organología,
Historia y Estética de la Música, Música
de Cámara y Rítmica Contemporánea. En
1985 fue estrenada en el Carnegie Hall de Nueva York su obra
pianística Momentos
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