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El
arquitecto italiano Adamo Boari, entre los años de
1897 y 1899, trabajó en la ciudad de Chicago y realizó
al mismo tiempo algunos proyectos para el estado de Jalisco
y la ciudad de México. Entre los más importantes
están el templo Expiatorio en la ciudad de Guadalajara,
y su participación en el concurso para el proyecto
del Palacio del Poder Legislativo de México, obteniendo
el segundo lugar, en tanto que el primero fue declarado desierto,
por lo que Boari siempre reclamó que él había
sido el ganador del concurso. Posteriormente, en 18991 Boari
se estableció de manera definitiva en la ciudad de
México y trabajó en el proyecto y construcción
del edificio de correos entre 1902 y 1907 junto con el ingeniero
mexicano Gonzalo Garita, gran conocedor del subsuelo de la
ciudad de México, motivo por el cual hoy podemos apreciar
el Palacio Postal en perfecto estado estructural y a nivel
conforme al piso de la calle.
El
Gobierno de México encargó a Boari la realización
del proyecto del Teatro Nacional (Palacio de las Bellas Artes)
mismo que realizó entre 1902 y 1904, y se inicia la
construcción del mismo bajo su dirección2, rodeándose
de técnicos y artistas, todos extranjeros. El único
mexicano que participó en un principio en el proyecto
fue el ingeniero Garita, que se encontraba trabajando en la
obra del edificio de Correos.
Boari
hizo a un lado a Garita del proyecto del teatro, después
de que le presentó la propuesta de cimentación
y estructura para el nuevo Teatro Nacional, argumentando que
el costo era elevado y en su lugar contrató al ingeniero
William H. Brikmier de Nueva York para que realizara nuevamente
los cálculos de la cimentación y estructura3.
Más tarde la construcción fue realizada por
la casa Milliken Brothers de Chicago con los resultados que
hoy podemos ver, hundimiento que comenzó desde el inicio
de la construcción, hasta llegar a más de dos
metros en el lado norte.
Durante
el proceso de la construcción, Boari modificaba los
términos de los contratos, los tiempos y costos, razón
por la que se demoró e incrementó el presupuesto
original que presentó en 1904 de 4 millones a 12 millones
que llevaba gastado en 1910, fecha en que se comprometió
a terminar la obra para inaugurarse en los festejos del Centenario
de la Independencia, aún cuando faltaban por concluir,
entre otras obras, la cubierta y los interiores.
Una
de las obras que Boari sí concluyó del interior
del teatro, fue el telón contra incendios. La idea
de que el telón fuera contra incendios fue debido a
que en aquella época eran frecuentes los incendios
en los foros de los teatros, y ya iniciado el siniestro se
pasaba a la sala donde se encontraban los espectadores. Boari,
para proteger al público proyectó un armazón
de acero con doble pared con un recubrimiento de lámina
acanalada en la cara que da al foro, y por el lado que da
a la sala, con un recubrimiento de cristal opalino colocado
sobre concreto. El telón de esta manera, es una especie
de compuerta para proteger a los espectadores en caso de iniciarse
un incendio en el foro.
Boari,
con la idea de un diseño de un ventanal viendo un paisaje
del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, que tomó
de las ventanas de las oficinas de Palacio Nacional, encargó
al artista–artesano Géza Maróti de Hungría,
la primera propuesta de telón de cristal para el Teatro
Nacional, propuesta que no aceptó Boari, fabricando
finalmente dicho telón la casa de Louis Comfort Tiffany
de Nueva York, la más destacada del Art Nouveau en
América, que lo realizó con cristales no transparentes
(opalescentes). El artista que hizo el diseño fue Harry
Stoner, diseñador de escenarios y pintor, enviado por
la casa Tiffany a México a realizar el estudio y dibujo
con la idea de Boari de las montañas nevadas del Popocatépetl
y el Iztaccíhuatl vistos a través de un ventanal.
El
telón cuenta con 206 tableros cubiertos con cerca de
un millón de teselas de cristal refractario e iridiscente4,
con un peso aproximado de 27 toneladas y dimensiones de 14
m de ancho por 12.50 m de altura y 32 cm de espesor.
La
construcción de la estructura y soporte, así
como el mecanismo lo hicieron dos casas alemanas, Vereignitemaschinengábrik
y Maschinenbaugesellschaft. Fue exhibido en Nueva York antes
de ser enviado por barco a la ciudad de México5. Esta
obra de arte aplicado es única, ya que no se hizo otra
para ningún otro teatro del mundo6. En marzo de 1916,
Adamo Boari salió de México hacia Italia para
no regresar más, sin concluir el Teatro Nacional. Años
más tarde, entre 1930 y 1934, concluye la obra el arquitecto
Federico Mariscal, modificando el proyecto original de Boari
en lo que se refiere a los interiores, ya que su destino cambió
de teatro a sede de una institución nacional de carácter
artístico, albergando varios museos y cambiando su
nombre de Teatro Nacional por el de Palacio de Bellas Artes.
A Mariscal correspondió también realizar la
decoración de los interiores en Art Decó, el
estilo en boga de esos años.
NOTAS:
1 La Construcción del Palacio de Bellas Artes, Instituto
Nacional de Bellas Artes, México, 1984, p. 295.
2
Ulloa del Río, Ignacio, Palacio de Bellas Artes, México,
2000,, p.36.
3
Ulloa del Río, I., ob. cit., p. 30.
4
Cristal Tiffany, Ed. Mateos, España, 1999, p.38.
5
Cristal Tiffany, ob. cit., p. 46. Este cristal era distinto
al que se fabricaba en otros lugares. Tiffany lo utilizaba
con mucho éxito en jarrones con forma de flor con tallos
muy esbeltos.
6
Ibidem, p. 47.
ROGELIO
GONZÁLEZ MEDINA
Arquitecto
por la UNAM y pasante de maestría en Historia de la
Arquitectura Mexicana por la Universidad Autónoma Benito
Juárez (UABJ) de Oaxaca. Actualmente es Subdirector
de Investigación y Conservación del Patrimonio
Artístico Inmueble del Instituto Nacional de Bellas
Artes y Literatura y catedrático del Instituto Tecnológico
de Estudios Superiores de Monterrey. Ha sido docente y coordinador
del Departamento de Investigaciones Arquitectónicas
de la UABJ y director del Centro Regional Oaxaca del Instituto
Nacional de Antropología e Historia. Es autor de libros,
artículos y ensayos y ha editado diversas obras sobre
arquitectura y antropología..
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