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El
arte de Euterpe es una de las manifestaciones del espíritu
humano más antiguas que se conocen, por lo cual no
es extraño encontrar que la historia haga menciones
múltiples de ellas en cuanto a su uso por los pueblos
más antiguos, por ejemplo, en la Biblia (Génesis,
IV, 21), texto testimonial en la cual un descendiente de Caín,
Jubal, es titulado en el pueblo hebreo como "padre de
cuantos tañen el órgano y la flauta".
Igualmente
hay referencias documentales de los chinos en las cuales atribuyen
al emperador Fou-Hi, 3,462 años a. C., ser el inventor
del kin o lira y del sse o guitarra de treinta y seis cuerdas,
o los egipcios que aseguran que fue Hermes Trimegisto quien
primero fabricó la lira, 2,000 años a.C., con
una concha de tortuga y tendones de animales.
También,
según la misma fuente, serían de origen egipcio
el arpa triangular, la flauta y el salterio, instrumento este
último del cual derivaron el clavicordio y el piano
forte, mientras que también a los hebreos les cabría
el honor de haber inventado la cítara, la pandera y
la trompeta; a los asirios, el pentacordio o lira de tres
cuerdas (tricordio), a los fenicios la flauta larga, a los
sirios el triángulo metálico, a los griegos
de Alejandría el órgano hidráulico, a
los árabes el kissar que dio origen a la guitarra y
el eour de donde se derivaron la bandurria y el laúd
y, en fin, parémosle aquí porque sería
un cuento de nunca acabar.
Sólo
hay que recordar, porque es fundamental si se pretende reflexionar
sobre el raciocinio musical y la espiritualidad y no sólo
la emisión o producción de sonidos informes
y primitivos, que no es sino hasta la Grecia Clásica
-siglos VI y V a. C- cuando Pitágoras y los pitagóricos,
asociados al culto de Dionisos, el Baco romano, que el ser
humano entiende la teoría física de la propagación
de los sonidos mediante la vibración, al tiempo que
establece por vez primera las normas técnicas relativas
a los tonos y los semitonos.
No
obstante Pitágoras, es justo decir que antes de él
ya los griegos le atribuían a Mercurio y al sátiro
frigio Marsias -y su discípulo Olimpo Frigio- la invención
de la lira, con tres cuerdas y tres notas, mi, fa, sol.
Después,
las musas le habrían agregado otra nota, la, en tanto
que por último, Orfeo -no el de los Infiernos de Los
cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach- y su hermano Lino
descubrían si, do, re, constituyéndose así
las siete notas -y el hepsacordo- de la escala musical que
hasta la fecha continúan, a no ser que los genios contemporáneos
de la farsa descubran más o ya las hayan descubierto,
pero no lo quieran decir mientras no se les asegure una buena
suma en metálico, único estímulo que
les entibia alma, espíritu y soma.
AVANCES
Y DEGENERACIÓN DE LA MÚSICA
Durante
seis milenios, pues, la música evolucionó de
sus manifestaciones percusivas más primitivas hasta
la música de cámara china, sumeria, hebrea,
egipcia, siria y fenicia y, en la Grecia Clásica, al
establecimiento de la teoría -racional- del solfeo
y de la escritura de sus sonidos articulados, tonos y semitonos.
También
fue un arte en los tiempos de Alejandría, los dos imperios
romanos, la cultura árabe y la Edad Media europea con
partituras musicales bellas y coherentes como los cantos gregorianos
del siglo VI d. C., los cantos goliárdicos de los siglos
XI al XV y los himnos y secuencias o cantos que siguen al
alleluya, de la abadesa Hildegard von Bingen (muerta el 1179),
llegando entonces la humanidad al Renacimiento y al periodo
barroco, cuando se dan los más grandes músicos
que nunca haya habido, Bach entre ellos, sucedidos por otros
cuya grandeza y obra musical no mengua frente a los primeros,
por ejemplo Mozart, Beethoven, Wagner, Tchaikovsky, Verdi
y Debussy, por escoger cinco titanes para los periodos (estilos)
Clásico, Romántico, Nacionalista, Operístico
e Impresionista.
Pero,
cuando la puerca torció el rabo es después de
la segunda guerra mundial: el crecimiento demográfico
exagerado y la difusión rápida de las noticias
y de la cultura por obra y magia de los asombrosos medios,
vías y equipos de comunicación, transformaron
creación, estudio, preparación, honestidad e
interpretación y surgió, invencible, omnipresente,
corrompida, mercantil, ruidosa, mercenaria y todopoderosa,
la sediciosa música popular comercial.
CONCEPTUACIÓN
DE LA MÚSICA POPULAR
¿Cómo
describir -e identificar- la música popular, mercantil
y populachera del cuarto último del siglo XX?
Va
un intento: todas las cancioncillas actuales son semejantes
en lo que toca a su composición -¿descomposición?-
musical: recitativos o frases cortas de unos cuantos compases
y dos o tres notas alternadas, todo lo cual siempre, sin variar,
termina siempre subiendo una tercera o una quinta, lo cual
suena igual en todas las ocasiones y, cuando menos a mí,
me fastidia, aburre, me horroriza y no me produce placer;
con razón ocultan su mediocridad y calidad baja con
tanta percusión y ruido, al tiempo que distraen al
oyente con luces blancas, negras y de colores vivos, enceguecedoras,
altavoces que vomitan ruido hasta ensordecer al oyente inerme,
al tiempo que hacen que muchos espectadores suden frío
y tengan cefalea o náusea; asimismo, es característico
de esta época la presencia de tipos y tipas semidesnudos
-y mechudos o desmelenados- tocando guitarra eléctrica
o cualesquier otros instrumentos, mientras que unos más
que se creen bailarines -sin serlo- dan de brincos o se arrastran
en el escenario como gusanos, un quehacer ante el cual la
musa Terpsícore no sólo quedaría espantada,
sino deprimida o afligida.
En
cuanto a la guitarra eléctrica y otros instrumentos
que fueron desnaturalizados con la electricidad, puede -y
debe- decirse que sus ruidos estridentes desfiguraron todo
el encanto y belleza de los sonidos de las guitarras tradicionales,
producidos con tan sólo la mano humana, la cuerda metálica,
la madera y la repercusión que se genera en su caja.
Regresemos
a la música popular: la línea melódica
fue abandonada por la improvisación, ignorancia, apetitos
mercantiles, mal gusto, incultura o ignorancia y flojera de
pseudo compositores y la complicidad pasiva de los oyentes,
actitud semejante a los quesque poetas que desertaron del
metro y rima y se refugiaron, por holgazanes e incapaces,
en el verso libre, facilísimo de fabricar por cualquiera
y sin mayor arte, oficio, esmero ni vergüenza o pundonor.
¿Y
la armonía? ¡Qué importa! Para eso están
los ritmos, la percusión perpetua y los aparatos eléctricos
fabricadores de tamborazos, gongazos y platillazos.
Cómo
será la falsificación de arte, ciencia y técnica
que, creyendo los genios actuales haber descubierto el hilo
negro o el mar Mediterráneo, cuando quieren hablar
de algo muy complicado y avanzado ya no se refieren a ello
con un sustantivo como la técnica, sino que pomposamente
hablan de ¡tecnología!
¡Y
tecnología, si las raíces y el conocimiento
de las lenguas griega, latina y española no me fallan
mucho, no sería otra cosa más que el estudio
de la técnica!
Claro
está que, con el enfoque de la bendita filosofía,
entonces la tecnología cobra vida y se convierte en
una disciplina en la que vale la pena escudriñar, porque
atañe al ser humano, su ambiente, su tranquilidad y
servicio y, sobre todo, su ethos y su futuro. ¿O no?
LOS
SONIDOS Y LOS SILENCIOS
En
el pentagrama hay dos tipos básicos de símbolos,
aparte de los accidentes (bemoles y sostenidos), de las llaves
y de los números que marcan el tiempo o ritmo de la
partitura: las notas y los silencios.
La
música actual o ruido contemporáneo, señor
lector, es un movimiento perpetuo en lo que cabe a los sonidos
producidos por los instrumentos de percusión: no hay
una sola obra o partitura (fíjese usted bien: ni una)
en la cual los tambores y platillos no estén sonando
sin callar nunca. ¿Cuál es la razón?
Fácil
la contestación, aunque un poco larga: proviene ese
ruido de gente que:
1.
Nunca estudió música ni tiene idea de la armonía,
la línea melódica y la polifonía.
2.
Carece de una visión integral técnico-artística
del sonido e interrelación de todos los instrumentos
de una orquesta sinfónica en conjunto, así como
tampoco de cada uno de ellos.
3.
Tiene ¡por supuesto! una ignorancia supina de la teoría
musical, desconocimiento de la historia de la música
y de los músicos, de las costumbres, tradiciones y
valores de cada país y región.
4.
Asimismo, carece de habilidad o adiestramiento en lo que se
refiere al funcionamiento de cada instrumento, todo agravado
porque su insensibilidad artística, estética
y emocional le impide imaginar y crear una línea melódica
atractiva y, entonces... sólo le queda el ruido, pero
sin ton ni son, de igual manera que lo produce una maldita
máquina de esas que abundan por todos lados y que producen
mecánica y eléctricamente los ruidos de lo que
se ha dado en llamar -bárbaramente- batería.
Ser
baterista o, mejor dicho, solista de la sección de
percusiones, no significa que tan sólo hay que ponerse
a darle a los tambores o demás instrumentos a como
Dios lo dé a entender, sino que hay que seguir lo que
indica una partitura hecha sabia y artísticamente por
un compositor que sabe muy bien que, además de los
símbolos de los sonidos representados por las notas,
existen también, a Dios gracias, los símbolos
de los silencios.
Por
eso ¡qué bello es el sonido del silencio!
LA
MELODÍA, SEGÚN RACHMÁNINOV
Mídase
la importancia de la melodía, con palabras de Rachmáninov
(1873-1943): "La invención melódica, en
la perfecta acepción del término, es el objetivo
real de cada compositor. Si no es capaz de inventar melodías
que queden, son muy débiles sus posibilidades de alcanzar
la maestría".
Párese
mientes en que Rachmáninov no habla en términos
de éxito comercial o económico, sino de maestría,
es decir, perfección artística, belleza estética.
En
otras palabras: la areté o excelencia de los griegos
del siglo V a. C.
El
buen compositor y el buen director de orquesta o conjunto
musical, cualquiera que sea la cantidad de instrumentos, tiene
en su cabeza el sonido de cada uno de ellos, las dificultades
técnicas para tocarlos y producir sonidos y silencios
bellos y, el sonido que producen cuando tocan solos o cuando
se interrelacionan con otros.
Un
director de orquesta, un compositor o un virtuoso son como
un buen político: poseen visión de conjunto
y capacidad de otear lo pasado para no cometer los mismos
errores, pero sin dejar de asumir lo pretérito como
parte irreductible del ser; de avizorar lo futuro para prever;
y de tener en cuenta lo presente para captar la realidad y
el ambiente de su tiempo, de su espacio y de su pueblo, todas
ellas -las tres- cualidades envidiables que poca gente tiene.
POLÍTICA,
ARTE, HONESTIDAD Y MINORÍA SELECTA
Por
eso la política, entendida o conceptuada en la acepción
correcta del término, es igual que el arte: sólo
la comprenden o la practican los privilegiados pertenecientes
a una minoría selecta.
La
naturaleza ¡y que diga sir Charles Darwin si miento!
Creó la desigualdad como algo real e imposible de eliminar,
porque es consubstancial a la vida y a la sociedad, a la academia,
a la inteligencia, a la sensibilidad estética y al
arte...
Un
ejemplo presente del uso irracional del ruido: quien tenga
contratado para su televisor el sistema transnacional llamado
Cablevisión, podrá constar que su canal 2 es
puramente una guía de la programación, canales
y horario; pues bien, no hay un solo momento -¡sí,
leyó usted bien, ni uno solo! En las 24 horas de la
susodicha guía durante el cual no se perciban tambores
como música de fondo.
Sólo
una pregunta: ¿se necesitan tambores o cualquier otro
sonido irracional para leer la programación y reflexionar
sobre lo que le gustaría a cada quien ver en su televisor?
¿Por qué no proyectan la guía en la pantalla
chica sin sonido alguno o por qué no ponen música
buena -agradable- en lugar del ruido?
¡Averígüelo
Vargas!
Y
algo similar sucede con los programas matutinos transmitidos
por televisión, para los desmañanados que hacen
ejercicios gimnásticos, pero sucede también
lo mismo en los gimnasios y academias de aerobics y danza:
sólo utilizan ruido producido por instrumentos de percusión
porque la ignorancia y el mal gusto de la gente, tanto los
dueños o encargados de tales sitios y programas, como
los cándidos que acuden a hacer ejercicios o ven tales
programas por televisión, nunca les han permitido saber
que hay música con un ritmo muy rápido pero
con sonidos agradables, que les haría más placenteras
y satisfactorias sus jornadas gimnásticas o dancísticas.
Respetado
señor lector de Conservatorianos: métase a cualquier
coche de alquiler, pesero, banco, camión, trolebús,
estación o línea del metro, tienda, almacén,
restaurante o supermercado y ... no le quedará más
remedio que soportar los ruidos, aullidos y rugidos que brotan
de los altavoces mezclados con otros ruidos atroces.
La
otra opción ¡misión imposible! Sería
no acudir a ninguno de esos lugares, imprescindibles para
los requerimientos de la vida cotidiana1.
Pero
el horror no tiene límites: hasta el más humilde
limpiabotas, puesto de dulces, taquería o tortería
posee un radio, tocadiscos o tocacintas que le atruena los
oídos al cliente con ruidos no pedidos ni autorizados.
¿Pues
qué ya la música no es un placer que cada quien
elige no sólo en cuanto a la obra que quiere escuchar,
sino también lo que se refiere al momento y lugar que
considera adecuados?
¡Alabado
sea Dios!
NOTAS:
[1]
Se soumettre ou se èmettre, sentenció el periodista,
político y estadista francés Georges Clemenceau.
HUGO
FERNÁNDEZ DE CASTRO
Profesor titular B de carrera, tiempo completo, de la UNAM,
Plantel 2 de la Escuela Nacional Preparatoria y Facultad de
Medicina. Articulista de Uno más uno y Excélsior.
hfdec@hotmail.com
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