|
El
próximo 24 de enero de 2001, Gabriela Viamonte cumplirá
60 años de ser maestra en el Conservatorio Nacional
de Música de México.
Nacida
en la calle de Hidalgo en el antiguo barrio de Popotla de
la ciudad de México, el mismo en el cual naciera Carlos
Chávez, Gabriela Viamonte comenzó sus estudios
conservatorianos tomando clases de teatro y danza cuando esta
institución se encontraba ubicada en la calle de Moneda,
en pleno corazón del Centro Histórico capitalino.
Sin embargo, decide también incursionar en el campo
musical, pues como ella misma refiere, al ver a sus compañeros
tocar sus respectivos instrumentos descubrió que la
música era el arte que más le atraía.
Fue así como estudió guitarra, violoncello y
piano, bajo la guía de los maestros Francisco Salinas,
Horacio Ávila y Luz Meneses, respectivamente, y más
tarde canto, disciplina en la cual habría de desarrollar
todo su potencial artístico y magisterial.
Corría
la década de los años treinta y la Academia
de Canto del Conservatorio contaba entre sus docentes a maestros
de la talla de David Silva, María Bonilla, Fanny Anitúa
y Dolores Pedroso, que recién había llegado
de Europa después de una prolongada estancia durante
la cual realizó estudios musicales, y con quien habría
de iniciar su carrera vocal Gabriela Viamonte.
No
obstante, al poco tiempo dicha maestra contrajo nupcias y
se trasladó a vivir a la ciudad de Guadalajara, lo
que motivó que la joven Viamonte ingresara a la clase
particular de Matilde Ladrón de Guevara, una maestra
muy exigente con el cuidado de la voz y que impartió
durante años la clase de Fisiología e Higiene
de la Voz en la propia sede conservatoriana. En su clase,
Gabriela Viamonte tuvo por compañeros, entre otros,
al actor Emilio Tuero, a Jorge Incháustegui y a Esperanza
Manero, y en ella estudió por varios años hasta
concluir su carrera.
Por
el tipo de su voz, como ella misma la define, "no muy
fuerte ni muy metálica", el género que
más abordó fue el de concierto, máxime
que en aquellos años de principios de los años
cuarenta, las temporadas de ópera eran un tanto esporádicas
y los elencos que se formaban eran preintegrados. Actuó
como solista en múltiples conciertos interpretando
obras del repertorio liederístico alemán, de
la lírica española y mexicana, así como
de la antología italiana, además de ser integrante
por tres años del Coro de Madrigalistas que dirigía
Luis Sandi.
Gabriela Viamonte
En lo referente a sus participaciones operísticas,
Gabriela Viamonte alternó con las sopranos Irma González
y Rosa Rimoch, y con la contralto Oralia Domínguez.
Entre las óperas en las cuales figuró se encuentran
Hansel y Gretel, Mefistófeles y La doncella sumergida
de Claude Debussy. Con el tenor Mario del Mónaco llegó
a cantar en la misma función el personaje de la Duquesa
y el de la Madelon en la ópera Andrea Chenier de Umberto
Giordano. Bajo la dirección de Leonard Bernstein cantó
en el Palacio de Bellas Artes su Jeremías, en tanto
que bajo la conducción de Carlos Chávez actuó
en Las Coéforas. De Chávez, Gabriela Viamonte
comenta: "Todas estábamos prácticamente
enamoradas de él. A mí en lo particular me parecía
divino. Vino con muchas ideas nuevas y empezó a dirigir
a la Orquesta del Conservatorio muy en serio, al grado de
que es a él a quien se debe que haya habido una orquesta
que respondiera correctamente a lo que de ella se esperaba".
Para
Gabriela Viamonte, haber sido esposa del reconocido maestro
Julio Prieto tuvo una significación muy especial en
su vida... "Me cambió todo, hasta el carácter.
El teatro me parecía delicioso. Mi mamá había
sido muy exigente en mi formación. No me dejaba ni
llegar tarde a la casa, por lo que cuando me casé con
Julio Prieto, el andar en los foros me pareció precioso,
muy divertido. Él era un hombre muy inteligente, que
tomaba parte en todo lo relativo a las óperas que se
hacían en México por aquellos años. Fui
muy feliz".
Como
docente, ingresó al Conservatorio Nacional de Música
de México como maestra de inglés, idioma que
dominaba luego de haber vivido por varios años durante
su infancia en los Estados Unidos. Sin embargo, es desde 1950,
en que ganó por oposición la cátedra
de canto, que imparte dicha clase en las aulas conservatorianas.
A este respecto, Gabriela Viamonte señala:
Cada
uno de los maestros tenemos nuestra propia escuela, aquella
que también hemos desarrollado a partir de nuestra
experiencia diaria. Sabemos qué es lo que nos da resultado
y qué es lo que creemos que podría facilitar
al alumno un aprendizaje más rápido, sobre todo
ante un hecho fundamental: las carreras son muy largas y muy
exigentes. A los alumnos conservatorianos les diría
que tomen en serio, muy en serio su profesión. La voz
es un don natural y lo único que nosotros como depositarios
de ella podemos hacer es convertirlo en más grande
o más bello, y cuando la voz existe en uno, cuando
se posee el don, se tiene también la obligación
de aprender, y de aprender bien.
CONSERVATORIANOS
rinde con esta breve semblanza un tributo muy sentido de respeto,
admiración y cariño a la obra ejemplar que durante
seis décadas, de manera ininterrumpida, ha desarrollado
Gabriela Viamonte a favor de la educación y cultura
musicales en México.
|