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La
Facultad de Artes fue creada por el Acuerdo Superior no. 5
de 1980, hace ya veinte años, con los mismos departamentos
que ahora la conforman: de Música y Artes Representativas
(EMAR), de Artes Plásticas y de Extensión y
Divulgación artísticas. Se incluían también,
en el acuerdo originario, los programas de estudios preparatorios,
de cinco años para música y de un semestre para
teatro.
Este
reconocimiento de las artes dentro del sistema universitario
no fue fácil ni gratuito: Ya existían el Instituto
de Artes plásticas y la Escuela de Música y
Artes representativas, por una parte; pero, por otra, algunos
influyentes directivos y hasta docentes y estudiantes, pensaban
como aquel decano que me preguntó, en una rara ocasión
cuando, como director de la EMAR, fui invitado al Consejo
Directivo, como entonces se llamaba el Consejo de Decanos
o actual académico: "Oiga, profesor, y ¿qué
tiene qué hacer la música dentro de la Universidad?".
Cuando le contesté que la música había
sido parte del Quadrivium en las universidades medievales,
antes de que la disciplina que él representaba perteneciera
al mundo universitario, el funcionario de marras hizo cara
de haber oído toda mi respuesta en latín y no
añadió cosa alguna a la trunca discusión.
Veamos
una corta reseña de aquellas dos instituciones, precursoras
inmediatas de nuestra facultad: el Instituto de Artes Plásticas
y la Escuela de Música y Artes representativas, EMAR.
El
Instituto de artes plásticas empieza su vida en 1953,
con el nombre de "Casa de la Cultura", cuando el
médico Antonio Osorio Isaza, secretario de Educación
de entonces, propone a la Asamblea departamental su fundación.
Estaba concebido como escuela de formación eminentemente
empírica y práctica: poca o ninguna teoría
e Historia del arte y poco o ningún reconocimiento
oficial en materia de diplomas; pero sí entusiasmo,
creatividad y logros importantes. También enseñaba
música: se impartían clases de guitarra, coro
y solfeo; profesor de las dos últimas materias fue
el maestro Carlos Vieco, a quien despidió algún
intonso director "por incompetencia profesional",
según cita Mario Yepes como recuerdo del profesor Jorge
Cárdenas, en Contribución al proyecto editorial
Universidad de Antioquia. Historia y Presencia, documento
en el cual he encontrado muchos de los datos que aquí
consigno y que, dicho sea de paso, hubo de sufrir los vejámenes
de los mal llamados "correctores de estilo", antes
de su publicación en ese -por otra parte- indispensable
libro. Tuvo la institución varias sedes y jamás
gozó de suficientes recursos, hasta cuando la Universidad
lo acogió en 1964, le asignó el primer piso
del edificio que fue de la Biblioteca Central del Alma Mater
y le dio un nombre apropiado: Instituto de Artes Plásticas.
Fueron
docentes allí y luego en la ciudad universitaria, Rafael
Sáenz, León Posada, Carlos Gómez, Rodrigo
Arenas Betancur -con tantas huellas magníficas, símbolos
de la Universidad-, Alonso Ríos, Francisco Valderrama,
Gustavo López, Aníbal Gil -introductor del grabado
en la institución-, Francisco Arrubla, Rodrigo Morales,
Horacio Longas, Jaime Muñoz, Francisco Morales, Teresa
de la Cruz, Francisco Góez. En la que podríamos
llamar la segunda época, fueron profesores Aníbal
Vallejo, Álvaro Marín, Clemencia Echeverri,
Haydée Peláez, John Castles, Luis Fernando Peláez,
Clemencia Ortega, Germán Vieco, Hernán Cárdenas,
Hernando Guerrero, Néstor Carlos Martínez, Jorge
Bustamante, Roberto Montoya, Fabio Parra, Osvaldo Ayala -Jefe
del departamento de Extensión-. Pido rendidas excusas
si omito algún nombre, hasta aquí y de aquí
en adelante; lo peor en estos casos, es que suelen ser nombres
importantes. En la última etapa han llegado al Departamento
otros docentes, muchos de ellos egresados, algunos de los
cuales han aportado, junto con los que siguen en el cultivo
de las técnicas -antiguas y nuevas- crítica,
historia, estética y pedagogía: Carlos Arturo
Fernández, Diego Arango, Francisco Londoño,
Alba Cecilia Gutiérrez, Armando Montoya, Roberto García,
María Teresa Cano, Hugo Ceballos, Roberto Montoya,
Beatriz Bernal, Jaime Duque, Gloria Posada, Consuelo Pabón,
Mario Arroyave, Juan David Rueda, Gabriel Vélez, Elkin
Úsuga, Luis Fernando Valencia, Luis F. Mejía
y Luis F. Peláez, Bayro Martínez, Carlos Galeano,
Diego Domínguez, Bernardo Barragán, Ángela
Chaverra, Piedad Posada, Bernardo Bustamante y otros. El Departamento
de Artes Plásticas cuenta con unos 300 egresados y
sirve los programas de Maestro y de Licenciado en dichas artes.
Las técnicas visuales de mayor cultivo en el departamento
son o han sido: Pintura, litografía, xilografía,
escultura, acuarela, grabado, fotografía, video, serigrafía,
témpera, dibujo; y recientemente, instalaciones y otras
obras efímeras.
La
visión tradicional y, a veces, parroquial, de las artes
plásticas cambió en Antioquia con el estudio
de la Historia de las artes visuales, con la acción
e influencia de cimeras figuras del siglo XX que todos conocemos,
pero también con acontecimientos como las Bienales
de Arte de Coltejer y otros patrocinadores, los salones de
Arte Joven del Museo de Zea (hoy de Antioquia), los salones
Rabinovich, la presencia misma del Museo de Arte Moderno,
de la galería del Centro Colomboamericano, de la Alianza
Colombofrancesa, de la Cámara de Comercio y de tantas
galerías privadas y el aporte de nuestra propia universidad,
con lo que se llamó el Abril Artístico o las
exposiciones del Museo Universitario
La
Escuela de Música y Artes Representativas surgió
de dos vertientes: el Conservatorio de Música y el
Grupo teatral El Taller, dependiente de la Oficina de Bienestar
Estudiantil.
El
Conservatorio de Música de Antioquia y, luego, de la
Universidad, fue fundado mediante Ordenanza de la Asamblea
Departamental, por iniciativa de un grupo de ciudadanos cultores
de la música o aficionados a ella: Betty Heiniger,
Margoth Arango de Henao, Rafael Vega Bustamante, Oscar Javier
Restrepo, Luis Carlos Henao Posada, Marcos Peláez,
Javier Vásquez Arias (abogado e introductor de la Música
medieval y renacentista en la ciudad, junto con el lamentado
Alvaro Villa y sus compañeros del Conjunto Pro-Música
Antigua de Medellín), e Iván Correa Arango,
quien, más tarde, como Rector de la Universidad, acogió
al Conservatorio como dependencia universitaria. El Conservatorio
funcionó durante unos quince años en la vieja
casona de Pichincha, justamente al lado del Museo Antropológico
que comandaba el Dr. Graciliano Arcila Vélez, fundador
del departamento de Antropología y su Revista, de la
Sociedad de esta disciplina en Antioquia y del Museo Histórico
Universitario. En 1968 pasó la institución musical
a la ciudad universitaria, por iniciativa del Rector, Ignacio
Vélez Escobar; primero en el Bloque 5 y luego en el
sitio previsto, Bloque 25, construido según el diseño
del arquitecto Ariel Escobar, especialmente sensible a la
Música. Los directores del Conservatorio fueron, en
su orden, Rodolfo Pérez González, benemérito
fundador y director de La Coral Tomás Luis de Victoria,
que cumplirá sus cincuenta años en el 2001 y
que inició sus actividades en el local de la Emisora
cultural de la Universidad en el edificio de San Ignacio,
con un cuarteto formado por el mismo Maestro Pérez,
Alberto Ospina, Enrique Cárdenas y Rafael López,
el último de los cuales todavía labora en esa
estación radial, voz de la Universidad. Llegaron luego
a la dirección del Conservatorio, el pianista Darío
Gómez Arriola, Margoth Arango de Henao, Harold Martina,
el notable compositor Blas Emilio Atehortúa, Jairo
Yepes Salazar y Gustavo Yepes Londoño. Éste
último obtuvo que la Universidad creara la Escuela
de Música y Artes representativas y que se añadieran
a la única carrera universitaria reconocida del antiguo
Conservatorio, que era la de Licenciatura en Educación
Musical, realizada por convenio con la Facultad de Educación,
las carreras de Música Aplicada, Música Teórica,
Dirección Coral y Teatro (primer programa universitario
en Colombia, para esta especialidad). ¿Podrán
creerme ustedes que teníamos entonces profesores de
planta para la enseñanza de todos los instrumentos
sinfónicos, concretamente en 1976? Los jubilados aquí
presentes no me dejarán mentir en asunto de tanta importancia.
Desgraciadamente, hoy no podemos decir lo mismo....
Permítanme
regresar un poco para hablar acerca de la administración
de la señora Margoth Arango de Henao: El Conservatorio
fue entonces un centro de boyante actividad en recitales y
conciertos, con sus grupos de cámara, su orquesta de
estudiantes, la Banda sinfónica que dirigía
el checo Joseph Matza, insigne violinista, director de la
Orquesta Sinfónica de Antioquia y profesor de su instrumento,
y la Banda de estudiantes que regentaba el profesor Pedro
Nel Arango, culpable de muchas vocaciones musicales entre
nosotros. Mérito de la administración de doña
Margoth fueron también los siete festivales internacionales
que allí se organizaron, con el patrocinio financiero
de Fabricato.
Cabe
recordar las muy eruditas y amenas clases de Historia de la
Música y de Apreciación musical del Maestro
Mario Gómez-Vignes, que convocaban a estudiantes y
profesores de diversas carreras de la Universidad y los programas
radiales del mismo docente y, más tarde, del maestro
Pérez, por la Emisora Cultural; la Conferencia Interamericana
de Educación Musical en 1968, realizada con el aval
y el apoyo de la OEA, acontecimiento en el que se dieron cita
autoridades musicales de Colombia y de todas las Américas,
que dio origen y apoyo a la ya citada carrera de educación
musical. El Club de Estudiantes Cantores de la Universidad,
fundado por Alfred Greenfield y dirigido entonces por Gustavo
Rodríguez y luego por Artidoro Mora, ensayaba en el
Conservatorio y era asesorado y apoyado por Doña Margoth.
Participó ese coro en los festivales internacionales
de ópera de 1970 y 1971, patrocinados por Haceb, junto
con otros importantes grupos vocales de la ciudad, todo ello
bajo la batuta principal del eminente profesor del Instituto
de Bellas Artes, pianista y director operático Maestro
Pietro Mascheroni. El Coro de la Universidad de Antioquia
fue, además, el primer coro mixto universitario en
el país, ya en los estertores de un periodo en que
algunos dirigentes de nuestra sociedad, todavía parecían
entender que la música es un importante factor de convivencia,
identidad y civilidad para la ciudadanía y podíamos
disfrutar de la temporada musical internacional que adelantaba
la Asociación Pro-Música de Medellín,
dirigida por Don Hernán Gaviria Vélez, en el
muy estimado y recordado Teatro Lido, donde pasamos inolvidables
veladas musicales con egregios concertistas y grupos corales
e instrumentales del mundo, veladas que solíamos rematar
con comentarios críticos y apuntes jocosos en "Sayonara"
o en "San Francisco", hasta la medianoche, cuando
salíamos a buscar el último bus en la plazuela
Nutibara aquéllos de nosotros que ya no vivíamos
en el Centro.
Profesores
del Conservatorio fueron los precitados maestros Martina (Piano
superior pero también fundador y director de la Orquesta
de Cámara de Antioquia, formador de pianistas como
Teresita Gómez, Aída Fernández, Julia
Victoria Ferreira, María Victoria Vélez, Margarita
Ma. Velásquez, María Cristina Vásquez,
Consuelo Mejía, Hortensia Galvis y otros), Gómez-Vignes
(Historia, Armonía, Contrapunto y Morfología),
Matza (quien había creado una escuela antioqueña
de violín ya desde sus tiempos en Bellas Artes), Gómez
Arriola, (Piano), Arango (Clarinete y Solfeo) y Yepes Salazar
(Solfeo); pero también Consuelo Echeverri de Escobar
(Pedagogía, Metodología y Didácticas
Musicales), Giuseppe Gorgni y Annafiora Grasellini (Piano),
Enrique Gallego (Solfeo), Martha Agudelo de Maya (Iniciación
musical infantil), Luis Carlos García, su alumno Amado
Palacio y Eulalia Gil (Canto), Margoth Levy y Manuel J. Molina
(Violín), Alberto Marín Vieco (profesor de tantos
chelistas profesionales), Gino Pachiaudo y Guillermo Cano
(Violoncello), Olga Chamorro (Viola y Didáctica infantil
del violín), Jonás Kaseliunas (Fagot), George
Sakelarriou y Rufino Duque Naranjo (Guitarra), Gabriel Uribe
García (Flauta y Saxofón, famoso en la interpretación
de la música colombiana, padre de Blanca Uribe y de
nuestro profesor Jaime, suegro de Luis Biava, abuelo de músicos
profesionales) Guillermo Correa (Corno), José Cervantes
(Trompeta), Nicolás Torres (Percusión), Artidoro
Mora (Armonía y Coro); una segunda época corresponde
al traslado a Ciudad Universitaria: María Victoria
Vélez, Octavio Giraldo y Guillermo Rendón (Piano),
Raúl Emiliani (Violín), Delio Hoyos (Flauta),
Jonás Kaseliunas (Fagot), Alberto Mesa y Edo Polanek
(Guitarra), Francisco Castrillón (Trompeta), Jorge
Orejuela (Trombón), Gustavo Yepes (Solfeo, Arreglo
coral, Dirección coral). En la época de la EMAR,
ingresaron nuevos profesores como Theo Hautkappe e Ignacio
Gil (Oboe y Corno inglés), Horacio y Alfonso Escobar
(Canto), Rodrigo Jiménez (Contrabajo), Adolfo Podestá
y Ruth Stella Álvarez (Violín), Jorge Gómez
(Viola), Hernán Darío Betancur y Roberto Fernández
(Guitarra), María Eugenia Londoño (Etnomúsica,
primera investigadora formal), Octavio Giraldo, Consuelo Mejía
y Margarita María Velásquez (Piano), Rodolfo
Pérez (Historia de la Música, Contrapunto, Armonía,
Historia del Arte y la Literatura), Álvaro Rojas (Saxofón,
Clarinete, Armonía), José Iván Escobar
(Percusión), Haydée Marín (Pedagogía
musical, Coro infantil).
Ya
dentro de la Facultad de Artes, el Departamento de Música
ha tenido numerosos profesores, muchos de ellos egresados
de las etapas anteriores; la lista de los docentes de cátedra,
ocasionales y visitantes sería muy larga, pero citemos
a algunos profesores de planta, actuales y pasados: María
Clara Misas (Dictado musical), Darío Rojas (Coro y
Lectura musical), Carlos Alberto Rendón (Coro, Dirección
coral, Estructuras de la Música), Alejandro Tobón
(Etnomúsica y Pedagogía musical), Ana María
Henao (actual vicedecana), Detlef Scholz (Canto, creador de
toda una escuela de fama nacional, actual Jefe del Departamento),
Teresita Gómez, Arnaldo García, Lise Frank,
Martha Lucía González y Esteban Bravo (Piano);
Jesús Marín (Guitarra), Andrés Posada,
Vicente Mejía y Gustavo Yepes (Estructuras de la Música);
Diego Villa (cello), Cecilia Espinoza (Teóricas y Coro),
Jairo Fernández (Fagot).
El
Departamento de Música estará presentando su
reforma curricular dentro de pocos días, con la esperanza
de ofrecer programas de pregrado en educación musical;
Canto, instrumento sinfónico, Piano, Guitarra y variadas
simientes de futuras carreras, por ahora en forma de áreas
menores o líneas de profundización, tales como
composición, teoría musical, dirección
instrumental, técnicas de grabación y amplificación
musicales, acompañamiento y correpetición, solista
concertista, instrumentos cordófonos colombianos, dirección
coral y otros.
La
formación teatral formal de nivel superior comenzò
en Colombia con la sección de artes representativas
de la EMAR. En 1972, después de que Alberto Llerena
y Edilberto Gómez hubieran desempeñado la dirección
del Grupo de Teatro El Taller, llegó a ella Mario Yepes,
quien propuso a su jefe de Bienestar Estudiantil, Dr. Rodrigo
Montoya y, por su intermedio, al Sr. Rector de entonces, Dr.
Luis Fernando Duque, la creación de una Escuela de
Teatro. La idea fue acogida por el director del Conservatorio
y fue así como se llegó a la Escuela de Música
y Artes representativas, EMAR. El programa propuesto fue aprobado
por el Consejo Directivo en 1975, cuando ya la ciudad no contaba
con la Escuela Municipal de Teatro que había iniciado
Gilberto Martínez y que contó con profesores
como Jairo Aníbal Niño, Yolanda García,
Edilberto Gómez, Ramiro Rengifo, Consuelo Mejía
y Manuel Cano. Un alcalde la había cerrado porque era
muy política (Todavía hay gente que no distingue
entre política, politiquería, antipolítica,
etc.).
Han
sido docentes de la sección de Teatro, presentes y
pasados, Mario Yepes, Luis Carlos Medina (lamentablemente
fallecido), José Fernando Velásquez, Thamer
Arana, Sonia Montero, Mario Cardona, Marleny Carvajal, Víctor
Viviescas, Henry Díaz, Gilberto Martínez, Carlos
Gabriel Arango, José Sanchís, Eduardo Sánchez,
Silvia Rolz, Alberto Llerena, Carlos Mario Aguirre, Ana María
Henao, Margarita Vélez, Janet Llana, Lindaria Espinosa,
Carlos Arturo Bolívar, Luz Dary Alzate, María
Teresa Llano, Ana Cecilia Saldarriaga, Mario Wilson Bustamante,
Clara Arango (actual coordinadora de la sección), Mauricio
Celis, Nidia Bejarano, Beatriz Vélez, Claudia Lisarazo,
Ana Cecilia Saldarriaga, Mauricio Quintero, Carlos Suárez,
Jorge Iván Grisales, Henry Díaz, Lavinia Sorge,
Saúl Sánchez, Román Arroyave, John Jairo
Cardona y Jorge Mendoza.
Para
el porvenir, hemos planeado la creación de otros programas
curriculares que nos permitan cubrir campos artísticos
que aún no atendemos; muy señaladamente, Cine
y Televisión, Danza y Poética. Obviamente, en
algún momento la Universidad tendrá que reconocer
que, con una planta permitida de algo así como 45 profesores,
la tarea que se logra realizar es notable y la que se proyecta,
imposible. Los profesores de cátedra, por numerosos
y calificados que fueren, no podrán aunarse y conformar
la comunidad académica que tales desarrollos necesitan.
En
cuanto a la regionalización, que es política
general de la Universidad, pero también una obligación
de la Facultad, por justicia y equidad, el Departamento de
Música presentará a consideración del
Consejo Académico, tres programas curriculares de tecnologías
en: Música - Danza, para la región de Urabá,
de Instrumento - Dirección instrumental y Canto –
Dirección coral para otras sedes regionales, con duraciones
de seis semestres. Asimismo, Teatro y Artes Plásticas
están planificando sus propias tecnologías.
La
Facultad de Artes ha ingresado en la era de los posgrados
con dos Maestrías : Canto e Historia de las Artes visuales;
y dos Especializaciones: Promoción y Gestión
culturales y Dramaturgia. Pero se preven otras muchas, tanto
en el mediano como en el largo plazo.
La
investigación ha corrido con una suerte conmensurable
con la de nuestra docencia: Hemos tenido profesores de altas
calidades académicas y profesionales, con diplomas
europeos o nacionales de antes que aquí y ahora ya
no son reconocidos, que han realizado actividades de verdadera
investigación con resultados (al fin y al cabo, la
investigación no tiene sentido si no da lugar a nuevos
conocimientos), aunque no siempre presentadas burocrática
y formalmente. Establezcamos claramente algunas verdades de
perogrullo que suelen olvidarse: a) lo fundamental de la investigación
es el hallazgo y su sutentabilidad como tal; b) lo formal
y burocrático puede estar o nó (hipótesis,
trabajo de campo y de laboratorio, consecución de fondos,
aprobación por un comité, publicaciones en revistas
indizadas, capacidad de hallar pares con quienes establecer
el convenio aquél de "yo te invito, tú
me invitas","yo te cito, tú me citas"...etc.)
sin que se afecte con ello el hecho de haber efectivamente
encontrado algo nuevo -a veces, incluso, fortuitamente- o
no; c) la investigación pura busca hallar la única
respuesta correcta a una pregunta teórica dada; la
aplicada o tecnológica, la mejor respuesta a un problema
instrumental, de entre muchas que podrían funcionar;
la artística o lúdica, la mejor de entre muchas
buenas posibles, según criterios parcialmente objetivos
(analítico-estructurales) y subjetivos (receptividad,
comunicación); d) en todos los campos del conocimiento
y en relación con todas las profesiones, caben los
tres tipos de investigación, aunque en proporciones
diversas para disciplinas diferentes. Por otra parte, tanto
en lo científico puro, como en lo tecnológico
y lo artístico, se da la necesidad de que el investigador
exhiba creatividad, conocimiento de frontera sobre el campo
en cuestión y trabajo riguroso. El resultado psicológico
será, estando presente una buena sensibilidad e inteligencia
integral, la emoción ante la calidad y la pertinencia
de la respuesta encontrada, ya sea ella una ley, una herramienta,
un instrumento o una obra de arte.
Haber
comenzado con procesos de investigación efectiva y,
al tiempo, formalmente estructurada, ha sido virtud del Grupo
"Valores regionales", de los profesores María
Eugenia Londoño y Alejandro Tobón y otros colaboradores,
que recibió el premio Casa de las Américas y
ha concluido exitosamente tantos importantes proyectos dentro
del campo de la etnomusicología. La Facultad está
ahora empeñada en la creación y consolidación
de un centro que llamaremos CIPAR, que responda, ante la nación,
por el estudio y divulgación del patrimonio artístico
regional, tarea que consideramos nuestra obligación,
con trabajo de profesores y estudiantes. Están en marcha,
por otra parte, otros diversos proyectos, tanto individuales
como grupales, transdisciplinarios como especializados.
Hagámos
también un ejercicio de autocrítica con respecto
a la misma Facultad: no podemos permitir que siga habiendo
imposiciones profesorales que coarten la libertad de expresión.
Ante este derecho sagrado del ciudadano, el arte no puede
ser la excepción. Cuando se está en un curso
en el que se pretende estudiar una técnica o ciencia
determinada que toca con la profesión - del arte, para
nuestro caso -, obviamente hay que exigir tareas que sean
pertinentes al tema tratado; pero cuando llegue el momento
de que el estudiante cree sus propias obras de grado o de
integración técnica, hay que darle la opción
de elegir entre lo aprendido; no puede imponérsele
que se circunscriba a una técnica, estilo, tendencia
o área expresiva o contenido, si lo hubiere, de forzosa
aceptación, menos aún bajo la amenaza de las
evaluaciones.
Se
trata de una escuela de arte del siglo XXI, dentro de una
universidad pública que predica la libre expresión,
respeto y circulación de las ideas y, claro está,
de los lenguajes, cuando el objeto de estudio es justamente
ése: formarse para llegar a tener un lenguaje personal.
Permítanme
terminar diciendo que la Universidad de Antioquia, con el
apoyo de todas sus facultades, institutos y escuelas, debe
exigir al gobierno, de manera altiva y altisonante, con gran
despliegue ante la nación, que el Estado le asigne
y consigne recursos en pleno y justo acuerdo con las obligaciones
constitucionales que competen a éste en la educación
o transmisión de la cultura a todos los conciudadanos;
con la justicia y la equidad en la distribución de
recursos para la educación superior, sin discriminación
entre universidades públicas del orden nacional y departamental;
pero también, con el examen de los ejecutorias y méritos
de una universidad que se ha venido perfilando como la mejor
de Colombia.
CONSERVATORIANOS
expresa su agradecimiento a la Embajada de Colombia en México
y de manera particular a Doris Elisa Bustamante, Segundo Secretario,
por su apoyo generoso para la inclusión de las imágenes
correspondientes al presente artículo
GUSTAVO
ADOLFO YEPES LONDOÑO
Pianista,
compositor, director de orquesta y coro. Licenciado en Música
(Universidad del Valle, Cali) y Master of Arts en Dirección
Orquestal (Carnegie-Mellon University, Pittsburgh). Docente
y director de los departamentos de música de diversas
instituciones de educación superior en Colombia como
la Universidad del Valle, Nacional de Colombia, de los Andes
y de Antioquia, de cuya Facultad de Artes es el Decano. Ponente
y conferencista de múltiples eventos académicos
sobre aspectos musicales. Entre sus obras musicales destaca
La música de los Andes Colombianos.
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