El
quehacer académico que el Conservatorio Nacional de
Música de México (CNMM) ha desarrollado desde
su fundación en 1866 y a lo largo de su historia, se
materializa en la formación de músicos profesionales
en las áreas de ejecución, dirección,
creación y docencia, y se ha complementado con la destacada
obra realizada en el campo de la investigación musical.
Desde sus inicios, la planta académica del CNMM se
involucró estrechamente con la investigación,
especialmente a través de la práctica docente
realizada en el aula en determinadas asignaturas. Así,
en su primer plan de estudios se incluyeron entre las materias
musicales, las de Composición Teórica con Aniceto
Ortega y Estética e Historia Comparada de los Progresos
del Arte, a cargo de Alfredo Bablot. Por su parte, entre las
materias denominadas generales, figuraron Historia de la Música
y Biografía de sus Hombres Célebres; Acústica
y fonografía; Anatomía, Fisiología e
Higiene de los Aparatos de la Voz y del Oído y Arqueología
de los Instrumentos de la Música, a cargo de Luis Muñoz
Ledo, Eduardo Liceaga, Gabino Fernández Bustamante
y Ramón Rodríguez Arangoyti, respectivamente.
Fue indudable que en el modelo de educación que se
pretendía desarrollar en las aulas conservatorianas
en dicha época, la carga teórica de las materias
humanísticas y científicas otorgaba una gran
importancia a la investigación especializada en el
fenómeno musical desde distintas perspectivas disciplinarias,
sobre todo las correspondientes a la filosofía, historia,
anatomía y física.
Este interés por profundizar en el mejor conocimiento
de la música en todas sus manifestaciones, llevó
a los propios miembros del cuerpo docente conservatoriano
a incorporar en la revista Armonía -fundada por la
propia Sociedad Filarmónica Mexicana que estableció
la institución musical conservatoriana-, artículos
que ofrecieran, además de reflexiones sobre la práctica
musical, elementos sobre dicho fenómeno y sus vínculos
con las demás artes y ciencias. Fue a tal grado manifiesto
el carácter interdisciplinario de esta Sociedad que
su vicepresidente, el doctor José Ignacio Durán,
llegó a afirmar:
La
ciencia ha producido tan maravillosos descubrimientos desde
principios del siglo actual, ha contribuido tan poderosamente
a los progresos de la civilización y del bienestar
general, que no hay una sola clase social, ni un arte, ni
una industria que no hayan adelantado y mejorádose
merced a alguna de sus benéficas aplicaciones. La música
ha participado ampliamente de esos progresos que han redundado
en bien de la sociedad y de su moralización. El perfeccionamiento
de sus instrumentos reside en el conocimiento profundo de
las matemáticas y de los elementos de la física
y de la acústica; la teoría del sonido dimana
de las reglas de generación de las vibraciones; la
de la formación de la escala, germen de la melodía
y la de la producción de los acordes, base constitutiva
de la armonía, descansan igualmente en los principios
de la ciencia natural, cuyo estudio viene a dar la explicación
de todos los fenómenos musicales. (Armonía,
México, 1º de diciembre de 1866)
En
consecuencia, gracias a los nuevos esfuerzos académicos
desarrollados por la Sociedad Filarmónica Mexicana
en la década de los 60 del siglo XIX, el quehacer musical
dejó de estar supeditado al dogmatismo escolástico
que por siglos lo había sometido. Los afanes científicos
y humanistas de los socios filarmónicos y de los maestros
conservatorianos se habrían de imponer, como lo comprueba
la incorporación de asignaturas relacionadas con la
acústica, la organología musical y la anatomía
humana.
El
doctor Liceaga, por ejemplo, se interesó en profundizar
sobre la teoría del sonido y sus nexos con las características
propias de las diferentes familias de instrumentos musicales.
El doctor Bustamante hizo lo propio en la materia de Anatomía
por cuanto a las relaciones entre el órgano de fonación
y las peculiaridades de los distintos tipos de voz, de cuyos
trabajos fueron producto las obras Elementos de Acústica
y Fonografía, autoría del primero y Elementos
de Anatomía, Fisiología e Higiene de los aparatos
de la voz y del oído, para uso de los alumnos del Conservatorio
de la Sociedad Filarmónica Mexicana, obra esta última
del doctor Fernández Bustamante.
El campo de la investigación conservatoriana cobró
nuevo impulso a partir de que en 1883 es designado como director
del plantel Alfredo Bablot, quien además de promover
reformas académicas tendientes a incorporar nuevas
cátedras para diversificar la enseñanza de los
instrumentos musicales, y gestionar ante el Gobierno Mexicano
la compra de un número importante y variado de instrumentos
musicales para tal fin, se preocupó por impulsar más
la investigación acústica, a fin de resolver
los problemas de afinación que generalmente se manifestaban
entre los cantantes y la orquesta, y aún entre los
propios integrantes de ésta. Más tarde, con
la aplicación de la Ley de Enseñanza para el
Conservatorio Nacional de Música, decretada el 25 de
noviembre de 1899, se incorporan fundamentalmente dos nuevos
campos disciplinarios al ámbito conservatoriano: la
psicología, por su vinculación con el estudio
de la imaginación, así como de las emociones
y pasiones; la pedagogía, por cuanto a sus aplicaciones
en la enseñanza de la música. La primera es
integrada al curriculum académico de quienes estudian
las carreras de composición y actuación, en
tanto que la pedagogía lo hace en el de quienes estudian
para ser profesores de instrumento, piano, órgano y
canto.
Con
el desencadenamiento del conflicto revolucionario de principios
del siglo XX, y aún cuando su impacto en el ámbito
del CNMM fue poco relevante, se observó que por algunos
años se produjo un freno en el avance de las actividades
académicas de este plantel. En 1916, la investigación
musical conservatoriana nuevamente se reactiva, como lo muestran
los estudios sobre la identidad nacional que, centrados en
el rescate del folklore musical mexicano, realiza Manuel M.
Ponce. Esta tarea habría de recibir el indiscutible
apoyo de José Vasconcelos durante los años en
que fue rector de la Universidad Nacional de México
y el Conservatorio quedó integrado a esta institución
académica -por primera ocasión- a principios
de los años veinte. La breve gestión vasconcelista
de aquel entonces habría de promover en el Conservatorio
la investigación y producción de libretos operísticos
sobre temas mexicanos relacionados con la historia, leyenda,
mitología y costumbres nacionales.
Por
lo que respecta al área de investigación conservatoriana,
corresponde a Carlos Chávez el haber realizado la hasta
ahora obra de mayor trascendencia e impacto en este campo,
a pesar de que en los inicios de su gestión al frente
del plantel atravesó por momentos difíciles.
En 1929, el presidente de la República Emilio Portes
Gil lo nombra director de la institución, a la sazón
denominada Escuela Nacional de Música, Teatro y Danza
pero, a consecuencia del movimiento por la autonomía
universitaria, la comunidad académica sufre a los pocos
meses una escisión fundamental. El sector del plantel
que, con Chávez a la cabeza, es reincorporado a la
Secretaría de Educación Pública, toma
el nombre otra vez de Conservatorio Nacional de Música,
mientras que el grupo renunciante pide su incorporación
a la recién constituida Universidad Nacional Autónoma
de México, y con ello da origen a la Escuela Nacional
de Música.
Luego
de estos sucesos Chávez desarrolla una ingente labor:
entre 1929 y 1933 promueve el ingreso de un destacado grupo
de jóvenes docentes, los cuales desde sus respectivas
especialidades realizan una trascendental obra de investigación,
rescate y divulgación de nuestro pasado cultural, sus
nombres: Eduardo Hernández Moncada, Luis Sandi, Jesús
C. Romero, Jerónimo Baqueiro Foster y Vicente Teódulo
Mendoza. Sin embargo, la culminación de estos afanes
se materializa plenamente cuando en 1932 el gobierno federal
aprueba el nuevo plan de estudios del CNMM, vigente a partir
de 1933. En este documento, la misión educativa de
la institución queda vinculada a los tres ámbitos
del quehacer académico propio de toda institución
de educación superior: docencia, investigación
y difusión. Característica que prevaleció
en todo momento, de conformidad con el carácter nacionalista
que se buscó imprimir en la obra conservatoriana y
que se expresó en el objetivo principal de dicho plan
de estudios: "El Conservatorio Nacional tiene por objeto
la enseñanza profesional de la música; la investigación
histórica, científica y artística en
materias musicales de interés nacional y la difusión
general de la música".
Chávez,
como hacía ya más tres décadas atrás
lo había planteado la Ley de Enseñanza de 1899,
dio un nuevo impulso a la enseñanza pedagógica
en el modelo conservatoriano; más que ninguno anteriormente,
su modelo académico buscó la interconexión
entre los diferentes ámbitos del quehacer conservatoriano,
al grado de estipular como requisito de egreso que los alumnos
de la carrera de maestro de música, debieran cursar
dos años de labores en las Academias de Investigación
de la Escuela, que ya para esos momentos él mismo había
establecido en el plantel. En el afán por reforzar
la obra académica que realizaban los docentes y en
el ánimo por estudiar la "música aborigen
desde el punto de vista histórico y cinético",
formó tres academias de investigación específica
lo que le permitió impulsar distintos proyectos que
habrían de sentar las bases de la investigación
artística contemporánea y, con el transcurso
del tiempo, dar origen a los actuales Centros Nacionales de
Información, Documentación e Investigación
del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Las academias
fueron: de Investigación de Música Popular;
de Historia y Bibliografía y de Nuevas Posibilidades
Musicales, orientadas todas ellas, conforme al artículo
50 del nuevo plan de estudios, a realizar estudios de investigación
"histórica, científica y artística
en materias musicales de interés nacional".
Especialmente
prolífica fue la academia de Investigación Histórica,
en la cual participaron los maestros José Rolón,
José Pomar, Francisco Agea y el ya citado Jesús
C. Romero, quienes con la colaboración con sus propios
alumnos, desarrollaron diversos trabajos sobre bibliografía
musical, particularmente de revisión y catalogación
de obras musicales mexicanas resguardadas en la biblioteca
del plantel. En 1936 la nueva administración reestructuró
las academias y estipuló que las de Música Popular
y de Nuevas Modalidades Musicales se conformaran por los propios
maestros de composición y por los alumnos que cursaban
el último año de esta carrera, en tanto que
la de Historia y Bibliografía estaría integrada
por los maestros de historia, el jefe de la biblioteca y los
alumnos del último año de cualquier carrera
que así lo solicitaran. Todos los trabajos así
generados habrían de incorporarse a la actividad del
Conservatorio, figurando el propio director de éste
como Presidente de todas ellas.
Ya
en los años cuarenta, la "investigación
histórica, científica y artística en
materias musicales, especialmente de interés nacional"
-producto de la obra realizada por la Academia de Investigación
de la Música Popular-, figura como una de las tres
finalidades de la institución, tanto en el plan de
estudios de 1942 como en el de 1945. Más aún,
en este último, se introduce por primera vez la asignatura
de Folklore Mexicano en el curriculum conservatoriano, al
quedar establecido que los alumnos de composición deberían
cursarla un año y, posteriormente un año más
los que optaran por continuar con la carrera de maestro en
composición y dirección de conjuntos vocales
e instrumentales.
En
1946 se establece como carrera técnica superior la
de Especialista en Investigación Musical. Al respecto,
el artículo 13 del nuevo plan de estudios establecía
que para recibir el diploma respectivo, una vez concluida
la carrera de compositor, cantante o ejecutante de un instrumento,
el alumno debería cursar las materias de Historia de
la Música en México; Historia de las Artes Plásticas;
Curso Superior de Acústica; Principios Generales de
Estética y Estética Musical; Academia de Investigación
del Folklore Universal y Semiografía Musical. Sin embargo,
esta modalidad sólo duró seis años, pues
a partir de 1952 quedó establecida la carrera de Folklorista,
la cual habría de comprender los primeros siete años
de la de Compositor y un par más en los cuales se deberían
cursar las materias de Historia de México Antiguo;
Historia del Folklore; Historia Superior de la Música;
Náhuatl; Maya u otra lengua indígena, Francés;
Arqueología; Prácticas de Audición y
Grafismo Musical; Etnografía; Sistemas de Catalogación
y Archivo; Acústica Superior y Cultura Física.
En
el plan de 1957 se mantiene la referida carrera de Folklorista,
integrada de igual forma por los primeros siete años
de cualquier carrera de ejecutante más otros dos en
los que deberían cursarse Historia del Folklore Universal;
Método de Investigación Folklórica Musical;
Prácticas de Audición y Escritura Musical; Organografía
Musical de México; Organografía y Clasificación
de Archivo Folklórico Musical; Etnografía de
México; Historia del Folklore en México; Conocimiento
y Manejo de Aparatos de Grabación y Prácticas
de Transcripción, además de Prácticas
de Compilación Folklórica. Así mismo
se establece la carrera de Musicólogo, que comprende
los primeros nueve años de las carreras de Compositor
o Director de Conjuntos Vocales e Instrumentales, más
dos años en los que se estudiaría Paleografía,
Semiografía, Latín, Crítica de Obras,
Bibliografía y Discografía de la Música
y también, Folklore Musical Mexicano. Un lustro más
tarde, en el plan de estudios de 1962, las materias que integran
ahora al curriculum de la carrera de Folklorista son: Historia
y Métodos de la Investigación Folklórica;
Etnografía y Etnología Generales y de México;
Prácticas de Transcripción de música
grabada y de Recolección Folklórica, así
como Organización y Clasificación de Archivo
Folklórico, en tanto que las correspondientes a la
de Musicólogo son: Canto Gregoriano; Historia Superior
de la Música; Semiografía Musical; Filosofía
del Arte; Análisis Musical; Historia de las Artes Plásticas
y de la Literatura; Inglés; Latín y Folklore
Musical Mexicano.
El
plan de estudios de 1979 del CNMM -hasta ahora vigente- se
halla estructurado en cuatro áreas: ejecución
musical, docencia, creación e investigación,
y establece como carreras del área de investigación
las especialidades de Musicología y de Etnomusicología,
ahora con la categoría de Licenciaturas en Música,
cuyas materias específicas a cursar son: Introducción
a la Musicología; Musicología; Canto Gregoriano;
Historia de los Estilos Musicales; Principios y Técnicas
de la Investigación; Métodos de Bibliotecas
y Archivos; Paleografía; Historia de los Sistemas de
Teoría Musical; Estética; Historia Social de
la Literatura y el Arte; Historia del Arte en México;
Historia de la Música en México; Música
Mexicana; Bibliografía; Talleres de Música Antigua,
de Redacción y Crítica; Etnomusicología
y Organología Comparada y Curalogía.
Respecto
al cuerpo docente involucrado con esta rama de la investigación
musical en el CNMM, cabe reiterar que correspondió
a Manuel M. Ponce fundar la cátedra de Investigación
Folklórica en la institución, clase que impartió
también Silvestre Revueltas a finales de los años
veinte. De entonces a la fecha, entre los profesores que han
enseñando Folklore Musical en el Conservatorio, resaltan
los nombres de Vicente Teódulo Mendoza, Virginia de
Mendoza, Baltasar Samper, Adoración Fabila Pescina
y Carmen Sordo Sodi. Finalmente, por lo que concierne a la
evolución de las cátedras correspondientes al
área propiamente histórica y otras involucradas
en el área de investigación musical del quehacer
conservatoriano, se aclara que serán objeto de posteriores
artículos en esta misma serie.
BETTY LUISA ZANOLLI FABILA
Catedrática del Conservatorio
Nacional de Música de México en las materias de Historia de la
Música, Historia del Arte, Piano y Ciencias de la Educació.
Pianista solista de la Orquesta de Cámara de la Escuela
Nacional Preparatoria de la UNAM (1984-1995), desde 1998
colabora en tareas académico-administrativas para el
mejoramiento de la enseñanza en la UNAM. Maestra Especializada
en la Enseñanza Escolar y Pianista del CNM, instrumento en el
que se formó bajo la guía de Leopoldo González Blasco. Pasante de las
carreras de Derecho y Etnohistoria, se doctoró en Historia con
la tesis: La Profesionalización de la Enseñanza Musical en
México: El Conservatorio Nacional de Música (1866-1997).
bzanolli@infosel.net.mx
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