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Todos
los seres humanos somos iguales en general y completamente diferentes en lo
particular.
Todos tenemos
ojos, orejas, boca, brazos, piernas, etc., pero no hay dos narices, caras o
cuerpos iguales entre todos los hombres del planeta desde que el hombre inició
su existencia en la tierra. Por lo tanto el humanismo deberá aplicarse con la
intención de lograr la felicidad de todos los hombres en general y de cada uno
en particular.
La felicidad
según la Organización de las Naciones Unidas (Conferencia de Yalta) es la salud
y la salud no es sólo la ausencia de enfermedad o dolor, sino un completo estado
de bienestar biológico, psicológico y social.
La salud
biológica se refiere a alteraciones de los órganos del cuerpo y es a lo que se
le da más importancia en general.
La salud
psicológica es un equilibrio entre lo que deseamos ser y lo que somos en el
ambiente personal, familiar y social, y se pierde aunque el cerebro esté
biológicamente normal.
La salud social
depende de las condiciones económicas, de las discriminaciones y de la lucha
entre grupos sociales, religiosos, políticos y nacionalistas.
Entre los tres
tipos de enfermedad (biológica, psicológica y social), hay una gran influencia,
pues por ejemplo, si un hombre o un grupo carece de recursos mínimos para comer,
lugar donde vivir, etc., se afecta la salud biológica (desnutrición,
enfermedades adquiridas y aumento del riesgo de todas las enfermedades) y la
psicológica se afecta al no tener el grupo del individuo capacidad para
modificar la enfermedad social, lo que atañe sobre todo a los gobiernos.
Para ser feliz,
desde el punto de vista de la salud integral y desde el punto de vista
humanístico, igual para todas las razas, países, religiones, tradiciones, etc.,
será necesaria una educación y utilización de todos los recursos del planeta y
de todas las zonas del mismo como primer objetivo humano particular y general.
Se tienen los
recursos científicos para conocer las causas de estos problemas y los recursos
técnicos para resolverlos, pero parece ser que a las dictaduras locales,
regionales e imperiales (dominio económico y militar), lo único que les interesa
es «el poderoso caballero Don Dinero».
Habemos, sin
embargo, grupos e individuos con los deseos y metas humanistas, aunque sin la
fuerza suficiente para alcanzarlos.
Citaré algunos
terrícolas (habitantes del planeta tierra) que pensamos igual:
Bertrand Russell
(Un popular Essays); Tomás Moro (Utopía, siglo XVI); Alejo
Carpentier (El Arpa y la Sombra); Laurette Sejorne (Un Palacio en la
Ciudad de los Dioses); Salvador Díaz Mirón (Nadie tiene derecho a lo
superfluo mientras alguien carezca de lo estricto...); Agustín Yáñez;
William Osler; Miguel de Cervantes Saavedra (El ingenioso hidalgo Don
Quijote de la Mancha); Protágoras (El hombre es la medida de todas las
cosas); Iván Pavlov.
¿Se logrará la
utopía? Copiando a Sócrates, que dijo «Yo sólo sé que no sé nada y por eso soy
el más sabio de los hombres», prefiero no contestar la pregunta.
TRIFÓN
DE LA SIERRA
Especialista en diversas ramas de la medicina. Ha sido catedrático
y funcionario de la Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional Autónoma de México así como
en diversas instituciones del sector salud. Asesor del Secretario
de Salud. Autor de una variada obra científica y articulista
en diversas publicaciones de circulación nacional.
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