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Desde
épocas pretéritas Rusia ha sido poseedora de una cultura popular musical
abundante. Y aunque en aquellas latitudes desde dos centurias atrás tuvieron
auge composiciones provenientes de Francia e Italia, como la ópera de esta
última, fue hasta el siglo XIX cuando Rusia inició su propia cultura musical.
Singular por su historia y por su carácter, es lo que se denomina «la escuela
(de la música) rusa». Según algunos especialistas, sin un antecedente que prevea
su evolución, el arte musical ruso surgió en pleno siglo XIX y fructificó en un
lapso de cinco décadas en que se constituyó como un todo independiente,
homogéneo y extenso. El rápido crecimiento de esta corriente musical, provoca
asombro por las cualidades excelentes de sus obras que son prueba manifiesta del
desarrollo de esta música representativa de una expresión identificada ya desde
entonces como nacionalista, por sus autores que enriquecieron sus obras con
temas que tuvieron su origen en los cantos, leyendas y tradiciones dimanados del
pueblo.
Entre sus
notables exponentes están Michael Glinka, Mily Balakirev, Alexander Borodin,
César Cui y Modesto Petrovich Mussorgsky, quienes cultivaron con determinación
el espíritu ruso. En su momento se autodenominaron «el poderoso pequeño
destacamento», y se les menciona también como «los cinco», con la particularidad
de que eran compositores por afición, ya que convencidos de que no era posible
mantenerse de la composición musical, desarrollaban actividades ajenas al arte
pautado. Borodin era profesor de química en la Escuela de Medicina. Cui enseñó
fortificación en la Escuela de Ingenieros y Artilleros y es autor de varios
opúsculos sobre esa materia; Mussorgsky se desempeñó como empleado sin
relevancia y, en consecuencia, su vida fue de estrecheces económicas, rayana en
la miseria, lo que tal vez incidió en su limitada formación musical. Se dio a la
bebida y murió en plena madurez física. Sus dos obras más conocidas en el mundo
occidental son la ópera Boris Godunov y su composición para piano
Cuadros de una Exposición, que posteriormente el músico francés Maurice
Ravel hiciera la adaptación para orquesta y así tuvo mayor difusión fuera de su
país. Al mencionar a la música rusa, de inmediato se le recuerda en su carácter
nacionalista. Estilo que incluso cultivaron algunos precursores que desde los
primeros escarceos de la música pautada recurrieron al folklore popular, y que
plasmaron en las partituras de ópera o en obras instrumentales, al tiempo que en
los escenarios líricos empezaban a presentarse cuadros de la vida campirana.
Algunos criticaron a Glinka, Balakirev o a Nicolás Rimsky-Korsakov, de
enriquecer su lenguaje artístico con los cantos populares, y hubo quienes
contraponían la música llegada de occidente a la música autóctona de
compositores locales cuando Rusia empezó a producir música. Hasta la fecha, en
toda la obra musical rusa de primer orden son evidentes los caracteres de la «nacionalidad».
Ahora bien, los
cultivadores de la corriente nacionalista evolucionaron hacia un arte musical
libre de convencionalismos que denominaron en aquel entonces «movimiento moderno»,
en el que la melodía, la tonalidad y el ritmo son libres, precisamente como en
los cantos del pueblo, y Mussorgsky sobresale del grupo por sus audacias
musicales intuitivas nunca antes concebidas, o por lo menos expresadas, muy
personales de la sensibilidad creadora de este autor, al tomar los elementos
populares y aprovecharlos mediante una profunda elaboración; no los transformó
ni los adaptó simplemente, sino que les supo extraer la esencia que le habría de
servir para manifestar su temperamento y sensibilidad en la mayoría de su obra.
La singularidad de sus composiciones es que no se trata sólo de la expansión de
sonoridades, sino que por lo regular se remite a especificar alguna cosa, sean
los ritmos del lenguaje hablado o los movimiento de éste. Y así, Mussorgsky es
único en su arte, por cierto muy poco difundido en occidente, indiscutible
ejemplo de su raza, de su grupo y de su tiempo.
Modesto Petrovich
Mussorgsky nació el 28 de marzo de 1839, en la aldea de Korevo, región campesina
donde vivió sus primeros diez años. Ya mayor, volvía con frecuencia y permanecía
largas temporadas, saturándose del terruño, de las pasiones, humor y
sensibilidad del alma popular, para evocarlas en la música y en las palabras
que después componía. De salud quebrantada y vida de estrecheces, a su carácter
nervioso unía una extrema sensibilidad que le permitía captar una visión exacta
y consciente del pueblo. A partir de los veinte años su espíritu le cantó a los
inocentes, a los pobres y a los desamparados. A diferencia de algunas
composiciones de escasa trascendencia que escribió en su juventud, en su etapa
de gran creatividad su dedicación plena fue la de concebir a través de su arte,
una imagen fiel de la vida, con predominio de la verdad por sobre la belleza. A
los 27 años de edad, la hermana de Borodin lo describió como «un brillante
oficial en el regimiento de Preobranjensky», actividad que alternaba con la
música, y aunque eran frecuentes las acometidas del padecimiento nervioso que lo
aquejó casi toda su existencia, el amor por la música lo impulsaba a
sobreponerse con renovado entusiasmo. El pintor ruso Ilia Lefimovich Repin
realizó un retrato de Mussorgsky pocos días antes del deceso de éste, que en
contraste evidente de la descripción anterior, lo muestra abotagado y deshecho
por el alcohol, con los cabellos en desorden y en bata de enfermo, pero su
mirada es sumamente expresiva, consciente y de extraordinaria dulzura. Murió el
28 de marzo de 1881, precisamente el día que cumplía los 42 años de edad.
Su legado musical
consta de una treintena de melodías, entre las que sobresalen Habitación de
Niños (conformada con siete obras que son lo mejor de Mussorgsky, la cual
desde su estreno le aportara popularidad a su autor), y Cantos y Danzas de la
Muerte; ocho composiciones corales; la ópera Boris Godunov; el drama
musical Khovánchina, El Matrimonio (primer acto), comedia musical;
La Feria de Sorochinsk; las composiciones orquestales: Scherzo en si
bemol, Intermezzo, Marcha a la Turca, La Noche en el Monte
Calvo. Música para piano: El alférez (polka), Pequeño Scherzo,
Intermezzo, Cuadros de una Exposición (inspirada en una muestra
pictórica póstuma de su gran amigo el arquitecto Víctor Hartmann, que a manera
de homenaje el compositor quiso «dibujar en música», algunos de los cuadros
expuestos), Meditación, Una Lágrima, La Sinfonía,
Costurera, En Crimea (Capricho, Gurzuf), En la Aldea, Gopak,
Scherzo en do sostenido menor, Impromptu (palabras por Goethe),
Recuerdo de Infancia, Niania y yo, Primer Castigo, Allegro
de Sinfonía, Marcha (para el 25° aniversario de la coronación del
zar Alejandro II), El Deseo (letra de Heinrich Heine). Se asegura que es
extenso el catálogo de este compositor. Muchos de sus manuscritos quedaron en
posesión de coleccionistas o de institutos y bibliotecas oficiales, y casi nada
se sabe de su difusión.
JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA Y CARRANCÁ
Doctor
en Derecho. Catedrático de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Presidente del Tribunal
Superior de Justicia del Distrito Federal. Conferencista y
ponente en múltiples congresos nacionales e internacionales.
Editorialista en diversos periódicos de circulación
nacional. Es autor de una numerosa obra escrita, jurídica,
pedagógica y cultural.
jlgac@hotmail.com
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