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Desde su fundación en 1866 el Conservatorio
Nacional de Música de México ha tenido distintas denominaciones en su devenir
histórico, situación fundamentada principalmente en dos aspectos: por un lado,
si bien esta institución, como podría suponerse, está dedicada a la formación
profesional exclusiva de músicos, en el transcurso de sus casi 135 años de vida
en nueve ocasiones incorporó también la enseñanza del arte dramático y, durante
un corto periodo también, la de la danza. Por el otro, cuestiones relativas a su
incorporación o desincorporación bajo la égida estatal, así como su inclusión o
exclusión correspondiente al ámbito administrativo de la Secretaría de Educación
Pública han influido para que, según el caso, esta institución educativa haya
obtenido el calificativo de Conservatorio Nacional, o bien de Escuela Nacional
durante la tercera década del siglo XX.
El primer nombre que adopta este plantel es el de «Conservatorio de
Música de la Sociedad Filarmónica Mexicana», lo que reafirma por una parte su
especialidad docente en la enseñanza del arte de Euterpe, y por otra, evidencia
que su naturaleza es eminentemente de carácter privado, derivado de las
aportaciones de recursos y esfuerzos para materializar su establecimiento formal
a cargo del grupo de integrantes de la Sociedad Filarmónica Mexicana.
En
1869, se incorpora a su estructura académica la enseñanza del teatro como nueva
disciplina artística al establecerse, conforme a lo dispuesto por el nuevo
reglamento interior del plantel, la sección del Conservatorio Dramático, misma
que inicia sus actividades el 29 de septiembre de ese año. El nombre que
entonces toma es el de «Conservatorio de Música y de Declamación de la Sociedad
Filarmónica Mexicana», el cual habría de llevar por los siguientes doce años.
El
25 de enero de 1877, el presidente de la República Mexicana, general Porfirio
Díaz, promulga el decreto de nacionalización del Conservatorio, al que designa «Conservatorio
Nacional de Música y Declamación». Sin embargo es evidente la disminución
paulatina de diversas asignaturas de las cuarenta y dos que ya a finales de 1876
regularmente se impartían en la institución, tanto en las áreas de música y
declamación, como en otras auxiliares a éstas.
En
1883, el maestro Alfredo Bablot, director del Conservatorio, impulsa un proyecto
de reforma educativa que conlleva designar a la institución por primera vez «Conservatorio
Nacional de Música». Por este tiempo resulta indudable el apoyo que se otorgó a
la enseñanza musical, tanto de los instrumentos tradicionales como de los recién
incorporados al repertorio orquestal europeo, en virtud de las innovaciones
tecnológicas promovidas por Adolfo Sax, especialmente en la familia de los
instrumentos aerófonos.
A
principios del siglo XX la influencia cultural francesa cobra fuerza en el mundo
artístico mexicano. En 1900 el presidente Díaz expide la Ley de Enseñanza
para el Conservatorio Nacional de Música y Declamación. El cambio en el
modelo pedagógico conservatoriano repercute una vez más en su denominación, que
habrá de conservar aún con la aprobación del nuevo plan de estudios de 1903, en
cuyo diseño y elaboración participaron artistas y profesores de la talla de
Gustavo Ernesto Campa, Amado Nervo, Ricardo Castro, Carlos J. Meneses y Melesio
Morales, entre otros.
Una
década más tarde, en 1914, otra vez es modificado el nombre de la institución en
estudio, al recibir ahora el de «Conservatorio Nacional de Música y Arte
Dramático», que en 1916 se transforma en el de «Escuela Nacional de Música y
Arte Teatral».
La
institución conservatoriana, que originalmente había sido el producto del
esfuerzo de particulares, a partir de su nacionalización en 1877 y por cuarenta
y un años más, quedó comprendida dentro del conjunto de establecimientos
educativos nacionales. Sin embargo, no sólo los avatares vividos durante los
años revolucionarios habrían de impactar en la vida de esta venerable escuela,
también lo haría el magno suceso de la fundación en 1910 de la Universidad
Nacional de México y sus muy importantes consecuencias en los órdenes académico,
administrativo y político del plantel conservatoriano.
En
1918 el Conservatorio, al ser adscrito administrativamente entre las entidades
académicas universitarias y, paralelamente con el nacimiento de la Escuela
Nacional de Arte Teatral cuya enseñanza fue seccionada de su propia estructura
orgánica, recibe ahora el nombre de «Escuela Nacional de Música». En 1920,
recién designado rector de la Universidad el licenciado José Vasconcelos y luego
de un proceso de reorganización en esta institución, se determina que nuevamente
queden integradas ambas escuelas, para constituir la «Escuela Nacional de Música
y Arte Teatral».
El
nuevo esquema tuvo también una breve duración. A partir del establecimiento de
la Secretaría de Educación Pública, el plantel educativo musical fue asignado a
esta importante área administrativa de manera independiente de la Universidad,
nuevamente adoptando el nombre de «Conservatorio Nacional de Música»,
denominación por la que abogó a finales de 1922 su propio director, el
compositor Julián Carrillo. No obstante, esta situación sólo se mantuvo por dos
años más, dado que en 1924, por decreto del presidente general Álvaro Obregón,
el Conservatorio fue reincorporado una vez más a la Universidad.
A
finales de esta década de los veinte, un grupo importante de profesores
conservatorianos participa en diversos congresos nacionales de música y producto
de su trabajo es la elaboración de un proyecto de nuevo plan de estudios para el
Conservatorio que propone nuevamente incluir la carrera de Declamación. El 7 de
febrero de 1929 el proyecto es aprobado, pero se incorpora la enseñanza en las
aulas conservatorianas no sólo del teatro sino también de la danza. En
consecuencia, la institución toma ahora el nombre de «Escuela Nacional de Música,
Teatro y Danza», denominación que en ciertos documentos oficiales universitarios
llega a ser substituida por la de «Facultad de Teatro, Música y Danza».
Sin
embargo, ése, que sería el penúltimo nombre de nuestro ameritado plantel de
educación superior musical, fue también el que con menor duración permaneció.
Sólo unos meses después, y derivado de los sucesos internos que tienen lugar en
la Universidad Nacional de México, la comunidad académica conservatoriana se
escinde. Resultado de esta situación es el nacimiento de dos instituciones
educativas paralelas. Una, en el ámbito de la naciente Universidad Nacional
Autónoma de México, es decir, la Escuela Nacional de Música -en sus primeros
momentos llamada Facultad de Música-; la otra, el Conservatorio Nacional de
Música que, integrado por el grupo mayoritario de profesores encabezados por el
director, Carlos Chávez, solicitaron quedar reincorporados a la Secretaría de
Educación Pública y recobrar otra vez su antiguo nombre.
Es
pues, desde su refundación en 1929 que el «Conservatorio Nacional de Música» ha
mantenido sin cambio alguno el mismo nombre hasta la fecha.
De
esa forma, nuestro actual Conservatorio Nacional de Música de México comparte
los principios de la tradición artística y educativa de la institución
conservatoriana universal, cuyos orígenes se remontan hasta el siglo XV de la
Italia renacentista.
BETTY LUISA ZANOLLI FABILA
Catedrática del Conservatorio
Nacional de Música de México en las materias de Historia de la
Música, Historia del Arte, Piano y Ciencias de la Educació.
Pianista solista de la Orquesta de Cámara de la Escuela
Nacional Preparatoria de la UNAM (1984-1995), desde 1998
colabora en tareas académico-administrativas para el
mejoramiento de la enseñanza en la UNAM. Maestra Especializada
en la Enseñanza Escolar y Pianista del CNM, instrumento en el
que se formó bajo la guía de Leopoldo González Blasco. Pasante de las
carreras de Derecho y Etnohistoria, se doctoró en Historia con
la tesis: La Profesionalización de la Enseñanza Musical en
México: El Conservatorio Nacional de Música (1866-1997).
bzanolli@infosel.net.mx
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