Inicio     Clima

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
   
  Conservatorianos No. 10 (noviembre-diciembre) 2006
 

Conservatorianos conmemora el XC aniversario de su nacimiento

 UBERTO ZANOLLI

(1917-1994)


 GIACOMO FACCO

(1676-1753)


 

 

Orquesta Sinfónica Nacional

 

 

Orquesta Filarmónica de la UNAM

 

Cartelera UNAM

 

 

Orquesta Sinfónica de Minería

 

Sugiere un sitio

 

 

 

Universo de El Búho

Julio de 2007

 

 

 

Peritaje * Registro de obras * Defensoría jurídica autoral

 

Arte y Cultura Digital: Diseño editorial * Multimedios * Web * Hospedaje * Registro de derechos de autor y marcas

 

* * * NUEVO * * *

Digitalización de documentos

 


Fondo sonoro:

 

Sobre las olas

del músico conservatoriano mexicano

Juventino Rosas

(Fragmento)

 

Elaboración orquestal de Uberto Zanolli

 

Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria -UNAM (1987)

 

   

 

Enero-Febrero de 2008, No.10

Publicación bimestral

 


 

Schubertiade en Austria

 

 

María Teresa Castrillón

NÚMERO ACTUAL

ÍNDICE

CURRICULUM DEL AUTOR

 

MARÍA TERESA CASTRILLÓN

Pianista. Egresada del Conservatorio Nacional de Música y de la Academia de Música y Artes Dramáticas de Viena. Profesora de piano en el CNM en donde ha formado una amplia escuela pianística. Crítico musical de diversos diarios de circulación nacional entre los que destaca el periódico Excélsior.

 

 

Mozart y Beethoven son genios -¡pero Schubert! Schubert es un milagro"

Son palabras del pintor ruso Marc Chagal. También el actor Oskar Werner dijo: "Mozart y Beethoven llegan hasta el cielo, pero Schubert viene de allá". Por su parte, Stravinsky contestó a alguien que le dijo que la música de Schubert hacía dormir porque era demasiado larga: "Y qué me importa dormir, si cuando despierto estoy en el Paraíso…"

Todas estas expresiones se sienten vibrar en el ambiente de la Schubertiade que tiene lugar cada año en Austria.

Es sabido que el origen de las Schubertiade viene desde el tiempo en que los amigos de Schubert se reunían en torno a él para hacer música. Ahí se daban a conocer sus Lieder que cantaba el famoso barítono Johann Michael Vogl y Schubert acompañaba modestamente al piano. Su círculo de amigos formado por los destacados pintores Moritz von Schwind, Leopold Kuppelwieser, Josef von Spaun, el músico Franz von Schober, poetas como Ferdinand Mayerhofer, el genial Franz Grillparzer, etc., se reunían frecuentemente y sabían que el pequeño "Schwammerl" (honguito), como lo llamaban, era un genio.

Schubert es el más típicamente vienés de los compositores austriacos, además nunca salió de Viena más que para ir un verano a Hungría, donde fue invitado como maestro de piano de la condesa Carolina Esterhazy. Y ahí extrañaba Viena y suspiraba por regresar.

Las Schubertiade han seguido rindiendo homenaje a Schubert y como una necesidad de escuchar su música celestial. Una de ellas, la más famosa es la que se lleva a cabo en Schwarzenberg (provincia de Vorarlberg) en la frontera con Suiza, en plenos Bosques de Bregenz en los Alpes austriacos. Está dividido en tres etapas que comienzan desde mayo y terminan en septiembre.

El origen se remonta al año 1976 a iniciativa del gran cantante Hermann Pray, quien por cierto, en un principio quería dedicarlo a Mozart. Se inició en Hohenems, pero el público creció en tal forma que ya no cabían en el castillo donde tenía lugar. Se cambió a Feldkirch, una bella y antigua ciudad, pero desde hace tres años se instaló en Schwarzenberg, un pequeño poblado vecino, típico del paisaje alpino, "la región que está en armonía con la naturaleza", ideal para un festival de música. No tiene subsidio alguno, y se sostiene con la venta de boletos, pero ha tenido tanto éxito que siempre está lleno y vienen gentes de Alemania, Italia y hasta de Inglaterra… y México. Desde hace tres años solicité asistir y fui recibida con la mayor generosidad y hospitalidad y es mi baño anual de música y de Schubert. Ahí no hay hoteles Sheraton ni Hilton, son pequeños hoteles en donde la tradición es que las familias lo atiendan personalmente. Como no hay sino dos hoteles en Schwarzenberg, ahí solamente se aloja a los artistas, los asistentes tienen reservada habitación en diferentes pueblitos y el turismo de Bregenzerwald tiene todo organizado tan perfectamente junto con la Schubertiade, que hay autobuses que pasan a recoger a los melómanos en sus hoteles y lo mismo hacen a la salida de los conciertos.

Estos tienen lugar a las 4 y a las 8, además en las mañanas el curso de Lied y el de Cuarteto de Cuerdas. El de Lied es impartido por el legendario Fischer-Dieskau.

Los domingos hay tres conciertos al día, y los insaciables schubertianos asistimos a todo.

Y no sólo es el placer de escuchar la música, sino además hay una serie de atractivos, como son los paisajes, la gastronomía, tal vez la más renombrada de Austria, donde desde el desayuno es un banquete, los paseos a los lugares aledaños, pueblitos preciosos, y la visita a los diferentes museos y exposiciones. El Museo Schubert encierra la historia de Schubert y su tiempo con retratos, pintoras, partituras y documentos. El año pasado estaba la exposición de Chagall; éste se dedicó a Geroges Braque. Además se están celebrando los 200 años del pintor MOritz con Schwind, de los poetas Eduard Mörike (autor de textos de Schubert) y Johann Gabriel Seidl, el músico Salomón Sulzer, famoso cantor de la sinagoga y Johann Strauss padre, a quienes se les dedicó también un espacio.

En estos años, de 1976 a 2004 han tomado parte una infinidad de artistas de primer nivel. La enorme lista incluye a grandes linderitas, desde Araiza (por empezar con al "A", Hermann Pray, Fischer-Dieskau, Meter Schreier, Cecilia Bartolli, Elizabeth Schwarzkop, Alfred Brendel, Andras Schiff, etc., y en fin, toda una constelación interminable, siempre dentro de la línea de recitales de lied y música de cámara, principalmente.

Yo pude llegar para los últimos conciertos del festival, a principios de septiembre. Llegué directamente desde México en una verdadera odisea, pues llevando a París corrí a tomar la conexión a Zurich, que es el aeropuerto más cercano al lugar. Ahí tomar el tren para Bregenz con dos transbordes: en St. Gallen y en Sta. Margaretten. En Bregenz me esperaba un taxi enviado por la Schubertiade. Pude reconocer al taxista porque traía en la mano una hoja con el retrato de Schubert. Me encantó.

Esa noche, el 4 de septiembre escuché un concierto que hubiera valido por todos: un recital de lied con el barítono Thomas Quasthoff a quien yo nunca había escuchado. Es una de las voces más extraordinarias que yo haya oído, cálida y expresiva, y sobre todo una musicalidad incomparable, y extraordinaria dicción. Yo no estaba preparada, al verlo salir me sorprendió: es discapacitado, pues supongo que es de la generación de la talidomida, a juzgar por sus características y por su edad, no tiene brazos, pero sí manos y es pequeñito. Le ponen una tarima, a la que trepa ágilmente y cuando empieza a cantar, se siente uno transportado al Paraíso. Su programa estuvo formado por Lieder de Schubert, Carl Loewe, Hugo Wolf y Richard Strauss. La gente le tributó interminables aplausos de pie. Como último encore nos regaló "An die Musik" de Schubert: "En cuántas horas grises me has mostrado un mundo mejor… a ti sublime arte, Ich danke Dir". Me hizo llorar.

El pianista acompañante excelente, el joven alemán Justus Zeyen; ambos se compenetran espléndidamente. Quasthoff tiene ya un gran nombre en Europa y es solicitado incluso en la ópera.

El domingo 5 hubo una matinée con un melodrama poco conocido de Schumann: "Die Weise von Liebe und Tod des Cornets Cristoph Rilke (de Reiner María Ritke) para narrador y piano, estupendamente declamado por Fischer-Diskau, con su bella voz y Hartmut Höll.

A las 4 de la tarde recital de lied y hammerklavier con la mezzosoprano sueca Anne Sofie von Otter y al hammerklavier Andreas Staier. El hammerklavier es el antecesor inmediato del piano. Era un recital Haydn-Schubert. Ella no tiene la voz oscura de las mezzo, pero es cristalina y es una buena cantante. Compartió el recital con su excelente pianista, aunque me pareció raro que para tocar una sonata de Haydn y un Impromptu de Schubert (el primero del Op. 90 en do menor) lo hiciera leyendo la partitura.

En la noche el Sexteto de Viena, que se despidió de los escenarios con este concierto. ¡Lástima" pues es un conjunto estupendo. Los acompañó la magnífica clarinetista Sabine Mayer con el Quinteto de Max Reger. Además tocaron el Sexteto para cuerdas de Brahms y el de Richard Strauss de su ópera "Capriccio" op. 85.

 

Y no todo es perfecto; el lunes 6 se presentó el joven barítono berlinés Dietrich Henschel, alumno de Fischer-Diskau, y seguramente recomendado por él, pero todavía está verde; su voz es pequeña y no dice nada. Su acompañante, el excelente pianista Helmut Deutsch, uno de los mejores hoy en día, le hizo la maldad de tocar demasiado fuerte y como que no se veía muy a gusto. Mostró su maestría en el arte de acompañar, pues como encore Henschel cantó "Die Musensohn" y se lo acompañó de memoria. Él (el pianista) se lució. Era un recital Schubert.

Pero en la noche nos compensamos con un fabuloso recital de la soprano alemana Juliane Banse, que de las voces femeninas fue sin duda la mejor, no sólo por la calidad de su voz, sino porque transmite desde adentro con gran musicalidad, temperamento y su voz corre con una gran fluidez. Además su programa estaba muy bien escogido: Canciones de Debussy (Pantomime, Claire de lune y Pierrot), tres Lieder de Mozart, nuevamente Debussy con las Arietes oubliées, Frühlingslied de Mendelssohn, un interesante lied de Fanny Mendelssohn y terminó ocn el Poema en forma de canciones de Turina con excelente pronunciación, dicción y temperamento gitano. Su pianista, Jean Philip Schulze: magnífico. Fue una noche estelar.

El jueves 7 un recital del joven pianista vienés Hill Feliner, Premio 1993 del Concurso Clara Haskil. Tocó muy correctamente la Sonata Op. 22 de Beethoven, la Sonata en la menor D. 784 de Schubert y Cuadros de una exposición de Mussorgsky. Fue irreprochable y entiende muy bien cada estilo.

En la noche un recital de lied con cuatro cantantes, a veces solos y otras en conjuntos: Diana Damrau (soprano), Annely Peebo mezzosoprano estoniana, quien suplió a la cantante programada, quien canceló por enfermedad, el tenor Christoph Strehl y el barítono Stephan Genz, acompañados magistralmente por Helmut Deutsch.

Finalmente, mi último concierto fue con al famosa soprano Edita Gruberova, quien aún conserva una voz fresca, con cristalinas y malabarísticas coloraturas. Su programa era Schubert, Strauss. Empezó fría (en realidad nunca se caracterizó por su expresividad, sino que se hizo famosa por sus coloraturas, haciendo histórica su Zerbinetta de Ariadna auf Naxos de Strauss). Al cantar El pastor en las rocas de Schubert se sintió más emoción, ayudada por el magnífico clarinetista Wolfgang Meyer (hermano de Sabine) que la acompañó. Encuentra muy buen soporte en su pianista acompañante, su marido Friedrich Haider. Sus encores fueron admirables por su técnica e hizo alarde de su coloratura. Es una cantante a quien se admira, pero no emociona.

Y así me despedí de esta maravillosa Schubertiade, a la que invito a todo el que quiera tener un viaje al Paraíso. Fue un auténtico banquete musical.

 

 


 

 

 

D.R. © Conservatorianos
Revista de información, reflexión y divulgación culturales
México D.F.
Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos aquí presentados,
siempre y cuando se cite la fuente completa y su dirección electrónica.