Enero-Febrero de 2008, No.10

Publicación bimestral

 


 

Cultura y sociedad en Zacatecas:

Del siglo XIX al Porfiriato (II)

 

 

Luis Díaz Santana

NÚMERO ACTUAL

ÍNDICE

CURRICULUM DEL AUTOR

 

LUIS DÍAZ SANTANA GARZA

Originario de Monterrey, Nuevo León. Licenciado en Música con Acentuación en Guitarra por la Facultad de Música de la Universidad Regiomontana, ha culminado la maestría en Humanidades de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Investigador de la música colonial hasta nuestros días e intérprete en instrumentos originales, como guitarra barroca y séptima mexicana. Participante en seminarios y clases magistrales de Richard Lluby, Leo Brouwer, Miguel Ángel Girollet y en Taos, Nuevo México, con Robert Guthrie. Ciudadano honorario de Dallas Texas. Impartió guitarra en la UAZ, con cuya Orquesta de Cámara ha realizado conciertos. Como solista ha actuado en en gran parte de la República Mexicana, en Estados Unidos, Guatemala y El Salvador. Fue miembro de la Orquesta de Guitarras de Xalapa y del Ensamble de Guitarras de la Secretaría de Educación y Cultura de Veracruz. Desde 1994 forma dueto con la destacada soprano zacatecana Sonia Medrano. Ha recibido apoyo del programa nacional «Educación por el Arte» y del PACMYC. Becario del FONCA, director del ensamble Capilla Barroca Zacatecana, pronto presentará su libro La tradición musical en Zacatecas, 1 8 5 0 - 1 9 2 0 .

 

 

El Coliseo y los teatros "provincianos"

Al realizar un estudio comparativo del famoso Coliseo de la Ciudad de México y de otros teatros principales en el interior del país, nos damos cuenta de que el número y calidad de eventos existentes en el Coliseo no es igualada por otros recintos culturales. Y nos referimos a número porque las efemérides del Coliseo ofrecidas por Rubén M. Campos y Enrique de Olavarría y Ferrari nos habla de espectáculos diferentes todos los días. Por solo citar unos ejemplos reunidos por Campos, de los albores del siglo XIX: La noche del martes 1º de octubre de 1805 se representó en el Coliseo de México la comedia La holandesa, con intermedios de cantado y representado, el día 3 la comedia El caldero de San Germán, con canto y baile; al día siguiente se dio una folla, la cual incluyó, entre otras cosas, unas boleras con acompañamiento de trompa, un concierto de violín y un “baile grande”, etc. En fin, podemos verificar que no solamente los fines de semana, sino prácticamente todos los días había música en el enorme recinto, lo cual no es tan habitual en los teatros del interior.

     

En cuanto a la calidad de dichas funciones, obviamente no podemos dar un juicio en lo que se refiere a la perfección de las ejecuciones musicales, pero los hechos registrados esclarecen un buen número de solistas, lo cual nos da un indicio. En los teatros del interior, no hay tales audiciones ni periódicamente ni con el número de músicos observados en el dichoso coliseo.

     Si hojeamos los periódicos mexicanos del siglo XIX, descubriremos que la Ciudad de México tiene la preponderancia sobre todas las metrópolis de la república en materia de espectáculos artísticos. Solamente hay que mencionar que hacia 1753 la capital contaba ya con un Coliseo viejo y un Coliseo nuevo. Pero no es todo: en el Archivo General de la Nación se localiza un manuscrito que demuestra el monopolio de la capital mexicana sobre el teatro desde tiempos coloniales: “Esta capital tiene privilegio de tal, o corte para traer a este teatro las habilidades que en los demás del reyno se hallen”.

     No obstante, la ciudad de Zacatecas también tenía una interesante vida cultural. Prueba de ello son los anuncios que aparecen en los rotativos comunicando las más variadas veladas artísticas, literarias y musicales. La Compañía de Ópera Italiana fue invitada regular de la capital zacatecana durante la década de 1850, ofreciendo siempre temporadas de conciertos que podían extenderse por varias semanas.

     Así mismo, podemos ver frecuentes avisos donde un músico ofrece clases de piano, canto o música en general. La frase “Lecciones de piano” se aprecia en un pequeño anuncio de El Defensor de la Constitución: “Edmundo Castro ofrece los trabajos de su profesión, como también toda clase de compostura de reloxería y máquinas de coser.” Con lo cual nos damos cuenta que la ocupación de maestro de música quizá no era, como en la ciudad de México, del todo apreciada.

     A pesar de todo, el estado de Zacatecas, con las mencionadas restricciones, era modelo para otros como, por ejemplo, el estado de Nuevo León, ya que al consultar sus diarios en el Archivo General del Estado, nos percatamos de que los neoleoneses no gozan de la clase ni cuantía de acontecimientos musicales que sí disfrutan los zacatecanos.

 

Al aire libre

Al mediar el siglo XIX, como en la actualidad, encontramos habitantes para los que la palabra teatro es sinónimo de cultura y, por lo tanto, de pavor o aburrimiento. También es equivalente a burguesía y ostentación de alhajas y tocados y costosos trapos. Pudiera ser que tengan razón. Sin embargo, no podemos negar la influencia que el teatro ha tenido para el mundo occidental, especialmente desde tiempos de la ilustración, ya que el arte que ahí se presenta no es puro esparcimiento para la comunidad, también es fantasía, instrucción y moralización. Las candilejas han proporcionado a la sociedad mexicana un refugio contra la incertidumbre de la vida diaria y, en los momentos de mayor tensión, se convirtió en un espacio para la evasión de la desconsoladora realidad cotidiana. Dos ejemplos nos pueden ilustrar la afirmación anterior: en el año de 1854 la ciudad de México fue asolada por el colera morbus, sin embargo, los periódicos recibieron orden de siquiera mencionar el nombre de la epidemia. A pesar de los fallecimientos, en ese momento actuaban en la capital dos compañías de ópera que tuvieron fuerte rivalidad, razón por la cual ofrecían funciones incansablemente. Varios artistas enfermaron por causa de la epidemia del cólera, y entre los difuntos se contó a la excelsa cantante Enriqueta Sontag, condesa de Rossi.10  Posteriormente, durante la intranquila vida cotidiana que generó el segundo imperio, las compañías de los teatros capitalinos continuaron presentándose.11 

     Hay que destacar el hecho de que muchos municipios zacatecanos no contaban con un teatro propiamente dicho, sin embargo, esto no era un impedimento para ser testigo de un concierto, una comedia o cualquier tipo de representación artística. Un corral, la plaza pública o el salón de la iglesia eran sitios apropiados para el esparcimiento. La Sociedad Filarmónica Pedro Briseño invitaba por medio de un diario local a una serenata, la cual se ofrecería “el primer día que la estación lo permita”.12  Diversas crónicas del siglo XIX nos relatan que no existía la angustia de oír una ópera o una zarzuela al aire libre,13  tal como se podía contemplar una pelea de box en un elegante teatro.14  

 

     Gracias al ayuntamiento de la ciudad, desde el año de 1870 los habitantes de la capital del estado de Zacatecas pudieron deleitarse regularmente escuchando, en los paseos públicos, los conciertos y serenatas ofrecidos por la banda del antedicho maestro Fernando Villalpando. Normalmente, cuando otros compromisos no lo impedían,15  se presentaban los jueves y domingos, en el Jardín Hidalgo y en la Alameda. Desde el año de 1877 la agrupación pasó a la nómina del gobierno del estado.16  

     La Banda del Estado incluía en sus presentaciones una selección de formas musicales en boga: fantasías, mazurcas, polkas, marchas y valses de compositores europeos, como Donizetti, Offenbach y Saint-Saëns. Debemos resaltar que cuando interpretaban una obra de autor nacional o local, solo incluían en el programa sus iniciales, por ejemplo F. V. (sospechamos que se trata de Fernando Villalpando), ó J. A. (Jesús Alejandri), con lo cual deducimos la mayor jerarquía concedida a la música europea.

     Este hecho se hace notar en la comedia de Fernando Calderón A ninguna de las tres, donde el engreído personaje de Carlos, a quien “todo lo nuestro le disgusta”, glorifica la música italiana y el idioma “universal” en el que se escriben las óperas:

 

¡Cuánto me agrada Rossini!

Pero es más tierno Bellini,

más “tocante”: yo vi en Roma,

no, no en Roma, fue en Milán,

vi “Pirata” ...

Pero nada como “Norma” ¡qué belleza!

Habla allí naturaleza.17 

 

     Finalmente, podemos mencionar una deliciosa narración zacatecana de la época, que describe el ámbito de estos originales conciertos y su estimación entre las diversas clases sociales: “Serenata que se verificó la noche del domingo en el jardín Hidalgo. Una selecta y numerosa concurrencia llenaba las avenidas del favorito paseo y una infinidad de farolitos venecianos le comunicaban un aspecto fantástico”.18  

 

Los toros: fanáticos y adversarios

Una diversión pública muy gustada desde la época colonial fue la fiesta brava. Fue tal su significación, que la primera corrida de toros realizada en la Nueva España se dio el 13 de agosto de 1529, para celebrar el aniversario de la caída de México-Tenochtitlán, y se instituyó anualmente para celebrar a San Hipólito, “en cuyo día se ganó la ciudad”.19  Sin embargo, la “fiesta” fue perdiendo su “función política de legitimación del orden estamentario”20  y fue vista con desagrado por los ilustrados del siglo XVIII. A pesar de los esfuerzos de varios gobernantes, entre los que se encontraban los virreyes Bucareli o Mayorga, esta sangrienta diversión jamás pudo prohibirse en la capital de la república, debido a los beneficios que significaban para el real erario.21  

     Sin tener en cuenta estas ganancias, Felipe Cleere, el primer intendente de la ciudad de Zacatecas, privó a los ciudadanos de corridas de toros durante su gestión, que ejerció de 1789 a 1794.22  Después de la independencia, los ilustrados síndicos del ayuntamiento de la capital del estado vuelven a la carga en contra de tan inconveniente recreación, prohibiendo en 1831 las corridas de toros cuando menos durante los siguientes nueve años, a pesar de los esfuerzos de varios ciudadanos por evitarlo.23  No fue sino hasta 1888 cuando el ayuntamiento de la capital expidió un reglamento para dicha “fiesta”, en el cual prohíbe el toro “embolado”, sacar convites de toros, y el perverso uso de las banderillas de fuego.24 

 

Esparcimientos provechosos

Regresemos al problema del analfabetismo durante la decimonovena centuria. Hemos mencionado las impresionantes cifras que existen después de la lucha por la independencia. La situación no había mejorado gran cosa en 1895, pues el primer censo realizado con los controles “científicos” arroja un raquítico porcentaje del 17.9% de mexicanos que saben leer.25  Pero debemos matizar estos gélidos números. Si bien es una realidad que solamente una “élite cultural” podía leer, también existen referencias que revelan un generalizado uso de la lectura en voz alta para el goce colectivo.26  De hecho, esta práctica no se debía tanto al analfabetismo, sino que era un antiguo hábito multisecular.27  

     Jorge Manjarez, corresponsal en Guadalajara de don Vicente Riva Palacio, le informa cómo un grupo de personas, incluidos niños, se sientan en círculo durante las noches para escuchar la lectura de la novela Calvario y Tabor.28 

     Un obstáculo para la lectura fue el precio y las dificultades para conseguir libros, pero

A donde el libro no penetra nunca llega el periódico; y a donde el periódico no llega, circula el folleto... tiendas portátiles, talleres, huertas, hogares, veladoras, taburetes, por donde quiera se encuentra... letrados y no letrados, viejos, jóvenes, hombres y mujeres, de cualquier opinión y estado, lo pasan de mano en mano y lo devoran. En menos de una semana, hojeado, roto, ennegrecido, gastado por el dedo pulgar, ha dado vuelta...29 

     Esta revelación nos puede sorprender, sobre todo si nos impresiona la avasalladora cantidad de información que difunden en nuestros días los medios masivos de comunicación. Pero será más asombroso conocer otro medio de difusión de ideas y noticias con el que se contaba durante el siglo XIX, ya que desde los albores de esta centuria “los predicadores utilizaron el púlpito sagrado para entrar en abiertas disputas sobre el movimiento insurgente.”30  Todo esto nos da una idea clara de cómo se “traducía” una cultura “letrada” para ser presentada y juzgada por el público.

 

La prensa

     Poco tiempo después de finalizar la conmoción que causó la guerra de independencia, los estados mexicanos “libres y soberanos” comenzaron a publicar sus diarios oficiales. Algunos incidentes concretos acapararon inicialmente la atención de los lectores, como la disputa por la supremacía política de la joven república, las referencias de invasiones extranjeras o la vetusta inseguridad de los caminos. Sin embargo, gradualmente estas publicaciones fueron percatándose de su actuación como difusores de una cultura, o como se diría en ese momento, pregoneros de una ilustración.

     Si hablamos de aprendizaje y entretenimiento estamos hablando, sin duda, de la lectura de periódicos durante el siglo XIX. Los habitantes de Zacatecas la practicaban de buena gana. Solo tenemos que hacer un repaso de las gacetas que se leyeron en el estado: El Periódico y el Diario Oficial del Gobierno del Estado, El Defensor de la Constitución, El Defensor de la Reforma, El Correo de Zacatecas, El Correo Municipal, Crónica Municipal, El Jornalero, La Abeja Zacatecana, El Liberal, etc. También es notable el número de rotativos que vieron la luz en municipios apartados de la capital del estado: El Amigo del Pueblo y El Bromista en Pinos, La Antorcha Evangelista en Villa de Cos, El Espectro de Tlaltenango, y El Colibrí en Fresnillo, entre muchos otros.31 

     Además, los más importantes diarios y revistas literarias a nivel nacional circulaban en el estado gracias a las suscripciones: como muestra podemos mencionar que Zacatecas ocupa el cuarto lugar nacional en número de suscriptores de La semana de las señoritas mexicanas en 1852.32  Los zacatecanos también sabían leer música, y eran asiduos compradores de partituras. La obra del título abultado: Gran pieza histórica de los últimos gloriosos sucesos de la guerra de independencia, para piano, compuesta por Don José Antonio Gómez, fue publicada por Ignacio Cumplido en veinte entregas, mediante suscripción, y adquirida en varios hogares de Zacatecas.33  Igualmente, el diario local El Liberal, insertó por entregas y “como obsequio a sus lectoras” los curiosos Consejos a los músicos de Roberto Schumann, traducidos por el propio periódico.34    

     Habitualmente se encuentra en los diarios del período, ingeniosos y llamativos rótulos usados para vender libros de rimas o novelas por entregas. También es rutinario encontrar en los periódicos de mediados del siglo XIX y primeros años del XX, comentarios y notas de nuestra historia nacional, biografías de personajes ilustres y fragmentos de obras literarias escritas por distinguidos autores universales y regionales. Y no faltan los informes de crueldades cometidas, sobre todo, por indios en Sonora, Coahuila y Texas.

     Además, existen algunas inclementes críticas de distintos eventos teatrales y sociales, lo cual nos habla de un buen conocimiento artístico. A pesar de que firma su artículo como amateur, lo cierto es que este criticón conoce a fondo los pormenores musicales, tal como lo vemos en este fragmento de su atiborrada reseña:

La noche del jueves se puso en escena Carmen en el Teatro del Mercado. La Sra. Navarro (Carmen) cantó mejor que cuando acomete los papeles de soprano ligero, aunque a veces no encontraba la entonación... La srita. Gutiérrez bien, dentro de sus facultades... Vargas hizo Escamillo. Cantó mal como siempre. La misma voz estridente, la misma emisión abierta en demasía en el registro medio y muy cerrada en el agudo, el mismo pésimo fraseo... Tuvo una ovación en el segundo acto: sea por Dios... El conjunto fue malo... la mitad de la orquesta ejecutando una cosa y la otra mitad otra... Aquello fue una torre de Babel... Mintió José cuando dijo que él había asesinado a Carmen: muchos tomaron parte en el crimen.35 

     Los expertos en las artes escénicas nos han dejado una notable cantidad de crónicas del teatro en toda la región, lo que revela que su público tenía cierta idea de lo que leían. El Teatro Degollado, en Jalisco, tenía veladas regulares de alto nivel, y los críticos locales no se quedaban callados, exigiendo funciones dignas para su comarca y reivindicando a la provincia:

... La Dama de las Camelias de Dumas, disfrazada con las sonoras armonías de Verdi, cuya música trae al mar traer los organillos de barrio [sic], cumpliendo una misión más destructora que educadora, siempre oída con gusto por cierta parte del público aficionado a las fioritturas y a los pasajes románticos donde la protagonista muere siempre en el suelo. La compañía de la Tetrazzini... ojalá que cuando vuelva, si es que vuelve, la veamos más completa y más digna de la fama que se ha ganado por otros lugares de la república.36 

     Los espectáculos de regular o infame calidad tampoco se libraban de la desaprobación en la región noreste del país, como lo vemos en esta jovial diatriba:

El jueves por la noche asistimos a la representación del drama en tres actos de Luis Mariano de Lara “Proverbios de Salomón o la oración de la tarde”; cuyo título es tan oportuno como si dijéramos: “El peñón de Gibraltar o El buey solo bien se lame...”  preciso es confesar que nuestra esperanzas quedaron enteramente burladas, no solo en cuanto al mérito de dicho drama, sino a su representación por los actores... verdad es que nuestra población todavía no puede recompensar dignamente los trabajos de un Talma o de un Maiquez, pero a lo menos espera que no se le embauque...37  

         Finalmente, nos percatamos que incluso el respetable no escapaba al agudo juicio de los periodistas, aunque seguramente éste aficionado exagere la nota:

Pues señores, los ilustres zacatecanos somos incomprensibles. Carecemos de espectáculos, no quiere visitarnos ninguna compañía porque nuestra cultura nos impide pagarlas y creemos que alguien tiene la culpa de lo que es resultado de nuestra envejecida educación, de nuestro inconcebible atraso... si es Maggi el que tiene el heroísmo de visitarnos, no le vamos a ver porque habla en italiano. Si la ópera, porque cobra demasiado... y si usted, encantadora Virginia [Fábregas] porque... ¡habla usted en español!38  

 

     Para cerrar podemos detallar que hay una gran diferencia entre los rotativos oficiales y los independientes, estos últimos cuidaban más la calidad del formato y confeccionaban sus anuncios con prodigiosa imaginación. No obstante, eran frecuentemente criticados por tener algo de gubernamentales.  Los periódicos oficiales, por su parte, incluían modificaciones a leyes estatales, edictos y todo tipo de publicidad. Unos y otros normalmente se contentaban con un tiraje de dos o tres días a la semana.

 

Folletos y calendarios

Muy gustados por la multitud eran los calendarios, como el que presentó en Zacatecas, para el año de 1865, don Homobono Redondo, a beneficio de Isidoro Maiquez, primer actor, bailarín y director de la compañía dramática. El almanaque contiene fechas y programas de diversos acontecimientos teatrales para ese año. De la misma forma, se incluyen varios poemas, como el dedicado al Sr. Maiquez :

 

Isidoro Maiquez,

Casado y no mal parecido

Y natural de la tierra

Que es patria de aquel que haya nacido

De este teatro actor y por más señas

De carácter jocoso alias gracioso

Con respeto pagado y no debido

A vuesencia espone lo que a la letra copio;

Que el jueves 23 del mes presente

Hará su beneficio y deseoso

De que tan buena y esplendente fiesta

No carezca de gente y alborozo

Pide, ruega, reclama y solicita

Vuestro sublime y esplendente apoyo.

Ya sabe V. que el pueblo de Zacatecas

A mas de complaciente, es generoso;

Si vuesencia me protege, estoy seguro

Que acudirán al teatro hasta los sordos…39 

 

     Éste Isidoro Maiquez era un actor y bailarín mexicano, homónimo del gran actor español que revolucionó el arte escénico y la declamación en su país desde las primeras décadas del siglo XIX.40 

     Para no agobiar al lector con versos, aquí presentamos los últimos, pertenecientes a otro calendario, editado en la Ciudad de México para el año de 1880; es el de Doña Caralampia, del cual transcribimos una burlona porción:

 

El segundo calendario

Con chistes y novilunio

Va a salir el mes de junio

De lo más estrafalario.

Contiene mil travesuras,

Quinientas barbaridades,

Política, variedades

Y también caricaturas…41 

 

     También había libros con entretenimientos musicales, como el que Juan Buxó y compañía publicó en folletín, con cincuenta canciones para mezzo-soprano y barítono,42  los cuales eran recibidos con beneplácito por el público, sobre todo por la clase media y los acomodados.

 

Las artes escénicas en la vida cotidiana

Entre los provechosos entretenimientos hallaremos el baile. El pintor de las costumbres mexicanas, Don Guillermo Prieto, recuerda que durante su viaje a Zacatecas presenció un popular jolgorio:

En sus fandangos, en que el mezcal y el colonche hacían papeles principales, en que el chito y el sabrosísimo chile verde regocijaban los estómagos y vigorizaban el baile, el barretero neto, el del calzoncillo blanco y borrego al cinto, se lucía, alentaba a la bailadora, le ponía su sombrero en el suelo para que danzase o zapatease en su alrededor y él, puro en boca, con los ojos entrecerrados, sentado en el suelo... permanecía arrojando pesos a los pies de la bailadora hasta que se remudaba el sombrero o descansaba la sílfide... y enviaba a poco una criada... que recogiese su dinero.43  

 

     Por otro lado hallamos bailes relamidos, como el ofrecido con motivo de la Jamaica organizada por la junta patriótica, en donde la banda, dirigida por Aurelio Elías, estrenó las piezas Ilusión y realidad, Todo por ti y Vuelta a la patria de Genaro Codina.44  

    No obstante, ningún pasatiempo mejor que el acariciar –o vapulear, en su caso- un instrumento musical. El predilecto era el piano, acaso porque, además de crear música, era un cachivache más entre los enseres para presumir en el hogar, sin mencionar el prestigio social que otorgaba a su propietario. Fácilmente comprobamos su dominio con el exceso de avisos periodísticos, en los cuales se vende un instrumento o se dan lecciones del mismo.

     Hacia en el año de 1879, nos asombramos de encontrar dos afinadores y reparadores de pianos: Agustín Moreno, con domicilio en la calle de arriba #27 y Eufemio Gómez, su rival en la calle de abajo #32. Sus respectivos avisos aparecían en el diario entre la publicidad de la zarzaparrilla “milagrosa, depurativa y refrescante de la sangre” del Dr. Robinson y el cartel de la pensión de caballos.45  Y es precisamente en los decenio de 1870 y 1880 cuando aparecen varios profesores de piano en Zacatecas, algunos provenientes de Jalisco y Guanajuato, entre los que destacaron Luis G. Araujo, Edmundo Castro y Pedro Chávez Aparicio. De la misma forma, el maestro de música inmigrante Torcuato F. Crosty brindó sus conocimientos aproximadamente desde 1884 a la sociedad zacatecana, y cuando soñaba regresar a su patria con la “modesta fortuna” que había reunido, sucumbió por la terrible epidemia que asoló la ciudad en 1893.46 

     Todavía en las primeras décadas del siglo XX, don Eugenio del Hoyo recuerda que los distraídos caminantes percibían las discretas notas de los pianos, tan numerosos que en la calle de arriba no había casa en que no se escuchase su sonido”.47  Esta música que surgía de los balcones, mezclada con las notas que en el empedrado producían los organillos o cilindros, deben haber creado un ambiente de armonía espléndido.

    

Pero no solo el piano tenía admiradores, también encontramos un buen número de individuos que se entretenían con instrumentos de latón, como el armónico de campanas, la corneta de infantería o la caja de guerra; de madera como el clarinete o la flauta; y de cuerda, como la guitarra séptima, el arpa de pedales o la cítara de 30 cuerdas. Algunos de estos instrumentos fueron introducidos en Zacatecas en 1875, por un tal Timoteo Macías, que se instaló en la calle de la Merced #7.48  Este personaje ofrecía también libros y artículos de tlapalería y relojería, con tan mala estrella que para 1878 declaró la suspensión de pagos a sus asociados.49 

     Al curiosear entre las añejas páginas de los periódicos zacatecanos del siglo XIX y comienzos del siglo XX, es palpable el refinamiento alcanzado en materia cultural, educativa y social. Así mismo, es evidente que gracias a los amarillentos impresos podemos recuperar la cultura y la vida social de un ciclo trascendental de nuestra historia.

     Zacatecas es un estado que goza de diversiones refinadas, en ese sentido, los territorios aledaños lo admiran. En el próximo capítulo profundizaremos en la actividad que los actores y músicos desarrollan en el México decimonónico.

 


 

Bibliografía 

 

n      1 Rubén M. Campos, El folklore musical de las ciudades, México, SEP, 1930, p.p. 15-93.

n      2 Mezcla de números musicales, bailes y comedias.

n      3 Campos, Op.cit., p. 15.

n      4 Olavarría y Ferrari, Op.cit., p. 23.

n      5 Mencionado en Maya Ramos Smith, La danza en México durante la época colonial, México, CONACULTA, 1990, p. 86.

n     6 AHEZ, f. Ayuntamiento, s. Diversiones públicas, 1852-1857.

n      7 El Defensor de la Constitución, Periódico oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, 23 de enero de 1879.

n      8 Archivo General del Estado de Nuevo León, Periódico Oficial en microfilm, 1826-1900.

n      9 Olavarría y Ferrari, Op.cit., p.563.

n     10 Ibidem. pp. 560-569.

n      11 Ibidem. pp. 708-709.

n      12 El Defensor de la Constitución, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, sábado 3 de febrero de 1877.

n      13 La Marquesa Calderón de la Barca fue invitada a presenciar en Izúcar de Matamoros, Puebla, en el año de 1841, una representación de El Barbero de Sevilla, al aire libre y bajo un árbol.

n      14 Como aconteció en el Teatro Calderón durante los primeros años del siglo XX.

n      15 “La jefatura política solicita al maestro Villalpando que su banda no falte en los paseos públicos…” El maestro responde que faltan a su compromiso porque el subsidio no les alcanza a los músicos ni para comprar su uniforme, por lo que tienen que ofrecer audiciones en otros lugares. AHEZ, f. Ayuntamiento, s. Diversiones públicas. Diciembre de 1885.

n      16 El Defensor de la Constitución, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, martes 6 de febrero de 1877.

n      17 Calderón, Op.cit., p. 11.

n      18 El Defensor de la Constitución, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, 24 de septiembre de 1890.

n      19 Juan Pedro Viqueira Albán, ¿Relajados o reprimidos?, Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces, México, FCE, 1987, p. 34.

n      20 Ibidem. p. 39.

n      21 Ibidem. p. 45.

n      22 Lidia Medina Lozano, Las diversiones en nuestra señora de los Zacatecas, 1785-1796, Tesis inédita de licenciatura en historia, Zacatecas, UAZ, 1998, pp. 45-50.

n      23 AHEZ, f. Festividades, ss. Remate de toros y gallos, 6 de septiembre de 1831.

n      24 AHEZ, f. Ayuntamiento, s. Documentos y bandos, reglamento de toros, 1888.

n      25 Ortiz Monasterio, Op.cit., p. 425.

n      26 Alfonso Rodríguez Arias, Del Águila Mexicana a La Camelia: revistas de instrucción y entretenimiento. La presencia de la mujer mexicana como lectora, en Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860), Laura Beatriz Suárez de la Torre (coord.), México, Instituto Mora-UNAM, 2001, pp. 364-365.

n      27 Margit Frenk, De la letra a la voz, en Historias 31, México, INAH, octubre 1993-marzo 1994, p. 58.

n      28 Mencionado en José Ortiz Monasterio, Op.cit., pp. 426-427.

n      29 Timón [Cormenin], El libro de los oradores, trad. De la 13ª edición francesa por Don Ruperto Navarro Zamorano, México, Imprenta de Juan R. Navarro, 1850, p. 93, mencionado en Arturo Soberón Mora, Las armas de la ilustración: folletos, catecismos, cartillas y diccionarios en la construcción del México moderno, en Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860), Laura Beatriz Suárez de la Torre (coord.), México, Instituto Mora-UNAM, 2001, pp. 432.

n      30 Mariana Terán Fuentes, Los orígenes de la educación cívica en Zacatecas, en Entre la tradición y la novedad, La educación y la formación de hombres “nuevos” en Zacatecas en el siglo XIX, Sonia Pérez Toledo y René Amaro Peñaflores (coords.), México, UAZ-UAM, 2003, p. 34.

n      31 Rafael Carrasco Puente, Hemerografía de Zacatecas, 1825-1950, México, SRE, 1951, pp. 3-67.   

n      32 Rodríguez Arias, Op.cit., pp. 368.

n      33 José Antonio Robles Cahero, Las ediciones de Euterpe: Libros e impresos de música en México en la primera mitad del siglo XIX, en Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860), Laura Beatriz Suárez de la Torre (coord.), México, Instituto Mora-UNAM, 2001, pp. 103-104.

n      34 El Liberal, año II, núm. 53, domingo 16 de octubre de 1892.

n      35 El Liberal, año IV, núm. 161, Zacatecas, domingo 21 de abril de 1895.

n      36 Las cursivas son nuestras, La Gaceta de Guadalajara, domingo 30 de julio de 1905.

n      37 La Gaceta de Monterrey, domingo 27 de noviembre de 1864.

n      38 El Liberal, año V, núm. 212, jueves 20 de agosto de 1896.

n      39Zacatecas, Imprenta de Tostado, 1865.

n      40 Olavarría y Ferrari, Op.cit., p.211.

n      41El Defensor de la Constitución, Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, 17 de mayo de 1879.

n      42Ibid. 25 de febrero de 1879.

n      43 Prieto, Op.cit., p. 206.

n      44Crónica Municipal, 12 de septiembre de 1901.

n      45 Crónica Municipal, domingo 9 de noviembre de 1879.

n      46 El Liberal, año II, núm. 93, lunes 20 de febrero de 1893.

n      47 Eugenio Del Hoyo, La ciudad en estampas, Zacatecas 1920-1940, México, SEP-CONACULTA, 3ª ed., 1996, p.28.

n      48Diario Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, 25 de enero de 1875.

n      49Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Zacatecas, 1 de febrero de 1879.

  

 

 

 

D.R. © Conservatorianos
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