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Noviembre-Diciembre de 2006, No.10

Publicación bimestral

 


 

El Conservatorio Nacional de Música

de México:

140 años de historia

 

 

Betty Luisa Zanolli Fabila

NÚMERO ACTUAL

ÍNDICE

CURRICULUM DEL AUTOR

 

BETTY LUISA ZANOLLI FABILA

Pianista y Maestra Especializada en la Enseñanza Escolar (CNMM). Doctora en Historia (UNAM), licenciada en Derecho (UNAM), pasante en  Etnohistoria (ENAH). Profesora de carrera de la Facultad de Derecho del a UNAM, imparte clase en el Conservatorio Nacional de Música de México. Ha colaborado en tareas académico- académico-administrativas administrativas para el mejoramiento de la enseñanza en la UNAM y actualmente en la Secretaría Administrativa de la Escuela Nacional de Música de la propia institución.

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El Conservatorio Nacional de Música es un producto eminentemente de la época moderna; es la consolidación de un proceso educativo que inicia en la Nueva España durante el siglo XVI con la llegada de las primeras órdenes monásticas a las que se debió el establecimiento de importantes instituciones de enseñanza musical como fueron el Colegio de San José de los Naturales, el Conservatorio de las Rosas en Morelia y los Colegios de Infantes de las Catedrales de México y Puebla y que fue continuado durante el siglo XIX por diversas iniciativas particulares, predominantemente de naturaleza laica, entre las que destacan la de José Mariano Elízaga -fundador en 1825 de la Academia Filarmónica Mexicana, establecimiento que podría ser considerado el primer conservatorio formal latinoamericano-, la de Joaquín Beristáin y Agustín Caballero –fundada en 1828 la Escuela Mexicana de Música-, así como la de José Antonio Gómez –inspirador a su vez de la Academia de Música de la Gran Sociedad Filarmónica de México (1839)-.

             Sin embargo, correspondió a la Sociedad Filarmónica Mexicana -heredera de las antiguas academias medievales y renacentistas del Viejo Continente e integrada por destacados personajes de la política, la ciencia, el arte y la cultura nacionales como Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Pedro Escudero y Echánove, Rafael Martínez de la Torre, Aniceto Ortega, Tomás León, Ángela Peralta, Melesio Morales, José Ignacio Durán, Eduardo Liceaga, José T. Cuellar, Rafael Lucio, Manuel Payno, Justo Sierra, Ignacio Manuel Altamirano, Antonio García Cubas y Ramón Romero de Terreros- establecer en 1866 el Conservatorio de Música con el que principió formalmente la profesionalización de la enseñanza musical en México. Institución que si bien ha cambiado de nombre de acuerdo a los distintos regímenes políticos y conforme a las diversas circunstancias administrativas por las que ha atravesado en sus casi ciento cuarenta años de vida, hoy lleva por nombre el de Conservatorio Nacional de Música.

La historia conservatoriana puede ser dividida en cinco etapas:

  I.     Fundación y nacionalización (1866-1876)

  II.    Régimen porfiriano (1876-1910)

  III.   Revolución y posrevolución (1910-1928)

  IV.   Escisión e institucionalización (1928-1949)

  V.    Época moderna (a partir de 1949)

                                                                                      

I.       Fundación y nacionalización (1866-1876)

La inauguración solemne de los cursos del Conservatorio de Música de la Sociedad Filarmónica Mexicana tuvo lugar el 1º de julio de 1866. Su planta docente estaba compuesta por catorce maestros, a cuyo cargo estaba la enseñanza de diversos instrumentos como piano, canto, cordófonos de arco y algunos aerófonos, además de materias básicas como solfeo, armonía, composición, estética, historia del arte, historia de la música, acústica, anatomía e idiomas, en tanto que su población escolar para 1868 alcanzaba la cifra ya de 800 alumnos inscritos.

            Durante esta etapa la participación conservatoriana en al vida académica, artística y cultural de la capital mexicana fue muy intensa, ya que maestros y alumnos tomaban parte periódicamente en múltiples conciertos organizados en estrecha colaboración con instituciones tales como la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela Nacional de Bellas Artes, la Escuela Nacional de Jurisprudencia, la Escuela de Comercio y la Escuela de Artes y Oficios. Sin embargo, esta etapa floreciente se cierra justo con la desaparición de la Sociedad Filarmónica en 1876.

 

 

II.       El régimen porfirista

Poco después de la caída del grupo filarmónico, la institución conservatoriana que para 1876 impartía 42 materias de diversa naturaleza, luego de ser declarada escuela nacional el 25 de enero de 1877, sufrió la supresión de las clases de declamación que para esos momentos había ya incorporado a su plan de estudios así como de otras vinculadas con la música. Tiempos de precariedad económica llegaban a sus aulas, no obstante haber sido éste uno de los momentos en que el apoyo gubernamental fue más evidente.

En esta segunda época sobresalieron las acciones académicas impulsadas durante los periodos directivos de Alfredo Bablot y José Rivas. El primero por haber logrado incorporar nuevas materias e importar instrumentos musicales en boga en Europa. El segundo, por haber realizado importantes avances en el marco de la profesionalización, como el hecho de haber implementado la distinción entre amateurs y escolares propiamente.

 

III.       Revolución y posrevolución (1910-1928)

La irrupción del movimiento revolucionario de 1910 habría de traer consigo para la institución conservatoriana momentos de intranquilidad y zozobra. Primero cuando el gobierno huertista ordenó la militarización del plantel y ello conllevó la adopción de un régimen cuasi-castrense al interior del mismo. Después, cuando el gobierno carrancista ordenó la suspensión por varias semanas de sus clases. Y, finalmente, derivado de la inestabilidad política en el país, haber atravesado por un periodo permanente de indefinición administrativa, ya que la institución pasó a depender alternativamente de la Secretaría de Instrucción Pública, de la Dirección General de Bellas Artes, del Departamento Universitario y de Bellas Artes y, finalmente, de la Universidad Nacional de México que había sido fundada en 1910, a partir de la creación en 1920 de la Secretaría de Educación Publica.

           

IV.       Escisión e institucionalización (1928-1949)

Si bien las influencias artísticas provenientes de Francia cobraron fuerza y propiciaron un nuevo auge al interior del Conservatorio, de manera particular en el ámbito de la creación, las condiciones materiales y políticas del país desencadenaron un poderoso movimiento de rescate nacionalista, lo que favoreció que por varias décadas el Conservatorio se constituyera en el principal venero de la composición musical mexicana.

            No obstante, la vida académica de la institución estuvo especialmente afectada por los movimientos estudiantiles gestados al interior de la Universidad en pos de obtener su autonomía respecto del gobierno federal. La escisión marcó a la vida conservatoriana, pues maestros y alumnos se dividieron en dos facciones de tal manera que mientras un sector decidió permanecer dentro del seno de la Secretaría de Educación Pública el otro determinó su separación, posibilitando con ello que a los pocos meses del conflicto surgiera una nueva institución educativa musical, la Escuela Nacional de Música dentro de la naciente Universidad Nacional Autónoma de México.

            La época chavista pues, no fue una gestión más en la historia conservatoriana, pero no lo fue sólo por los acontecimientos políticos antes referidos. En gran medida su trascendencia procede del hecho de haber favorecido la implementación en el plantel de relevantes aportaciones académicas, como lo fue haber introducido en el plan de estudios la carrera de dirección de orquesta; impulsar los estudios pedagógicos, de modo que la mayoría de los estudiantes conservatorianos tuvieran la obligación de cursar materias de esta área, no sólo los inscritos en la carrera de docencia musical escolar -carrera implementada en el plan de estudios hacia la segunda década del siglo XX-.

Así mismo, la organización que realizó de las "Academias de Investigación", a través de las cuales se revolucionó en aquellos años el estudio musical y especialmente el relacionado con la investigación de la historia musical de nuestro país, promoviendo tanto la introducción en el repertorio orquestal mexicano de obras de compositores extranjeros contemporáneos del momento como Stravinsky, Shostakovitch o Prokofiev, entre otros, favoreciendo paralelamente la gestación del movimiento nacionalista en la composición musical de aquel periodo, del cual él mismo fue su principal promotor, lo que le llevó a encauzar a jóvenes compositores hacia el rescate de la música autóctona como Silvestre Revueltas, Eduardo Hernández Moncada, José Pablo Moncayo, Blas Galindo, Candelario Huízar y Luis Sandi.

 

IV.       Época contemporánea (de 1949 a la fecha)

Al final de la década de los cuarenta, y en gran medida gracias al impulso visionario del propio Carlos Chávez, es creado en 1947 el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, organismo al que quedaron sujetos los planteles de educación artística profesional como el propio Conservatorio. Y justo es en 1949 cuando el gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación Pública y del propio INBAL, dota al Conservatorio de amplias instalaciones. Las primeras construidas ex profeso para sus tareas académicas, ubicadas en el plantel que hasta la fecha es sede conservatoriana en la colonia Polanco.

A partir de entonces las principales tendencias de la enseñanza artística en el Conservatorio Nacional de Música de México no han sufrido trascendentes transformaciones, sin embargo, sí las ha sufrido el proceso de profesionalización de la enseñanza musical conservatoriana, particularmente a partir de 1979

Si bien desde finales del siglo pasado el Conservatorio había ya declarado en sus planes de estudio que los alumnos podrían cursar en sus aulas diferentes carreras musicales, fue en 1900, durante la administración de José Rivas -como ya en su momento se refirió-, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación que los títulos expedidos por el Conservatorio serían otorgados por la entonces denominada Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Posteriormente, en 1946 con la fundación de la Dirección General de Profesiones, empiezan a ser otorgadas las primeras cédulas profesionales para los egresados de las carreras musicales.

No obstante, muchas de ellas no implicaban la obtención de dicha patente, como en cambio sí la tenían las carreras de Maestro Especializado en la Enseñanza Musical Escolar y de Maestro Especializado en la Enseñanza de algún instrumento musical, en el canto o en la composición. En consecuencia, la mayoría de ejecutantes sólo recibían título, pero no cédula profesional. Será sólo hasta 1979 cuando, con el plan de estudios aprobado en dicho año y luego de un exhaustivo estudio al respecto, las autoridades competentes de dicha área administrativa reconozcan a todas las carreras conservatorianas a nivel de licenciatura y, por tanto, susceptibles de cédula profesional. A raíz de ello la profesionalización de la enseñanza musical conservatoriana habrá quedado concretada en su totalidad. En el momento actual, el Conservatorio Nacional de Música, venero de la formación de artistas, investigadores y docentes profesionales del campo musical en el país, sigue contribuyendo a impulsar la educación, investigación y difusión del arte musical en la sociedad mexicana y más allá de ésta y continúa en un constante proceso de reflexión y análisis académico y artístico en aras de mantenerse a la vanguardia de las principales tendencias educativas para seguirse refrendando como digno sucesor de aquel esfuerzo educativo notabilísimo materializado por un grupo de amantes de la música que hizo del Conservatorio la más importante institución de educación musical en México.

 

Los planes de estudio conservatorianos

El Conservatorio Nacional de Música de México (CNM), desde sus inicios, ha promovido constantes procesos de revisión curricular, en el que ha involucrado a su propia comunidad académica. Resultado de estos esfuerzos ha sido la elaboración de un número importante de planes de estudio que, previa aprobación de las autoridades competentes, han sido puestos en marcha en las aulas conservatorianas en el transcurso de su historia.

Desde 1866, año en que abriera sus puertas al servicio de la educación musical y artística de la sociedad mexicana, y hasta la fecha, el Conservatorio ha tenido veinticuatro planes de estudio, como consta en los materiales depositados en los acervos documentales de diversas instituciones oficiales.

El primer plan de estudios de la historia del Conservatorio Nacional de Música de México, fue precisamente el correspondiente al año de su fundación, en el cual, la institución educativa, con el auspicio de la Sociedad Filarmónica Mexicana, ofrecía a los alumnos interesados en cursar estudios musicales la posibilidad de inscribirse a dos tipos de materias, las de carácter general como Historia de la Música y Biografía de sus hombres célebres; Acústica y Fonografía; Anatomía, Fisiología e Higiene de los Aparatos de la Voz y del Oído; Arqueología de los Instrumentos Musicales además de Francés e Italiano. Y materias musicales específicas como Solfeo, Canto, Piano, Instrumentos de Arco, Instrumentos de Viento, Armonía, Composición, Español, Estética e Historia comparada de los progresos del arte e Instrumentación y Orquestación.

En 1871, como Conservatorio de Música y Declamación, el plan de estudios incluyó materias correspondientes a la nueva disciplina, por lo que se añadieron dos años de Declamación. Dos años más tarde, en el documento de 1873 se establecen dos vertientes: la musical, con estudios preparatorios y estudios superiores, subdivididos estos últimos en vocales, instrumentales y técnicos, y la de declamación, con estudios preparatorios y superiores. Una década después, en 1877, por decreto presidencial del general Porfirio Díaz, fue nacionalizado el Conservatorio. Esta participación directa en la vida conservatoriana por las nuevas autoridades, en momentos en los que el interés por el fomento artístico fue tarea prioritaria del Gobierno Federal, contribuyó a que las tareas escolares alcanzaran verdaderos niveles de excelencia académica. Así, la importante presencia de asignaturas orientadas al arte teatral, redundó en hacer de la escuela, además del venero más importante de músicos, el principal centro educativo para la formación de actores y dramaturgos de la época.

De los planes de estudio que estuvieron vigentes a lo largo del régimen porfiriano (1876-1911), merecen ser destacados los de 1883, 1893 y 1903. El primero, correspondiente a la gestión de Alfredo Bablot, que incluyó treinta y ocho asignaturas diferentes e hizo la diferenciación de los estudios conservatorianos en siete categorías: preparatorios, vocales, instrumentales, técnicos superiores, de conjunto, de perfeccionamiento y auxiliares. El de 1893, desarrollado como el último, bajo la dirección de José Rivas, contempló exclusivamente estudios musicales y dispuso dos años de estudios comunes obligatorios para todas las carreras, en los cuales se impartirían las materias de Elementos de Teoría Musical y Nociones preliminares de Armonía; Solfeo, Francés y Gráfica Musical. Finalmente, en el de 1903, se determinó que en esta escuela se podrían realizar "estudios especiales" de canto, canto lírico, orfeón popular, coros y conjuntos vocales, piano, órgano, improvisación, arpa, instrumentos de arco, maderas, latones, composición, pedagogía musical y -de nueva cuenta- declamación dramática.

Cabe hacer notar que la preponderancia de las clases de canto en sus diversas modalidades no fue sino la respuesta al gusto estético del momento, ya que el género vocal, en particular operístico, gozaba de gran popularidad en los diferentes sectores de la sociedad porfiriana, de la misma manera que asignaturas de carácter humanístico, escénico y de cultura general robustecían los estudios conservatorianos.

Durante la etapa revolucionaria, el Conservatorio prosiguió no obstante todo su quehacer educativo, a pesar de que se vivían momentos difíciles en la segunda década del siglo XX en la mayor parte del país. Prueba de ello, el decreto presidencial del general Victoriano Huerta, fechado el 24 de abril de 1914, por el que se dispuso la militarización de diversas instituciones de educación superior, como fue el caso de las escuelas de Altos Estudios, Jurisprudencia, Odontología, Bellas Artes, Artes y Oficios para hombres y para mujeres, Escuela Normal Primaria para Maestras, Superior de Comercio y Administración, Escuela Nacional Preparatoria y por supuesto, el personal masculino del Conservatorio Nacional de Música y Declamación. En 1916, la Ley de Reorganización y Plan de Estudios de la ahora llamada Escuela Nacional de Música y Arte Teatral estableció que la institución impartiría dos tipos de cursos: reglamentarios y libres, divididos a su vez los reglamentarios en preparatorios (para las carreras de Instrumentistas, Cantantes y Compositores; de Arte Teatral; y de Profesor de Música Escolar) y profesionales, que se brindarían para las diferentes especialidades musicales y que, previa acreditación de la materia de Pedagogía aplicada a la Música, permitiría a los alumnos obtener el título de "Profesores".

En los años que siguieron, destacó el plan de estudios puesto en vigor en 1929. Convertido el Conservatorio en Escuela Nacional de Música, Teatro y Danza, bajo los auspicios de la Universidad Nacional de México y gracias a la iniciativa de su entonces director Carlos Chávez, la institución emprendió la reestructuración de su plan de estudios cuyo objetivo primordial se orientó hacia la consecución de “la enseñanza, difusión y cultivo del arte musical, teatral y coreográfico”, lo que representaba una importante aproximación entre tres de las ramas fundamentales del quehacer artístico en una misma escuela: la música, el teatro y la danza.

En los lineamientos de dicho plan, el término “estudios especiales” fue sustituido por el de “carreras”, las cuales serían, en el ámbito musical: de piano, de órgano y de canto llano, así como de los instrumentos de orquesta sinfónica y banda militar, de dirección de orquesta, de composición y de canto, además de las respectivas de teatro y danza. Al mismo tiempo incluyó otras importantes aportaciones: estableció las carreras de profesor de música elemental y superior, de profesor de canto, de profesor de declamación y de director de orquesta, así como la definición de las preexistentes; dividió por grados los estudios; enriqueció la formación cultural de los alumnos, en particular sobre aspectos del legado musical mexicano; agilizó los trámites administrativos y estimuló la realización de todo tipo de presentaciones artísticas públicas con el objeto de lograr un mayor acercamiento con la sociedad.

El plan de estudios de 1933, comprendió las carreras de: profesor de música; pianista acompañante; profesor superior de música; maestro de composición y maestro de música. Si el alumno optaba por la de profesor de música o profesor superior de música, se obligaba a especializar en alguna de las modalidades siguientes: piano, canto, órgano, o cualesquiera de los instrumentos de orquesta sinfónica o banda militar; sólo así podía obtener el título profesional correspondiente. En el caso del maestro de música, éste debía poseer de antemano el título de profesor superior de música o el de composición, comprobar haber laborado dos años en las academias de investigación del Conservatorio y elaborar y aprobar la respectiva tesis recepcional. Así, sólo cuando se contaba con alguno de los títulos que otorgaba la institución, si se cubrían las materias de teoría de la dirección de orquesta y prácticas de dirección orquestal, el alumno estaba facultado para obtener el diploma correspondiente de director de orquesta.

Cuatro años más tarde, enmarcado en los nuevos cauces ideológicos del régimen cardenista, el plan de 1937 consideró como objetivos del Conservatorio la enseñanza profesional de la música; la investigación histórica, científica y artística en materias musicales, especialmente de interés nacional y la difusión general de la música en las masas populares. Una consecuencia de ello fue el reconocimiento de la importancia social que tiene la extensión cultural, y que contribuyó al establecimiento de la carrera de profesor especialista en solfeo y canto coral y al impulso de conferencias y cursos en los que se pretendió formar una nueva conciencia de clase y un nuevo espíritu solidario entre la comunidad conservatoriana, carácter nacionalista que habría de mantenerse en el siguiente ordenamiento académico, correspondiente a 1942.

En este plan de estudios se establecieron las carreras de profesor de música con especialidad en la enseñanza de un instrumento o canto; maestro en música, concertista, y maestro en composición musical, así como las especializaciones en dirección de orquesta sinfónica o de banda y la de pianista acompañante. Las primeras otorgarían al alumno el título profesional respectivo, en tanto que las especializaciones le darían un diploma. Por lo que respecta a los requisitos de ingreso, el plan en cuestión definió con mayor amplitud los criterios a utilizar para la selección de los aspirantes, considerando como criterios generales los factores de inteligencia, memoria, audición, imaginación y percepción lógica, además de los que ya eran específicos para la profesión musical: entonación, memoria, ritmo y habilidad para la interpretación vocal o instrumental.

En el plan de 1951, mitigada la influencia nacionalista, los objetivos de la institución se redujeron a dos: la enseñanza profesional de la música y la preparación de maestros especializados en la enseñanza musical. Entre las principales aportaciones de este plan de estudios figuró la de haber creado las secciones de iniciación -para niños de 8 a 14 años de edad-; la de estudios secundarios -con el objeto de ofrecer una mejor preparación vocacionalmente dirigida hacia la educación musical-; la de estudios técnicos -para ejecutantes y cantantes-; la de estudios técnicos superiores -para concertistas e investigadores- y la de estudios normales -para la formación de maestros especializados en la enseñanza musical-. Con relación al conjunto de carreras consideradas, se destacan las siguientes: ejecutante de instrumento (de arco, de teclado, de aliento, de percusión y de punteo); cantante; cantante de opera; cantante liederista; concertista; compositor, director de conjuntos vocales e instrumentales. Además de las especializaciones en la enseñanza de: instrumento o canto, solfeo, composición y en música escolar, sin dejar de considerar que dentro de la sección de estudios técnicos superiores, fueron agregadas las carreras de folklorista y musicólogo.

En el año de 1962 fue puesto en vigor el penúltimo de los planes de estudios aplicados en el Conservatorio, por el que las carreras profesionales quedaron estructuradas en tres ciclos (inicial, medio, superior). Por cuanto a la sección de estudios normales, única que continuó del anterior plan, se determinó que en ella se impartieran las carreras de maestro especializado en alguna rama de la enseñanza musical (de instrumento, de canto, de solfeo, de composición), además de la de música escolar. Finalmente, en 1979 fue aprobado el plan de estudios que hasta la fecha funciona en la institución, el cual en su momento implicó un importante avance en la profesionalización de los estudios musicales en nuestro país, ya que se constituyó en el primer ordenamiento académico que formaba músicos a nivel de licenciatura.

Por sus características formales, evidenció un mayor apego a los lineamientos metodológicos similares a todo plan de estudios oficial, como el incluir una serie de apartados relativos a los objetivos que debía de sustentar la institución, su fundamentación filosófica, sociológica, legal y pedagógica, así como una somera descripción de los ciclos que debía comprender la formación profesional de los futuros músicos, sin dejar a un lado que estipuló en sus líneas básicas el impulsar la impartición de secundaria y bachillerato abiertos. El número total de licenciaturas musicales contempladas en este documento es de veinte, distribuidas en cuatro ramas del quehacer musical: interpretación, docencia, investigación y creación, para las cuales se han de brindar un total de 100 asignaturas diferentes en el plantel.

Así, a casi 140 años del establecimiento del Conservatorio Nacional de Música, es posible destacar que de los veinticuatro planes de estudio desarrollados en sus aulas, el promedio de vigencia de dichos planes ha sido de cinco años y medio, sin embargo, cuatro han superado este lapso: los de 1883 y 1916, que estuvieron vigentes por una década, el de 1962 que lo estuvo por diecisiete años y, finalmente, el actual, de 1979, que a la fecha lleva más de dos décadas en aplicación. Pero el proceso de profesionalización continúa, como de igual forma el impulso que la institución otorga al avance, actualización y renovación constantes de la enseñanza conservatoriana. Ser una institución de excelencia como lo ha sido desde su fundación, es su objetivo y es su fin.

 


Bibliografía

n     Zanolli Fabila, Betty Luisa de María Auxiliadora, La profesionalización de la enseñanza musical en México. El Conservatorio Nacional de Música (1866-1996), tesis doctoral, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 2 vols.

 

 

 

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