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BETTY LUISA
ZANOLLI FABILA
Pianista y Maestra
Especializada en la Enseñanza Escolar (CNMM). Doctora en Historia (UNAM),
licenciada en Derecho (UNAM), pasante en Etnohistoria (ENAH). Profesora de
carrera de la Facultad de Derecho del a UNAM, imparte clase en el
Conservatorio Nacional de Música de México. Ha colaborado en tareas
académico- académico-administrativas administrativas para el mejoramiento de
la enseñanza en la UNAM y actualmente en la Secretaría Administrativa de la
Escuela Nacional de Música de la propia institución.
www.bettyzanollifabila.com
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El Conservatorio Nacional de Música
es un producto eminentemente de la época moderna; es la
consolidación de un proceso educativo que inicia en la Nueva España durante
el siglo XVI con la llegada de las primeras órdenes monásticas a las que se
debió el establecimiento de importantes instituciones de enseñanza musical
como fueron el Colegio de San José de los Naturales, el Conservatorio de las
Rosas en Morelia y los Colegios de Infantes de las Catedrales de México y
Puebla y que fue continuado durante el siglo XIX por diversas iniciativas
particulares, predominantemente de naturaleza laica, entre las que destacan
la de José Mariano Elízaga -fundador en 1825 de la Academia Filarmónica
Mexicana, establecimiento que podría ser considerado el primer conservatorio
formal latinoamericano-, la de Joaquín Beristáin y Agustín Caballero
–fundada en 1828 la Escuela Mexicana de Música-, así como la de José Antonio
Gómez –inspirador a su vez de la Academia de Música de la Gran Sociedad
Filarmónica de México (1839)-.
Sin embargo, correspondió a la Sociedad Filarmónica Mexicana
-heredera de las antiguas academias medievales y renacentistas del Viejo
Continente e integrada por destacados personajes de la política, la ciencia,
el arte y la cultura nacionales como Benito Juárez, Sebastián Lerdo de
Tejada, Pedro Escudero y Echánove, Rafael Martínez de la Torre, Aniceto
Ortega, Tomás León, Ángela Peralta, Melesio Morales, José Ignacio Durán,
Eduardo Liceaga, José T. Cuellar, Rafael Lucio, Manuel Payno, Justo Sierra,
Ignacio Manuel Altamirano, Antonio García Cubas y Ramón Romero de Terreros-
establecer en 1866 el Conservatorio de Música con el que principió
formalmente la profesionalización de la enseñanza musical en México.
Institución que si bien ha cambiado de nombre de acuerdo a los distintos
regímenes políticos y conforme a las diversas circunstancias administrativas
por las que ha atravesado en sus casi ciento cuarenta años de vida, hoy
lleva por nombre el de Conservatorio Nacional de Música.
La historia
conservatoriana puede ser dividida en cinco etapas:
I.
Fundación y nacionalización (1866-1876)
II. Régimen
porfiriano (1876-1910)
III. Revolución
y posrevolución (1910-1928)
IV. Escisión
e institucionalización (1928-1949)
V. Época
moderna (a partir de 1949)
I.
Fundación y
nacionalización (1866-1876)
La inauguración
solemne de los cursos del Conservatorio de Música de la Sociedad Filarmónica
Mexicana tuvo lugar el 1º de julio de 1866. Su planta docente estaba
compuesta por catorce maestros, a cuyo cargo estaba la enseñanza de diversos
instrumentos como piano, canto, cordófonos de arco y algunos aerófonos,
además de materias básicas como solfeo, armonía, composición, estética,
historia del arte, historia de la música, acústica, anatomía e idiomas, en
tanto que su población escolar para 1868 alcanzaba la cifra ya de 800
alumnos inscritos.
Durante
esta etapa la participación conservatoriana en al vida académica, artística
y cultural de la capital mexicana fue muy intensa, ya que maestros y alumnos
tomaban parte periódicamente en múltiples conciertos organizados en estrecha
colaboración con instituciones tales como la Escuela Nacional Preparatoria,
la Escuela Nacional de Bellas Artes, la Escuela Nacional de Jurisprudencia,
la Escuela de Comercio y la Escuela de Artes y Oficios. Sin embargo, esta
etapa floreciente se cierra justo con la desaparición de la Sociedad
Filarmónica en 1876.
II.
El régimen porfirista
Poco después de la
caída del grupo filarmónico, la institución conservatoriana que para 1876
impartía 42 materias de diversa naturaleza, luego de ser declarada escuela
nacional el 25 de enero de 1877, sufrió la supresión de las clases de
declamación que para esos momentos había ya incorporado a su plan de
estudios así como de otras vinculadas con la música. Tiempos de precariedad
económica llegaban a sus aulas, no obstante haber sido éste uno de los
momentos en que el apoyo gubernamental fue más evidente.
En esta segunda
época sobresalieron las acciones académicas impulsadas durante los periodos
directivos de Alfredo Bablot y José Rivas. El primero por haber logrado
incorporar nuevas materias e importar instrumentos musicales en boga en
Europa. El segundo, por haber realizado importantes avances en el marco de
la profesionalización, como el hecho de haber implementado la distinción
entre amateurs y escolares propiamente.
III.
Revolución y posrevolución
(1910-1928)
La irrupción del
movimiento revolucionario de 1910 habría de traer consigo para la
institución conservatoriana momentos de intranquilidad y zozobra. Primero
cuando el gobierno huertista ordenó la militarización del plantel y ello
conllevó la adopción de un régimen cuasi-castrense al interior del mismo.
Después, cuando el gobierno carrancista ordenó la suspensión por varias
semanas de sus clases. Y, finalmente, derivado de la inestabilidad política
en el país, haber atravesado por un periodo permanente de indefinición
administrativa, ya que la institución pasó a depender alternativamente de la
Secretaría de Instrucción Pública, de la Dirección General de Bellas Artes,
del Departamento Universitario y de Bellas Artes y, finalmente, de la
Universidad Nacional de México que había sido fundada en 1910, a partir de
la creación en 1920 de la Secretaría de Educación Publica.
IV.
Escisión e
institucionalización (1928-1949)
Si bien las
influencias artísticas provenientes de Francia cobraron fuerza y propiciaron
un nuevo auge al interior del Conservatorio, de manera particular en el
ámbito de la creación, las condiciones materiales y políticas del país
desencadenaron un poderoso movimiento de rescate nacionalista, lo que
favoreció que por varias décadas el Conservatorio se constituyera en el
principal venero de la composición musical mexicana.
No
obstante, la vida académica de la institución estuvo especialmente afectada
por los movimientos estudiantiles gestados al interior de la Universidad en
pos de obtener su autonomía respecto del gobierno federal. La escisión marcó
a la vida conservatoriana, pues maestros y alumnos se dividieron en dos
facciones de tal manera que mientras un sector decidió permanecer dentro del
seno de la Secretaría de Educación Pública el otro determinó su separación,
posibilitando con ello que a los pocos meses del conflicto surgiera una
nueva institución educativa musical, la Escuela Nacional de Música dentro de
la naciente Universidad Nacional Autónoma de México.
La
época chavista pues, no fue una gestión más en la historia conservatoriana,
pero no lo fue sólo por los acontecimientos políticos antes referidos. En
gran medida su trascendencia procede del hecho de haber favorecido la
implementación en el plantel de relevantes aportaciones académicas, como lo
fue haber introducido en el plan de estudios la carrera de dirección de
orquesta; impulsar los estudios pedagógicos, de modo que la mayoría de los
estudiantes conservatorianos tuvieran la obligación de cursar materias de
esta área, no sólo los inscritos en la carrera de docencia musical escolar
-carrera implementada en el plan de estudios hacia la segunda década del
siglo XX-.
Así mismo, la organización que realizó de las "Academias de
Investigación", a través de las cuales se revolucionó en aquellos años el
estudio musical y especialmente el relacionado con la investigación de la
historia musical de nuestro país, promoviendo tanto la introducción en el
repertorio orquestal mexicano de obras de compositores extranjeros
contemporáneos del momento como Stravinsky, Shostakovitch o Prokofiev, entre
otros, favoreciendo paralelamente la gestación del movimiento nacionalista
en la composición musical de aquel periodo, del cual él mismo fue su
principal promotor, lo que le llevó a encauzar a jóvenes compositores hacia
el rescate de la música autóctona como Silvestre Revueltas, Eduardo
Hernández Moncada, José Pablo Moncayo, Blas Galindo, Candelario Huízar y
Luis Sandi.
IV.
Época contemporánea (de
1949 a la fecha)
Al final de la
década de los cuarenta, y en gran medida gracias al impulso visionario del
propio Carlos Chávez, es creado en 1947 el Instituto Nacional de Bellas
Artes y Literatura, organismo al que quedaron sujetos los planteles de
educación artística profesional como el propio Conservatorio. Y justo es en
1949 cuando el gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación
Pública y del propio INBAL, dota al Conservatorio de amplias instalaciones.
Las primeras construidas ex profeso para sus tareas académicas, ubicadas en
el plantel que hasta la fecha es sede conservatoriana en la colonia Polanco.
A partir de
entonces las principales tendencias de la enseñanza artística en el
Conservatorio Nacional de Música de México no han sufrido trascendentes
transformaciones, sin embargo, sí las ha sufrido el proceso de
profesionalización de la enseñanza musical conservatoriana, particularmente
a partir de 1979
Si bien desde
finales del siglo pasado el Conservatorio había ya declarado en sus planes
de estudio que los alumnos podrían cursar en sus aulas diferentes carreras
musicales, fue en 1900, durante la administración de José Rivas -como ya en
su momento se refirió-, cuando se publicó en el Diario Oficial de la
Federación que los títulos expedidos por el Conservatorio serían otorgados
por la entonces denominada Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes.
Posteriormente, en 1946 con la fundación de la Dirección General de
Profesiones, empiezan a ser otorgadas las primeras cédulas profesionales
para los egresados de las carreras musicales.
No obstante, muchas
de ellas no implicaban la obtención de dicha patente, como en cambio sí la
tenían las carreras de Maestro Especializado en la Enseñanza Musical Escolar
y de Maestro Especializado en la Enseñanza de algún instrumento musical, en
el canto o en la composición. En consecuencia, la mayoría de ejecutantes
sólo recibían título, pero no cédula profesional. Será sólo hasta 1979
cuando, con el plan de estudios aprobado en dicho año y luego de un
exhaustivo estudio al respecto, las autoridades competentes de dicha área
administrativa reconozcan a todas las carreras conservatorianas a nivel de
licenciatura y, por tanto, susceptibles de cédula profesional. A raíz de
ello la profesionalización de la enseñanza musical conservatoriana habrá
quedado concretada en su totalidad. En el momento actual, el Conservatorio
Nacional de Música, venero de la formación de artistas, investigadores y
docentes profesionales del campo musical en el país, sigue contribuyendo a
impulsar la educación, investigación y difusión del arte musical en la
sociedad mexicana y más allá de ésta y continúa en un constante proceso de
reflexión y análisis académico y artístico en aras de mantenerse a la
vanguardia de las principales tendencias educativas para seguirse
refrendando como digno sucesor de aquel esfuerzo educativo notabilísimo
materializado por un grupo de amantes de la música que hizo del
Conservatorio la más importante institución de educación musical en México.
Los planes de estudio conservatorianos
El Conservatorio
Nacional de Música de México (CNM), desde sus inicios, ha promovido
constantes procesos de revisión curricular, en el que ha involucrado a su
propia comunidad académica. Resultado de estos esfuerzos ha sido la
elaboración de un número importante de planes de estudio que, previa
aprobación de las autoridades competentes, han sido puestos en marcha en las
aulas conservatorianas en el transcurso de su historia.
Desde 1866, año en
que abriera sus puertas al servicio de la educación musical y artística de
la sociedad mexicana, y hasta la fecha, el Conservatorio ha tenido
veinticuatro planes de estudio, como consta en los materiales depositados en
los acervos documentales de diversas instituciones oficiales.
El primer plan de
estudios de la historia del Conservatorio Nacional de Música de México, fue
precisamente el correspondiente al año de su fundación, en el cual, la
institución educativa, con el auspicio de la Sociedad Filarmónica Mexicana,
ofrecía a los alumnos interesados en cursar estudios musicales la
posibilidad de inscribirse a dos tipos de materias, las de carácter general
como Historia de la Música y Biografía de sus hombres célebres; Acústica y
Fonografía; Anatomía, Fisiología e Higiene de los Aparatos de la Voz y del
Oído; Arqueología de los Instrumentos Musicales además de Francés e
Italiano. Y materias musicales específicas como Solfeo, Canto, Piano,
Instrumentos de Arco, Instrumentos de Viento, Armonía, Composición, Español,
Estética e Historia comparada de los progresos del arte e Instrumentación y
Orquestación.
En 1871, como
Conservatorio de Música y Declamación, el plan de estudios incluyó materias
correspondientes a la nueva disciplina, por lo que se añadieron dos años de
Declamación. Dos años más tarde, en el documento de 1873 se establecen dos
vertientes: la musical, con estudios preparatorios y estudios superiores,
subdivididos estos últimos en vocales, instrumentales y técnicos, y la de
declamación, con estudios preparatorios y superiores. Una década después, en
1877, por decreto presidencial del general Porfirio Díaz, fue nacionalizado
el Conservatorio. Esta participación directa en la vida conservatoriana por
las nuevas autoridades, en momentos en los que el interés por el fomento
artístico fue tarea prioritaria del Gobierno Federal, contribuyó a que las
tareas escolares alcanzaran verdaderos niveles de excelencia académica. Así,
la importante presencia de asignaturas orientadas al arte teatral, redundó
en hacer de la escuela, además del venero más importante de músicos, el
principal centro educativo para la formación de actores y dramaturgos de la
época.
De los planes de
estudio que estuvieron vigentes a lo largo del régimen porfiriano
(1876-1911), merecen ser destacados los de 1883, 1893 y 1903. El primero,
correspondiente a la gestión de Alfredo Bablot, que incluyó treinta y ocho
asignaturas diferentes e hizo la diferenciación de los estudios
conservatorianos en siete categorías: preparatorios, vocales,
instrumentales, técnicos superiores, de conjunto, de perfeccionamiento y
auxiliares. El de 1893, desarrollado como el último, bajo la dirección de
José Rivas, contempló exclusivamente estudios musicales y dispuso dos años
de estudios comunes obligatorios para todas las carreras, en los cuales se
impartirían las materias de Elementos de Teoría Musical y Nociones
preliminares de Armonía; Solfeo, Francés y Gráfica Musical. Finalmente, en
el de 1903, se determinó que en esta escuela se podrían realizar "estudios
especiales" de canto, canto lírico, orfeón popular, coros y conjuntos
vocales, piano, órgano, improvisación, arpa, instrumentos de arco, maderas,
latones, composición, pedagogía musical y -de nueva cuenta- declamación
dramática.
Cabe hacer notar
que la preponderancia de las clases de canto en sus diversas modalidades no
fue sino la respuesta al gusto estético del momento, ya que el género vocal,
en particular operístico, gozaba de gran popularidad en los diferentes
sectores de la sociedad porfiriana, de la misma manera que asignaturas de
carácter humanístico, escénico y de cultura general robustecían los estudios
conservatorianos.
Durante la etapa
revolucionaria, el Conservatorio prosiguió no obstante todo su quehacer
educativo, a pesar de que se vivían momentos difíciles en la segunda década
del siglo XX en la mayor parte del país. Prueba de ello, el decreto
presidencial del general Victoriano Huerta, fechado el 24 de abril de 1914,
por el que se dispuso la militarización de diversas instituciones de
educación superior, como fue el caso de las escuelas de Altos Estudios,
Jurisprudencia, Odontología, Bellas Artes, Artes y Oficios para hombres y
para mujeres, Escuela Normal Primaria para Maestras, Superior de Comercio y
Administración, Escuela Nacional Preparatoria y por supuesto, el personal
masculino del Conservatorio Nacional de Música y Declamación. En 1916, la
Ley de Reorganización y Plan de Estudios de la ahora llamada Escuela
Nacional de Música y Arte Teatral estableció que la institución impartiría
dos tipos de cursos: reglamentarios y libres, divididos a su vez los
reglamentarios en preparatorios (para las carreras de Instrumentistas,
Cantantes y Compositores; de Arte Teatral; y de Profesor de Música Escolar)
y profesionales, que se brindarían para las diferentes especialidades
musicales y que, previa acreditación de la materia de Pedagogía aplicada a
la Música, permitiría a los alumnos obtener el título de "Profesores".
En los años que
siguieron, destacó el plan de estudios puesto en vigor en 1929. Convertido
el Conservatorio en Escuela Nacional de Música, Teatro y Danza, bajo los
auspicios de la Universidad Nacional de México y gracias a la iniciativa de
su entonces director Carlos Chávez, la institución emprendió la
reestructuración de su plan de estudios cuyo objetivo primordial se orientó
hacia la consecución de “la enseñanza, difusión y cultivo del arte musical,
teatral y coreográfico”, lo que representaba una importante aproximación
entre tres de las ramas fundamentales del quehacer artístico en una misma
escuela: la música, el teatro y la danza.
En los lineamientos
de dicho plan, el término “estudios especiales” fue sustituido por el de
“carreras”, las cuales serían, en el ámbito musical: de piano, de órgano y
de canto llano, así como de los instrumentos de orquesta sinfónica y banda
militar, de dirección de orquesta, de composición y de canto, además de las
respectivas de teatro y danza. Al mismo tiempo incluyó otras importantes
aportaciones: estableció las carreras de profesor de música elemental y
superior, de profesor de canto, de profesor de declamación y de director de
orquesta, así como la definición de las preexistentes; dividió por grados
los estudios; enriqueció la formación cultural de los alumnos, en particular
sobre aspectos del legado musical mexicano; agilizó los trámites
administrativos y estimuló la realización de todo tipo de presentaciones
artísticas públicas con el objeto de lograr un mayor acercamiento con la
sociedad.
El plan de estudios
de 1933, comprendió las carreras de: profesor de música; pianista
acompañante; profesor superior de música; maestro de composición y maestro
de música. Si el alumno optaba por la de profesor de música o profesor
superior de música, se obligaba a especializar en alguna de las modalidades
siguientes: piano, canto, órgano, o cualesquiera de los instrumentos de
orquesta sinfónica o banda militar; sólo así podía obtener el título
profesional correspondiente. En el caso del maestro de música, éste debía
poseer de antemano el título de profesor superior de música o el de
composición, comprobar haber laborado dos años en las academias de
investigación del Conservatorio y elaborar y aprobar la respectiva tesis
recepcional. Así, sólo cuando se contaba con alguno de los títulos que
otorgaba la institución, si se cubrían las materias de teoría de la
dirección de orquesta y prácticas de dirección orquestal, el alumno estaba
facultado para obtener el diploma correspondiente de director de orquesta.
Cuatro años más
tarde, enmarcado en los nuevos cauces ideológicos del régimen cardenista, el
plan de 1937 consideró como objetivos del Conservatorio la enseñanza
profesional de la música; la investigación histórica, científica y artística
en materias musicales, especialmente de interés nacional y la difusión
general de la música en las masas populares. Una consecuencia de ello fue el
reconocimiento de la importancia social que tiene la extensión cultural, y
que contribuyó al establecimiento de la carrera de profesor especialista en
solfeo y canto coral y al impulso de conferencias y cursos en los que se
pretendió formar una nueva conciencia de clase y un nuevo espíritu solidario
entre la comunidad conservatoriana, carácter nacionalista que habría de
mantenerse en el siguiente ordenamiento académico, correspondiente a 1942.
En este plan de
estudios se establecieron las carreras de profesor de música con
especialidad en la enseñanza de un instrumento o canto; maestro en música,
concertista, y maestro en composición musical, así como las
especializaciones en dirección de orquesta sinfónica o de banda y la de
pianista acompañante. Las primeras otorgarían al alumno el título
profesional respectivo, en tanto que las especializaciones le darían un
diploma. Por lo que respecta a los requisitos de ingreso, el plan en
cuestión definió con mayor amplitud los criterios a utilizar para la
selección de los aspirantes, considerando como criterios generales los
factores de inteligencia, memoria, audición, imaginación y percepción
lógica, además de los que ya eran específicos para la profesión musical:
entonación, memoria, ritmo y habilidad para la interpretación vocal o
instrumental.
En el plan de 1951,
mitigada la influencia nacionalista, los objetivos de la institución se
redujeron a dos: la enseñanza profesional de la música y la preparación de
maestros especializados en la enseñanza musical. Entre las principales
aportaciones de este plan de estudios figuró la de haber creado las
secciones de iniciación -para niños de 8 a 14 años de edad-; la de estudios
secundarios -con el objeto de ofrecer una mejor preparación vocacionalmente
dirigida hacia la educación musical-; la de estudios técnicos -para
ejecutantes y cantantes-; la de estudios técnicos superiores -para
concertistas e investigadores- y la de estudios normales -para la formación
de maestros especializados en la enseñanza musical-. Con relación al
conjunto de carreras consideradas, se destacan las siguientes: ejecutante de
instrumento (de arco, de teclado, de aliento, de percusión y de punteo);
cantante; cantante de opera; cantante liederista; concertista; compositor,
director de conjuntos vocales e instrumentales. Además de las
especializaciones en la enseñanza de: instrumento o canto, solfeo,
composición y en música escolar, sin dejar de considerar que dentro de la
sección de estudios técnicos superiores, fueron agregadas las carreras de
folklorista y musicólogo.
En el año de 1962
fue puesto en vigor el penúltimo de los planes de estudios aplicados en el
Conservatorio, por el que las carreras profesionales quedaron estructuradas
en tres ciclos (inicial, medio, superior). Por cuanto a la sección de
estudios normales, única que continuó del anterior plan, se determinó que en
ella se impartieran las carreras de maestro especializado en alguna rama de
la enseñanza musical (de instrumento, de canto, de solfeo, de composición),
además de la de música escolar. Finalmente, en 1979 fue aprobado el plan de
estudios que hasta la fecha funciona en la institución, el cual en su
momento implicó un importante avance en la profesionalización de los
estudios musicales en nuestro país, ya que se constituyó en el primer
ordenamiento académico que formaba músicos a nivel de licenciatura.
Por sus
características formales, evidenció un mayor apego a los lineamientos
metodológicos similares a todo plan de estudios oficial, como el incluir una
serie de apartados relativos a los objetivos que debía de sustentar la
institución, su fundamentación filosófica, sociológica, legal y pedagógica,
así como una somera descripción de los ciclos que debía comprender la
formación profesional de los futuros músicos, sin dejar a un lado que
estipuló en sus líneas básicas el impulsar la impartición de secundaria y
bachillerato abiertos. El número total de licenciaturas musicales
contempladas en este documento es de veinte, distribuidas en cuatro ramas
del quehacer musical: interpretación, docencia, investigación y creación,
para las cuales se han de brindar un total de 100 asignaturas diferentes en
el plantel.
Así, a casi 140
años del establecimiento del Conservatorio Nacional de Música, es posible
destacar que de los veinticuatro planes de estudio desarrollados en sus
aulas, el promedio de vigencia de dichos planes ha sido de cinco años y
medio, sin embargo, cuatro han superado este lapso: los de 1883 y 1916, que
estuvieron vigentes por una década, el de 1962 que lo estuvo por diecisiete
años y, finalmente, el actual, de 1979, que a la fecha lleva más de dos
décadas en aplicación. Pero el proceso de profesionalización continúa, como
de igual forma el impulso que la institución otorga al avance, actualización
y renovación constantes de la enseñanza conservatoriana. Ser una institución
de excelencia como lo ha sido desde su fundación, es su objetivo y es su
fin.
Bibliografía
n Zanolli
Fabila, Betty Luisa de María Auxiliadora,
La
profesionalización de la enseñanza musical en México. El Conservatorio
Nacional de Música (1866-1996), tesis doctoral, Facultad de Filosofía y
Letras, UNAM, 2 vols.
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